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domingo, 19 de junio de 2016

Odiseo parte 26

Es domingo en la mañana, Alejandro se levanta generalmente temprano los fines de semana. Y debido a esto, él desayuna siempre solo.

Está comiendo un hot dog de jamón y queso amarillo. Y su mirada se fija en la jarra de agua sobre la mesa.

Es de plástico azul y está llena. Por dentro, burbujitas se pegan a la superficie de la jarra.

Alejandro comienza a pensar que debe de existir un movimiento de convección del agua, la parte inferior subiendo a la superficie y el agua en la superficie bajando al fondo.

Esto debido a que la masa de agua ejerce, incrementalmente, presión sobre las capas inferiores, nivel molecular por nivel molecular, hasta llegar al fondo.

Y esto genera un diferencial térmico, mismo que pone en marcha la convección.

Al dejar caer su brazo sobre la mesa, luego de depositar la taza de agua a un lado de su plato, Alejandro observa las ondas generadas dentro de la jarra. Estas parten de las paredes de la jarra y convergen en el centro, creando momentáneos grumos de agua.

Esto lo mueve a recordar lo que sabe de física cuántica. La materia es energía, vibraciones electromagnéticas en el vacío dan origen a las partículas subatómicas, que, en una progresiva complejidad, componen a todo lo observable.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Efecto cuántico macroscópico



Hoy troté en mi cuarto, tengo bastante espacio para avanzar seis pasos de ida y luego otros seis de regreso. Es una actividad que ahora practico con frecuencia, debido a la ventaja de poder escuchar podcasts en mi tableta.

Mientras daba revoluciones a una velocidad veloz, pensé que esto era análogo al giro de los electrones en torno del núcleo atómico. Si bien la solidez de la materia deriva de la energía electromagnética que mantiene unidas a las moléculas, pensé que si yo girara fantásticamente rápido, un objeto entrando en vertical a mi cuarto en dirección a la circunferencia que recorro, sería interceptado por mi, debido a, que por mi velocidad, yo me encontraría en todos los puntos de la circunferencia que corro al mismo tiempo.

Volviendose de esta manera la circunferencia de mi trote un objeto sólido, compuesto de nada, porque debido a que estoy en constante movimiento no se podría afirmar que yo estoy en un lugar “x”, en un momento “t”. Produciendose así también un efecto del principio de incertidumbre a nivél macroscópico.