Es una tarde nublada y fría, el profesor Jesús, de álgebra booleana, llegó al aula y antes de que, siquiera pudieran todos terminar de sentarse les dijo esas palabras que a todo alumno dejan paralizado:
"Saquen unas hoja en blanco y, escriban su nombre en ella".
Examen sorpresa... ¡No mames! Más de uno habrá pensado eso.
El profesor Jesús anota seis problemas en el pizarrón.
Y lo clásico que hacen todos los profesores, en clase ves algo como:
A * 1 = A ó
A * 0 = 0
Pero en los exámenes te ponen problemas tipo:
(A+BC')' XOR (A'B+C)
Alejandro, quien sí es estudioso, está resolviendo su examen con éxito. Mónica, una muy bella joven, blanca, ojos verdes, cabello muy largo y castaño, con naricita y pecas, sentada detrás suyo, le pide insistentemente a él que levante su examen y se haga de lado para que ella pueda copiar sobre su hombro. Con la lección que tuvo con Elena, ya aprendió a no dejarse usar por las 'última coca cola del desierto'.
Solo escucha que Mónica murmura algo, de seguro nada bueno, y ella lo deja de molestar.
Con voz llena de hartazgo, el profesor Jesús solo les dice:
"No se copien, yo no los voy a castigar, su pena y vergüenza será el engaño que a ustedes mismos se hacen".
Es una postura buena por parte del profesor. Un verdadero maestro es un facilitador del aprendizaje, no un capataz presto a castigar la más mínima falta.
De repente, desde el fondo del aula se escucha ¡un estruendoso pedo! Todos salen corriendo del aula, ante esta maravillosa oportunidad de echar desmadre. Van gritando y haciendo gestos como si el salón hubiera sufrido un repentino ataque bacteriológico por parte de imaginarios militantes islámicos.
El profesor Jesús está muy enojado afuera del aula, gritándoles que regresen a continuar con el examen.
”¡HÉCTOR! ¡RENÉ! !MEMO! ¡REGRESEN AL SALÓN! ¡AHORA!"
El profesor está actuando como el capataz que Alejandro pensó que no debería ser.
Alejandro al entrar de regreso nota que Oscar, está llorando en su mesa. Todos han vuelto ya al aula, vociferando burlas y otros riéndose.
El profesor Jesús los llama al orden:
"HEY ¡BASTA! Una colitis es algo de lo que nadie está exento. Y todos nos hemos pedorreado. Así que ya dejen a su compañero en paz".
Al mismo tiempo que el profesor decía esto ya había compañeros consolando y demostrando sus simpatías a Oscar.
Alejandro recuerda un verso que su papá solía repetirle cuando era niño:
"Desde el rey, a la vaca,
y hasta la más bonita muchacha,
toditos dejan su bola de caca".
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jueves, 18 de febrero de 2016
Odiseo parte 8
Etiquetas:
algebra booleana,
comedia,
ficción,
ficción latinoamericana,
historia corta,
juvenil,
novela,
relato,
serie,
universitarios
domingo, 14 de febrero de 2016
Odiseo parte 7
En la cafetería de la universidad suena la rockola, alguien seleccionó 'Radio Ga Ga' de Queen, al mismo tiempo que Alejandro llegaba.
Dentro, él puede ver, a sus amigos Memo, Fabián y René sentados en una mesa, muertos de risa por algo que están viendo en sus teléfonos y, en la barra ordenando él ve a Elena acompañada de un tipo con aspecto de 'mirrey', a Alejandro le vale...
Camina hasta sus amigos y, tomando una silla desocupada de otra mesa, se sienta con ellos.
"¿Qué hay?¿que hacen canijos?"
René ni puede hablar por las carcajadas que está soltando. Y Memo ya calmándose le contesta:
"Éste cabrón, René, nos está enseñando fotos de la vieja con la que salió este fin de semana".
"¡Mira!" Le dice Fabián pasándole su teléfono.
Alejandro puede ver en la imagen a una joven menuda, curvilínea y morena, abrazada de René y, el pinche René la tiene sujeta de las nalgas, están en un bosque, el Ajusco ¿tal vez? y en su rostro dibuja una sonrisa burlona y de victoria que le hizo a quien les tomó la foto.
"¡Ve esta foto wey!" Ahora René le dice y le pasa su teléfono. Es la misma joven, pero ahora en un antro, lleno de gente y de humo.
En la foto, la joven visiblemente tomada, está tratando de beber de ¿un micrófono? René repite lo que ya había contado, pero ahora lo narra para Alejandro.
"Yo estaba cantando en el karaoke, pero antes había puesto tan peda a esta vieja que, cuando le pasé el micrófono, ¡ella creyó era otra cerveza!"
Y una vez más sus tres amigos estallan en carcajadas.
"¡Cuéntale lo mejor wey!" Memo le pide a René.
"¡No otra vez! ¡Eso estuvo grueso!" Fabián interviene, y René aplacándolos, con gestos de las manos, se dirige a Alejandro:
"¡No mames! Les conté a estos cabrones que cuando ya la llevaba a esta vieja a su casa, ella vive en Echegaray, y ya íbamos a la altura de un vaso colector de aguas que ahí hay, ella me dice toda peda:"
"Quiiiero hacer pipii".
"Aguántate, ya estamos a minutos de tu casa; le contesté, pero ahora ella haciendo un berrinche me grita:"
"¡PÁRATE! ¡yaa no me aguantoo!"
"¡Ahí viene lo bueno!" Interviene Memo dirigiéndose a Alejandro. Y René continúa:
"Total que, como eran como las dos de la mañana que me orillo, me hubiera dado mucho asco que esa vieja se miara en mi coche; y ella se baja y ahí luego, luego, se baja el pantalón y los calzones, ni siquiera se fue lejos para que no la viera.
Yo volteé a otro lado por recato y que..."
René, Memo y Fabián estallan en carcajadas otra vez y, Alejandro, sin dirigirse a ninguno de ellos pregunta:
"¡Qué pasó!" René continúa:
"¡SE ECHÓ UN PEDOTE LA CABRONA!"
Estallan en carcajadas de nuevo y Alejandro, viéndolos, pregunta:
"¿Se cagó?" Y René le contesta, apenas pudiendo hablar, por la risa:
"¡No mames wey! ¡No me iba a bajar a ver, ¡Me vale madres! y ¡Que pinche asco!"
