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domingo, 25 de septiembre de 2016

Arrebatado, parte 5

Los dos días siguientes, César los pasó estudiando de libros de educación elemental, para niños, que Lumila sacó de unas viejas cajas de cartón guardadas en la parte superior del clóset del mismo cuarto donde él ha estado durmiendo.

Él supone que pertenecieron a Lumila. Ya conocen sus nombres respectivos y César, al menos, ya sabe frases de etiqueta básica que ella le enseñó a decir:

"Buenos días, buenas tardes, buenas noches", así como palabras y frases básicas:

"Hola, adiós, yo me llamo César, ¿qué es eso? ¿puedo tomar? yo quiero".

Para él ha sido una fuente de gran satisfacción el aprenderse tan rápido, las horas, los meses y días de la semana y aprender a contar.

Desde niño el siempre ha estudiado idiomas. Si bien se oxida por su falta de aplicación práctica de los mismos, salvo el Inglés que domina a la perfección.

Y se encuentra feliz, aprendiendo este idioma, que Lumila llama Estándar.

Y por fin llega el fin de semana y Lumila puede dedicar su tiempo a ayudarlo a recordar su identidad, lugar de origen y a ponerse en contacto con los suyos.

Con su nivel actual de dominio del idioma, César no puede, ni desea decirle a Lumila, que él literalmente cayó de otro mundo.

***

Este día en la mañana, equivalente al sábado, César se siente en fachas trayendo su traje, ya limpio, pero lavado en la lavadora de Lumila. El traje quedó sumamente maltratado. Por fortuna, el primer lugar al que Lumila lo lleva, es a una tienda de autoservicio.

Lumila le habla y trata normal, ella aún no ha sido madre pero sabe que sumergir a los niños en el lenguaje, es la única manera en la que aprenden a hablar.

César piensa que su benefactora, a pesar de ser una mujer muy alta y de complexión gruesa, se ve atractiva, hoy ella lleva su cabello claro cubierto con una pañoleta y, está vestida con una blusa de mangas largas y una falda larga también, que llega hasta sus sandalias. Lumila se desenvuelve con bastante seguridad de carácter y él nota que ella es una líder nata.

En el parque hay una estación de minibuses eléctricos, que luego de un trayecto de media hora por la carretera, hoy también transitan los trailers de la planta de soya, llega a una base en un gran complejo comercial.

Durante todo el trayecto, abordo del minibús, un niño de unos cuatro años de edad, sentado en el asiento adelante de Lumila y César, no dejó de mirarlo con sus grandes ojos negros y su carita babeada. César se sintió bien por haber experimentado esto tan gracioso.

"César, este es el distrito comercial Abala, vamos a ir primero a la tienda de autoservicio a comprarte ropas nuevas, y luego, a la oficina de comercio, ahí en sus bases de datos debe de estar ingresada tu llegada al planeta".

Tan pronto entran a la tienda de autoservicio, César se sorprende por las semejanzas con los súpers en su mundo: los carritos para tomarse a la entrada, las puertas automáticas, el guardia de seguridad, las filas de cajas registradoras, etc. ¡Este mundo tiene que ser el resultado de un universo paralelo que se desarrolló de manera similar a aquél de donde él vino!

Lumila camina delante de él llevándolo hasta la sección de caballeros y, en este instante, César se queda como petrificado al reparar en esto: la grandota Lumila con su sueldo de obrera (ella trabaja en una planta ¿no?) le va a comprar ropa. Y esto lo hace sentirse culpable, por la molestia infringida en ella.

"Toma César, escoge un par de juegos de pants que te queden". Ella los toma de donde están colgados en un exhibidor circular y los empuja contra su pecho. Lumila es un tanto brusca.

Con toda la pena del mundo, o de los mundos, César aprovecha para coger también, juegos de camisetas, ropa interior y, con Lumila siguiéndolo empujando el carrito, encuentra la sección de zapatería, donde escoge dos pares de zapatos deportivos del número ocho.

"¡Oye! A ti te dicen que tomes la mano y te tomas el pie".

Entendiendo, por el tono de voz y gestos de Lumila, César se disculpa con ella:

"Mil disculpas Lumila, pero necesito ropa, así como las mudas de ésta. Mira, a cambio de todas tus atenciones y molestias que te he causado, toma mi cadena de oro".

El oro es un mineral raro, que solo se crea en el núcleo de los soles al estallar en supernova, así que, César no tiene ninguna duda que en este mundo también es un metal precioso y usado como reserva de valor y moneda de cambio.

Él le coloca entre sus manos la cadena que se acaba de quitar del cuello, Lumila de inmediato nota que es una joya pesada y por lo tanto de mucho valor.

"No, no, ¡no es necesario! tú eres mi huésped y yo te atiendo por lo tanto; además esto lo voy a pagar a crédito."

Y le regresa la cadena, cerrándole a César sus puños alrededor de la misma.

