Serial. Partes 1-4
ODISEO
Alejandro sale muy temprano de su casa, tiene que caminar varias cuadras atravesando la colonia donde vive, para llegar a la avenida y ahí esperar el microbus, en la parada sobre la banqueta del centro comercial de un supermercado Soriana, que lo lleva a la altura del Hospital de Traumatología, donde pasa el otro microbus, el que lo deja justo enfrente de la universidad donde estudia Sistemas.
El joven e irresponsable chofer va escuchando una de esas nacas estaciones de radio, donde transmiten cumbia y el locutor hace bromas telefónicas sugeridas por sus radioescuchas.
Conforme el microbus avanza en su ruta, éste se va llenando de gente. Alejandro, que va de pie agarrando un tubo al fondo, cierra los ojos adormilado; el agradable sol, que le da en el rostro, invita a dormir.
Cuando van a la altura de la zona industrial (la ruta atravieza ésta) y con el microbus lleno, dos jóvenes malandros abordan.
Alejandro de inmediato nota que suben agresivamente y, a pesar de que el microbus está lleno, estos malandros con solo mostrar sus armas de fuego van recolectando el dinero y pertenencias varias de los pasajeros; lo que más coraje da es que estos jóvenes esbozan sonrisas burlonas.
Una señora grita cuando uno de ellos amaga con golpearla con la cacha de la pistola, porque ésta escondió su bolso en el suelo, bajo el asiento.
"¡Caete con la lana! ¡Pinche puto!"
Uno de ellos le dice a Alejandro. Y él procede a darle su cartera, sin mirarlo a los ojos.
"¿Y tu teléfono?"
"No tengo..."
Le contesta Alejandro y el malandro abre su cartera para revisarla.
¿Qué es lo que ve el asaltante? ¡Un billete de míseros veinte pesos!
"¡Uy cuate! Tú sí que andas jodido... Pediría una cooperacha entre los presentes pero, ¡ya no tienen dinero!"
Y viendose, el par de malandrines, sueltan una sonora carcajada.
"¡Ya apúrate! ¡Vámonos!" El segundo asaltante apura a su compañero.
Y éste toma un billete de doscientos pesos, de lo que había robado y, se lo mete en la cartera a Alejandro.
"¡Chofer! ¡Bajan!" le grita al conductor y luego le grita a su compinche:
"¡Pélate cabrón!"
Y ambos en un instante desaparecen entre las calles transversales a la ruta del microbus.
Alejandro se queda anonadado, asustado, ¿a quién le pertenecen los doscientos pesos? Para evitarse un problema y que, lo culpen de cómplice, abandona el microbus y se aleja caminando rápidamente.
Luego de la mala experiencia del asalto en el microbús, y luego de un par de clases aburridas en las que Alejandro se la pasó cabeceando, al fin tiene un receso para poder convivir un rato con sus amigos. Esto gracias a que, como es frecuente, faltó un profesor a su clase.
Su papá está haciendo un gran esfuerzo para pagarle la universidad a Alejandro, pero tal parece que en esta escuela patito, la UVM, lo único que les importa es cobrar las cuotas, sin poner dedicación ni atención a la calidad de la educación impartida.
"¿Qué hay Alejandro?" Lo saluda René.
Sus compañeros de clase que están sentados en unas espacios cuadrados parte de la arquitectura de las paredes frente a las aulas, lo saludan. Y él choca sus palmas y luego los nudillos saludándolos a Rene, Fabián, y Memo.
"Nada aquí, ¿de qué estaban platicando?"
"Memo nos estaba platicando que fue a ver Mundo Jurásico, el domingo".
"¿Y está buena Memo?"
"Sí, tiene muy buenos efectos especiales y la trama está interesante". Y René interrumpe:
"Yo no la he visto pero, de ver el puro tráiler, se adivina que es un remake de la primera, Parque Jurásico".
"Bueno, digamos que es un 'soft remake'". Memo le contesta.
"¡No hay como la primera película!" Fabián al fin interviene.
Alejandro ahora se sienta dentro del cuadrado en la pared. Y les dice:
“A mi ya me da mucha risa ver Parque Jurásico; no porque la película sea mala, sino por una ocurrencia que tuvo mi hermano la última vez que la vimos".
"¿Sí? ¿Y cuál fue ésta?" Le pregunta Memo, a lo que Alejandro agrega:
"¿Han visto los spots de la Ciudad de México? ¿Todos mielosos y ñoños?"
"Sí, están cagados, como si el D.F. fuera la ciudad de la alegría y el optimismo". Le contesta René haciendo gestos de burla. Y Alejandro continúa:
"Pues estábamos viendo en la tele Parque Jurásico, hace como un mes, y cuando empieza la secuencia cuando van los doctores, el dueño del parque, el abogado y los nietos en los jeeps, y se abren las gigantescas puertas, mi hermano dijo:"
"¡Bienvenidos a Parque Izquierdoso!"