***
Ya más calmados y ahora comiendo unas sincronizadas que pidieron, acompañadas con su coca cola cada quien, Alejandro se muere de ganas por contarles lo que presenció el viernes en la tarde. Cosa que hace aprovechando los silencios obligados, mientras sus amigos mastican.
"Y ese cabrón, así nomás, los mató al par de muchachos. ¿Qué le pudieron haber dicho o hecho para que él los matara?"
Memo escucha todo esto muy pensativo, su mirada fija en su plato de sincronizadas sobre la mesa. Cuando Alejandro hace una larga pausa, indicativo de que él ya no tiene nada más que agregar. Memo les dice, con un tono de voz misterioso y solemne:
"Mi papá frecuentemente nos cuenta algo muy cabrón..."
"¿Sí? ¿Cómo qué?" Fabián le pregunta. Todos se quedan viendo a Memo, su curiosidad ya picada. Y Memo continúa:
"Mi papá cuando joven trabajó de auditor en la refinería de Salamanca y, debido a eso, hizo amistad con los choferes de las pipas que él revisaba. Una noche que estaba de guardia uno de los choferes se le acercó a hacerle plática.
Y así entre bromas y vaciladas sobre otros trabajadores de la refinería este chofer de repente se quedó callado y, le preguntó a mi papá que si le podía confiar algo personal que, le carcomía el corazón y el alma".
Ahora René le interrumpe:
"Y ¿qué cosa era wey? Nos tienes todos intrigados".
"Pues, cuando mi papá le contestó que sí confiara en él y que iba a ser discreto, el chofer le narró como una vez que iba sobre la carretera, fue rebasado por un volkswagen en el que iban dos mujeres jóvenes muy bonitas, blancas, cabello rubio, bien vestidas y que se veían económicamente holgadas.
Y que esto le provocó un coraje, una ira y rabia enceguecedoras porque, él jamás iba a poder aspirar a mujeres como ellas.
Este chofer le contó a mi papá que aceleró y las alcanzó en una curva excavada a través de una formación rocosa y que las impactó aventándolas contra la pared derecha. A continuación él se frenó y se echó en reversa para aplastarlas, digamos, tallarlas con la pipa contra las rocas, con movimientos de adelante hacia atrás.
Una vez que él satisfizo su arranque asesino se detuvo delante de lo que quedó del volkswagen y se bajó a verlas a las jóvenes.
La bestia esta le dijo a mi papá que quedó impresionado al verlas muertas, ensangrentadas. Dijo que jamás se le va a olvidar como, la joven que iba conduciendo tenía su brazo cercenado."
Memo termina con esta última observación su relato. Todos en la mesa están callados, debido a lo chocante que esta historia resultó. De seguro también les arruinó las ricas sincronizadas que acababan de comer.
Alejandro no duda, ni por un instante que esto en realidad sí sucedió. El ser humano es un animal cruel y despiadado.
Dentro, él puede ver, a sus amigos Memo, Fabián y René sentados en una mesa, muertos de risa por algo que están viendo en sus teléfonos y, en la barra ordenando él ve a Elena acompañada de un tipo con aspecto de 'mirrey', a Alejandro le vale...
Camina hasta sus amigos y, tomando una silla desocupada de otra mesa, se sienta con ellos.
"¿Qué hay?¿que hacen canijos?"
René ni puede hablar por las carcajadas que está soltando. Y Memo ya calmándose le contesta:
"Éste cabrón, René, nos está enseñando fotos de la vieja con la que salió este fin de semana".
"¡Mira!" Le dice Fabián pasándole su teléfono.
Alejandro puede ver en la imagen a una joven menuda, curvilínea y morena, abrazada de René y, el pinche René la tiene sujeta de las nalgas, están en un bosque, el Ajusco ¿tal vez? y en su rostro dibuja una sonrisa burlona y de victoria que le hizo a quien les tomó la foto.
"¡Ve esta foto wey!" Ahora René le dice y le pasa su teléfono. Es la misma joven, pero ahora en un antro, lleno de gente y de humo.
En la foto, la joven visiblemente tomada, está tratando de beber de ¿un micrófono? René repite lo que ya había contado, pero ahora lo narra para Alejandro.
"Yo estaba cantando en el karaoke, pero antes había puesto tan peda a esta vieja que, cuando le pasé el micrófono, ¡ella creyó era otra cerveza!"
Y una vez más sus tres amigos estallan en carcajadas.
"¡Cuéntale lo mejor wey!" Memo le pide a René.
"¡No otra vez! ¡Eso estuvo grueso!" Fabián interviene, y René aplacándolos, con gestos de las manos, se dirige a Alejandro:
"¡No mames! Les conté a estos cabrones que cuando ya la llevaba a esta vieja a su casa, ella vive en Echegaray, y ya íbamos a la altura de un vaso colector de aguas que ahí hay, ella me dice toda peda:"
"Quiiiero hacer pipii".
"Aguántate, ya estamos a minutos de tu casa; le contesté, pero ahora ella haciendo un berrinche me grita:"
"¡PÁRATE! ¡yaa no me aguantoo!"
"¡Ahí viene lo bueno!" Interviene Memo dirigiéndose a Alejandro. Y René continúa:
"Total que, como eran como las dos de la mañana que me orillo, me hubiera dado mucho asco que esa vieja se miara en mi coche; y ella se baja y ahí luego, luego, se baja el pantalón y los calzones, ni siquiera se fue lejos para que no la viera.
Yo volteé a otro lado por recato y que..."
René, Memo y Fabián estallan en carcajadas otra vez y, Alejandro, sin dirigirse a ninguno de ellos pregunta:
"¡Qué pasó!" René continúa:
"¡SE ECHÓ UN PEDOTE LA CABRONA!"
Estallan en carcajadas de nuevo y Alejandro, viéndolos, pregunta:
"¿Se cagó?" Y René le contesta, apenas pudiendo hablar, por la risa:
"¡No mames wey! ¡No me iba a bajar a ver, ¡Me vale madres! y ¡Que pinche asco!"
***
Ya más calmados y ahora comiendo unas sincronizadas que pidieron, acompañadas con su coca cola cada quien, Alejandro se muere de ganas por contarles lo que presenció el viernes en la tarde. Cosa que hace aprovechando los silencios obligados, mientras sus amigos mastican.
"Y ese cabrón, así nomás, los mató al par de muchachos. ¿Qué le pudieron haber dicho o hecho para que él los matara?"
