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domingo, 25 de septiembre de 2016

Arrebatado, parte 5

Los dos días siguientes, César los pasó estudiando de libros de educación elemental, para niños, que Lumila sacó de unas viejas cajas de cartón guardadas en la parte superior del clóset del mismo cuarto donde él ha estado durmiendo.

Él supone que pertenecieron a Lumila. Ya conocen sus nombres respectivos y César, al menos, ya sabe frases de etiqueta básica que ella le enseñó a decir:

"Buenos días, buenas tardes, buenas noches", así como palabras y frases básicas:

"Hola, adiós, yo me llamo César, ¿qué es eso? ¿puedo tomar? yo quiero".

Para él ha sido una fuente de gran satisfacción el aprenderse tan rápido, las horas, los meses y días de la semana y aprender a contar.

Desde niño el siempre ha estudiado idiomas. Si bien se oxida por su falta de aplicación práctica de los mismos, salvo el Inglés que domina a la perfección.

Y se encuentra feliz, aprendiendo este idioma, que Lumila llama Estándar.

Y por fin llega el fin de semana y Lumila puede dedicar su tiempo a ayudarlo a recordar su identidad, lugar de origen y a ponerse en contacto con los suyos.

Con su nivel actual de dominio del idioma, César no puede, ni desea decirle a Lumila, que él literalmente cayó de otro mundo.

***

Este día en la mañana, equivalente al sábado, César se siente en fachas trayendo su traje, ya limpio, pero lavado en la lavadora de Lumila. El traje quedó sumamente maltratado. Por fortuna, el primer lugar al que Lumila lo lleva, es a una tienda de autoservicio.

Lumila le habla y trata normal, ella aún no ha sido madre pero sabe que sumergir a los niños en el lenguaje, es la única manera en la que aprenden a hablar.

César piensa que su benefactora, a pesar de ser una mujer muy alta y de complexión gruesa, se ve atractiva, hoy ella lleva su cabello claro cubierto con una pañoleta y, está vestida con una blusa de mangas largas y una falda larga también, que llega hasta sus sandalias. Lumila se desenvuelve con bastante seguridad de carácter y él nota que ella es una líder nata.

En el parque hay una estación de minibuses eléctricos, que luego de un trayecto de media hora por la carretera, hoy también transitan los trailers de la planta de soya, llega a una base en un gran complejo comercial.

Durante todo el trayecto, abordo del minibús, un niño de unos cuatro años de edad, sentado en el asiento adelante de Lumila y César, no dejó de mirarlo con sus grandes ojos negros y su carita babeada. César se sintió bien por haber experimentado esto tan gracioso.

"César, este es el distrito comercial Abala, vamos a ir primero a la tienda de autoservicio a comprarte ropas nuevas, y luego, a la oficina de comercio, ahí en sus bases de datos debe de estar ingresada tu llegada al planeta".

Tan pronto entran a la tienda de autoservicio, César se sorprende por las semejanzas con los súpers en su mundo: los carritos para tomarse a la entrada, las puertas automáticas, el guardia de seguridad, las filas de cajas registradoras, etc. ¡Este mundo tiene que ser el resultado de un universo paralelo que se desarrolló de manera similar a aquél de donde él vino!

Lumila camina delante de él llevándolo hasta la sección de caballeros y, en este instante, César se queda como petrificado al reparar en esto: la grandota Lumila con su sueldo de obrera (ella trabaja en una planta ¿no?) le va a comprar ropa. Y esto lo hace sentirse culpable, por la molestia infringida en ella.

"Toma César, escoge un par de juegos de pants que te queden". Ella los toma de donde están colgados en un exhibidor circular y los empuja contra su pecho. Lumila es un tanto brusca.

Con toda la pena del mundo, o de los mundos, César aprovecha para coger también, juegos de camisetas, ropa interior y, con Lumila siguiéndolo empujando el carrito, encuentra la sección de zapatería, donde escoge dos pares de zapatos deportivos del número ocho.

"¡Oye! A ti te dicen que tomes la mano y te tomas el pie".

Entendiendo, por el tono de voz y gestos de Lumila, César se disculpa con ella:

"Mil disculpas Lumila, pero necesito ropa, así como las mudas de ésta. Mira, a cambio de todas tus atenciones y molestias que te he causado, toma mi cadena de oro".

El oro es un mineral raro, que solo se crea en el núcleo de los soles al estallar en supernova, así que, César no tiene ninguna duda que en este mundo también es un metal precioso y usado como reserva de valor y moneda de cambio.

Él le coloca entre sus manos la cadena que se acaba de quitar del cuello, Lumila de inmediato nota que es una joya pesada y por lo tanto de mucho valor.

"No, no, ¡no es necesario! tú eres mi huésped y yo te atiendo por lo tanto; además esto lo voy a pagar a crédito."

Y le regresa la cadena, cerrándole a César sus puños alrededor de la misma.

***

Al salir del supermercado caminan en este gran complejo del distrito comercial, el sol brilla en todo lo alto con un cielo azul de fondo. César ya tuvo tiempo de estudiar la geopolítica de este mundo, en la enciclopedia que su padre le heredó a Lucila, y pudo ver en los mapas, que éste también es un planeta oceánico, con dos grandes masas continentales, una en el hemisferio norte y otra en el hemisferio sur; no cuenta con casquetes polares ni tampoco con lunas. Todo esto él lo recordó a propósito del cielo azul, un producto de los océanos.

Es un gran centro comercial con grandes espacios abiertos y los negocios y corredores, protegidos del sol por arcos.

Pasan restaurantes de comida rápida, heladerías. boutiques, tiendas de electrónicos (él se promete volver para conocer los gadgets de este lugar).

César identifica los baños públicos, su entrada idéntica a los de los centros comerciales en la Tierra.

"Lumila, permíteme unos instantes, quiero quitarme el traje maltratado y ponerme mi nueva ropa".

Le menciona esto a ella al mismo tiempo que señala a la entrada de los baños y le da palmadas a sus bolsas de las compras.

"Está bien, entra al BAÑO, aquí te espero".

César se apresura, feliz por la oportunidad de quitarse su arruinado traje, mismo que lo hace sentirse mal. El baño de hombres es grande, con una docena de cubículos de WC y en la otra pared los mingitorios.

Solo hay tres hombres, no cree violar ninguna norma moral de este mundo si se cambia recarcado contra los lavamanos y, en efecto, ni lo voltean a ver. Luego de ponerse sus zapatos tenis nuevos, se lava las manos y se moja el cabello acomodándoselo.

Echa su traje, y zapatos en las bolsas y se dirige al gran bote de basura, tiene que levantar la sección superior del bote para que quepan las bolsas, al echarlas las despide:

"¡Adios viejo yo!"

Recoge las otras bolsas con su demás ropa nueva y camina apresurado hacia afuera. Lumila impaciente, con brazos cruzados lo ve y él le dice:

"¿Qué tal mi nuevo yo?"

Pero ella no le pone la vista encima ni por dos segundos.

"VEN ¡VAMONOS!" Lumila pone énfasis en las palabras para facilitarle a César el aprendizaje del Estándar.

Y luego de varios minutos llegan a los arcos bajo los cuales se encuentra la oficina de comercio.

Como la representación distrital del organismo regulador de todo el comercio planetario, esta oficina tiene acceso a las bases de datos de migración; así que no importa si César ingresó al planeta como turista, agente comercial o diplomático, sus datos, así como su biométría, se encuentran disponibles para consulta. Y aunque César haya perdido la memoria, basta con capturar las palmas de sus manos, así como el iris de sus ojos, para tener su identidad, su lugar de origen y así contactar a los suyos, ya sea gobierno, compañía o familia.

Al menos esta es la impecable lógica seguida por Lumila.

***

Al entrar a esta oficina pública, de la oficina de comercio, los recibe un guardia de segurida. Este lleva puesto un casco con una visera de polímero, contra la cual se proyecta información y, está vestido en un traje negro de cuero provisto de armadura. A César le parece más un equipo de combate que el atuendo apropiado para un guardia de seguridad.

No pueden entrar porque el paso lo bloquea una cinta de nylon. La voz del guardia es emitida por un altoparlante en su casco.

"¿Tienen cita? ¿Qué trámite vienen a realizar?"

"No, no tenemos cita", Lumila es la que interactúa con el guardia, "Este caballero que me acompaña, sufrió un accidente atravesando una calle, mismo que le causó el perder la memoria."

"Ajá, sí. Continúe".

"El caballero es extranjero y, no habla Estándar. Mi propósito es el poderlo identificar, a través de su biometría y así ayudarle a regresar a su lugar de origen".

"¿Por qué no lo llevó al precinto de policía de su distrito?"

"Bueno, porque él señor no estuvo involucrado en ningún acto criminal y, la oficina de comercio administra el ingreso al planeta de comerciantes y representantes de otros mundos".

El guardia consulta ahora con la burocracia al interior de esta oficina; Lumila y César pueden ver el silencioso diálogo desplegado contra el interior de la visera del guardia. Cuando éste termina, la máquina expendedora de tickets de turno de atención, imprime un ticket con un críptico código impreso en éste.

El guardia jala el ticket, se lo entrega a Lumila, para a continuación remover la cinta de nylon para así permitirles el acceso.

"Pasen a la sala de espera y chequen en el display de la pared su turno y, a que cubículo de atención pasar".

César con desgano cavila en el hecho de que la burocracia pública es, al parecer, igual de engorrosa en todo el multiverso.

La sala de espera está llena de gente, al menos una treintena de personas esperando ser atendidas. Esto significa que el tiempo de espera va a ser ¡de horas!.