"Y mi hermano, bien gracioso, que se pone a relatarme que es lo que los visitantes van viendo, él describía cosas como:"
"Ahí echados en la yerba una docena de hippies haciendo yoga, y de repente, los jeeps se ven envueltos por: ¡Una multitud de ñoños en bicicletas!"
"Ahora llegan a una parte del trayecto donde hay unos nacos tocando sus tambores, como esos, ¡los que se suben al metro!"
Alejandro tiene absoluta atención por parte de sus amigos que en este punto, ya no se aguantan las ganas de intervenir. Memo dice:
"Y ahora, pasan junto a unas jardineras donde hay unos güeyes ¡fumando mota!"
"En un café ven profesores de ciencias políticas, de huaraches y morralito al hombro, diciendo pendejada y media con la que, según ellos, van a arreglar los problemas del mundo." Agrega Fabián.
"¡Escuchen! Esto fue lo más gracioso que dijo mi hermano".
"¡Ah! Imaginen la doctora sorprendida porque a la orilla del camino, arrancó ¡una gran hoja de marihuana!" Todos se carcajean con esta ocurrencia de René-
.
"¡Bueno! ¡Bueno! Lo que dijo mi hermano", continúa Alejandro, "es que, el doctor, el paleontólogo! se baja sin aire del jeep diciendo:
'¡Esto es asombroso! ¡Increible!'
"Y el viejito le contesta, agregando:"
'Los anarquistas pueden saquear un OXXO en menos de cinco minutos'.
"Y ahora el paleontólogo se sienta en la tierra abrumado, preguntando incrédulo:"
'¿¡TIENE ANARQUISTAS EN EL PARQUE!?'
Y con esto, todos ellos estallan en carcajadas.
Al salir ese día de las clases en su universidad, Fabián lo invita a su casa a jugar, en el Xbox, el FIFA 14.
Al llegar, la mamá de Fabián se deshace en atenciones hacia él, la señora insiste en atenderlo en la comida, por ser amigo de su hijo y, la verdad, es que ella sí cocina muy rico. A Alejandro le encantó la sopa de fideos y el chile relleno con picadillo y papas.
La gran jarra de vidrio al centro de la mesa, con agua de jamaica, refracta y refleja la luz de una manera hipnotizante.
Después de la comida, la señora insistió en que ellos no ayudaran a recoger y que mejor se fueran a jugar. Alejandro se sintió como si fuera de nuevo niño y estuviese en casa de uno de sus amiguitos.
Y él y Fabián pasaron la tarde jugando, hasta el anochecer.
"Gracias por todo Fabián, despídeme de tu mamá por favor, dile que cocina muy rico y que le agradezco también todas sus atenciones.
***
De regreso a la colonia donde vive, Alejandro se encuentra de repente atorado en un raro congestionamiento de tráfico. El microbús donde viene está lleno y no se ha movido nada en diez minutos.
Así que decide descender del mismo y caminar el escaso kilómetro para llegar al Soriana en su colonia.
El lugar donde se bajó es un embudo natural de tráfico, los límites de dos municipios, y por consecuencia olvidado y desatendido por ambos gobiernos.
Está oscuro, sucio; todos los negocios bajan sus cortinas apenas anochece. Sí, la avenida está congestionada, llena de cientos de automóviles, pero el caminar aquí transmite temor, inseguridad.
Para cruzar a su municipio la avenida se reduce a dos carriles, y un carril está bloqueado, por dos autos que se dieron un golpe laminero. La razón del congestionamiento. Las conductoras no se quitan. Están esperando a los ajustadores de sus aseguradoras.
Ahora Alejandro cruza con calma, por el congestionamiento, hacia la zona donde ya es su municipio. Aquí bajo la marquesina de un negocio, se refugian y esperan clientes un par de prostitutas.
Alejandro puede ver que son muy jóvenes, menores de edad. Al acercarse a ellas nota a una tercera, pero ésta es un muy alto y viejo travesti.
"¡Uuuh! ¡Ven guapo! ¡Acércate!"
Le dicen los tres interrumpiéndole el paso, al plantarse frente a él. Alejandro les contesta, fingiendo voz firme, ya que en realidad está asustado:
"¡Vayanse! No estén molestando".
Ante este grito, las pirujitas y el puto se sienten ofendidos y, el travesti grita:
"¡Jaime! ¡Jaime! ¡Nos están agrediendo!"
Al escuchar esto, a Alejandro se le baja la presión, por el temor y la anticipación de una confrontación. Un policía estatal, de esos gordos prietos enanos, con chaleco táctico negro, que Alejandro no había notado en las sombras, lo alcanza por detrás, macana en mano, ¿El padrote de este trio?:
"¡ORALE CABRÓN! ¡NO LES FALTES EL RESPETO A LAS DAMAS QUE SOLO ESTÁN HACIENDO SU TRABAJO!"