Memo escucha todo esto muy pensativo, su mirada fija en su plato de sincronizadas sobre la mesa. Cuando Alejandro hace una larga pausa, indicativo de que él ya no tiene nada más que agregar. Memo les dice, con un tono de voz misterioso y solemne:
"Mi papá frecuentemente nos cuenta algo muy cabrón..."
"¿Sí? ¿Cómo qué?" Fabián le pregunta. Todos se quedan viendo a Memo, su curiosidad ya picada. Y Memo continúa:
"Mi papá cuando joven trabajó de auditor en la refinería de Salamanca y, debido a eso, hizo amistad con los choferes de las pipas que él revisaba. Una noche que estaba de guardia uno de los choferes se le acercó a hacerle plática.
Y así entre bromas y vaciladas sobre otros trabajadores de la refinería este chofer de repente se quedó callado y, le preguntó a mi papá que si le podía confiar algo personal que, le carcomía el corazón y el alma".
Ahora René le interrumpe:
"Y ¿qué cosa era wey? Nos tienes todos intrigados".
"Pues, cuando mi papá le contestó que sí confiara en él y que iba a ser discreto, el chofer le narró como una vez que iba sobre la carretera, fue rebasado por un volkswagen en el que iban dos mujeres jóvenes muy bonitas, blancas, cabello rubio, bien vestidas y que se veían económicamente holgadas.
Y que esto le provocó un coraje, una ira y rabia enceguecedoras porque, él jamás iba a poder aspirar a mujeres como ellas.
Este chofer le contó a mi papá que aceleró y las alcanzó en una curva excavada a través de una formación rocosa y que las impactó aventándolas contra la pared derecha. A continuación él se frenó y se echó en reversa para aplastarlas, digamos, tallarlas con la pipa contra las rocas, con movimientos de adelante hacia atrás.
Una vez que él satisfizo su arranque asesino se detuvo delante de lo que quedó del volkswagen y se bajó a verlas a las jóvenes.
La bestia esta le dijo a mi papá que quedó impresionado al verlas muertas, ensangrentadas. Dijo que jamás se le va a olvidar como, la joven que iba conduciendo tenía su brazo cercenado."
Memo termina con esta última observación su relato. Todos en la mesa están callados, debido a lo chocante que esta historia resultó. De seguro también les arruinó las ricas sincronizadas que acababan de comer.
Alejandro no duda, ni por un instante que esto en realidad sí sucedió. El ser humano es un animal cruel y despiadado.
martes, 26 de enero de 2016
Odiseo
Serial. Partes 1-4
ODISEO
Alejandro sale muy temprano de su casa, tiene que caminar varias cuadras atravesando la colonia donde vive, para llegar a la avenida y ahí esperar el microbus, en la parada sobre la banqueta del centro comercial de un supermercado Soriana, que lo lleva a la altura del Hospital de Traumatología, donde pasa el otro microbus, el que lo deja justo enfrente de la universidad donde estudia Sistemas.
El joven e irresponsable chofer va escuchando una de esas nacas estaciones de radio, donde transmiten cumbia y el locutor hace bromas telefónicas sugeridas por sus radioescuchas.
Conforme el microbus avanza en su ruta, éste se va llenando de gente. Alejandro, que va de pie agarrando un tubo al fondo, cierra los ojos adormilado; el agradable sol, que le da en el rostro, invita a dormir.
Cuando van a la altura de la zona industrial (la ruta atravieza ésta) y con el microbus lleno, dos jóvenes malandros abordan.
Alejandro de inmediato nota que suben agresivamente y, a pesar de que el microbus está lleno, estos malandros con solo mostrar sus armas de fuego van recolectando el dinero y pertenencias varias de los pasajeros; lo que más coraje da es que estos jóvenes esbozan sonrisas burlonas.
Una señora grita cuando uno de ellos amaga con golpearla con la cacha de la pistola, porque ésta escondió su bolso en el suelo, bajo el asiento.
"¡Caete con la lana! ¡Pinche puto!"
Uno de ellos le dice a Alejandro. Y él procede a darle su cartera, sin mirarlo a los ojos.
"¿Y tu teléfono?" "No tengo..."
Le contesta Alejandro y el malandro abre su cartera para revisarla.
¿Qué es lo que ve el asaltante? ¡Un billete de míseros veinte pesos!
"¡Uy cuate! Tú sí que andas jodido... Pediría una cooperacha entre los presentes pero, ¡ya no tienen dinero!"
Y viendose, el par de malandrines, sueltan una sonora carcajada.
"¡Ya apúrate! ¡Vámonos!" El segundo asaltante apura a su compañero.
Y éste toma un billete de doscientos pesos, de lo que había robado y, se lo mete en la cartera a Alejandro.
"¡Chofer! ¡Bajan!" le grita al conductor y luego le grita a su compinche:
"¡Pélate cabrón!"
Y ambos en un instante desaparecen entre las calles transversales a la ruta del microbus.
Alejandro se queda anonadado, asustado, ¿a quién le pertenecen los doscientos pesos? Para evitarse un problema y que, lo culpen de cómplice, abandona el microbus y se aleja caminando rápidamente.
Luego de la mala experiencia del asalto en el microbús, y luego de un par de clases aburridas en las que Alejandro se la pasó cabeceando, al fin tiene un receso para poder convivir un rato con sus amigos. Esto gracias a que, como es frecuente, faltó un profesor a su clase.
Su papá está haciendo un gran esfuerzo para pagarle la universidad a Alejandro, pero tal parece que en esta escuela patito, la UVM, lo único que les importa es cobrar las cuotas, sin poner dedicación ni atención a la calidad de la educación impartida.
"¿Qué hay Alejandro?" Lo saluda René.
Sus compañeros de clase que están sentados en unas espacios cuadrados parte de la arquitectura de las paredes frente a las aulas, lo saludan. Y él choca sus palmas y luego los nudillos saludándolos a Rene, Fabián, y Memo.
"Nada aquí, ¿de qué estaban platicando?" "Memo nos estaba platicando que fue a ver Mundo Jurásico, el domingo". "¿Y está buena Memo?" "Sí, tiene muy buenos efectos especiales y la trama está interesante". Y René interrumpe:
"Yo no la he visto pero, de ver el puro tráiler, se adivina que es un remake de la primera, Parque Jurásico".
"Bueno, digamos que es un 'soft remake'". Memo le contesta.
"¡No hay como la primera película!" Fabián al fin interviene.