César sí entendió la explicación que Lumila le dio la noche anterior, sobre el propósito de su visita a la oficina de comercio.

Con su nivel actual de Estándar, él no pudo transmitirle a Lumila el significado intencionado, respecto a si hay contacto con extraterrestres y si, iban a poder verlos en la oficina de comercio. Lumila un par de veces le respondió que sí hay extranjeros y que muchos de ellos iban estar hacia el interior de la oficina.

César voltea para todos lados tratando de identificar extraterrestres esperando su turno de atención pero, solo pudo ver personas pertenecientes a otras etnias y llevando ropas distintas a las que la mayoría usa. Situación similar a la de estar en el interior de un aeropuerto.

Él está distraído en esto cuando, Lumila le da un par de palmadas en la pierna, cuando se da cuenta, ella ya va camino de un cubículo.

"¡Vaya! Eso fue rápido".

Y César piensa que tal vez su rápida atención se debe a que ellos no van a realizar un trámite gubernamental sino, a solicitar ayuda con una consulta de información, sus inexistentes registros migratorios.

Al entrar al cubículo Lumila le señala la segunda silla mientras ella procede a sentarse en la que está cercana a la pared.

"Siéntate en la silla César".

"¿Me permiten su ficha de turno de atención?"

La ejecutiva es una mujer de mediana edad, gorda, pero no obesa, cabello corto y un rostro redondo, detrás de unos lentes, que inspira confianza.

Lumila se la entrega la ficha.

"Gracias, ¿qué tipo de ayuda necesitan?"

"Gracias, el caballero que me acompaña es extranjero, y sufrió un accidente en la calle que le causó el perder la memoria y, mi intención es el usar su biometría para consultar su registro de ingreso al planeta y, así identificarlo".

Y la ejecutiva, ahora, se dirige a César.

"¿Cómo se llama?"

"César Lacroix".

"¿De dónde procede? ¿A qué gobierno o empresa representa?

"No se".

"¿Y sus documentos? ¿Por qué no simplemente no se los ha proporcionado a esta samaritana que ha decidido ayudarlo?"

César voltea a ver a Lumila y le hace un ademán indicándole que no entendió la pregunta.

"El señor Lacroix no contaba con documentación cuando yo lo levanté de en medio de la multitud que lo observaba, después de sufrir su accidente".

"¿Y cuál fue la naturaleza de su accidente?" Le pregunta la ejecutiva.

"Un tendero, conocido mio, que presenció cuando el señor Lacroix se desvaneció a mitad de la calle, me comentó que instantes antes el señor Lacroix se le notaba angustiado y fuera de sí, de hecho sufriendo un ataque de histeria".

Al escuchar esto último, la ejecutiva se queda viendo fijamente a César, mordiendo uno de los brazos de sus lentes.

"Está bien, señor Lacroix sígame".

La ejecutiva se pone de pie; Lumila tambien y sacude el hombro de César.

"¡Síguela!"

Haciendo con dos dedos de su mano derecha, sobre la palma de su mano izquierda, el ademán de caminar.

La ejecutiva hace una pausa, para verificar que César venga detrás de ella y, en efecto él ya la sigue, con Lumila caminando un par de pasos detrás de él.

Finalmente llegan a unas mesas delgadas, cubiertas con un mantel azul, sobre los que hay unas grandes y toscos aparatos, que no se verían extraños en cualquier óptica y, a ambos lados de estos, unos rectángulos de cristal oscuro.

Debido a que detrás de los aparatos hay ejecutivos de la oficina de comercio y frente a estos hay gente sentada presionando su cara contra el aparato y, colocando sus palmas contra los rectángulos de vidrio, César fácilmente discierne que estos son los escáneres biométricos.

"Savaz, necesito identificar a este caballero extranjero. Pásalo inmediatamente apenas se desocupe una de las estaciones de captura".

"Sí Doris, enseguida".

Un anciano se levanta, habiendo terminado su trámite, el joven ejecutivo, al cual Doris se dirigió, le indica a César que tenga la amabilidad de sentarse.

"Por favor coloque su rostro contra el visor y las palmas de sus manos en los escáneres a ambos lados".

Lumila le indica con ademanes: "visor" sobre sus ojos y exageradamente abre luego sus manos, indicándole que así coloque sus palmas contra los cristales negros a ambos lados del escáner óptico.

César hace todo lo que el ejecutivo le indicó y, el joven ahora procede a leer la consulta en su display.

Pero ninguna información aparece; él vuelve a repetir la consulta y nada. Desconfiando del aparato, él mismo se coloca en el escáner.

"A ver, déjeme sentarme para tomarme una lectura".

César, por el lenguaje corporal del joven Savaz, entiende que se quite para que este se siente. Savaz regresa al display y ve su ficha de identificación desplegada.

"Señor, una vez más, colóquese para que yo capture su biometría".

César accede y, de nuevo Savaz no obtiene ninguna información.

"¿Qué sucede Savaz?"

"Doris, este caballero no tiene registro en el sistema", Savaz hace una señal de asombro con sus manos extendidas, encogiéndose de hombros, y luego agrega, "está ilegalmente en el planeta y, tampoco tiene registro fiscal."

Doris pensativa, de nuevo mordiendo los brazos de sus lentes se dirige a Lumila y César:

"Un momento, no se muevan, esperen aquí".

Y se retira caminando hacia unas amplias escaleras que llevan a la planta alta. Lumila ya, para este momento, se encuentra sumamente nerviosa y, se truena los dedos de las manos, mientras de sus codos cuelgan las bolsas de compras de César. Y César que ha podido entender el significado de todo lo que Savaz y Doris han intercambiado, sí bien no cada palabra, está seguro que va a ser detenido.

Doris regresa acompañada de un hombre vestido en un traje ejecutivo, de un color azul que semeja seda o escamas de un pez de acuario.

"Rondie, ese es el caballero". Doris lo señala, y su rostro muestra que ella lamenta hacer esto. Rondie se dirige a César.

"Por violación a los artículos 23, 34 y 37 del Código Federal de Comercio, así como de los artículos 9o y 11o párrafo segundo inciso “b” de la Ley Fiscal y de Ingresos de la Federación, queda usted detenido para ser sometido a proceso".

Lumila se lleva una mano a la boca y sus ojos se llenan de lágrimas. César no necesita la traducción de Lumila para comprender que está siendo arrestado. Él solo espera que no tengan en este mundo la capacidad de descubrir que él es un auténtico "alien" venido de otro universo y que, no lo pongan en un zoológico, le hagan la disección o, lo encierren para siempre en el equivalente de su Área 51.

Autor: Carlos Santillán

domingo, 14 de agosto de 2016

Odiseo, el libro

"Las vivencias de cuatro adultos jovenes, en el Estado de México, durante su último semestre en la universidad"

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martes, 5 de julio de 2016

Odiseo, parte 27

Elena no ha podido dormir bien, la preocupación por estar a punto de reprobar tres materias, en el último semestre, le causa insomnio. Y no es que ella no se esfuerce, sino que, simplemente las cosas no se le han dado.

Su mamá le dice que no se preocupe, que disfrute su carrera, su juventud, que los años se van tan rápido que, en verdad no importa cuanto tiempo le tome concluir sus estudios.

Mañana es domingo y ella se hace el propósito de dormir tranquila y sin preocupaciones.

Sin darse cuenta se queda dormida y, su subconsciente, toma control de su cerebro, al presentarse el estado onírico.

***

La joven Valensiya es llamada a presentarse a las habitaciones de su madre, la condesa Olga Mendeleva. Al llegar a la puerta de la gran habitación ella se detiene y, solicita permiso para entrar. La condesa, acompañada de otras nobles damas, sentadas en elegantes sillones estilo Luis XV, conversan tranquilamente entre ellas, al mismo tiempo que están haciendo bordados. Alrededor de ellas, tres sirvientas uniformadas, se apresuran para rellenar las elegantes tacitas de té, de la más fina porcelana china, que están sobre las mesitas junto a ellas.

Luego de ignorarla por un buen rato, la condesa voltea a ver a Valensiya y le indica que puede pasar.

"Aquí estoy madre, ¿qué desea?"

La condesa deposita su bordado sobre sus piernas, toma su taza de té, le da un sorbo, y luego la regresa a la mesita y, finalmente le anuncia a su hija:

"Valensiya, en tres meses te vas a casar con el príncipe Andreinovich. Puedes retirarte".

***

Valensiya acude a la plaza de la ciudad, le gusta, los domingos, caminar entre la gente, ver los puestos de los vendedores callejeros y sus mercancías, así como los locales, alrededor, en las aceras de enfrente, mismos que venden los más diversos artículos, traídos de todo el mundo. Es una tarde con sol pero fresca, ella camina absorta pensando en su matrimonio con éste, para ella, desconocido príncipe Andreinovich. Su acostumbrado paseo en la plaza no la distrajo.

Así que taciturna y acongojada camina de regreso a la finca familiar, cuando, luego de un instante, nota que un hombre la sigue.

Valensiya entra a un almacén, buscando protegerse en la multitud. Entre los maniquíes, vestidos con la última moda parisina, ella mira hacia la puerta. Luego de varios minutos, sin que su acechador entrara a la tienda, ella se siente segura y luego, lo atribuye, la persecución, a su imaginación.

"¡Por Dios! El compromiso me tiene alterada y ahora hasta imagino que me persiguen".

"¡Buenas tardes! ¿Desea que se le muestre uno de los vestidos?" Una joven y atenta vendedora le ofrece.

”No gracias, solo entré a ver". Y camina de regreso a la calle.