***

Al salir del supermercado caminan en este gran complejo del distrito comercial, el sol brilla en todo lo alto con un cielo azul de fondo. César ya tuvo tiempo de estudiar la geopolítica de este mundo, en la enciclopedia que su padre le heredó a Lucila, y pudo ver en los mapas, que éste también es un planeta oceánico, con dos grandes masas continentales, una en el hemisferio norte y otra en el hemisferio sur; no cuenta con casquetes polares ni tampoco con lunas. Todo esto él lo recordó a propósito del cielo azul, un producto de los océanos.

Es un gran centro comercial con grandes espacios abiertos y los negocios y corredores, protegidos del sol por arcos.

Pasan restaurantes de comida rápida, heladerías. boutiques, tiendas de electrónicos (él se promete volver para conocer los gadgets de este lugar).

César identifica los baños públicos, su entrada idéntica a los de los centros comerciales en la Tierra.

"Lumila, permíteme unos instantes, quiero quitarme el traje maltratado y ponerme mi nueva ropa".

Le menciona esto a ella al mismo tiempo que señala a la entrada de los baños y le da palmadas a sus bolsas de las compras.

"Está bien, entra al BAÑO, aquí te espero".

César se apresura, feliz por la oportunidad de quitarse su arruinado traje, mismo que lo hace sentirse mal. El baño de hombres es grande, con una docena de cubículos de WC y en la otra pared los mingitorios.

Solo hay tres hombres, no cree violar ninguna norma moral de este mundo si se cambia recarcado contra los lavamanos y, en efecto, ni lo voltean a ver. Luego de ponerse sus zapatos tenis nuevos, se lava las manos y se moja el cabello acomodándoselo.

Echa su traje, y zapatos en las bolsas y se dirige al gran bote de basura, tiene que levantar la sección superior del bote para que quepan las bolsas, al echarlas las despide:

"¡Adios viejo yo!"

Recoge las otras bolsas con su demás ropa nueva y camina apresurado hacia afuera. Lumila impaciente, con brazos cruzados lo ve y él le dice:

"¿Qué tal mi nuevo yo?"

Pero ella no le pone la vista encima ni por dos segundos.

"VEN ¡VAMONOS!" Lumila pone énfasis en las palabras para facilitarle a César el aprendizaje del Estándar.

Y luego de varios minutos llegan a los arcos bajo los cuales se encuentra la oficina de comercio.

Como la representación distrital del organismo regulador de todo el comercio planetario, esta oficina tiene acceso a las bases de datos de migración; así que no importa si César ingresó al planeta como turista, agente comercial o diplomático, sus datos, así como su biométría, se encuentran disponibles para consulta. Y aunque César haya perdido la memoria, basta con capturar las palmas de sus manos, así como el iris de sus ojos, para tener su identidad, su lugar de origen y así contactar a los suyos, ya sea gobierno, compañía o familia.

Al menos esta es la impecable lógica seguida por Lumila.

***

Al entrar a esta oficina pública, de la oficina de comercio, los recibe un guardia de segurida. Este lleva puesto un casco con una visera de polímero, contra la cual se proyecta información y, está vestido en un traje negro de cuero provisto de armadura. A César le parece más un equipo de combate que el atuendo apropiado para un guardia de seguridad.

No pueden entrar porque el paso lo bloquea una cinta de nylon. La voz del guardia es emitida por un altoparlante en su casco.

"¿Tienen cita? ¿Qué trámite vienen a realizar?"

"No, no tenemos cita", Lumila es la que interactúa con el guardia, "Este caballero que me acompaña, sufrió un accidente atravesando una calle, mismo que le causó el perder la memoria."

"Ajá, sí. Continúe".

"El caballero es extranjero y, no habla Estándar. Mi propósito es el poderlo identificar, a través de su biometría y así ayudarle a regresar a su lugar de origen".

"¿Por qué no lo llevó al precinto de policía de su distrito?"

"Bueno, porque él señor no estuvo involucrado en ningún acto criminal y, la oficina de comercio administra el ingreso al planeta de comerciantes y representantes de otros mundos".

El guardia consulta ahora con la burocracia al interior de esta oficina; Lumila y César pueden ver el silencioso diálogo desplegado contra el interior de la visera del guardia. Cuando éste termina, la máquina expendedora de tickets de turno de atención, imprime un ticket con un críptico código impreso en éste.

El guardia jala el ticket, se lo entrega a Lumila, para a continuación remover la cinta de nylon para así permitirles el acceso.

"Pasen a la sala de espera y chequen en el display de la pared su turno y, a que cubículo de atención pasar".

César con desgano cavila en el hecho de que la burocracia pública es, al parecer, igual de engorrosa en todo el multiverso.

La sala de espera está llena de gente, al menos una treintena de personas esperando ser atendidas. Esto significa que el tiempo de espera va a ser ¡de horas!.

César sí entendió la explicación que Lumila le dio la noche anterior, sobre el propósito de su visita a la oficina de comercio.

Con su nivel actual de Estándar, él no pudo transmitirle a Lumila el significado intencionado, respecto a si hay contacto con extraterrestres y si, iban a poder verlos en la oficina de comercio. Lumila un par de veces le respondió que sí hay extranjeros y que muchos de ellos iban estar hacia el interior de la oficina.