Alejandro ahora se sienta dentro del cuadrado en la pared. Y les dice:
“A mi ya me da mucha risa ver Parque Jurásico; no porque la película sea mala, sino por una ocurrencia que tuvo mi hermano la última vez que la vimos".
"¿Sí? ¿Y cuál fue ésta?" Le pregunta Memo, a lo que Alejandro agrega:
"¿Han visto los spots de la Ciudad de México? ¿Todos mielosos y ñoños?"
"Sí, están cagados, como si el D.F. fuera la ciudad de la alegría y el optimismo". Le contesta René haciendo gestos de burla. Y Alejandro continúa:
"Pues estábamos viendo en la tele Parque Jurásico, hace como un mes, y cuando empieza la secuencia cuando van los doctores, el dueño del parque, el abogado y los nietos en los jeeps, y se abren las gigantescas puertas, mi hermano dijo:"
"¡Bienvenidos a Parque Izquierdoso!"
"Y mi hermano, bien gracioso, que se pone a relatarme que es lo que los visitantes van viendo, él describía cosas como:"
"Ahí echados en la yerba una docena de hippies haciendo yoga, y de repente, los jeeps se ven envueltos por: ¡Una multitud de ñoños en bicicletas!"
"Ahora llegan a una parte del trayecto donde hay unos nacos tocando sus tambores, como esos, ¡los que se suben al metro!"
Alejandro tiene absoluta atención por parte de sus amigos que en este punto, ya no se aguantan las ganas de intervenir. Memo dice:
"Y ahora, pasan junto a unas jardineras donde hay unos güeyes ¡fumando mota!"
"En un café ven profesores de ciencias políticas, de huaraches y morralito al hombro, diciendo pendejada y media con la que, según ellos, van a arreglar los problemas del mundo." Agrega Fabián.
"¡Escuchen! Esto fue lo más gracioso que dijo mi hermano".
"¡Ah! Imaginen la doctora sorprendida porque a la orilla del camino, arrancó ¡una gran hoja de marihuana!" Todos se carcajean con esta ocurrencia de René- .
"¡Bueno! ¡Bueno! Lo que dijo mi hermano", continúa Alejandro, "es que, el doctor, el paleontólogo! se baja sin aire del jeep diciendo:
'¡Esto es asombroso! ¡Increible!'
"Y el viejito le contesta, agregando:"
'Los anarquistas pueden saquear un OXXO en menos de cinco minutos'.
"Y ahora el paleontólogo se sienta en la tierra abrumado, preguntando incrédulo:"
'¿¡TIENE ANARQUISTAS EN EL PARQUE!?'
Y con esto, todos ellos estallan en carcajadas.
Al salir ese día de las clases en su universidad, Fabián lo invita a su casa a jugar, en el Xbox, el FIFA 14.
Al llegar, la mamá de Fabián se deshace en atenciones hacia él, la señora insiste en atenderlo en la comida, por ser amigo de su hijo y, la verdad, es que ella sí cocina muy rico. A Alejandro le encantó la sopa de fideos y el chile relleno con picadillo y papas.
La gran jarra de vidrio al centro de la mesa, con agua de jamaica, refracta y refleja la luz de una manera hipnotizante.
Después de la comida, la señora insistió en que ellos no ayudaran a recoger y que mejor se fueran a jugar. Alejandro se sintió como si fuera de nuevo niño y estuviese en casa de uno de sus amiguitos.
Y él y Fabián pasaron la tarde jugando, hasta el anochecer.
"Gracias por todo Fabián, despídeme de tu mamá por favor, dile que cocina muy rico y que le agradezco también todas sus atenciones.
***
De regreso a la colonia donde vive, Alejandro se encuentra de repente atorado en un raro congestionamiento de tráfico. El microbús donde viene está lleno y no se ha movido nada en diez minutos.
Así que decide descender del mismo y caminar el escaso kilómetro para llegar al Soriana en su colonia.
El lugar donde se bajó es un embudo natural de tráfico, los límites de dos municipios, y por consecuencia olvidado y desatendido por ambos gobiernos.
Está oscuro, sucio; todos los negocios bajan sus cortinas apenas anochece. Sí, la avenida está congestionada, llena de cientos de automóviles, pero el caminar aquí transmite temor, inseguridad.
Para cruzar a su municipio la avenida se reduce a dos carriles, y un carril está bloqueado, por dos autos que se dieron un golpe laminero. La razón del congestionamiento. Las conductoras no se quitan. Están esperando a los ajustadores de sus aseguradoras.
Ahora Alejandro cruza con calma, por el congestionamiento, hacia la zona donde ya es su municipio. Aquí bajo la marquesina de un negocio, se refugian y esperan clientes un par de prostitutas.
Alejandro puede ver que son muy jóvenes, menores de edad. Al acercarse a ellas nota a una tercera, pero ésta es un muy alto y viejo travesti.
"¡Uuuh! ¡Ven guapo! ¡Acércate!"
Le dicen los tres interrumpiéndole el paso, al plantarse frente a él. Alejandro les contesta, fingiendo voz firme, ya que en realidad está asustado:
"¡Vayanse! No estén molestando".
Ante este grito, las pirujitas y el puto se sienten ofendidos y, el travesti grita:
"¡Jaime! ¡Jaime! ¡Nos están agrediendo!"
Al escuchar esto, a Alejandro se le baja la presión, por el temor y la anticipación de una confrontación. Un policía estatal, de esos gordos prietos enanos, con chaleco táctico negro, que Alejandro no había notado en las sombras, lo alcanza por detrás, macana en mano, ¿El padrote de este trio?:
"¡ORALE CABRÓN! ¡NO LES FALTES EL RESPETO A LAS DAMAS QUE SOLO ESTÁN HACIENDO SU TRABAJO!"
Alejandro ahora está totalmente lleno de pánico. El policía estatal le tira un golpe a la cabeza con su macana, que por fortuna Alejandro logra esquivar al agacharse, y luego una patada, al aire también.
Alejandro se aleja corriendo como si lo siguiera el diablo.
***
"No hay libertad si los individuos no tienen el derecho a decir no".
A Alejandro le impactó escuchar esto en un programa de radio.
***
Luego de aquel episodio en el que Alejandro fuera agredido por el padrote de unas prostitutas, y un puto, su papá hace un esfuerzo y le compra un auto usado, para que vaya y venga de la universidad, salga con sus amigos y, salga con su novia, cuando tenga una esto es.