Apenas sale del almacén cuando nota que en la acera la espera el hombre que la venía siguiendo, ella se alarma. Este hombre, mayor que ella pero de aspecto juvenil, trata de calmarla y explicarle, al mismo tiempo que hace ademanes.

"¡No! ¡no! ¡por favor no se alarme! Le ofrezca mis más sentidas disculpas por mi atrevimiento y modo tan vulgar de seguirla. Pero, es que no pude evitar el fijarme en usted, calles atrás, cuando caminaba en la plaza".

El hombre se la queda viendo con una mirada implorarante, tanto que a Valensiya le parece gracioso. El es un hombre de aspecto limpio y cultivado y, por sus ropas, parece pertenecer a la clase comerciante, ella se lo imagina atendiendo una botica o tal vez una tienda de abarrotes.

"Me llamo Vasily".

Ella ahora entusiasmada le extiende su mano:

"Y yo soy Valensiya, hija del conde Mendelev"

Vasily le besa la mano, sin retirar su mirada de los ojos de ella.

***

Un papelito envuelto en una piedra, y arrojado sobre la barda, o una piedrita arrojada contra la ventana de su habitación, son las señales de Vasily para solicitarle a Valensiya que salga a caminar y a platicar con él.

Llevan ya así cinco días viéndose. Del desconocido príncipe Andreinovich ella no ha recibido mayor información de parte de sus padres. Estos tres meses van a pasar volando y, la irrupción de Vasily en su vida es bienvenida, ella desea distraer su mente en otras cosas que no sean su boda.

Valensiya baja corriendo las amplias escaleras circulares de la mansión familiar y su madre ya la espera abajo con un rostro indignado.

"¿Se puede saber a dónde te dirijes con tanta prisa?"
"Madre, voy a la mercería a comprar un nuevo juego de hilos para bordar".
"¿Y ayer, anteayer y el día previo? una señorita no tiene nada que estar haciendo saliendo todos los días a la calle, y menos ahora que eres la prometida del príncipe Andreinovich. De este domingo al siguiente él va a venir formalmente, a solicitar tu mano".
"Madre, necesito ese juego de hilos para terminar mi nuevo estampado. Le aseguro que no me tardo".

Y Valensiya sale caminando apresuradamente y ahora preocupada por esta nueva información recibida sobre su boda arreglada.

***

"¡Ya Vasily! ¡Para! ¡No se cómo me convenciste de esta locura!"

Valensiya se sujeta con ambas manos de los bordes del pequeño bote, mientras Vasily, con un torcido sentido del humor lo sacude, Valensiya aterrorizada ya se visualiza siendo volcada al agua del pequeño lago.

"Le dije a mi madre que iba a salir solo un instante, a comprar hilos, ¡ella me va a matar por haberme escapado toda la tarde!"

"Perdóname Valensiya, a veces me comporto como si tú fueras un amigo", él toma las manos de ella entre las suyas y, la mira lleno de amor, a los ojos, ambos juntan lentamente sus rostros y finalmente se besan.

Con los ojos brillantes y una sonrisa,Vasily rema de regreso al embarcadero donde rentaron el bote.

Un grito y luego carcajadas hacen voltear a Valensiya a ver a una pareja que acaba de voltear su bote contra el agua del lago, ella regresa su mirada, a ver a Vasily y, ella adivina lo que él piensa y gravemente ella le dice:

"Ni se te ocurra..."

***

Valensiya llega corriendo a su casa y, corriendo sube las escaleras, la condesa se encuentra rodeada de nueva cuenta por otras condesas y duquesas, interrumpen su conversación ante la súbita irrupción de Valensiya. La condesa Mendeleva rompe el incómodo silencio haciendo un sonido con su garganta y cogiendo su taza de té se dirige a una joven dama:

"Bastante indignante, eso que nos comentas, respecto a la influencia que ese tal Rasputín ha ganado sobre la zarina Alejandra".

***

Valensiya se queda extrañada, que esta noche, su madre la condesa ya no la amonestó por su última escapada. Ella siente que es castigo suficiente que la hayan visto llegar, escapando hacia su habitación, el grupo de damas que acompañaban a su madre.

Lo que deben pensar de ella ahora, que ella es una, una... ¡cualquiera! por andarse escabullendo. Y ¿acaso no lo es? siendo una mujer comprometida se anda... besando con un hombre del que no sabe nada.

Se siente muy avergonzada y se echa las manos al rostro, tratando de contener las lágrimas.

Valensiya toma una decisión, dolorosa para ella pero correcta, protegerá su prestigio y honrará a la condesa y la obedecerá casándose con el príncipe Andreinovich.

Ya no verá más a Vasily, ni siquiera para despedirse de él y, mintiendo para su beneficio, le comentará, a su padre el conde Mendelev, que desde hace varios días ha visto a un hombre rondando la finca familiar y, que a veces, arroja piedras hacia el interior.

Así los sirvientes ahuyentarán a Vasily para que no vuelva jamás.

Valensiya se queda dormida, finalmente, luego de llorar bastante.

***

Los sirvientes andan apurados, limpiando la casa, los espejos, los candelabros, la cristalería. En la cocina las cocineras se esmeran en preparar la cena para esta noche muy especial. Hoy viene el príncipe Andreinovich a solicitar formalmente la mano de Valensiya.

Valensiya, está vestida solo con su corsé y, está sentada en el tocador, mirando su reflejo en la luna. Su fiel nana Irina le está cepillando su largo cabello negro.

Ella está absorta en sus pensamientos.

Piensa si el pobre Vasily estará bien, luego de que, la última vez que él vino a arrojar piedritas contra su ventana, a continuación escuchó el escándalo hecho cuando salieron el mayordomo y dos sirvientes, a corretearlo y hasta un par de balazos le tiraron.

En fin. Esta noche va a conocer a su futuro marido, y ella, va a ser su esposa, convertirse en la madre de sus hijos y, en señora de su casa y, será la anfitriona en todos los eventos importantes que organicen y, tendrá a otras esposas de ilustres caballeros, como sus amigas. Justamente como su madre y, antes de ella, su abuela y antes la madre de esta.

***

Son las siete de la tarde, abajo, ya se escucha una gran algarabía. Valensiya mira su reflejo en la luna de su tocador una vez más antes de bajar, ¡está impresionante! Hace minutos su nana Irina la ayudó a terminar de vestirse, así como a ponerse el elegante juego de collar y aretes de perla, que pertenecieron a su abuela. Así como luce, fácilmente pasaría por una de las hijas del Zar.

Un insistente toquido a su puerta la trae de vuelta de su introspección, es su nana.

"¡Niña Valensiya! ¡Niña Valensiya! ¡El príncipe Andreinovich, y sus padres ya esperan abajo en la sala! ¡Su madre ha mandado por usted!"

Valensiya respira hondo y, sale de la habitación camino de la sala, allá abajo.

***

Al ir bajando las amplias y elegantes escaleras, Valensiya, puede ver a los invitados de sus padres, distintos condes, barones y príncipes de la Rusia imperial, acompañados a su vez de sus condesas, baronesas y princesas. Entre ellos se mueven los sirvientes llevando charolas con vino y canapés.

De repente, entre ellos, se abre paso, radiante y orgulloso, su padre, el conde Mendelev.

"¡Valensiya ven!"

Avanza al pie de las escaleras y la lleva de la mano, hacia un hombre elegantemente vestido, él está de espaldas, rodeado por un grupo de nobles, quienes están muy atentos a un relato que él les narra, sobre su última experiencia militar contra unos obreros sublevados.

Su padre se aproxima ante el caballero y llamando su atención para que se voltee, él lo introduce:

"Valensiya, te presento al príncipe Vasily Andreinovich".

Cuando el príncipe voltea ella ve que se trata de Vasily, "el pobretón Vasily”, ella corre hacia él a refugiarse en su abrazo. Vasily la abraza contra él, le planta un beso en su cabeza, ella está llorando de alegría descansando contra su pecho, y ahora Vasily le pregunta:

"¿Te casarías conmigo?"

***

Un rayo de sol que entra orgulloso por la ventana, despierta a Elena y, ella despierta desubicada. Y, ahora con tristeza, se da cuenta que solo era un sueño.

Ella estaba viendo todo como una mirona entrometida en vidas ajenas, pero, había tanto de ella en Valensiya...

martes, 29 de marzo de 2016

Odiseo, parte 14

Alejandro está escribiendo un sumario del cuarto episodio del libro de planeación estratégica (es una tarea escolar) Y se encuentra con problemas para escribir las conjugaciones del verbo “Haber” (tristemente la mala ortografía es un problema inherente a la generación de los dispositivos móviles).

Por este motivo toma su grueso diccionario enciclopédico ilustrado para buscar este verbo.

Pasando las páginas al azar, se encuentra una con la lámina de una pintura que lo deja sin palabras, sin aliento.

Es como si esta pintura lo jalara hacia adentro, absorbiendo su mente. Desde esta lo miran fijamente los ojos de un hombre anciano, idéntico a su fallecido abuelo Manuel.

El hombre de la pintura, en la obscuridad de una noche preindustrial, está llevando a cabo un experimento, ante ¿su familia?

Alejandro nota que 'ellos' están viviendo una nublada noche de luna llena, misma que se puede ver a través de la ventana.

El experimento del abuelo en la pintura ha aterrorizado a un par de niñas, quienes están siendo consoladas por otro hombre mayor de la familia.

La menor de ellas, blanca, muy bonita, en un vestido que le deja los hombros descubiertos y con un gesto en el rostro que despierta compasión absoluta, está mirando hacia el globo de vidrio que el abuelo sostiene en lo alto.

Dentro del globo de vidrio hay un ave, cuya suerte es fácilmente adivinable, y que es la causa de la pena de las niñas.