César voltea para todos lados tratando de identificar extraterrestres esperando su turno de atención pero, solo pudo ver personas pertenecientes a otras etnias y llevando ropas distintas a las que la mayoría usa. Situación similar a la de estar en el interior de un aeropuerto.

Él está distraído en esto cuando, Lumila le da un par de palmadas en la pierna, cuando se da cuenta, ella ya va camino de un cubículo.

"¡Vaya! Eso fue rápido".

Y César piensa que tal vez su rápida atención se debe a que ellos no van a realizar un trámite gubernamental sino, a solicitar ayuda con una consulta de información, sus inexistentes registros migratorios.

Al entrar al cubículo Lumila le señala la segunda silla mientras ella procede a sentarse en la que está cercana a la pared.

"Siéntate en la silla César".

"¿Me permiten su ficha de turno de atención?"

La ejecutiva es una mujer de mediana edad, gorda, pero no obesa, cabello corto y un rostro redondo, detrás de unos lentes, que inspira confianza.

Lumila se la entrega la ficha.

"Gracias, ¿qué tipo de ayuda necesitan?"

"Gracias, el caballero que me acompaña es extranjero, y sufrió un accidente en la calle que le causó el perder la memoria y, mi intención es el usar su biometría para consultar su registro de ingreso al planeta y, así identificarlo".

Y la ejecutiva, ahora, se dirige a César.

"¿Cómo se llama?"

"César Lacroix".

"¿De dónde procede? ¿A qué gobierno o empresa representa?

"No se".

"¿Y sus documentos? ¿Por qué no simplemente no se los ha proporcionado a esta samaritana que ha decidido ayudarlo?"

César voltea a ver a Lumila y le hace un ademán indicándole que no entendió la pregunta.

"El señor Lacroix no contaba con documentación cuando yo lo levanté de en medio de la multitud que lo observaba, después de sufrir su accidente".

"¿Y cuál fue la naturaleza de su accidente?" Le pregunta la ejecutiva.

"Un tendero, conocido mio, que presenció cuando el señor Lacroix se desvaneció a mitad de la calle, me comentó que instantes antes el señor Lacroix se le notaba angustiado y fuera de sí, de hecho sufriendo un ataque de histeria".

Al escuchar esto último, la ejecutiva se queda viendo fijamente a César, mordiendo uno de los brazos de sus lentes.

"Está bien, señor Lacroix sígame".

La ejecutiva se pone de pie; Lumila tambien y sacude el hombro de César.

"¡Síguela!"

Haciendo con dos dedos de su mano derecha, sobre la palma de su mano izquierda, el ademán de caminar.

La ejecutiva hace una pausa, para verificar que César venga detrás de ella y, en efecto él ya la sigue, con Lumila caminando un par de pasos detrás de él.

Finalmente llegan a unas mesas delgadas, cubiertas con un mantel azul, sobre los que hay unas grandes y toscos aparatos, que no se verían extraños en cualquier óptica y, a ambos lados de estos, unos rectángulos de cristal oscuro.

Debido a que detrás de los aparatos hay ejecutivos de la oficina de comercio y frente a estos hay gente sentada presionando su cara contra el aparato y, colocando sus palmas contra los rectángulos de vidrio, César fácilmente discierne que estos son los escáneres biométricos.

"Savaz, necesito identificar a este caballero extranjero. Pásalo inmediatamente apenas se desocupe una de las estaciones de captura".

"Sí Doris, enseguida".

Un anciano se levanta, habiendo terminado su trámite, el joven ejecutivo, al cual Doris se dirigió, le indica a César que tenga la amabilidad de sentarse.

"Por favor coloque su rostro contra el visor y las palmas de sus manos en los escáneres a ambos lados".

Lumila le indica con ademanes: "visor" sobre sus ojos y exageradamente abre luego sus manos, indicándole que así coloque sus palmas contra los cristales negros a ambos lados del escáner óptico.

César hace todo lo que el ejecutivo le indicó y, el joven ahora procede a leer la consulta en su display.

Pero ninguna información aparece; él vuelve a repetir la consulta y nada. Desconfiando del aparato, él mismo se coloca en el escáner.

"A ver, déjeme sentarme para tomarme una lectura".

César, por el lenguaje corporal del joven Savaz, entiende que se quite para que este se siente. Savaz regresa al display y ve su ficha de identificación desplegada.

"Señor, una vez más, colóquese para que yo capture su biometría".

César accede y, de nuevo Savaz no obtiene ninguna información.

"¿Qué sucede Savaz?"

"Doris, este caballero no tiene registro en el sistema", Savaz hace una señal de asombro con sus manos extendidas, encogiéndose de hombros, y luego agrega, "está ilegalmente en el planeta y, tampoco tiene registro fiscal."

Doris pensativa, de nuevo mordiendo los brazos de sus lentes se dirige a Lumila y César:

"Un momento, no se muevan, esperen aquí".