Y debido a este último punto que su padre le mencionó, a Alejandro se le mete a la cabeza el conseguirse una novia.
En sus clases hay varias jóvenes muy agradables y simpáticas, sobre todo sencillas, pero él pone sus ojos en Elena. La más bonita, supuestamente, y popular, también lo mismo, de la universidad.
Las novedades en la escuela se conocen rápidamente, y Elena ya sabe que Alejandro ahora tiene un auto. Elena conoce a Alejandro desde la preparatoria; ella vive a unas cuantas cuadras de esa escuela y, Alejandro, se fijó en ella desde entonces. De hecho la llegó a acompañar varias veces a la salida de clases, hasta su casa.
Y ahora que él ya tiene auto pretende tomar de nuevo ese comportamiento tonto. Sí tonto, porque a ella jamás le interesó Alejandro y con sus acciones, Elena, así se lo demostró: jamás lo buscaba en ningún plan, ni siquiera para las tareas.
Pero lo que ella hoy sí tiene presente, es que Alejandro vive en la colonia frente a la suya y, que ella, ya está harta de viajar en microbuses.
***
Ese día en la universidad, Alejandro se encuentra sentado en una jardinera, tomando el sol, tienen tantas clases libres, debido a maestros faltistas, que ésto más bien parece un deportivo.
Elena al verlo, se aproxima a él.
”Alex, ¿cómo estás?", y ella procede a acomodarle el cuello de la camisa, y le resbala provocadoramente las manos sobre el pecho.
"Oye, ¿te acuerdas cuando me escoltabas a mi casa? Me pregunto si... No podrías pasar por mi en las mañanas, ¿sí?"
Alejandro, ante los trucos de ella, ha quedado totalmente apendejado y no ha podido contestarle nada.
"¿Alex? ¿¡Alex!?"
Elena tiene que insistir para sacarlo de su encanto. Al darse cuenta de que se está viendo como un reverendo pendejo, él trata de corregir, adoptando voz y pose de galán.
"¡Claro que sí Elena preciosa! ¿Qué te parece al cuarto para las siete?"
”Sí, ¡excelente!"
Ella se acerca lentamente a su mejilla y le planta un beso con sus labios húmedos, luego, permanece un instante sobre él, para dejarle sentir su calor, su perfume.
Alejandro está como si lo llevaran de los orificios de la nariz.
***
Día tras día Alejandro pasa por ella a su casa, diario tiene que esperarla, ella tarda en salir; en el trayecto a la universidad, no tiene oportunidad de platicar con ella, Elena se la pasa hablando por teléfono con sus múltiples amigos. Cuando llegan, él la baja justo en la puerta de acceso, él tiene que irse a estacionar y, ya no la vuelve a ver hasta el día siguiente. Por fortuna tienen horarios distintos y no tiene que llevarla de regreso.
Las invitaciones que él le hace para salir, ya sea a comer, al cine, al centro comercial, siempre son contestadas con un: "El fin de semana es para pasarlo con la familia".
***
Ese día antes de iniciar la primera clase, René se aproxima a Alejandro.
"¿Qué onda mi Alex, qué cuentas?" "Nada wey, aquí llegando a clase, como siempre".
Se saludan chocando las palmas y luego los nudillos. Y Alejandro continúa:
"¿Ya programaste el algoritmo de ordenación de números?" "Ya lo tengo, le pagué una lana a un cabrón de octavo semestre para que me pasara todos los trabajos del nuestro". René contesta y agrega:
"Oye, te quería comentar de la vieja que traes todos los días. Ya se que la conoces desde la prepa y siempre le has traído ganas, pero, y no me lo tomes a mal: solo te está usando de su chofer.
Mira Alex, me doy cuenta, ¿A poco no ya ni la vuelves ver el resto del día?"
"No pues, sí, sí es cierto René".
"Lamento decírtelo pero, no me parece bien que esta vieja se esté aprovechando de ti Alex. ¿Sabes? Anda de ofrecida con todos, menos contigo y, ahorita ella anda saliendo con un cabrón que trabaja en Banorte.
¿Por qué el wey éste no pasa por su vieja y la trae a la escuela? No, no. Este tipo de gente son lacras, van por la vida aprovechandose de los demás.
Mándala a la verga, mi buen Alex."
"Gracias René, creo que necesitaba que alguien me hiciera ver que los demás ya se dieron cuenta que, se están aprovechando de mi. Todo lo que me dijiste yo ya lo había razonado, pero me lo estaba negando con tal de vivir en la fantasía de, 'andar' con esta vieja".
En eso entra el profesor de esta clase.
"Bueno Alex ya a darle", se despide René.
***
Al día siguiente Alejandro ya no pasó por Elena a su casa, ni le avisó. Ella lo vio días después en la escuela:
"¿Qué pasó? Me hubieras avisado, ese día perdí la primera clase". "Ah, ¡hola Elena! Lo siento, es que ya no voy a poder seguir pasando por ti. Nos vemos, voy afuera a comprar una USB".
Alejandro se aleja rápidamente y, ni beso en el cachete de despedida le da.
El reflexiona el resto del día sobre la importancia de decir: No.
ODISEO
Alejandro sale muy temprano de su casa, tiene que caminar varias cuadras atravesando la colonia donde vive, para llegar a la avenida y ahí esperar el microbus, en la parada sobre la banqueta del centro comercial de un supermercado Soriana, que lo lleva a la altura del Hospital de Traumatología, donde pasa el otro microbus, el que lo deja justo enfrente de la universidad donde estudia Sistemas.
El joven e irresponsable chofer va escuchando una de esas nacas estaciones de radio, donde transmiten cumbia y el locutor hace bromas telefónicas sugeridas por sus radioescuchas.
Conforme el microbus avanza en su ruta, éste se va llenando de gente. Alejandro, que va de pie agarrando un tubo al fondo, cierra los ojos adormilado; el agradable sol, que le da en el rostro, invita a dormir.
Cuando van a la altura de la zona industrial (la ruta atravieza ésta) y con el microbus lleno, dos jóvenes malandros abordan.
Alejandro de inmediato nota que suben agresivamente y, a pesar de que el microbus está lleno, estos malandros con solo mostrar sus armas de fuego van recolectando el dinero y pertenencias varias de los pasajeros; lo que más coraje da es que estos jóvenes esbozan sonrisas burlonas.
Una señora grita cuando uno de ellos amaga con golpearla con la cacha de la pistola, porque ésta escondió su bolso en el suelo, bajo el asiento.