De algún modo el aire va a ser extraído del globo de cristal, o consumido al meterle una vela.

Un joven, estúpidamente mantiene la jaula del ave abierta. Alejandro se puede imaginar a ese joven siempre torpe, tirando y tropezando con cosas.

Dos hombres, sentados a la mesa, alguno de ellos el padre de las niñas, miran absortos al abuelo ejecutando el experimento. Hay un tercero que ahora nota.

El cabello de los hombres, incluso el de los viejos, luce muy bien, largo, desarreglado; Alejandro mentalmente juega con la idea de dejárselo crecer al estilo del siglo XVIII.

En la parte izquierda del cuadro, platican entre ellos, un hombre y una mujer. Tal vez se presumen mutuamente sus conocimientos sobre el aire, la presión atmosférica y el monóxido de carbono.

Alejandro se siente totalmente absorto por este maravilloso cuadro, lee el título y el nombre del artista:

"Experimento con un pájaro en una bomba de aire" (1768), Joseph Wright de Derby. National Gallery, Londres.

Le causa vértigo el solo reflexionar cuanto tiempo llevan muertas las personas de la pintura, capturadas en un momento en el que se veían tan llenas de: vida, emociones, confianza, y conocimiento.

jueves, 24 de marzo de 2016

Odiseo parte 13

"Uno de los problemas más nocivos, para el trabajo y los tiempos en un ambiente de oficina es el recurrir constantemente a la realización de juntas.

Y si a esto le suman que los asistentes a las mismas están papando moscas y enviando mensajitos en sus teléfonos, pues, ¡ya nos llevó la chingada!"

El grupo estalla en carcajadas ante el irreverente lenguaje del profesor Miguel.

El profesor Miguel toma un marcador y procede a anotar en el pizarrón.

"Por eso hoy los voy a iluminar, una vez más con mi genialidad y sabiduría y les voy a compartir estos consejos para la realización de reuniones de trabajo más eficaces".

Y anota eso rápidamente y lo subraya, por sus ademanes, el profesor Miguel pareciera ser un Dalí pintando un cuadro.

Memo y René se voltean a ver aguantándose las ganas de soltar carcajadas.

"A ver, como primer punto..."

Y el profesor Miguel lo anota a la vez que lo menciona:

"Agendar la junta y notificar a los participantes, por medio de un correo electrónico, al menos con veinticuatro horas de anticipación".

"Otro punto: por educación, llegar cinco minutos antes a la reunión. Así mismo, por respeto al tiempo de los demás, hay que iniciar y terminar la junta a las horas señaladas".

El profesor Miguel continúa:

"Hay que asistir preparados, con conocimiento del tema, o temas a tratar; así como llevar donde registrar la información relevante y puntos acordados en la junta".

"Si llevan dispositivos, no estén de groseros checando su Facebook, o jugando Candy Crush. ¿Verdad Mónica?"

Y Mónica se sonroja, porque ella estaba haciendo algo en su teléfono en lugar de prestar atención a la clase.

"Una junta efectiva se caracteriza porque el expositor sabe ser breve y conciso y siempre permanece dentro del tema, y los participantes también".

"Los participantes al no interrumpir, al expositor, y a los que intervienen, muestran su respeto. E igualmente muestran su respeto y eficacia al compartir todos los datos relevantes que ellos posean".

"El expositor debe de ser atento y democrático, al proporcionarle a todos los participantes, la oportunidad de expresar sus ideas e inquietudes, cuando así se lo soliciten".

Memo le dice algo a René, es ininteligible para Alejandro que se encuentra sentado en la mesa detrás de ellos; pero conociendo a este par y las ocurrencias que siempre tienen, le causan a Alejandro el soltar una estruendosa carcajada.

El profesor se da la media vuelta, de una manera graciosa, para encarar al grupo, que ahora rie también junto a Alejandro.

"¡Hey! ¡Tranquilos! Muy bien se que una clase puede volverse pesada, pero, ni modos, así es esto. Díganme, ¿vinieron o los trajeron a clases?"

El profesor Miguel siempre ha preferido el diálogo conciliador con sus alumnos a, la confrontación abierta. Y a pesar de que a sus espaldas se lo vacilen, sí logra ganarse el respeto de sus alumnos.

"Bueno, ya para terminar, recuerden, en una reunión puedes estar de desacuerdo, pero no por eso debes de ser ofensivo. Se desafían las ideas, no a las personas".

"Ahora como dinámica grupal, vamos a efectuar una junta, donde vamos a discutir… A ver..."

Y el profesor Miguel anota en la pizarra, con expresiones de protesta de parte del grupo, que de plano hoy no tienen ganas de trabajar:

"La construcción de un nuevo campus universitario, y las carreras que en este se van a ofrecer."

jueves, 17 de marzo de 2016

Odiseo, parte 12

René tuvo que volverse independiente desde muy chico. Sus padres formaron un hogar disfuncional donde gritos y peleas eran cosa diaria.

Su hermana mayor se fue a vivir con una prima apenas cumplió los quince años y, René, naturalmente siguió su ejemplo.

Aprovechando que un tío paterno vivía en el Estado de México, René solo les avisó que se iba a estudiar la preparatoria a la Ciudad de México (el tío y su familia viven en Naucálpan) y que iba a trabajar en la tlapalería del tío para pagarse sus gastos. Y es así como René dejó su natal Coatzacoalcos.

***

"¿Qué onda René? Ya ni te dejas ver"

Memo lo saluda cuando entra al aula, depositando su carpeta y libros sobre la mesa, para sentarse junto a él. Chocan sus puños saludándose y Memo se sienta checando sus mensajes en su teléfono. Ante su saludo-pregunta, René le contesta.

"Cambié todas mis materias de la mañana a la tarde, para poder hacer el servicio social".

Memo se queda intrigado, ya que la respuesta de René vino acompañada de una mirada perdida en la distancia y un tono de voz que deja entrever frustración.

***

"Hola René, pasa por favor".

René es recibido en el privado de la licenciada (en sistemas) Tania Alvarado; a espaldas de ella, a través de la gran ventana se puede ver Avenida Nacional, el tráfico y varios edificios pequeños del otro lado.

"Pues ¡Bienvenido! Vas a aprender mucho de nosotros haciendo tu servicio social aquí con nosotros. Te vas a dar cuenta que el mundo real es totalmente distinto a lo que ves en la carrera y, bueno, échale ganas, aprovecha y aprende mucho ahora que tienes esta oportunidad de ir haciendo tus pininos en este apasionante mundo de la informática".

***

René fue asignado un cubículo hasta el fondo de la oficina, detrás de una columna estructural, a un lado tiene una maceta con una palmera bonita y frente a él un pequeño refrigerador verde cerrado con candado.

Su módulo de cubículos, se compone de cuatro, dos están vacíos; René tiene un vecino.

Hoy cumple una semana viniendo al servicio social; llega a las nueve de la mañana y se retira a las dos de la tarde. Las horas se le van muy lentas. La licenciada Alvarado le dio, para que se entretenga así parece, un manual de Unix, por Oracle, muy interesante aprender este sistema operativo para administración de servidores. En unas terminales tontas en 'la pecera' se la pasa jugando con el: ls, cd, mv, cp, pwd, cal, lspci, aplay -l, en fin, una serie de comando para funciones varias en manejo de archivos, directorios y dispositivos.

Pero René se siente como en la guardería, guardado y mantenido ocupado con cosas menores. En el equipo que le dieron con el cubículo asignado, se la pasa igualmente jugando con el Power Point y el Excel. Esto lo podría hacer en la escuela o en su casa.

Su vecino se la pasa en silencio todo el día, incluso René bromea consigo mismo si, no estará momificado y ¡nadie se ha dado cuenta!

El refrigerador que tiene enfrente se le volvió una monserga, es el negocio de un simpático ingeniero veracruzano, 'el jarocho', vende aguas y refrescos pero, antes de que René se diera cuenta, este ingeniero ya le había hecho responsable de la llave del candado y la caja del dinero de las ventas. Se lo chamaqueó.

Hay tres secretarias sindicalizadas en la oficina, son unas paisanas gordas y hasta de traje típico. Se la pasan chismeando toda la mañana y les vale el repicar constante de los teléfonos. No hacen ¡nada! Nadie se atreve a pedirles el hacer una captura o el sacar unas fotocopias; el sindicato las protege en su ociosidad.

René observa a los superintendentes y a los capturistas. Sí trabajan, pero, se la pasan bien padre. Uno de los superintendentes, 'Panchito', que de por sí camina como si fuera un lento buque tanque, llega y se pone a leer su periódico, luego hace llamadas en las que se la pasa carcajeándose. Luego sale de su privado y se mete al del superintendente Víctor y ahora los dos se la pasan hablando y chismeando y riéndose.

Este superintendente Víctor tiene un curioso ritual diario:

Sale de su privado y pasa por Raúl, al cubículo de éste, y se van a fumar juntos al gran corredor de cristal que conecta este edificio con el de al lado, para posteriormente, irse al baño a orinar juntos. ¿?

Algo que sorprendió mucho a René también, fue el descubrir el reinante nepotismo en la oficina: Víctor es hermano del superintendente Jesús y la esposa de Víctor trabaja en el cuarto piso, el superintendente Luis es hermano de la sugerente Lulú, y la esposa de Luis está en desarrollo tecnológico, los analistas Enrique y Magda están casados, las analistas Paty y Rebeca son hermanas, el papá del capturista Carlos es subgerente en el cuarto piso. Pues que padre, ¡que todo mundo acomode a sus parientes! Dependencias del gobierno...