Alejandro ahora está totalmente lleno de pánico. El policía estatal le tira un golpe a la cabeza con su macana, que por fortuna Alejandro logra esquivar al agacharse, y luego una patada, al aire también.
Alejandro se aleja corriendo como si lo siguiera el diablo.
***
"No hay libertad si los individuos no tienen el derecho a decir no".
A Alejandro le impactó escuchar esto en un programa de radio.
***
Luego de aquel episodio en el que Alejandro fuera agredido por el padrote de unas prostitutas, y un puto, su papá hace un esfuerzo y le compra un auto usado, para que vaya y venga de la universidad, salga con sus amigos y, salga con su novia, cuando tenga una esto es.
Y debido a este último punto que su padre le mencionó, a Alejandro se le mete a la cabeza el conseguirse una novia.
En sus clases hay varias jóvenes muy agradables y simpáticas, sobre todo sencillas, pero él pone sus ojos en Elena. La más bonita, supuestamente, y popular, también lo mismo, de la universidad.
Las novedades en la escuela se conocen rápidamente, y Elena ya sabe que Alejandro ahora tiene un auto. Elena conoce a Alejandro desde la preparatoria; ella vive a unas cuantas cuadras de esa escuela y, Alejandro, se fijó en ella desde entonces. De hecho la llegó a acompañar varias veces a la salida de clases, hasta su casa.
Y ahora que él ya tiene auto pretende tomar de nuevo ese comportamiento tonto. Sí tonto, porque a ella jamás le interesó Alejandro y con sus acciones, Elena, así se lo demostró: jamás lo buscaba en ningún plan, ni siquiera para las tareas.
Pero lo que ella hoy sí tiene presente, es que Alejandro vive en la colonia frente a la suya y, que ella, ya está harta de viajar en microbuses.
***
Ese día en la universidad, Alejandro se encuentra sentado en una jardinera, tomando el sol, tienen tantas clases libres, debido a maestros faltistas, que ésto más bien parece un deportivo.
Elena al verlo, se aproxima a él.
”Alex, ¿cómo estás?", y ella procede a acomodarle el cuello de la camisa, y le resbala provocadoramente las manos sobre el pecho.
"Oye, ¿te acuerdas cuando me escoltabas a mi casa? Me pregunto si... No podrías pasar por mi en las mañanas, ¿sí?"
Alejandro, ante los trucos de ella, ha quedado totalmente apendejado y no ha podido contestarle nada.
"¿Alex? ¿¡Alex!?"
Elena tiene que insistir para sacarlo de su encanto. Al darse cuenta de que se está viendo como un reverendo pendejo, él trata de corregir, adoptando voz y pose de galán.
"¡Claro que sí Elena preciosa! ¿Qué te parece al cuarto para las siete?"
”Sí, ¡excelente!"
Ella se acerca lentamente a su mejilla y le planta un beso con sus labios húmedos, luego, permanece un instante sobre él, para dejarle sentir su calor, su perfume.
Alejandro está como si lo llevaran de los orificios de la nariz.
***
Día tras día Alejandro pasa por ella a su casa, diario tiene que esperarla, ella tarda en salir; en el trayecto a la universidad, no tiene oportunidad de platicar con ella, Elena se la pasa hablando por teléfono con sus múltiples amigos. Cuando llegan, él la baja justo en la puerta de acceso, él tiene que irse a estacionar y, ya no la vuelve a ver hasta el día siguiente. Por fortuna tienen horarios distintos y no tiene que llevarla de regreso.
Las invitaciones que él le hace para salir, ya sea a comer, al cine, al centro comercial, siempre son contestadas con un: "El fin de semana es para pasarlo con la familia".
***
Ese día antes de iniciar la primera clase, René se aproxima a Alejandro.
"¿Qué onda mi Alex, qué cuentas?"
"Nada wey, aquí llegando a clase, como siempre".
Se saludan chocando las palmas y luego los nudillos. Y Alejandro continúa:
"¿Ya programaste el algoritmo de ordenación de números?"
"Ya lo tengo, le pagué una lana a un cabrón de octavo semestre para que me pasara todos los trabajos del nuestro". René contesta y agrega:
"Oye, te quería comentar de la vieja que traes todos los días. Ya se que la conoces desde la prepa y siempre le has traído ganas, pero, y no me lo tomes a mal: solo te está usando de su chofer.
Mira Alex, me doy cuenta, ¿A poco no ya ni la vuelves ver el resto del día?"
"No pues, sí, sí es cierto René".