Y se retira caminando hacia unas amplias escaleras que llevan a la planta alta. Lumila ya, para este momento, se encuentra sumamente nerviosa y, se truena los dedos de las manos, mientras de sus codos cuelgan las bolsas de compras de César. Y César que ha podido entender el significado de todo lo que Savaz y Doris han intercambiado, sí bien no cada palabra, está seguro que va a ser detenido.

Doris regresa acompañada de un hombre vestido en un traje ejecutivo, de un color azul que semeja seda o escamas de un pez de acuario.

"Rondie, ese es el caballero". Doris lo señala, y su rostro muestra que ella lamenta hacer esto. Rondie se dirige a César.

"Por violación a los artículos 23, 34 y 37 del Código Federal de Comercio, así como de los artículos 9o y 11o párrafo segundo inciso “b” de la Ley Fiscal y de Ingresos de la Federación, queda usted detenido para ser sometido a proceso".

Lumila se lleva una mano a la boca y sus ojos se llenan de lágrimas. César no necesita la traducción de Lumila para comprender que está siendo arrestado. Él solo espera que no tengan en este mundo la capacidad de descubrir que él es un auténtico "alien" venido de otro universo y que, no lo pongan en un zoológico, le hagan la disección o, lo encierren para siempre en el equivalente de su Área 51.

Autor: Carlos Santillán

miércoles, 24 de febrero de 2016

Odiseo parte 9

Alejandro tiene una vecinita muy agradable y simpática. No es su amiga; solo la saluda a ella y a su familia por cortesía al ser sus vecinos.

Ella es una quinceañera, que se ve mayor para sus años y Alejandro piensa que si él tuviera su misma edad, se aproximaría a ella, a hacerle amistad.

A veces coinciden, cuando Alejandro se va a clases en la tarde y ella, Sandra, su mamá la lleva a sus clases de guitarra, en la casa de la cultura.

Sale Sandra muy bonita y graciosa, llevando el gran estuche, golpeándolo, por accidente, contra todo, así parece: la puerta de su casa, la parte trasera del coche de su mamá, la puerta trasera, abierta, del coche.

"¡Buenas tardes!"

Alejandro la saluda a ella y a su mamá.

"Hola".

Sandra le responde con una sonrisa, y su voz tierna, muy agradable al oído. La madre solo se lo queda viendo, seria. Tal vez pensandolo un sátiro que pretende acercarse a su hija.

Y Alejandro se aleja caminando, hacia el Soriana, para tomar ahí su microbús que lo lleva a la universidad, así era, cuando no tenía auto.

Lo anterior es un ejemplo de la típica y única interacción que Alejandro solamente tiene con esta niña.

***

Desde hace unas semanas, Alejandro ha notado a una palomilla de cabroncillos, compañeros del colegio, la secundaria de Sandra, que le andan haciendo ronda a ella.

En las tardes, le ha tocado ver (observa sin ser visto desde la ventana de su cuarto) que llega un chamaco, flaco, con cara de caballo, en su carrito Audi, con llantas gordas y su música de tamborazos a todo volumen.

Lo acompañan otros tres pendejillos, igual que él y, ahí están en la banqueta, hasta que sale Sandra a platicar con ellos. Ella no los pasa a su casa; se escucha que estos escuincles gritan, se ríen exageradamente y, es todo lo que hacen.

Alejandro los considera muy poca cosa para Sandra, ella está en otro nivel para este mocoso, el del Audi, cuyo único mérito para aspirar a Sandra es el ser su compañero de clases.

***

Alejandro tuvo que ir a la papelería, en el centro comercial, a comprar un DVD-RW. Su vieja laptop ya no funciona óptimamente. El haberle aumentado la memoria RAM a dos gigabytes no resolvió la lentitud del equipo.

Desde entonces ha estado investigando y viendo vídeos en YouTube y, todos los entusiastas coinciden en que es el sistema operativo Windows el responsable del mal desempeñó de los equipos de cómputo.

Es por eso que descargó la imagen del sistema operativo Linux Mint 17.3 'sabor' Mate. Y va a hacer un DVD bootable para instalarlo desde ahí a su laptop.

Los tutoriales que ha visto en YouTube lo han llenado de entusiasmo. Este sistema operativo es permanentemente desarrollado y mantenido por entusiastas de alrededor del mundo.

El sistema operativo Linux fue creado bajo la filosofía de código abierto de distribución gratuita; y está enfocado a sacar el máximo provecho de equipos "viejo". Así mismo, cuanto dispositivo periférico, o interno, existe, es probado por la comunidad de entusiastas para que sea reconocido y funcione en Linux. Por lo que no es necesario instalar los drivers para Windows.

Solo conectas tu impresora, o instalas la tarjeta PCI adaptadora de WiFi, por ejemplo, y funcionan sin que tengas que hacer nada extra.

A Alejandro le preocupó la compatibilidad con programas desarrollados para el Windows y, así mismo investigando y viendo vídeos, aprendió que del Software Manager (es como la apps store en Android) del Linux se pueden descargar un par de herramientas gratuitas: el emulador de Windows: Wine; y otra que es mucho mejor, la Virtualbox, que permite emular una terminal para correr en ella al Windows y sus programas.