Y es todo un tianguis también la oficina. Ya se mencionó el negocio de venta de refrescos de 'el jarocho'. Llega un señor bolero a dar crema a los zapatos. una sindicalizada vende edredones por catálogo, muy guapas "ejecutivas de ventas' llegan diario a ofrecer cuentas de inversión, tarjetas de crédito, seguros de vida; un sindicalizados ya jubilado llega a vender quesos, está la señora de los anillos y pulseras, también, un voceador anda diario con un diablito cargado de periódicos, libros y revistas. Hasta los mismos superintendentes andan rifando relojes y botellas de vino, como Panchito que le ofreció boletos en venta.

***

'¡Buenos días!

René al llegar saluda a su vecino de cubículo, el ingeniero Daniel. Y para sorpresa suya, el ingeniero Daniel se incorpora; se pone de pie estirando sus brazos y bostezando. Todo un prodigio de la naturaleza poder ver a este cuerpo animado (camisa azul, corbata azul obscuro) y que no se trata de un cadáver momificado y olvidado en un cubículo.

"Hola, ¿René verdad?"
"Sí ingeniero, así es".
"¿Cómo te va en el servicio social?"
"Bien, bien. La licenciada Alvarado me tiene aprendiendo Unix"
"¿Y te gusta, te va gustar trabajar en sistemas René?"
"Sí, ¿por qué no? Es un trabajo muy bien pagado, demandado. Todo mundo usa computadoras y puedes trabajar donde quieras".

El ingeniero Daniel se lo queda viendo, esbozando una mueca de burla en el rostro.

"No, no creas René. Tu vienes con el entusiasmo y frescura del recién, o en tu caso, casi egresado informático. Pero yo que llevo más de veinte años como analista te hablo con la voz de la experiencia."

El ingeniero suspira, se deja caer en su sillón azul, abre un tupperware y comienza a comer una ensalada de frutas, y luego continúa:

"Para empezar, que te la pasas todo el día aquí encerrado, sabes tu horario de entrada, pero, no tienes horario de salida, siete, ocho de la noche, si bien te va.

No puedes hacer, ni planear nada. Hey, por eso ves que hay tantas parejas aquí en las subgerencias, los que están aquí igual de encerrados, son los únicos a los que podrás conocer."

Señalándolo con la cuchara continúa:

"Los fines de semana, si es que no tienes que venir a atender algún pendiente o bomberazo, estarás tan exprimido y, deprimido que no querrás hacer nada.

Y eso se retroalimenta. A todos los que ves de workaholics, es porque, por ausentes, ya no los quieren ni soportan en sus casas, y por eso se la pasan todo el día aquí trabajando, o fingiendo que trabajan.

Y también, te la pasas aquí todo el año, navidad, año nuevo, semana santa, el verano...

Las mentadas cuatro semanas de vacaciones te las dividen en dos periodos, de los cuales, apenas y puedes tomar unos cuantos días. Porque de inmediato te están buscando para que te regreses.

Sí, se gana bien, muy bien; pero esto no es vida. Mira, las putas también ganan mucho dinero, pero, no por eso su trabajo es deseable ¿verdad?"

El ingeniero Daniel termina de comer su ensalada de frutas, se limpia la boca con un pañuelo y todo, tupperware, cuchara y pañuelo, lo arroja al interior de su portafolios vacío, que yacía abierto sobre el escritorio de su cubículo. Lo cierra de un golpe y lo deposita en el suelo bajo el escritorio.

Luego suspira estirando los brazos y cruzando los dedos descansa su cabeza contra sus palmas y continúa:

"Y puros hipócritas aquí en la oficina, te tratan de 'amigo quitapon', en la misma semana en la que te invitan a ir a comer para festejar el cumpleaños de fulanito, te enteras que hicieron una reunión en su casa, a la que no te invitaron. ¿Cómo te enteras? ¡Se ponen a platicar carcajeándose, de todas las cosas que hicieron!

No y luego, las 'hermandades' que hacen los muy hijos de la chingada; ¿por qué crees que de analista ya no pasé en estos veintitantos años?

Los cerebritos aquí nos quedamos de maceta, o nos echan a la calle cada vez que necesitan hacer recorte de personal.

Los que ascienden y avanzan son los 'inteligentes emocionales' que andan de barberos y arrastrados invitando a comer al jefe y trayéndole regalitos. ¡Como Panchito con César!"

René se maravilla de la capacidad verbal del ingeniero David de poderle poner comillas a la frase: 'inteligentes emocionales'. René sigue pensando en esto y cuando se da cuenta, el ingeniero ya había continuado:

"Y vieras, cono me joden las hermandades que te mencioné antes; llegaron estos cabrones que se congratulan cada rato diciéndose entre ellos:

'¿Cómo se dice chingón en chino? Ex-A-Tec' Ja, ja, ja.'

Hacen, ¡hicieron su secta! de egresados del Tec de Monterrey, y simplemente no dejan pasar a nadie quien no sea de su pinche escuelita: César, Lulú, Paco, Paty, este Raúl que ya lo están preparando, a pesar de ser un güevón, y entre ellos hablan mal y discriminan a los que venimos de UPIICSA, la UNAM, de la UVM, buena ésta si es una escuela muy mala."

El ingeniero David ignora que esa es justamente la universidad donde estudia René.

***

Esa tarde, en clase de la materia de contabilidad, René se encuentra distraído reviviendo el monólogo del ingeniero David en su mente.

martes, 8 de marzo de 2016

Odiseo parte 11

Alejandro vio hace varios días, en el Discovery Channel, un documental sobre un equipo de cazadores de meteoritos en la Antártida.

Los extensos yermos desolados, cubiertos de hielo y nieve blancos, hacen que cualquier objeto opaco y obscuro sobresalga notablemente. A él se le quedó grabada la imagen de una científica enfundada en tantas capas de ropa que se veía como un bebé. Su apariencia con un anorak y guantes rojos de nylon, el rostro cubierto con lo que parecía ser una bufanda y sus ojos protegidos por unos goggles entintados de amarillo, más nieve cubriendo su ropa invernal, la hacían verse impresionante no obstante.

Ella gritó emocionada e hizo indicaciones al equipo de cámara que la siguieran rápidamente hacia donde ella señalaba.

Y a continuación, en el documental, la cámara se enfoca en la científica, quien ahora hincada, remueve con sus manos enfundadas en guantes, la nieve y hielo de una gran roca metálica: ¡un meteorito!

Este está lleno de hendiduras, muescas, el resultado de eones de choques contra otros meteoritos; y se ve muy bello, está limpio y tiene un color como del acero, azulado.

***

Ese documental le dio una idea a Alejandro: buscar micrometeoritos en la azotea de su casa.

Él tiene varios argumentos para respaldar su empresa; primero: la azotea está impermeabilizada en color blanco, con lo que, cualquier objeto en su superficie, es fácilmente detectado.

Segundo: muchas veces, acostado en su cama, en las madrugadas en las que tiene insomnio, Alejandro puede escuchar pedradas, tenues, de objetos pequeños, que golpean contra la azotea. El siempre se ha preguntado si estos impactos son producidos por meteoritos .

Cuando lo comentó, estas pedradas leves contra el techo, con su papá, él le dijo que la casa truena por la liberación, intercambio térmico, del calor absorbido durante las horas diurnas, y que en la noche, al bajar bruscamente la temperatura, este calor es violentamente liberado en forma de chasquidos.

Pero Alejandro no está convencido de que esta sea la explicación correcta. Ya que él puede escuchar no solo el sonido del impacto, sino también puede escuchar la piedra, o meteorito rebotando a lo largo de la azotea.

Tercero: objetos celestes caen todo el tiempo a través de la atmósfera. Solo es cuestión de salir a observar el cielo para ver las estrellas fugaces. En una hora de observación puedes ver dos o tres de estas estrellas fugaces.

Una vez, hace unos tres años, Alejandro se hallaba, una noche precisamente en la azotea observando las estrellas, las constelaciones y los planetas. Cuando una estrella fugaz cayó por la atmósfera muy cerca de él.

En fracciones de segundo pudo ver su gran y gruesa estela verde, desplazándose justo en el cenit, de este a oeste y silbando chillonamente:

"¡FIIIIIIUUUUUUUUH!"

***

Es sábado antes del mediodía y cae un sol abrazador; afortunadamente Alejandro siempre carga con sus gafas de sol plegables, en uno de los bolsillos de su pantalón, sí no, la luz reflejada de la capa de impermeabilizante blanco de la azotea lo cegaría.

Ha estado buscando infructuosamente por sus micrometeoritos. Solo hay tierra, mucha caca de pájaros, de gatos y rebabas metálicas de cuando se ha trabajado en la azotea instalando calentadores o los barandales.

Es muy gracioso como uno se imagina que va a resultar algo, comparado contra la posterior realidad, una vez ejecutado el hecho.

Hasta huesos de durazno y de pájaros (gatos asesinos) encontró. Le hace falta su buena barrida a la azotea.

***

Habiendo pasado un tiempo, Alejandro se olvidó de esa idea de buscar micrometeoritos; hasta que un día que iba caminando en el jardín, llevaba el recogedor con el que recoge las cacas de sus perros, se paró justo bajo un tubo de pvc que desaloja el agua de la azotea cuando llueve, y de estos ¡hay cuatro!

En la superficie del jardín, bajo estos tubos, el pasto ha dado paso a concavidades llenas de piedrecillas y de grava.

Alejandro de niño hizo una tarea escolar acerca de envolver un imán en una servilleta y con éste recoger rebabas de fierro del suelo.

Él nunca olvidó esto. Y el imán en la servilleta es la herramienta correcta para recoger micrometeoritos de hierro.