"Lamento decírtelo pero, no me parece bien que esta vieja se esté aprovechando de ti Alex. ¿Sabes? Anda de ofrecida con todos, menos contigo y, ahorita ella anda saliendo con un cabrón que trabaja en Banorte.
¿Por qué el wey éste no pasa por su vieja y la trae a la escuela? No, no. Este tipo de gente son lacras, van por la vida aprovechandose de los demás.
Mándala a la verga, mi buen Alex."
"Gracias René, creo que necesitaba que alguien me hiciera ver que los demás ya se dieron cuenta que, se están aprovechando de mi. Todo lo que me dijiste yo ya lo había razonado, pero me lo estaba negando con tal de vivir en la fantasía de, 'andar' con esta vieja".
En eso entra el profesor de esta clase.
"Bueno Alex ya a darle", se despide René.
***
Al día siguiente Alejandro ya no pasó por Elena a su casa, ni le avisó. Ella lo vio días después en la escuela:
"¿Qué pasó? Me hubieras avisado, ese día perdí la primera clase".
"Ah, ¡hola Elena! Lo siento, es que ya no voy a poder seguir pasando por ti. Nos vemos, voy afuera a comprar una USB".
Alejandro se aleja rápidamente y, ni beso en el cachete de despedida le da.
El reflexiona el resto del día sobre la importancia de decir: No.
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martes, 26 de enero de 2016
Odiseo
Etiquetas:
aventura,
costumbrismo,
cuento,
ficción,
ficción latinoamericana,
historia original,
lengua española,
literatura,
novela,
relato,
serial
martes, 21 de julio de 2015
GRIEGOS TRAYENDO REGALOS (Relato original)
GRIEGOS TRAYENDO REGALOS
Al matrimonio Correa lo encontramos muy feliz en su departamento, este sábado al mediodia están ocupados preparando comida griega, para sus invitados que en un par de horas llegarán a comer, los Tasoulis.
Sandra Correa bajó del internet como prepararles, al compañero de su marido en la oficina, y la esposa de éste, sandwiches de pan pita, una ensalada griega preparada con pepino, jitomate, con aceitunas negras y jugo de limón.
Andrés, cantando, la abraza desde atrás y le planta un beso en la mejilla, y luego se retira cantando “Burundanga” a su recámara para arreglarse. Ayer vieron en la televisión una película de Tin Tan, donde él la cantó, desde entonces a Andrés no se le sale de la cabeza la graciosa canción.
Noventa minutos después teniendo todo listo, los Correa están nerviosamente emocionados por recibir ya a los Tasoulis, causa emoción interactuar con extranjeros, la anticipación de las cosas que van a relatar de su país de origen, sobre sus costumbres, el escucharlos hablar en griego, a lo mejor cosas que van a traer de obsequio, tal vez traigan revistas, así como fotografías personales.
Este nerviosismo los hace que Sandra y Andrés estén jugueteando, se abrazan, se tiran sobre los sillones, se besan.
“¡Ya Andrés! Vas a despeinarme.”
Ante esto él la toma de la mano, la toma hacia él y la abraza por la cintura. En eso, suena el timbre de la casa; el carillón del Big Ben de Londrés les anuncia a los Correa que sus huéspedes han llegado a su departamento.
***
Andrés se dirige a la puerta, arreglándose la ropa y el cabello, abre la puerta y justo afuera el matrimonio de los Tasoulis lo esperan con grandes sonrisas en sus rostros.
“¡Christos! ¡María! Que placer recibirlos en nuestro hogar. Mi amor, Sandra, acércate, mira conoce a mi amigo y a su encantadora esposa, ellos son Christos y María.”
Y Sandra los saluda a cada uno ofreciéndoles su mano y luego intercambiando un beso al aire en la mejilla como se acostumbra en México.
“María, estás preciosa, ven vamos a la sala.” Sandra se la lleva tomada de la mano. Y Andrés y Christos las siguen lentamente.
“Andrés espero no te importe, me permití traer esta botella de vino blanco.” “¡Ah! No, no te preocupes, muchas gracias, déjame llevarlo al refrigerador para que continúe frío. ¡No hombre que detalle Christos!”, y ya desde la cocina le dice, “pasa a la sala a sentarte.”
Y en la sala platican alegremente Sandra y María, y en la sala del centro, sobre el cristal, María colocó una bolsa con obsequios que les trajeron a los Correa.
"¿Y entonces qué tal les va la vida aquí en México Christos?" Andrés le pregunta. "¡Uf!, no me puedo quejar, a María le gusta mucho su país". Y ella agrega: "Sí, es maravilloso e inmenso, el mes pasado nos fuimos en un tour a una gruta en Morelos, es otro mundo aquí". "Espero, más bien deseo que SAP me deje varios años aquí de consultor". Christos les dice, y ahora Sandra le contesta: "Eso de andarse mudando por el trabajo, cada cuantos meses es horrible, no te permite echar raíces, ni identificarte con el sitio ni las personas. Mi papá era auditor en Pemex, y cuando era niña así nos traían, ¡como gitanos!".