Y es por esto que Alejandro se halla en la papelería comprando un DVD R/W virgen.

***

Alejandro llega a la papelería, por fortuna la tarde está nublada, ya que de otro modo sería insoportable estar dentro de este local. Está lleno de jóvenes que desean sacar fotocopias.

Desde el momento en el que Alejandro entra, escucha a unos adolescentes que hablan a gritos y traen gran algarabía.

Alejandro voltea hacia éstos y descubre con enojo, que se trata de los mismos escuincles que andan rondando a Sandra.

Y lo que más lo enciende, la lenta comprensión acerca de lo que ellos hablan. El 'renacuajo' del Audi se está jactando:

"Está bien rica esta vieja, tiene un ¡culo! y sus ¡chichitas!"

Sus amigos se carcajean.

"La voy a llevar a Sandra a una tocada, ¡pero a la tocada de mi flauta!"

Sus amigos se carcajean.

"Vamos a salir el viernes, la voy a llevar al reve en la casa de Jorge, no están sus papás, y la voy a poner ¡bien peda! Luego de que me la coja, a lo mejor les doy chance a ustedes".

Sus amigos celebran y aullan como monos.

De un salto y atravesando a la gente ahí adentro, Alejandro ya está sobre el imbécil del Audi, ahorcándolo, cuando iba en el aire le gritó:

"¡NO TE ATREVERÁS! ¡IMBÉCIL!"

Alejandro se incorpora para patearlo repetidamente, antes de huir.

jueves, 18 de febrero de 2016

Odiseo parte 8

Es una tarde nublada y fría, el profesor Jesús, de álgebra booleana, llegó al aula y antes de que, siquiera pudieran todos terminar de sentarse les dijo esas palabras que a todo alumno dejan paralizado:

"Saquen unas hoja en blanco y, escriban su nombre en ella".

Examen sorpresa... ¡No mames! Más de uno habrá pensado eso.

El profesor Jesús anota seis problemas en el pizarrón.

Y lo clásico que hacen todos los profesores, en clase ves algo como:

A * 1 = A ó

A * 0 = 0

Pero en los exámenes te ponen problemas tipo:

(A+BC')' XOR (A'B+C)

Alejandro, quien sí es estudioso, está resolviendo su examen con éxito. Mónica, una muy bella joven, blanca, ojos verdes, cabello muy largo y castaño, con naricita y pecas, sentada detrás suyo, le pide insistentemente a él que levante su examen y se haga de lado para que ella pueda copiar sobre su hombro. Con la lección que tuvo con Elena, ya aprendió a no dejarse usar por las 'última coca cola del desierto'.

Solo escucha que Mónica murmura algo, de seguro nada bueno, y ella lo deja de molestar.

Con voz llena de hartazgo, el profesor Jesús solo les dice:

"No se copien, yo no los voy a castigar, su pena y vergüenza será el engaño que a ustedes mismos se hacen".

Es una postura buena por parte del profesor. Un verdadero maestro es un facilitador del aprendizaje, no un capataz presto a castigar la más mínima falta.

De repente, desde el fondo del aula se escucha ¡un estruendoso pedo! Todos salen corriendo del aula, ante esta maravillosa oportunidad de echar desmadre. Van gritando y haciendo gestos como si el salón hubiera sufrido un repentino ataque bacteriológico por parte de imaginarios militantes islámicos.

El profesor Jesús está muy enojado afuera del aula, gritándoles que regresen a continuar con el examen.

”¡HÉCTOR! ¡RENÉ! !MEMO! ¡REGRESEN AL SALÓN! ¡AHORA!"

El profesor está actuando como el capataz que Alejandro pensó que no debería ser.

Alejandro al entrar de regreso nota que Oscar, está llorando en su mesa. Todos han vuelto ya al aula, vociferando burlas y otros riéndose.

El profesor Jesús los llama al orden:

"HEY ¡BASTA! Una colitis es algo de lo que nadie está exento. Y todos nos hemos pedorreado. Así que ya dejen a su compañero en paz".

Al mismo tiempo que el profesor decía esto ya había compañeros consolando y demostrando sus simpatías a Oscar.

Alejandro recuerda un verso que su papá solía repetirle cuando era niño:

"Desde el rey, a la vaca, y hasta la más bonita muchacha, toditos dejan su bola de caca".

martes, 26 de enero de 2016

Odiseo

Serial. Partes 1-4

ODISEO

Alejandro sale muy temprano de su casa, tiene que caminar varias cuadras atravesando la colonia donde vive, para llegar a la avenida y ahí esperar el microbus, en la parada sobre la banqueta del centro comercial de un supermercado Soriana, que lo lleva a la altura del Hospital de Traumatología, donde pasa el otro microbus, el que lo deja justo enfrente de la universidad donde estudia Sistemas.