"¡Caete con la lana! ¡Pinche puto!"
Uno de ellos le dice a Alejandro. Y él procede a darle su cartera, sin mirarlo a los ojos.
"¿Y tu teléfono?" "No tengo..."
Le contesta Alejandro y el malandro abre su cartera para revisarla.
¿Qué es lo que ve el asaltante? ¡Un billete de míseros veinte pesos!
"¡Uy cuate! Tú sí que andas jodido... Pediría una cooperacha entre los presentes pero, ¡ya no tienen dinero!"
Y viendose, el par de malandrines, sueltan una sonora carcajada.
"¡Ya apúrate! ¡Vámonos!" El segundo asaltante apura a su compañero.
Y éste toma un billete de doscientos pesos, de lo que había robado y, se lo mete en la cartera a Alejandro.
"¡Chofer! ¡Bajan!" le grita al conductor y luego le grita a su compinche:
"¡Pélate cabrón!"
Y ambos en un instante desaparecen entre las calles transversales a la ruta del microbus.
Alejandro se queda anonadado, asustado, ¿a quién le pertenecen los doscientos pesos? Para evitarse un problema y que, lo culpen de cómplice, abandona el microbus y se aleja caminando rápidamente.
Luego de la mala experiencia del asalto en el microbús, y luego de un par de clases aburridas en las que Alejandro se la pasó cabeceando, al fin tiene un receso para poder convivir un rato con sus amigos. Esto gracias a que, como es frecuente, faltó un profesor a su clase.
Su papá está haciendo un gran esfuerzo para pagarle la universidad a Alejandro, pero tal parece que en esta escuela patito, la UVM, lo único que les importa es cobrar las cuotas, sin poner dedicación ni atención a la calidad de la educación impartida.
"¿Qué hay Alejandro?" Lo saluda René.
Sus compañeros de clase que están sentados en unas espacios cuadrados parte de la arquitectura de las paredes frente a las aulas, lo saludan. Y él choca sus palmas y luego los nudillos saludándolos a Rene, Fabián, y Memo.
"Nada aquí, ¿de qué estaban platicando?" "Memo nos estaba platicando que fue a ver Mundo Jurásico, el domingo". "¿Y está buena Memo?" "Sí, tiene muy buenos efectos especiales y la trama está interesante". Y René interrumpe:
"Yo no la he visto pero, de ver el puro tráiler, se adivina que es un remake de la primera, Parque Jurásico".
"Bueno, digamos que es un 'soft remake'". Memo le contesta.
"¡No hay como la primera película!" Fabián al fin interviene.
Alejandro ahora se sienta dentro del cuadrado en la pared. Y les dice:
“A mi ya me da mucha risa ver Parque Jurásico; no porque la película sea mala, sino por una ocurrencia que tuvo mi hermano la última vez que la vimos".
"¿Sí? ¿Y cuál fue ésta?" Le pregunta Memo, a lo que Alejandro agrega:
"¿Han visto los spots de la Ciudad de México? ¿Todos mielosos y ñoños?"
"Sí, están cagados, como si el D.F. fuera la ciudad de la alegría y el optimismo". Le contesta René haciendo gestos de burla. Y Alejandro continúa:
"Pues estábamos viendo en la tele Parque Jurásico, hace como un mes, y cuando empieza la secuencia cuando van los doctores, el dueño del parque, el abogado y los nietos en los jeeps, y se abren las gigantescas puertas, mi hermano dijo:"
"¡Bienvenidos a Parque Izquierdoso!"
"Y mi hermano, bien gracioso, que se pone a relatarme que es lo que los visitantes van viendo, él describía cosas como:"
"Ahí echados en la yerba una docena de hippies haciendo yoga, y de repente, los jeeps se ven envueltos por: ¡Una multitud de ñoños en bicicletas!"
"Ahora llegan a una parte del trayecto donde hay unos nacos tocando sus tambores, como esos, ¡los que se suben al metro!"
Alejandro tiene absoluta atención por parte de sus amigos que en este punto, ya no se aguantan las ganas de intervenir. Memo dice:
"Y ahora, pasan junto a unas jardineras donde hay unos güeyes ¡fumando mota!"
"En un café ven profesores de ciencias políticas, de huaraches y morralito al hombro, diciendo pendejada y media con la que, según ellos, van a arreglar los problemas del mundo." Agrega Fabián.
"¡Escuchen! Esto fue lo más gracioso que dijo mi hermano".
"¡Ah! Imaginen la doctora sorprendida porque a la orilla del camino, arrancó ¡una gran hoja de marihuana!" Todos se carcajean con esta ocurrencia de René- .
"¡Bueno! ¡Bueno! Lo que dijo mi hermano", continúa Alejandro, "es que, el doctor, el paleontólogo! se baja sin aire del jeep diciendo:
'¡Esto es asombroso! ¡Increible!'
"Y el viejito le contesta, agregando:"
'Los anarquistas pueden saquear un OXXO en menos de cinco minutos'.
"Y ahora el paleontólogo se sienta en la tierra abrumado, preguntando incrédulo:"
'¿¡TIENE ANARQUISTAS EN EL PARQUE!?'
Y con esto, todos ellos estallan en carcajadas.
Al salir ese día de las clases en su universidad, Fabián lo invita a su casa a jugar, en el Xbox, el FIFA 14.
Al llegar, la mamá de Fabián se deshace en atenciones hacia él, la señora insiste en atenderlo en la comida, por ser amigo de su hijo y, la verdad, es que ella sí cocina muy rico. A Alejandro le encantó la sopa de fideos y el chile relleno con picadillo y papas.
La gran jarra de vidrio al centro de la mesa, con agua de jamaica, refracta y refleja la luz de una manera hipnotizante.
Después de la comida, la señora insistió en que ellos no ayudaran a recoger y que mejor se fueran a jugar. Alejandro se sintió como si fuera de nuevo niño y estuviese en casa de uno de sus amiguitos.
Y él y Fabián pasaron la tarde jugando, hasta el anochecer.
"Gracias por todo Fabián, despídeme de tu mamá por favor, dile que cocina muy rico y que le agradezco también todas sus atenciones.
***
De regreso a la colonia donde vive, Alejandro se encuentra de repente atorado en un raro congestionamiento de tráfico. El microbús donde viene está lleno y no se ha movido nada en diez minutos.