Así transcurren los minutos en el intercambio de la pequeña charla. Sandra se levanta a la cocina para traer los sandwiches pan pita y la ensalada griega. Y Andrés que ya había sacado la botella de vino blanco del refrigerador, la descorcha, y les sirve a sus amigos, y además dos copas, para su esposa y él.
"Ah pita, me gusta, gracias Sandra, pero esperábamos comer un mole poblano y chiles rellenos". Christos le comenta esto a ella, mientras le guiñe un ojo a su esposa María. Los Correa al notar este intercambio, y junto a los Tasoulis, estallan en carcajadas.
"Sí es decepcionante que México no sea tan mexicano", agrega María y prosigue, "en el condominio horizontal donde vivimos se organizó una fiesta, y yo le pregunté a Liz, mi vecina, si esa iba a ser una fiesta mexicana, y me contestó que sí, Christos y yo nos emocionamos mucho, yo me imaginaba que iban a estar presentes mariachis y que se iba a romper una piñata, pero cuando esa noche del viernes hicimos acto de presencia, nos encontramos solo con gente tratando de platicar, en pequeños grupos, por encima de música de Lady Gaga a todo volumen."
"Sí, la homogeneización de culturas que la vida moderna trae; por ejemplo, te encuentras los mismos metrobuses rojos y largos en las calles de la Ciudad de México, Sydney y Londres", Sandra le contesta.
Departen alegremente hasta terminar de comer, e igualmente se beben completa la botella del vino blanco.
"Bueno Sandra, Andrés, ustedes son magníficos anfitriones, les estamos sumamente agradecidos que nos hayan recibido en su piso esta tarde", Christos les dice a los Correa, y María ya de pie con su bolso en la mano, ahora se dirige a Sandra:
"Muchas gracias Sandra, pues, nos mantenemos en contacto."
Y los Tasoulis y !os Correa intercambian apretones de manos y besos en la mejilla respectivamente. Y finalmente los griegos atraviesan la puerta de salida del departamento, y Andrés la cierra tras ellos.
Andrés corre a asomarse a la ventana de la sala para ver hacia la calle y al área donde los Tasoulis dejaron su auto estacionado, al ver que ellos se alejan por la avenida, abordo de su Honda coupé plateado, ahora se voltea hacia la mesa de centro en la sala, toma la bolsa de regalos que estos habían traído, y se dirige de prisa a la cocina, donde, a través de la ventana de esta, la lanza para que termine estrellada contra el piso del estacionamiento, siete pisos abajo.
Mientras él hacía esto, Sandra primero lo siguió extrañada con la vista, y luego fisicamente, de prisa, incrédula y preocupada hasta la cocina.
"¡Pero por todos los santos Andrés!, ¿QUE HICISTE?"
Y Andrés le contesta, con un tono de voz y lenguaje corporal que muestran que él está convencido de sus acciones:
"¿Nunca has escuchado que hay que cuidarse de los griegos trayendo regalos?"
Relato original por Carlos Santillán
Al matrimonio Correa lo encontramos muy feliz en su departamento, este sábado al mediodia están ocupados preparando comida griega, para sus invitados que en un par de horas llegarán a comer, los Tasoulis.
Sandra Correa bajó del internet como prepararles, al compañero de su marido en la oficina, y la esposa de éste, sandwiches de pan pita, una ensalada griega preparada con pepino, jitomate, con aceitunas negras y jugo de limón.
Andrés, cantando, la abraza desde atrás y le planta un beso en la mejilla, y luego se retira cantando “Burundanga” a su recámara para arreglarse. Ayer vieron en la televisión una película de Tin Tan, donde él la cantó, desde entonces a Andrés no se le sale de la cabeza la graciosa canción.
Noventa minutos después teniendo todo listo, los Correa están nerviosamente emocionados por recibir ya a los Tasoulis, causa emoción interactuar con extranjeros, la anticipación de las cosas que van a relatar de su país de origen, sobre sus costumbres, el escucharlos hablar en griego, a lo mejor cosas que van a traer de obsequio, tal vez traigan revistas, así como fotografías personales.
Este nerviosismo los hace que Sandra y Andrés estén jugueteando, se abrazan, se tiran sobre los sillones, se besan.
“¡Ya Andrés! Vas a despeinarme.”
Ante esto él la toma de la mano, la toma hacia él y la abraza por la cintura. En eso, suena el timbre de la casa; el carillón del Big Ben de Londrés les anuncia a los Correa que sus huéspedes han llegado a su departamento.