El joven e irresponsable chofer va escuchando una de esas nacas estaciones de radio, donde transmiten cumbia y el locutor hace bromas telefónicas sugeridas por sus radioescuchas.

Conforme el microbus avanza en su ruta, éste se va llenando de gente. Alejandro, que va de pie agarrando un tubo al fondo, cierra los ojos adormilado; el agradable sol, que le da en el rostro, invita a dormir.

Cuando van a la altura de la zona industrial (la ruta atravieza ésta) y con el microbus lleno, dos jóvenes malandros abordan.

Alejandro de inmediato nota que suben agresivamente y, a pesar de que el microbus está lleno, estos malandros con solo mostrar sus armas de fuego van recolectando el dinero y pertenencias varias de los pasajeros; lo que más coraje da es que estos jóvenes esbozan sonrisas burlonas.

Una señora grita cuando uno de ellos amaga con golpearla con la cacha de la pistola, porque ésta escondió su bolso en el suelo, bajo el asiento.

"¡Caete con la lana! ¡Pinche puto!"

Uno de ellos le dice a Alejandro. Y él procede a darle su cartera, sin mirarlo a los ojos.

"¿Y tu teléfono?" "No tengo..."

Le contesta Alejandro y el malandro abre su cartera para revisarla.

¿Qué es lo que ve el asaltante? ¡Un billete de míseros veinte pesos!

"¡Uy cuate! Tú sí que andas jodido... Pediría una cooperacha entre los presentes pero, ¡ya no tienen dinero!"

Y viendose, el par de malandrines, sueltan una sonora carcajada.

"¡Ya apúrate! ¡Vámonos!" El segundo asaltante apura a su compañero.

Y éste toma un billete de doscientos pesos, de lo que había robado y, se lo mete en la cartera a Alejandro.

"¡Chofer! ¡Bajan!" le grita al conductor y luego le grita a su compinche:

"¡Pélate cabrón!"

Y ambos en un instante desaparecen entre las calles transversales a la ruta del microbus.

Alejandro se queda anonadado, asustado, ¿a quién le pertenecen los doscientos pesos? Para evitarse un problema y que, lo culpen de cómplice, abandona el microbus y se aleja caminando rápidamente.



Luego de la mala experiencia del asalto en el microbús, y luego de un par de clases aburridas en las que Alejandro se la pasó cabeceando, al fin tiene un receso para poder convivir un rato con sus amigos. Esto gracias a que, como es frecuente, faltó un profesor a su clase.

Su papá está haciendo un gran esfuerzo para pagarle la universidad a Alejandro, pero tal parece que en esta escuela patito, la UVM, lo único que les importa es cobrar las cuotas, sin poner dedicación ni atención a la calidad de la educación impartida.

"¿Qué hay Alejandro?" Lo saluda René.

Sus compañeros de clase que están sentados en unas espacios cuadrados parte de la arquitectura de las paredes frente a las aulas, lo saludan. Y él choca sus palmas y luego los nudillos saludándolos a Rene, Fabián, y Memo.

"Nada aquí, ¿de qué estaban platicando?" "Memo nos estaba platicando que fue a ver Mundo Jurásico, el domingo". "¿Y está buena Memo?" "Sí, tiene muy buenos efectos especiales y la trama está interesante". Y René interrumpe:

"Yo no la he visto pero, de ver el puro tráiler, se adivina que es un remake de la primera, Parque Jurásico".
"Bueno, digamos que es un 'soft remake'". Memo le contesta.

"¡No hay como la primera película!" Fabián al fin interviene.

Alejandro ahora se sienta dentro del cuadrado en la pared. Y les dice:

“A mi ya me da mucha risa ver Parque Jurásico; no porque la película sea mala, sino por una ocurrencia que tuvo mi hermano la última vez que la vimos".

"¿Sí? ¿Y cuál fue ésta?" Le pregunta Memo, a lo que Alejandro agrega:

"¿Han visto los spots de la Ciudad de México? ¿Todos mielosos y ñoños?"

"Sí, están cagados, como si el D.F. fuera la ciudad de la alegría y el optimismo". Le contesta René haciendo gestos de burla. Y Alejandro continúa:

"Pues estábamos viendo en la tele Parque Jurásico, hace como un mes, y cuando empieza la secuencia cuando van los doctores, el dueño del parque, el abogado y los nietos en los jeeps, y se abren las gigantescas puertas, mi hermano dijo:"

"¡Bienvenidos a Parque Izquierdoso!"

"Y mi hermano, bien gracioso, que se pone a relatarme que es lo que los visitantes van viendo, él describía cosas como:"

"Ahí echados en la yerba una docena de hippies haciendo yoga, y de repente, los jeeps se ven envueltos por: ¡Una multitud de ñoños en bicicletas!"

"Ahora llegan a una parte del trayecto donde hay unos nacos tocando sus tambores, como esos, ¡los que se suben al metro!"

Alejandro tiene absoluta atención por parte de sus amigos que en este punto, ya no se aguantan las ganas de intervenir. Memo dice:

"Y ahora, pasan junto a unas jardineras donde hay unos güeyes ¡fumando mota!"