Así que decide descender del mismo y caminar el escaso kilómetro para llegar al Soriana en su colonia.
El lugar donde se bajó es un embudo natural de tráfico, los límites de dos municipios, y por consecuencia olvidado y desatendido por ambos gobiernos.
Está oscuro, sucio; todos los negocios bajan sus cortinas apenas anochece. Sí, la avenida está congestionada, llena de cientos de automóviles, pero el caminar aquí transmite temor, inseguridad.
Para cruzar a su municipio la avenida se reduce a dos carriles, y un carril está bloqueado, por dos autos que se dieron un golpe laminero. La razón del congestionamiento. Las conductoras no se quitan. Están esperando a los ajustadores de sus aseguradoras.
Ahora Alejandro cruza con calma, por el congestionamiento, hacia la zona donde ya es su municipio. Aquí bajo la marquesina de un negocio, se refugian y esperan clientes un par de prostitutas.
Alejandro puede ver que son muy jóvenes, menores de edad. Al acercarse a ellas nota a una tercera, pero ésta es un muy alto y viejo travesti.
"¡Uuuh! ¡Ven guapo! ¡Acércate!"
Le dicen los tres interrumpiéndole el paso, al plantarse frente a él. Alejandro les contesta, fingiendo voz firme, ya que en realidad está asustado:
"¡Vayanse! No estén molestando".
Ante este grito, las pirujitas y el puto se sienten ofendidos y, el travesti grita:
"¡Jaime! ¡Jaime! ¡Nos están agrediendo!"
Al escuchar esto, a Alejandro se le baja la presión, por el temor y la anticipación de una confrontación. Un policía estatal, de esos gordos prietos enanos, con chaleco táctico negro, que Alejandro no había notado en las sombras, lo alcanza por detrás, macana en mano, ¿El padrote de este trio?:
"¡ORALE CABRÓN! ¡NO LES FALTES EL RESPETO A LAS DAMAS QUE SOLO ESTÁN HACIENDO SU TRABAJO!"
Alejandro ahora está totalmente lleno de pánico. El policía estatal le tira un golpe a la cabeza con su macana, que por fortuna Alejandro logra esquivar al agacharse, y luego una patada, al aire también.
Alejandro se aleja corriendo como si lo siguiera el diablo.
***
"No hay libertad si los individuos no tienen el derecho a decir no".
A Alejandro le impactó escuchar esto en un programa de radio.
***
Luego de aquel episodio en el que Alejandro fuera agredido por el padrote de unas prostitutas, y un puto, su papá hace un esfuerzo y le compra un auto usado, para que vaya y venga de la universidad, salga con sus amigos y, salga con su novia, cuando tenga una esto es.
Y debido a este último punto que su padre le mencionó, a Alejandro se le mete a la cabeza el conseguirse una novia.
En sus clases hay varias jóvenes muy agradables y simpáticas, sobre todo sencillas, pero él pone sus ojos en Elena. La más bonita, supuestamente, y popular, también lo mismo, de la universidad.
Las novedades en la escuela se conocen rápidamente, y Elena ya sabe que Alejandro ahora tiene un auto. Elena conoce a Alejandro desde la preparatoria; ella vive a unas cuantas cuadras de esa escuela y, Alejandro, se fijó en ella desde entonces. De hecho la llegó a acompañar varias veces a la salida de clases, hasta su casa.
Y ahora que él ya tiene auto pretende tomar de nuevo ese comportamiento tonto. Sí tonto, porque a ella jamás le interesó Alejandro y con sus acciones, Elena, así se lo demostró: jamás lo buscaba en ningún plan, ni siquiera para las tareas.
Pero lo que ella hoy sí tiene presente, es que Alejandro vive en la colonia frente a la suya y, que ella, ya está harta de viajar en microbuses.
***
Ese día en la universidad, Alejandro se encuentra sentado en una jardinera, tomando el sol, tienen tantas clases libres, debido a maestros faltistas, que ésto más bien parece un deportivo.
Elena al verlo, se aproxima a él.
”Alex, ¿cómo estás?", y ella procede a acomodarle el cuello de la camisa, y le resbala provocadoramente las manos sobre el pecho.
"Oye, ¿te acuerdas cuando me escoltabas a mi casa? Me pregunto si... No podrías pasar por mi en las mañanas, ¿sí?"
Alejandro, ante los trucos de ella, ha quedado totalmente apendejado y no ha podido contestarle nada.
"¿Alex? ¿¡Alex!?"
Elena tiene que insistir para sacarlo de su encanto. Al darse cuenta de que se está viendo como un reverendo pendejo, él trata de corregir, adoptando voz y pose de galán.
"¡Claro que sí Elena preciosa! ¿Qué te parece al cuarto para las siete?"
”Sí, ¡excelente!"
Ella se acerca lentamente a su mejilla y le planta un beso con sus labios húmedos, luego, permanece un instante sobre él, para dejarle sentir su calor, su perfume.
Alejandro está como si lo llevaran de los orificios de la nariz.
***
Día tras día Alejandro pasa por ella a su casa, diario tiene que esperarla, ella tarda en salir; en el trayecto a la universidad, no tiene oportunidad de platicar con ella, Elena se la pasa hablando por teléfono con sus múltiples amigos. Cuando llegan, él la baja justo en la puerta de acceso, él tiene que irse a estacionar y, ya no la vuelve a ver hasta el día siguiente. Por fortuna tienen horarios distintos y no tiene que llevarla de regreso.
Las invitaciones que él le hace para salir, ya sea a comer, al cine, al centro comercial, siempre son contestadas con un: "El fin de semana es para pasarlo con la familia".
***
Ese día antes de iniciar la primera clase, René se aproxima a Alejandro.
"¿Qué onda mi Alex, qué cuentas?" "Nada wey, aquí llegando a clase, como siempre".
Se saludan chocando las palmas y luego los nudillos. Y Alejandro continúa:
"¿Ya programaste el algoritmo de ordenación de números?" "Ya lo tengo, le pagué una lana a un cabrón de octavo semestre para que me pasara todos los trabajos del nuestro". René contesta y agrega:
"Oye, te quería comentar de la vieja que traes todos los días. Ya se que la conoces desde la prepa y siempre le has traído ganas, pero, y no me lo tomes a mal: solo te está usando de su chofer.
Mira Alex, me doy cuenta, ¿A poco no ya ni la vuelves ver el resto del día?"
"No pues, sí, sí es cierto René".