***
Andrés se dirige a la puerta, arreglándose la ropa y el cabello, abre la puerta y justo afuera el matrimonio de los Tasoulis lo esperan con grandes sonrisas en sus rostros.
“¡Christos! ¡María! Que placer recibirlos en nuestro hogar. Mi amor, Sandra, acércate, mira conoce a mi amigo y a su encantadora esposa, ellos son Christos y María.”
Y Sandra los saluda a cada uno ofreciéndoles su mano y luego intercambiando un beso al aire en la mejilla como se acostumbra en México.
“María, estás preciosa, ven vamos a la sala.” Sandra se la lleva tomada de la mano. Y Andrés y Christos las siguen lentamente.
“Andrés espero no te importe, me permití traer esta botella de vino blanco.” “¡Ah! No, no te preocupes, muchas gracias, déjame llevarlo al refrigerador para que continúe frío. ¡No hombre que detalle Christos!”, y ya desde la cocina le dice, “pasa a la sala a sentarte.”
Y en la sala platican alegremente Sandra y María, y en la sala del centro, sobre el cristal, María colocó una bolsa con obsequios que les trajeron a los Correa.
"¿Y entonces qué tal les va la vida aquí en México Christos?" Andrés le pregunta. "¡Uf!, no me puedo quejar, a María le gusta mucho su país". Y ella agrega: "Sí, es maravilloso e inmenso, el mes pasado nos fuimos en un tour a una gruta en Morelos, es otro mundo aquí". "Espero, más bien deseo que SAP me deje varios años aquí de consultor". Christos les dice, y ahora Sandra le contesta: "Eso de andarse mudando por el trabajo, cada cuantos meses es horrible, no te permite echar raíces, ni identificarte con el sitio ni las personas. Mi papá era auditor en Pemex, y cuando era niña así nos traían, ¡como gitanos!".
Así transcurren los minutos en el intercambio de la pequeña charla. Sandra se levanta a la cocina para traer los sandwiches pan pita y la ensalada griega. Y Andrés que ya había sacado la botella de vino blanco del refrigerador, la descorcha, y les sirve a sus amigos, y además dos copas, para su esposa y él.
"Ah pita, me gusta, gracias Sandra, pero esperábamos comer un mole poblano y chiles rellenos". Christos le comenta esto a ella, mientras le guiñe un ojo a su esposa María. Los Correa al notar este intercambio, y junto a los Tasoulis, estallan en carcajadas.
"Sí es decepcionante que México no sea tan mexicano", agrega María y prosigue, "en el condominio horizontal donde vivimos se organizó una fiesta, y yo le pregunté a Liz, mi vecina, si esa iba a ser una fiesta mexicana, y me contestó que sí, Christos y yo nos emocionamos mucho, yo me imaginaba que iban a estar presentes mariachis y que se iba a romper una piñata, pero cuando esa noche del viernes hicimos acto de presencia, nos encontramos solo con gente tratando de platicar, en pequeños grupos, por encima de música de Lady Gaga a todo volumen."
"Sí, la homogeneización de culturas que la vida moderna trae; por ejemplo, te encuentras los mismos metrobuses rojos y largos en las calles de la Ciudad de México, Sydney y Londres", Sandra le contesta.
Departen alegremente hasta terminar de comer, e igualmente se beben completa la botella del vino blanco.
"Bueno Sandra, Andrés, ustedes son magníficos anfitriones, les estamos sumamente agradecidos que nos hayan recibido en su piso esta tarde", Christos les dice a los Correa, y María ya de pie con su bolso en la mano, ahora se dirige a Sandra:
"Muchas gracias Sandra, pues, nos mantenemos en contacto."
Y los Tasoulis y !os Correa intercambian apretones de manos y besos en la mejilla respectivamente. Y finalmente los griegos atraviesan la puerta de salida del departamento, y Andrés la cierra tras ellos.
Andrés corre a asomarse a la ventana de la sala para ver hacia la calle y al área donde los Tasoulis dejaron su auto estacionado, al ver que ellos se alejan por la avenida, abordo de su Honda coupé plateado, ahora se voltea hacia la mesa de centro en la sala, toma la bolsa de regalos que estos habían traído, y se dirige de prisa a la cocina, donde, a través de la ventana de esta, la lanza para que termine estrellada contra el piso del estacionamiento, siete pisos abajo.
Mientras él hacía esto, Sandra primero lo siguió extrañada con la vista, y luego fisicamente, de prisa, incrédula y preocupada hasta la cocina.
"¡Pero por todos los santos Andrés!, ¿QUE HICISTE?"
Y Andrés le contesta, con un tono de voz y lenguaje corporal que muestran que él está convencido de sus acciones:
"¿Nunca has escuchado que hay que cuidarse de los griegos trayendo regalos?"