Una vez en el Palacio de Minería pudo tocar la superficie dura y fría de los grandes meteoritos que ahí están en exhibición y esa sensación lo llena de expectación.

Trae de su cuarto un gran imán cuadrado que hace muchos años le robó a su abuelo paterno.

Alejandro sumerge el imán en la concavidad en el suelo, bajo la caída de agua. Realiza una serie de movimientos circulares por varios segundos, antes de retirarlo.

La servilleta blanca le deja ver rebabas de fierro, trocitos de óxido y, en medio de todo esto, una minúscula piedrecilla azulada, su superficie cubierta por pequeñísimos cráteres.

¡UN MICROMETEORITO!

domingo, 14 de febrero de 2016

Odiseo parte 7

En la cafetería de la universidad suena la rockola, alguien seleccionó 'Radio Ga Ga' de Queen, al mismo tiempo que Alejandro llegaba.

Dentro, él puede ver, a sus amigos Memo, Fabián y René sentados en una mesa, muertos de risa por algo que están viendo en sus teléfonos y, en la barra ordenando él ve a Elena acompañada de un tipo con aspecto de 'mirrey', a Alejandro le vale...

Camina hasta sus amigos y, tomando una silla desocupada de otra mesa, se sienta con ellos.

"¿Qué hay?¿que hacen canijos?"

René ni puede hablar por las carcajadas que está soltando. Y Memo ya calmándose le contesta:

"Éste cabrón, René, nos está enseñando fotos de la vieja con la que salió este fin de semana".

"¡Mira!" Le dice Fabián pasándole su teléfono.

Alejandro puede ver en la imagen a una joven menuda, curvilínea y morena, abrazada de René y, el pinche René la tiene sujeta de las nalgas, están en un bosque, el Ajusco ¿tal vez? y en su rostro dibuja una sonrisa burlona y de victoria que le hizo a quien les tomó la foto.

"¡Ve esta foto wey!" Ahora René le dice y le pasa su teléfono. Es la misma joven, pero ahora en un antro, lleno de gente y de humo.

En la foto, la joven visiblemente tomada, está tratando de beber de ¿un micrófono? René repite lo que ya había contado, pero ahora lo narra para Alejandro.

"Yo estaba cantando en el karaoke, pero antes había puesto tan peda a esta vieja que, cuando le pasé el micrófono, ¡ella creyó era otra cerveza!"

Y una vez más sus tres amigos estallan en carcajadas.

"¡Cuéntale lo mejor wey!" Memo le pide a René.

"¡No otra vez! ¡Eso estuvo grueso!" Fabián interviene, y René aplacándolos, con gestos de las manos, se dirige a Alejandro:

"¡No mames! Les conté a estos cabrones que cuando ya la llevaba a esta vieja a su casa, ella vive en Echegaray, y ya íbamos a la altura de un vaso colector de aguas que ahí hay, ella me dice toda peda:"

"Quiiiero hacer pipii".

"Aguántate, ya estamos a minutos de tu casa; le contesté, pero ahora ella haciendo un berrinche me grita:"

"¡PÁRATE! ¡yaa no me aguantoo!"

"¡Ahí viene lo bueno!" Interviene Memo dirigiéndose a Alejandro. Y René continúa:

"Total que, como eran como las dos de la mañana que me orillo, me hubiera dado mucho asco que esa vieja se miara en mi coche; y ella se baja y ahí luego, luego, se baja el pantalón y los calzones, ni siquiera se fue lejos para que no la viera.

Yo volteé a otro lado por recato y que..."

René, Memo y Fabián estallan en carcajadas otra vez y, Alejandro, sin dirigirse a ninguno de ellos pregunta:

"¡Qué pasó!" René continúa:

"¡SE ECHÓ UN PEDOTE LA CABRONA!"

Estallan en carcajadas de nuevo y Alejandro, viéndolos, pregunta:

"¿Se cagó?" Y René le contesta, apenas pudiendo hablar, por la risa:

"¡No mames wey! ¡No me iba a bajar a ver, ¡Me vale madres! y ¡Que pinche asco!"

***

Ya más calmados y ahora comiendo unas sincronizadas que pidieron, acompañadas con su coca cola cada quien, Alejandro se muere de ganas por contarles lo que presenció el viernes en la tarde. Cosa que hace aprovechando los silencios obligados, mientras sus amigos mastican.

"Y ese cabrón, así nomás, los mató al par de muchachos. ¿Qué le pudieron haber dicho o hecho para que él los matara?"

Memo escucha todo esto muy pensativo, su mirada fija en su plato de sincronizadas sobre la mesa. Cuando Alejandro hace una larga pausa, indicativo de que él ya no tiene nada más que agregar. Memo les dice, con un tono de voz misterioso y solemne:

"Mi papá frecuentemente nos cuenta algo muy cabrón..."

"¿Sí? ¿Cómo qué?" Fabián le pregunta. Todos se quedan viendo a Memo, su curiosidad ya picada. Y Memo continúa:

"Mi papá cuando joven trabajó de auditor en la refinería de Salamanca y, debido a eso, hizo amistad con los choferes de las pipas que él revisaba. Una noche que estaba de guardia uno de los choferes se le acercó a hacerle plática.

Y así entre bromas y vaciladas sobre otros trabajadores de la refinería este chofer de repente se quedó callado y, le preguntó a mi papá que si le podía confiar algo personal que, le carcomía el corazón y el alma".

Ahora René le interrumpe:

"Y ¿qué cosa era wey? Nos tienes todos intrigados".

"Pues, cuando mi papá le contestó que sí confiara en él y que iba a ser discreto, el chofer le narró como una vez que iba sobre la carretera, fue rebasado por un volkswagen en el que iban dos mujeres jóvenes muy bonitas, blancas, cabello rubio, bien vestidas y que se veían económicamente holgadas.

Y que esto le provocó un coraje, una ira y rabia enceguecedoras porque, él jamás iba a poder aspirar a mujeres como ellas.

Este chofer le contó a mi papá que aceleró y las alcanzó en una curva excavada a través de una formación rocosa y que las impactó aventándolas contra la pared derecha. A continuación él se frenó y se echó en reversa para aplastarlas, digamos, tallarlas con la pipa contra las rocas, con movimientos de adelante hacia atrás.

Una vez que él satisfizo su arranque asesino se detuvo delante de lo que quedó del volkswagen y se bajó a verlas a las jóvenes.

La bestia esta le dijo a mi papá que quedó impresionado al verlas muertas, ensangrentadas. Dijo que jamás se le va a olvidar como, la joven que iba conduciendo tenía su brazo cercenado."

Memo termina con esta última observación su relato. Todos en la mesa están callados, debido a lo chocante que esta historia resultó. De seguro también les arruinó las ricas sincronizadas que acababan de comer.

Alejandro no duda, ni por un instante que esto en realidad sí sucedió. El ser humano es un animal cruel y despiadado.

domingo, 7 de febrero de 2016

Odiseo, parte 6

Alejandro tuvo que ir hasta la farmacia especializada, porque en la San Pablo no tenían unos cojines ortopédicos que su papá quiso ordenar telefónicamente, con entrega a domicilio.

En fin lo importante es que ya los compró y su mamá ya va a estar más cómoda en las noches.

El viene de regreso, manejando tranquilo, en el radio está escuchando música disco, transmitida por Radio Universal desde luego. Y en el espejo retrovisor nota que a la distancia, y pronta a alcanzarlo, se desarrolla una persecución.

A la bajada del puente que cruza el periférico, Alejandro tiene que detenerse en un semáforo; el tráfico de autos que ahora arrancan en dirección del periférico es muy pesado, cosa que obliga al Audi rojo que viene huyendo, a amarrarse para evitar chocar.

Este Audi rojo, tripulado por dos jovenes, muy angustiados, se detuvo adelante y a la derecha de Alejandro.

Inmediatamente, detrás del Audi, se detiene el auto que los persigue: un viejísimo, maltratado y sin placas, volkswagen Jetta. En la parte trasera, en vez de placa de tránsito, trae una placa de plástico de ¡cerveza corona!

De este vehículo desciende un hombre bajo de estatura, de complexión baja, ceño fruncido y el rostro empapado de sudor. ¿Sus ojos? Quién sabe, lleva unas oscuras gafas de sol. Este tipo camina rápidamente hacia el Audi de, los ahora, histéricos muchachos. Él lleva una pistola escuadra en su mano derecha...

El tipo se para frente al Audi y dispara dos veces, un tiro certero al pecho de cada joven. Regresa caminando de prisa a su viejo Jetta y arranca, perdiendose ágilmente en el tráfico que se dirige al periférico.

Alejandro está paralizado de miedo y por la impresión. Un grupo de peatones ya se arremolina entorno del Audi. Alejandro se adelanta y puede ver que el joven que iba conduciendo yace muerto, su cabeza recargada contra el cristal de su puerta, y el otro muchacho, igualmente muerto, descanca su cabeza sobre el hombro de ¿su amigo? ¿hermano?

Alejandro con las manos temblando y un frío, como puñalada en el pecho, arranca; ya estaba la luz verde desde hace tiempo.

Mientra conduce a casa reflexiona sobre que tipo de demonio humano se necesita ser para matar a dos jóvenes por un cerrón, unas burlas, o porque le tocaron el cláxon de cierta manera.

Le gustaría creer que todo se paga y que ese tipo va a tener su merecido. Pero él bien sabe que son solo deseos.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Odiseo parte 5

El reciente incidente con Elena, su interés amoroso de la preparatoria, lo ha dejado nostálgico a Alejandro. Hoy miércoles solo tuvo dos clases en la universidad y, a las once de la mañana se encuentra con el resto del día libre.