"En un café ven profesores de ciencias políticas, de huaraches y morralito al hombro, diciendo pendejada y media con la que, según ellos, van a arreglar los problemas del mundo." Agrega Fabián.

"¡Escuchen! Esto fue lo más gracioso que dijo mi hermano".

"¡Ah! Imaginen la doctora sorprendida porque a la orilla del camino, arrancó ¡una gran hoja de marihuana!" Todos se carcajean con esta ocurrencia de René- .

"¡Bueno! ¡Bueno! Lo que dijo mi hermano", continúa Alejandro, "es que, el doctor, el paleontólogo! se baja sin aire del jeep diciendo:

'¡Esto es asombroso! ¡Increible!'

"Y el viejito le contesta, agregando:"

'Los anarquistas pueden saquear un OXXO en menos de cinco minutos'.

"Y ahora el paleontólogo se sienta en la tierra abrumado, preguntando incrédulo:"

'¿¡TIENE ANARQUISTAS EN EL PARQUE!?'

Y con esto, todos ellos estallan en carcajadas.



Al salir ese día de las clases en su universidad, Fabián lo invita a su casa a jugar, en el Xbox, el FIFA 14.

Al llegar, la mamá de Fabián se deshace en atenciones hacia él, la señora insiste en atenderlo en la comida, por ser amigo de su hijo y, la verdad, es que ella sí cocina muy rico. A Alejandro le encantó la sopa de fideos y el chile relleno con picadillo y papas.

La gran jarra de vidrio al centro de la mesa, con agua de jamaica, refracta y refleja la luz de una manera hipnotizante.

Después de la comida, la señora insistió en que ellos no ayudaran a recoger y que mejor se fueran a jugar. Alejandro se sintió como si fuera de nuevo niño y estuviese en casa de uno de sus amiguitos.

Y él y Fabián pasaron la tarde jugando, hasta el anochecer.

"Gracias por todo Fabián, despídeme de tu mamá por favor, dile que cocina muy rico y que le agradezco también todas sus atenciones.

***

De regreso a la colonia donde vive, Alejandro se encuentra de repente atorado en un raro congestionamiento de tráfico. El microbús donde viene está lleno y no se ha movido nada en diez minutos.

Así que decide descender del mismo y caminar el escaso kilómetro para llegar al Soriana en su colonia.

El lugar donde se bajó es un embudo natural de tráfico, los límites de dos municipios, y por consecuencia olvidado y desatendido por ambos gobiernos.

Está oscuro, sucio; todos los negocios bajan sus cortinas apenas anochece. Sí, la avenida está congestionada, llena de cientos de automóviles, pero el caminar aquí transmite temor, inseguridad.

Para cruzar a su municipio la avenida se reduce a dos carriles, y un carril está bloqueado, por dos autos que se dieron un golpe laminero. La razón del congestionamiento. Las conductoras no se quitan. Están esperando a los ajustadores de sus aseguradoras.

Ahora Alejandro cruza con calma, por el congestionamiento, hacia la zona donde ya es su municipio. Aquí bajo la marquesina de un negocio, se refugian y esperan clientes un par de prostitutas.

Alejandro puede ver que son muy jóvenes, menores de edad. Al acercarse a ellas nota a una tercera, pero ésta es un muy alto y viejo travesti.

"¡Uuuh! ¡Ven guapo! ¡Acércate!"

Le dicen los tres interrumpiéndole el paso, al plantarse frente a él. Alejandro les contesta, fingiendo voz firme, ya que en realidad está asustado:

"¡Vayanse! No estén molestando".

Ante este grito, las pirujitas y el puto se sienten ofendidos y, el travesti grita:

"¡Jaime! ¡Jaime! ¡Nos están agrediendo!"

Al escuchar esto, a Alejandro se le baja la presión, por el temor y la anticipación de una confrontación. Un policía estatal, de esos gordos prietos enanos, con chaleco táctico negro, que Alejandro no había notado en las sombras, lo alcanza por detrás, macana en mano, ¿El padrote de este trio?:

"¡ORALE CABRÓN! ¡NO LES FALTES EL RESPETO A LAS DAMAS QUE SOLO ESTÁN HACIENDO SU TRABAJO!"

Alejandro ahora está totalmente lleno de pánico. El policía estatal le tira un golpe a la cabeza con su macana, que por fortuna Alejandro logra esquivar al agacharse, y luego una patada, al aire también.

Alejandro se aleja corriendo como si lo siguiera el diablo.

***


"No hay libertad si los individuos no tienen el derecho a decir no".

A Alejandro le impactó escuchar esto en un programa de radio.

***

Luego de aquel episodio en el que Alejandro fuera agredido por el padrote de unas prostitutas, y un puto, su papá hace un esfuerzo y le compra un auto usado, para que vaya y venga de la universidad, salga con sus amigos y, salga con su novia, cuando tenga una esto es.

Y debido a este último punto que su padre le mencionó, a Alejandro se le mete a la cabeza el conseguirse una novia.