Relato original por Carlos Santillán
domingo, 26 de abril de 2015
Asesinato de Carácter
Es el primer día de trabajo de Mirna en la empresa: “Brillo Natural”, resulta que ella estaba desempleada y con mucho tiempo libre y, un día recogió el periódico “Voces”, un periódico gratuito catorcenal sobre anuncios clasificados, que pasan a arrojar a las casas de la colonia donde vive y, ella leyó que solicitaban capturistas en esta empresa de suplementos alimenticios, o sea “productos milagro.”
Mirna tiene conocimiento de primera mano sobre estos productos,y bien sabe que están lejos de ser un fraude, ya que su papá hace años tuvo una infección en la próstata que le provocó inflamación, micción continua y sangrado y él, viendo que la medicina recetada en el hospital estatal solo le reducía los síntomas sin curarlo, se le ocurrió preguntarle a una vecina, que él sabía se dedica a vender estos productos milagros, le preguntó si no tenía nada para la próstata y ella le recomendó el suplemento PX. Lo empezó a tomar y antes de dos semanas estaba totalmente curado.
Ahora Mirna reflexionó sobre algo que, coincidentalmente respecto a la empresa “Brillo Natural, su papá le comento, molesto contra el gobierno, tan solo hace unos días:
”La industria farmaceútica nos quiere clientes cautivos de sus medicinas paliativas que solo mantienen la enfermedad sin curarla. Tomé el PX para curarme de aquella infección en la próstata que tuve, y luego lo consumí por años para alejar problemas, para asegurar que la infección no regresara. Pero desagradablemente me encuentro que en el centro de distribución de Brillo Natural a donde acudía a comprarlo, me comunican que la Secretaría de Salud ha retirado este producto del mercado y lo califica de "producto milagro." ¿Puedes creerlo?”
Y al respecto Mirna le contestó:
“¡Ajá! La mafia farmaceútica local de seguro cabildeó para eliminar este suplemento por hacerles competencia y que uno acuda a sus medicamentos de miles de pesos de costo.”
“Sí de seguro es así”, él le contesta, y continúa:
“Y si los productos milagros solo curan por autosugestión, ¿por qué no les enseñan a los médicos métodos de autosugestión que el paciente pueda aprender, que adopte, para curarse?
“Porque el negocio está en la venta de farmacos caros y que muchas veces tienen efectos secundarios negativos.” Mirna le contesta y su papá asiente manifestando su coincidencia de opinión.
***
Mirna se encuentra en el interior de un cubículo, donde fue recibida por la subgerente de comercialización. A través de los grandes paneles de cristal entra la brillante luz del Sol, que ilumina un mediodía muy contaminado en Distrito Federal
“Mirna, ven para presentarte al grupo.” Le pide su jefa, una joven mujer apenas unos años mayor que ella.
“¡Hey atención!” Carmen, la jefa, obtiene la atención del grupo, unos se echan para atrás en sus sillones y otros se ponen de pie dentro de sus cubículos.
“Mirna se va a incorporar a nuestro equipo de trabajo y nos va ayudar con la captura de documentos. Y a veces con la captura de bases de información también.” Y continúa:
“Mirna, todos aquí somos nuy buena onda y vas a ver como pronto te vas a sentir parte de nuestra familia, después de todo aquí pasamos más horas que en nuestras casas. Y lo que se te ofrezca, no dudes en pedírselo a cualquiera de los muchachos.”
Y todos por atención se acercan a Mirna a saludarla, las chicas con saludo de beso tronado en el aire, y otros solo le dan la mano antes de regresar como autómatas a su trabajo.
A continuación Carmen le indica que cubículo va a ocupar. Podemos ver como le da una serie de indicaciones a Mirna, mientras ella, pasa un dedo por el polvo acumulado en el cubículo, acomoda su bolsa, y se sienta para encender su computadora.
Todo este intercambio, un joven que no se presentó con Mirna, lo ve, subrepticiamente, a unos cuatro cubículos de distancia y, enajenado con ella, Luis Gutiérrez, el nombre del joven, piensa que ella le parece muy bella persona.
***
Unos cuantos días después, un jueves por la mañana en las oficinas de Brillo Natural, Mirna mandó a imprimir un listado de productos, tarea que le fue solicitada por Carmen, pero el archivo simplemente no se imprime, la gran impresora solo se escucha trabajar, se iluminan sus entrañas, hace su característico timbre pero ¡no imprime nada! Ella ya checó la bandeja alimentadora de papél, el indicador del tóner, pero al considerar que todo está bién con la impresora esta situación solo la frustra.