Se dirige a casa, desea instalar las nuevas fichas de memoria DIMM que compró para aumentar la RAM de su desktop, así como adelantar trabajos para las clases del viernes.

De regreso se encuentra conduciendo frente a la colonia donde vive Elena, y en la que también se halla su antigua preparatoria. Por impulso se desvía y se dirige hacia ésta.

Se estaciona una calle antes y en la puerta de entrada aún está el agresivo y malhumorado Tomás, el vigilante, quien ya no lo recuerda. Sin duda también los profesores lo deben de haber olvidado ya, o apenas y lo recuerdan.

"¿QUÉ QUIERES?" Tomás le pregunta golpeado. "Soy exalumno y, vengo a solicitar un certificado de buena conducta".

Alejandro dice esta mentira para justificar su presencia en la prepa.

"DEJAME TU IFE Y ANÓTATE EN LA LISTA DE VISITANTES, Y EL NOMBRE DE LA PERSONA A LA QUE VAS IR A VER".

Alejandro se registra y toma del cuaderno de registro el maltratado gafete que Tomás arrojó de mala gana.

"Gracias, con permiso".

Alejandro, algo intimidado, sube por el camino en pendiente hacia los edificios de la escuela.

La vida en la preparatoria es la misma, pero con actores diferentes; como en su tiempo, hay alumnos sentados en las escaleras, en las jardineras, ve a un grupo platicando contra el barandal al final de la planta alta. Las mismas escenas que él vivía cuando aquí estudiaba.

De la cafetería sale incluso la misma música. Alejandro pasa frente a un nuevo edificio, ve a una docena de chiquillos corriendo. ¡Pusieron un kinder!

Él continúa hasta alcanzar, al fondo, el laboratorio de química. Y ahí, una sorpresa agradable, ve a su maestra de química, "la uvita" así la apodaban los canijos de su clase.

Ella está sola, calificando unos reportes de pruebas de laboratorio.

"¡Maestra Evangelina! ¿Cómo está? ¿Me recuerda?"

"¿Alejandro? ¡Eres Alejandro!"

La voz de la profesora Evangelina es de un tono muy bajo y ella siempre tiene un rostro de introspección.

"¿Qué estás haciendo por aquí? Supongo veniste por nostalgia. Ustedes los ex-alumnos siempre lo hacen".

Alejandro se siente apenado de ser descubierto en su motivo, y por ser tan transparente. La profesora agrega:

"No hace mucho también estuvo Antonio por aquí". Y ella agrega:

"Qué me cuentas? ¿qué has hecho de tu vida?"

"Estoy estudiando Telemática en la UVM".

"¡Muy bien Alejandro! ¡Te felicito! La computación tiene aplicación en todo; cualquier área laboral hace uso de sistemas de información y, es muy bien pagado el experto en informática".

"Sí maestra, en efecto así es".

"Échale muchas ganas Alejandro, me da gusto por ti".

Durante este intercambio, los ojos de Alejandro se fijaron en un artefacto que uno puede comprar en una tienda de novedades, y que la profesora Evangelina tiene en su laboratorio, de seguro para explicar gráficamente el movimiento y la transferencia de energía:

Son esferas, en línea, sujetas por cables de un marco. Si tú tomas cualquier esfera de un extremo y la sueltas para que golpee la esfera contigua, verás que la esfera del otro extremo se desplazará.

Ahora Alejandro pone a la práctica eso precisamente, toma una esfera y la golpea contra su vecina, y observa como ambas esferas en los extremos resultan desplazadas, hasta que la fricción y la pérdida de energía las hace detenerse.

"Deja mis esferitas, no me las maltrates".

"Perdón profesora, pero es que, me intriga qué es lo que hace que esto funcione".

La profesora Evangelina le contesta, con su versión de la explicación:

"Pues, la bolita choca, se transfiere la energía cinética a través de las contiguas, mismas que al estar unidas experimentan resistencia al movimiento, permaneciendo inmóviles y, la última bolita al estar libre, resulta desplazada".

"Pero, ¿qué es lo que se transfiere? ¿hay quanta de energía que son transferidos? ¿pueden saltar de una bolita a otra, o solo se transmiten por contacto físico de las esferas? ¿se puede ver esta energía cinética? ¿la podemos almacenar? ¿mientras esta energía actúa sobre las esferitas, se disipa en forma de calor, parte de ella? ¿podemos registrar este incremento de temperatura?"

La profesora Evangelina queda transfigurada al darse cuenta que ella nunca se había preguntado esto y que solo repetía mecánicamente un experimento del que ella ya sabía el aburrido resultado de las bolitas a los extremos siendo desplazadas.

jueves, 3 de diciembre de 2015

SE ROMPE EL CIELO



Es un domingo por la tarde, y Julia sacó a su perro labrador a jugar a un parque que está a escasas cinco casas de distancia de la suya.

Brisa agradable y Bruno, su perro, va y viene feliz con el frisbee, de tela, que ella le lanza. Una pareja de ancianos camina lentamente por uno de los senderos, y de todos los árboles viene una escandalosa cacofonía de cientos de pájaros que así dan por terminado un día más de vida.

De repente, salido de la nada, ruge y reverbera un fuerte trueno. Y gordas gotas de lluvia se precipitan. En la grava del sendero del parque estas gotas dejan impresos pequeños cráteres.

Ahora un niño, pedaleando su bicicleta roja, se aleja velozmente, camino de su casa.

Julia se cubre los ojos con su mano izquierda, para poder ver sobre el suroeste al Sol y lo que ha llamado su atención: una solitaria nube plateada, con formas que sugieren ángulos, como trozos de vidrio.

¿Es esta nube la culpable de esta lluvia repentina? Ella se pregunta.

Y el viejo Bruno, habiendo experimentado muchos chubascos en su vida, y ahora empapado, tal vez está pensando que el cielo se ha roto y que el agua que rodea al mundo se está filtrando, catastróficamente, por la grieta.

***

“Soy Shiva, el creador y destructor. Yo creé este mundo y a sus habitantes, en este instante lo iba a destruir. Pero me apiadé al ver a la joven mujer y su viejo perro disfrutando el pequeñisimo instante de tiempo que tienen disponible. Así que la singularidad que había enviado contra su mundo la transformé en tormenta.”

Relato por Carlos Santillán

martes, 6 de octubre de 2015

IRLE A DEJAR BOLSAS DE BASURA AL VECINO (Relato original)



Pablo se acaba de cambiar, no tiene ni seis meses, a esta colonia. La colonia es de clase media, se nota que tienen una muy buena asociación de vecinos ya que, los servicios son muy buenos y nunca fallan, la recolección de basura se hace diariamente, a veces se interrumpe el suministro de agua, pero no más de cinco días, y como las casas cuentan con cisterna y tinacos, el efecto no va más allá de cuidarse de no desperdiciarla. Cuenta con muy bonitos y cuidados camellones y jardines también.

La gente que presta servicios es muy amable, como el cartero, y los vigilantes de la cuadra.

Los vecinos son amables también y nada entrometidos y, se acaban de organizar para instalar un sistema de alerta vecinal con conexión directa a la policía estatal. Aun así hay que tomar precauciones, los criminales siempre están al acecho. Y la colonia está partida en dos, por una vía rápida, lo que desafortunadamente hace que extraños la crucen, ya sea a pié o en automóvil y transporte público.

El semáforo para cruzar esta avenida es muy tardado y se hacen largas colas de automóviles, y debido a esto Pablo decide experimentar tomando un atajo por calles laterales, para llegar rápido a casa, es sábado al mediodía y hace un sol abrazador.

"¿A dónde te metes Pablo? Nos vamos a dar una perdida de esas..." Su hermano Luis lo interroga en cuanto Pablo, con una maniobra rápida, abandona la fila de autos".

"Es más rápido sí salimos a la avenida y luego tomamos el retorno frente al Casablanca y, ya luego subimos a la cuadra de la casa, evitándonos así el estar atorados en el semáforo".

Su "atajo" de Pablo, los lleva a desembocar a una estrecha calle, flanqueada en un lado por las bardas traseras de las casas en la calle anterior y, del otro lado, la barda perimetral del club Casablanca.

"Sin duda aquí vienen a aventar bolsas de basura cuando tardan en pasar los de la basura". Luis menciona.

"Pues a lo mejor, pero ya ves, pasan diario". Pablo le contesta y agrega:

"Eso sí, de noche aquí es una boca de lobo, no veo que haya alumbrado público".

***

Han pasado varias semanas ya y el intercambio anterior ya ha sido olvidado. Hoy es un martes por la noche, cerca de las diez de la noche y, el papá de ambos, Don Esteban, se apresta a dar por terminado el día en la casa. Está juntando las bolsas de basura, de la basura generada durante el día, las echa en el par de grandes botes de basura que diariamente se sacan por la noche; y cuando abre la puerta de la calle para sacarlos, antes de cerrar con llave, un hombre se lanza a través de la puerta, amenazandolo con una pistola calibre 45.

Don Esteban a pesar de sus setenta años se mantiene grueso y pesado, él en su juventud estuvo en el pentatlón militarizado y toda su vida se ha regido por la consigna "Siempre alerta", y ante el ataque de su asaltante, él reacciona automáticamente, con un golpe seco desplaza la mano derecha del criminal al mismo tiempo que se le aproxima y con el mismo brazo que usó le conecta un codazo en la nariz, para a continuación, rotarlo de espaldas al asaltante y metiendo su brazo derecho por la axila y con su brazo izquierdo por encima del hombro izquierdo del asaltante, y contra su cuello, le aplica una llave asfixiante.