"Lamento decírtelo pero, no me parece bien que esta vieja se esté aprovechando de ti Alex. ¿Sabes? Anda de ofrecida con todos, menos contigo y, ahorita ella anda saliendo con un cabrón que trabaja en Banorte.
¿Por qué el wey éste no pasa por su vieja y la trae a la escuela? No, no. Este tipo de gente son lacras, van por la vida aprovechandose de los demás.
Mándala a la verga, mi buen Alex."
"Gracias René, creo que necesitaba que alguien me hiciera ver que los demás ya se dieron cuenta que, se están aprovechando de mi. Todo lo que me dijiste yo ya lo había razonado, pero me lo estaba negando con tal de vivir en la fantasía de, 'andar' con esta vieja".
En eso entra el profesor de esta clase.
"Bueno Alex ya a darle", se despide René.
***
Al día siguiente Alejandro ya no pasó por Elena a su casa, ni le avisó. Ella lo vio días después en la escuela:
"¿Qué pasó? Me hubieras avisado, ese día perdí la primera clase". "Ah, ¡hola Elena! Lo siento, es que ya no voy a poder seguir pasando por ti. Nos vemos, voy afuera a comprar una USB".
Alejandro se aleja rápidamente y, ni beso en el cachete de despedida le da.
El reflexiona el resto del día sobre la importancia de decir: No.
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martes, 17 de noviembre de 2015
EL PACTO
Nestor termina su clase nocturna de natación, sale de la alberca y se dirige hacia los vestidores para darse una ducha.
Él sabe nadar, pero decidió inscribirse a estas clases para ejercitarse y relajarse, luego de salir de su trabajo, del infierno de los cubículos grises.
Tres veces por semana, dos mil quinientos pesos al mes, su sueldo le permite pagarse con holgura estas clases.
Algo que lo decepcionó al cabo de dos semanas, es que en este club 'Acuática Atlantis', no asisten mujeres, al menos no en su horario de clase, y sus instructores son hombres. Instructores ¡gordos! Dan mala imagen y no predican con el ejemplo, aunque, ellos solo son los instructores, no necesitan estar atléticos para impartir su conocimiento, ni compiten dentro de la alberca, tampoco.
Nestor quería conocer mujeres, tener una amiga. Se la pasa todo el día en su cubículo, ahí come, lleva sus tupperware como buen Godínez y, sus tres compañeras en la oficina, son señoras que no le atraen en absoluto. Una de ellas, Georgina, está separada, es gorda, sangrona, como quince años mayor que él y es una de sus jefes.
***
Nestor está tomando una ducha, su mente ocupada en los temas a discutirse en la junta de planeación, mañana en la oficina. No se imagina que sus pies descalzos han llamado la atención de un microscópico hongo que ahora lo alcanza por la planta de su pie derecho y se sujeta del mismo.
***
Ya hace meses que Nestor dejó las clases de natación, ahora sale tarde del trabajo, liquidaron personal y el subgerente César, les dijo que:
"Ahora vamos a hacer más con menos".
Mientras hacía, César, un ademán con sus manos abiertas y separadas (el más) y luega las juntaba entrelazando los dedos (el menos).
Este ademán del subgerente le pareció ser, a Nestor, tan mamón, tan imbécil que, meses después, aún lo recuerda con coraje y odio.
Sentado sin hacer nada, solo viendo el monitor y haciendo clicks con el mouse (para fingirse ocupado) Nestor piensa en todo lo descrito anteriormente, mientras siente una comezón aguda en la planta de su pie derecho.
***
Luego de probar, sin éxito, varias soluciones contra el pie de atleta, Nestor razona que al lavar el baño, el cloro destruye el moho en el excusado y paredes, así que, llena a la mitad (para no derramar el agua) una cubeta, le vierte una taza de cloro y, esa noche mientras se pasa una hora en el internet, antes de irse a dormir, mete su pie en la cubeta.
Repite lo mismo las cuatro restantes noches de la semana. La descamación y el pie de atleta desaparecen, días después.
***
Han pasado algunos meses, ocupado en la cotidianidad, Nestor apenas nota que en ambos brazos, le comienzan a surgir escamas blancas, mismas que le generan constante depósito de polvo en sus sábanas. Los microscópicos ácaros que habitan su cama nunca habían estado tan bien alimentados.
***
Transcurre más tiempo, ahora el hongo se ha extendido a la totalidad del cuerpo de Nestor; la comezón que siente no es constante, pero sí sufre punzantes dolores que, a lo largo del día, se le disparan en cualquier zona de su piel, ahora en la coronilla, ahora adentro de un párpado, ahora en medio de los dedos del pie, en un codo, en un testículo, en la nariz, la pantorrilla...
Cuando él se examina desnudo, luego de bañarse, puede ver que su piel se ve blanca como papel bond, así como también puede observar una miríada de escamas que lo cubren.
Y el problema de los dolores punzantes se ve exacerbado de noche sobretodo. Nestor no puede dormir, siente como si cada fibra de las sábanas fuera un alfiler que lo pica, siente su piel en llamas, quisiera arrancarse el cabello, la piel de sus brazos y la espalda. En su cara el dolor es particularmente intenso, se rasguña por la desesperación.
Y así, cada noche él tiene que vivir el mismo infierno, por meses. Los tratamientos antimicóticos no le surten ningún efecto; empieza a planear como poder darse un baño de agua con cloro, pero Nestor no cuenta con tina de baño en su casa.
Hasta que en una noche de insomnio más, debido al suplicio de su infección en la dermis, él se destapa en la madrugada y viendo fijamente hacia la oscuridad declara:
"Hongos, sí ustedes que me han tomado por huésped, me están haciendo la vida imposible, un infierno de hecho. Estoy seguro que algún tratamiento médico existe, que los va a destruir, y si no, de todas maneras ustedes van a ser destruidos cuando yo termine muriendo, por la falta de sueño, o si me mato.
Acordemos un pacto mutuamente benéfico para ambos, para que podamos subsistir; algo habrá que yo pueda hacer por ustedes, así como algo ustedes podrán hacer por mi.
¿Están de acuerdo que todo lo que les he dicho es la verdad y que, yo tengo la razón?"
***
A la semana siguiente, todos notan a Nestor con otro semblante, más relajado, dinámico, alegre; ha empezado a salir con una joven que conoció en una fonda, a la que fue a comer. Y lo más satisfactorio para él: ahora duerme como un bebé.
Relato origina de Carlos M. Santillán
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