En sus clases hay varias jóvenes muy agradables y simpáticas, sobre todo sencillas, pero él pone sus ojos en Elena. La más bonita, supuestamente, y popular, también lo mismo, de la universidad.

Las novedades en la escuela se conocen rápidamente, y Elena ya sabe que Alejandro ahora tiene un auto. Elena conoce a Alejandro desde la preparatoria; ella vive a unas cuantas cuadras de esa escuela y, Alejandro, se fijó en ella desde entonces. De hecho la llegó a acompañar varias veces a la salida de clases, hasta su casa.

Y ahora que él ya tiene auto pretende tomar de nuevo ese comportamiento tonto. Sí tonto, porque a ella jamás le interesó Alejandro y con sus acciones, Elena, así se lo demostró: jamás lo buscaba en ningún plan, ni siquiera para las tareas.

Pero lo que ella hoy sí tiene presente, es que Alejandro vive en la colonia frente a la suya y, que ella, ya está harta de viajar en microbuses.

***

Ese día en la universidad, Alejandro se encuentra sentado en una jardinera, tomando el sol, tienen tantas clases libres, debido a maestros faltistas, que ésto más bien parece un deportivo.

Elena al verlo, se aproxima a él.

”Alex, ¿cómo estás?", y ella procede a acomodarle el cuello de la camisa, y le resbala provocadoramente las manos sobre el pecho.

"Oye, ¿te acuerdas cuando me escoltabas a mi casa? Me pregunto si... No podrías pasar por mi en las mañanas, ¿sí?"

Alejandro, ante los trucos de ella, ha quedado totalmente apendejado y no ha podido contestarle nada.

"¿Alex? ¿¡Alex!?"

Elena tiene que insistir para sacarlo de su encanto. Al darse cuenta de que se está viendo como un reverendo pendejo, él trata de corregir, adoptando voz y pose de galán.

"¡Claro que sí Elena preciosa! ¿Qué te parece al cuarto para las siete?"

”Sí, ¡excelente!"

Ella se acerca lentamente a su mejilla y le planta un beso con sus labios húmedos, luego, permanece un instante sobre él, para dejarle sentir su calor, su perfume.

Alejandro está como si lo llevaran de los orificios de la nariz.

***

Día tras día Alejandro pasa por ella a su casa, diario tiene que esperarla, ella tarda en salir; en el trayecto a la universidad, no tiene oportunidad de platicar con ella, Elena se la pasa hablando por teléfono con sus múltiples amigos. Cuando llegan, él la baja justo en la puerta de acceso, él tiene que irse a estacionar y, ya no la vuelve a ver hasta el día siguiente. Por fortuna tienen horarios distintos y no tiene que llevarla de regreso.

Las invitaciones que él le hace para salir, ya sea a comer, al cine, al centro comercial, siempre son contestadas con un: "El fin de semana es para pasarlo con la familia".

***

Ese día antes de iniciar la primera clase, René se aproxima a Alejandro.

"¿Qué onda mi Alex, qué cuentas?" "Nada wey, aquí llegando a clase, como siempre".

Se saludan chocando las palmas y luego los nudillos. Y Alejandro continúa:

"¿Ya programaste el algoritmo de ordenación de números?" "Ya lo tengo, le pagué una lana a un cabrón de octavo semestre para que me pasara todos los trabajos del nuestro". René contesta y agrega:

"Oye, te quería comentar de la vieja que traes todos los días. Ya se que la conoces desde la prepa y siempre le has traído ganas, pero, y no me lo tomes a mal: solo te está usando de su chofer.

Mira Alex, me doy cuenta, ¿A poco no ya ni la vuelves ver el resto del día?"

"No pues, sí, sí es cierto René".

"Lamento decírtelo pero, no me parece bien que esta vieja se esté aprovechando de ti Alex. ¿Sabes? Anda de ofrecida con todos, menos contigo y, ahorita ella anda saliendo con un cabrón que trabaja en Banorte.

¿Por qué el wey éste no pasa por su vieja y la trae a la escuela? No, no. Este tipo de gente son lacras, van por la vida aprovechandose de los demás.

Mándala a la verga, mi buen Alex."

"Gracias René, creo que necesitaba que alguien me hiciera ver que los demás ya se dieron cuenta que, se están aprovechando de mi. Todo lo que me dijiste yo ya lo había razonado, pero me lo estaba negando con tal de vivir en la fantasía de, 'andar' con esta vieja".

En eso entra el profesor de esta clase.

"Bueno Alex ya a darle", se despide René.

***

Al día siguiente Alejandro ya no pasó por Elena a su casa, ni le avisó. Ella lo vio días después en la escuela:

"¿Qué pasó? Me hubieras avisado, ese día perdí la primera clase". "Ah, ¡hola Elena! Lo siento, es que ya no voy a poder seguir pasando por ti. Nos vemos, voy afuera a comprar una USB".

Alejandro se aleja rápidamente y, ni beso en el cachete de despedida le da.

El reflexiona el resto del día sobre la importancia de decir: No.