El criminal trata de zafarse en vano, y finalmente se desvanece, sus hijos escuchan los gruñidos, gemidos y ruidos propios de una lucha y bajan corriendo de sus cuartos, al llegar, todo ha terminado.

Pablo y Luis encuentran a su padre en cuclillas, tomando el pulso al criminal, en el cuello.

"Se murió este cabrón. ¡Es increíble! Uno está tranquilo en su casa y tienen que venir imbéciles a joderle la vida a uno..." Don Esteban les dice esto a sus hijos, antes de pedirle a Luis:

"Márcale al C4 de la policía, les voy a decir cuando lleguen, que temí por mi vida y que no fue mi intención matarlo cuando le apliqué la llave..."

Pero Pablo interrumpe:

"Luis, ¡espera! Ya sabemos como los de Derechos Humanos hacen más por los criminales, y el gobierno castiga severamente la autodefensa, al contrario, cuando les digas papá, que usaste una llave de defensa personal, te van a levantar cargos por uso de un arma mortal. Además, dejarías a mamá sin atención".

La mamá de ellos tiene una enfermedad degenerativa que ya la imposibilitó de valerse por si misma. Don Esteban, ya de pie, le coloca su pesado brazo en el hombro a su hijo y le dice:

"De ninguna manera permitiré que te culpes ante la policía, si es que, eso es lo que me quieres decir".

"No papá, tengo una idea para salir de este problema en menos de diez minutos. Ir a tirar a este imbécil al callejón oscuro del otro lado de la avenida. Vamos a subirlo a mi coche, ¡rápido!"

Luis sorprendido por esta propuesta los mira, primero a su hermano y, luego a su padre, antes de esbozar una sonrisa y decirles:

"¡Excelente idea!"

Don Esteban le dice a Pablo:

”Tu maneja, yo me bajo rápido y en un par de segundos lo bajo del coche al pendejo este".

***

Han pasado ya tres meses desde el incidente aquel, el cuerpo del criminal lo subieron recostado en los asientos de atrás del coche de Pablo y cubierto con los tapasoles. Cuando llegaron a la parte más oscura del callejón Don Esteban solo lo jaló hacia afuera, todo les llevó unos cuantos segundos con, tan solo, un gato negro de testigo.

El haber antes vivido en colonias de estrato social más bajo, les dio la experiencia y la práctica necesaria de como ir a tirar bolsas de la basura sin que nadie los viera.

Hoy es domingo por la tarde y Don Esteban junto con Pablo y Luis están acompañando a la mamá de estos, viendo la insulsa televisión, pero lo importante es están todos juntos.


Relato por Carlos Santillán

domingo, 9 de agosto de 2015

BROMITA -Relato original



Don Julián, un jubilado 'joven', todos los días, temprano por la mañana camina hasta el puesto de periódicos que se encuentra sobre la avenida, para comprar el diario y leerlo mientras desayuna pellizcando su queso favorito y viendo series clásicas de televisión que el canal TCM transmite.

Su camino lo lleva a lo largo de una avenida secundaria de la colonia de clase media donde él vive, y como también todos los días al pasar frente a una bonita casa, que se encuentra en una esquina, dos plantas, pintada de amarillo y con elegante herrería, ve que otro jubilado como él se encuentra siempre barriendo la banqueta y regando las plantas y árboles, Julián comenzó a darle los buenos días, cada vez que pasaba, cosa que llevó a que en poco tiempo ya tuviesen esa falsa amistad que uno desarrolla con vecinos, conocidos en actividades deportivas y con gente en la oficina.

***

Este lunes por la mañana, Don Julián se dirige al puesto de periódicos:

"¡Hola vecino!" Don Julián saluda a su amigo cuando al pasar frente a su casa se lo encuentra de nuevo barriendo la banqueta. "Hola Julián, buenos días, ¿Cómo te va hoy?"
"Bien Mike, mi esposa ya amaneció más repuesta y alegre, han sido meses muy difíciles desde su neumonía. Como te conté la otra vez, casi se me muere".
"¡No, ni Dios lo quiera Julián! Me da gusto escuchar que tu esposa avanza en su recuperación". "¡Gracias! ¿Y tu Mike, todo bien en tu casa?"

Ante esta pregunta, Mike, con su lenguaje corporal demuestra gran preocupación, se pasa su mano derecha por la cara y luego descansa ambas manos en el palo de la escoba. Y procede a relatarle a Don Julián las malas nuevas.

"No fíjate, nos pasó algo muy malo"
"Ay, no me digas..."
"Sí caray, el viernes por la noche vino mi hijo, el mayor, Mike Jr. a contarme muy apurado que llegaron unos tipos a extorsionarlo a su planta de inyección de plásticos, la que te conté el otro día que le dejé".

"Nooo Mike, ¡que mal! lamento mucho escuchar esto. Pero ¿qué pasó, le hicieron daño?".
"Pues", Mike suelta un lamento, aspira mucosidad en su nariz, y se limpia con la parte anterior de su mano izquierda lágrimas en sus ojos, y continúa: "eran dos tipos, y hasta eso, bien vestidos, dice Mike Jr. que uno jamás sospecharía que son criminales si uno se los topara en la calle. Le dijeron que eran de la Familia Michoacana y, pues que, cada quincena iban ir por su pago de 80 mil pesos.

Los malditos le dieron detalles de donde vive, le describieron la casa, y también le dieron detalles sobre sus niñas y su esposa, ¡hasta las placas de la camioneta de ella le dieron!"

"¡Es terrible Mike! lo siento mucho, ¡en verdad! ¿Y qué hizo? ¿Qué van a hacer ustedes?" Y Mike le contesta:

"El sábado temprano, mi hijo mandó en taxi a su esposa y a las niñas a casa de los papás de ella y, hoy ya no abrió la planta, va a vender todo por medio de intermediarios. Y es que ¿de dónde va a sacar ese dinero que le piden? Es una planta pequeña con tres empleados, y desde hace años la venta de envases de plástico se cayó por completo con la entrada de productos chinos. Le había estado yendo mal en el negocio a mi Mickey, ¡y ahora esto del soborno!"


"¡Horrible! ¡Horrible! de verdad Mike..." Don Julián truena la boca, menea la cabeza mirando al piso y de verdad se conmueve por lo que su amigo le cuenta. Y Mike agrega:

"Mi hijo va a vender su casa también; viven en un condominio horizontal, con acceso restringido y vigilancia, pero dice que no quiere arriesgar a su familia".

"Pero, ¿qué, acaso piensa migrar a provincia tú hijo?, la situación en el interior del país está peor, ¡mucho peor Mike!" Y Mike le contesta:

"Su cuñado es profesor en la Universidad del Valle de México, en el plantel que está cerca de Xochimilco, y le ofreció ayudarle a que se meta a dar clases en ingeniería industrial; y ahí cerca de donde viven sus suegros acaban de poner a la venta casas en condominio horizontal también".

"Oye Mike, ¿y tu no corres peligro? ¿no temes por tú esposa?"

"No pues, estos tipos no le comentaron nada respecto a mi, acerca de que me fueran a hacer daño, pero no creas, sí estoy asustado".

"¡No. si para sustos no termina uno!"
"Así es, no hace ni cosa de que un año que acompañando a Mike Jr. a retirar seis mil pesos del cajero automático, ya cuando íbamos en el auto en las calles de la colonia detrás del banco, se nos cerró un auto, ¡así! se colocó bloqueando la calle, pero Mickey se echó en reversa, dio una vuelta de 180 grados en un garage, y nos fuimos hechos la madre..."

Y Mike todo esto lo ilustró haciendo ademanes con sus manos, imitando las maniobras de autos.

"Ay Mike, lo siento mucho, pero en fin", Julián suspira, "Te tengo que dejar, mi esposa la tengo sola en casa".

Se despiden y cada quien se dedica, el resto del día, a sus asuntos.

***

Don Julián, en su infancia fue de esos escuincles latosos, molestos, chismosos y malvados. Una vez en la secundaria, aprovechando que el salón de corte y confección estaba solo, entró y todo lo tiró al piso y puso de cabeza. Pero en su mente justificó este acto vandálico como una 'bromita'.

Y uno nunca cambia, esas características nocivas que Don Julián tuvo en su infancia aún lo acompañan.

***

Transcurrió casi una semana, para que Don Julián, debido a las atenciones constantes que su convaleciente esposa requiere, se pudiera escapar unos minutos e ir a comprar su periódico que tanto le gusta leer. Él piensa que si hubieran tenido una hija ella lo podría ayudar; como si fuera responsabilidad exclusiva de las mujeres el sacrificar su vida en aras de atender una madre enferma.

Andando por la avenida de la colonia, desde una cuadra antes puede ver que Mike se encuentra barriendo su banqueta y regando las plantas y árboles del frente de su casa, él se encuentra de espaldas respecto a Don Julián, mismo que ya está a tan solo escasos metros de distancia.

Una sonrisa malvada se esboza en el rostro de Julián, quien ahora camina sigilosamente y en su mente ya celebra la 'bromita' que le va a jugar a Mike; al tenerlo a su alcance le encaja con fuerza tres dedos en la parte baja de la espalda y fingiendo la voz grita:

"¡ARRIBA LAS MANOS!"

Como consecuencia de esto, Mike cae al piso, en posición fetal, con una mano sobre su pecho, y un gesto de terror y agonía, emitiendo un bestial gemido antes de morir de un ataque cardiaco.

Don Julián, sorprendido, con los ojos bien abiertos, voltea a su alrededor para detectar si alguien fue testigo de esto, ¡no había ni autos en la calle! Y él se marcha caminando a paso veloz de regreso a su casa.

Historia por el autor: Carlos Santillán