Luis al notarla como ella está batallando, decide aproximarse para ayudarla, él piensa que de seguro hay un problema con la cola de impresión de documentos. No sin nerviosismo, se acerca a Mirna pero cuando está a punto de hablarle, Magali, una de las compañeras, como salida de la nada le dice a Mirna:
“Apriétale el botón Start y borra tu cola de impresión y manda de nuevo el archivo, ¡ah! y él es 'Gutierritos, es inofensivo no le hagas caso.'” Dice ella con una amplia sonrisa burlona.
Magali aprieta el botón Start, e igual como llegó, se fue, un auténtico tornado esta alegre joven; y Mirna regresa a su cubículo sin siquiera haberlo volteado a ver a Luis
***
Un par de meses después, es la convención de la empresa. Esta se lleva a cabo en el Centro de Convenciones del Banco Nacional. Esta es una instalación enorme, con docenas de salas, tres niveles de estacionamiento. En el atrio donde está la recepción, hay terminales para que uno consulte a dónde dirigirse.
Aquellos que no lo hacen así, pagan su omisión caminando hasta quince minutos si no es que más.
Luis, como es lo normal en él, llegó solo, y al registrarse le dieron un kit que consiste en una bolsita de nylon con un paquete de hilos, agujas, un jaboncito. Pero además, a él por ser “caballero”, le dieron un reloj, que aunque obviamente barato, sí luce bastante “caro”. Es hecho en color negro, pulsera de falsa piel y, analógico.
Él de inmediato piensa que va a hacer con éste, y eso lo ¡llena de emoción!
Mientras tanto, en el Salón Azul, se encuentran ya Mirna, Magali, y un par de compañeras, pertenecientes al área de contabilidad, escuchando una de las historias de Antonio, un compañero que presume de ser todo un conquistador, y por lo tanto se comporta con la arrogancia natural que ese tipo de hombres manifiesta.
“Si yo voy caminando por la calle con un papel en la mano y...” ¡Ni modos que por las paredes!” “Ah que graciosa Magali... Déjame continuar, antes de que pierda el hilo.” “Nos dieron un kit con una cajita de hilos...” Ella burlonamente lo interrumpe de nuevo.
“¡Magali! ¿Me dejas continuar?” Su enojo es falso y parte de la camaradería de ellos, “bueno como decia, si voy POR LA CALLE, y me encuentro un bote de basura que diga 'Basura Orgánica', ¡No lo voy a depositar ahí! Por que de eso se trata, de amaestrarnos, ¡de hacer un acto reflejo el separar la basura!
“Los papeles se depositan en la basura inorgánica ¿No?” Magali dice dirigiéndose a todos. “¿Ves?” Antonio le contesta, “aparte es confusa esta programación. El papel se obtiene de los árboles, por lo tanto es un desperdicio orgánico.” Ante lo cual, Mirna solo agrega, “¡Ey! Ya estoy confundida. Total cuando los de la basura se llevan los botes todo lo revuelven porque rompen las bolsas dentro del camión buscando separar los desperdicios que ellos luego llevan a vender.”
“Sí, puro adoctrinamiento verde que me enoja.” Dice Antonio haciendo un ademán de desprecio.
Y como también es otra de las características de Luis, él todo esto lo está viendo y escuchando apartado de ellos, sin integrarse al grupo.
***
Estas convenciones son muy cansadas, consumen cerca de diez horas, a lo largo de dos o tres días, al final de las mismas, lo que todos ya desean, es irse a sus casas a descansar, pero esta tiene la desventaja de haber concluido en domingo, y a las ocho de la noche.
Afuera del Salón Azul, mezclados los asistentes a la convención de Brillo Natural con los asistentes a un abierto de Taekwondo, que salen de otro de los salones, ya forman una multitud. Mirna se encuentra parada justo en medio de ésta, esperando a Magali que le dijo que iba ir rápido al tocador antes de irse juntas en el auto de ella. Mirna se queda pensando que le agradece mucho la oferta del “ride” a Magali, irse a esta hora en transporte público ya es peligroso.
Luis la estuvo vigilando al final de las actividades, y la siguió con la vista a Mirna hasta que ella se quedó sola en medio del gentío.
Mirna miraba ya desesperada su reloj de pulsera, ante la tardanza de Magali, y es cuando Luis se le acerca llevando en sus mano la caja del reloj que le obsequiaron como asistente a la convención.
“Hola, Mirna,” su voz débil y nerviosa, “quiero darte esto.”
Mirna, no puede disimular su cara de rechazo y piensa que, qué es lo que quiere “Gutierritos.” Instintivamente estira su mano para alcanzar la caja del reloj, pero de último momento no lo toma, es como si Luis le estuviera ofreciendo una cucaracha muerta.
En ese preciso momento llega Magali, que prácticamente sin voltear a verlo dice:
“Adios Gutierritos.” Mientras se lleva, empujandola amablemente por el hombro, a Mirna.
Luis se queda parado viendo como se aleja Mirna.
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