En la cafetería de la universidad suena la rockola, alguien seleccionó 'Radio Ga Ga' de Queen, al mismo tiempo que Alejandro llegaba.
Dentro, él puede ver, a sus amigos Memo, Fabián y René sentados en una mesa, muertos de risa por algo que están viendo en sus teléfonos y, en la barra ordenando él ve a Elena acompañada de un tipo con aspecto de 'mirrey', a Alejandro le vale...
Camina hasta sus amigos y, tomando una silla desocupada de otra mesa, se sienta con ellos.
"¿Qué hay?¿que hacen canijos?"
René ni puede hablar por las carcajadas que está soltando. Y Memo ya calmándose le contesta:
"Éste cabrón, René, nos está enseñando fotos de la vieja con la que salió este fin de semana".
"¡Mira!" Le dice Fabián pasándole su teléfono.
Alejandro puede ver en la imagen a una joven menuda, curvilínea y morena, abrazada de René y, el pinche René la tiene sujeta de las nalgas, están en un bosque, el Ajusco ¿tal vez? y en su rostro dibuja una sonrisa burlona y de victoria que le hizo a quien les tomó la foto.
"¡Ve esta foto wey!" Ahora René le dice y le pasa su teléfono. Es la misma joven, pero ahora en un antro, lleno de gente y de humo.
En la foto, la joven visiblemente tomada, está tratando de beber de ¿un micrófono? René repite lo que ya había contado, pero ahora lo narra para Alejandro.
"Yo estaba cantando en el karaoke, pero antes había puesto tan peda a esta vieja que, cuando le pasé el micrófono, ¡ella creyó era otra cerveza!"
Y una vez más sus tres amigos estallan en carcajadas.
"¡Cuéntale lo mejor wey!" Memo le pide a René.
"¡No otra vez! ¡Eso estuvo grueso!" Fabián interviene, y René aplacándolos, con gestos de las manos, se dirige a Alejandro:
"¡No mames! Les conté a estos cabrones que cuando ya la llevaba a esta vieja a su casa, ella vive en Echegaray, y ya íbamos a la altura de un vaso colector de aguas que ahí hay, ella me dice toda peda:"
"Quiiiero hacer pipii".
"Aguántate, ya estamos a minutos de tu casa; le contesté, pero ahora ella haciendo un berrinche me grita:"
"¡PÁRATE! ¡yaa no me aguantoo!"
"¡Ahí viene lo bueno!" Interviene Memo dirigiéndose a Alejandro. Y René continúa:
"Total que, como eran como las dos de la mañana que me orillo, me hubiera dado mucho asco que esa vieja se miara en mi coche; y ella se baja y ahí luego, luego, se baja el pantalón y los calzones, ni siquiera se fue lejos para que no la viera.
Yo volteé a otro lado por recato y que..."
René, Memo y Fabián estallan en carcajadas otra vez y, Alejandro, sin dirigirse a ninguno de ellos pregunta:
"¡Qué pasó!" René continúa:
"¡SE ECHÓ UN PEDOTE LA CABRONA!"
Estallan en carcajadas de nuevo y Alejandro, viéndolos, pregunta:
"¿Se cagó?" Y René le contesta, apenas pudiendo hablar, por la risa:
"¡No mames wey! ¡No me iba a bajar a ver, ¡Me vale madres! y ¡Que pinche asco!"
***
Ya más calmados y ahora comiendo unas sincronizadas que pidieron, acompañadas con su coca cola cada quien, Alejandro se muere de ganas por contarles lo que presenció el viernes en la tarde. Cosa que hace aprovechando los silencios obligados, mientras sus amigos mastican.
"Y ese cabrón, así nomás, los mató al par de muchachos. ¿Qué le pudieron haber dicho o hecho para que él los matara?"
Memo escucha todo esto muy pensativo, su mirada fija en su plato de sincronizadas sobre la mesa. Cuando Alejandro hace una larga pausa, indicativo de que él ya no tiene nada más que agregar. Memo les dice, con un tono de voz misterioso y solemne:
"Mi papá frecuentemente nos cuenta algo muy cabrón..."
"¿Sí? ¿Cómo qué?" Fabián le pregunta. Todos se quedan viendo a Memo, su curiosidad ya picada. Y Memo continúa:
"Mi papá cuando joven trabajó de auditor en la refinería de Salamanca y, debido a eso, hizo amistad con los choferes de las pipas que él revisaba. Una noche que estaba de guardia uno de los choferes se le acercó a hacerle plática.
Y así entre bromas y vaciladas sobre otros trabajadores de la refinería este chofer de repente se quedó callado y, le preguntó a mi papá que si le podía confiar algo personal que, le carcomía el corazón y el alma".
Ahora René le interrumpe:
"Y ¿qué cosa era wey? Nos tienes todos intrigados".
"Pues, cuando mi papá le contestó que sí confiara en él y que iba a ser discreto, el chofer le narró como una vez que iba sobre la carretera, fue rebasado por un volkswagen en el que iban dos mujeres jóvenes muy bonitas, blancas, cabello rubio, bien vestidas y que se veían económicamente holgadas.
Y que esto le provocó un coraje, una ira y rabia enceguecedoras porque, él jamás iba a poder aspirar a mujeres como ellas.
Este chofer le contó a mi papá que aceleró y las alcanzó en una curva excavada a través de una formación rocosa y que las impactó aventándolas contra la pared derecha. A continuación él se frenó y se echó en reversa para aplastarlas, digamos, tallarlas con la pipa contra las rocas, con movimientos de adelante hacia atrás.
Una vez que él satisfizo su arranque asesino se detuvo delante de lo que quedó del volkswagen y se bajó a verlas a las jóvenes.
La bestia esta le dijo a mi papá que quedó impresionado al verlas muertas, ensangrentadas. Dijo que jamás se le va a olvidar como, la joven que iba conduciendo tenía su brazo cercenado."
Memo termina con esta última observación su relato. Todos en la mesa están callados, debido a lo chocante que esta historia resultó. De seguro también les arruinó las ricas sincronizadas que acababan de comer.
Alejandro no duda, ni por un instante que esto en realidad sí sucedió. El ser humano es un animal cruel y despiadado.
Mostrando las entradas con la etiqueta policiaca. Mostrar todas las entradas
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domingo, 14 de febrero de 2016
Odiseo parte 7
domingo, 7 de febrero de 2016
Odiseo, parte 6
Alejandro tuvo que ir hasta la farmacia especializada, porque en la San Pablo no tenían unos cojines ortopédicos que su papá quiso ordenar telefónicamente, con entrega a domicilio.
En fin lo importante es que ya los compró y su mamá ya va a estar más cómoda en las noches.
El viene de regreso, manejando tranquilo, en el radio está escuchando música disco, transmitida por Radio Universal desde luego. Y en el espejo retrovisor nota que a la distancia, y pronta a alcanzarlo, se desarrolla una persecución.
A la bajada del puente que cruza el periférico, Alejandro tiene que detenerse en un semáforo; el tráfico de autos que ahora arrancan en dirección del periférico es muy pesado, cosa que obliga al Audi rojo que viene huyendo, a amarrarse para evitar chocar.
Este Audi rojo, tripulado por dos jovenes, muy angustiados, se detuvo adelante y a la derecha de Alejandro.
Inmediatamente, detrás del Audi, se detiene el auto que los persigue: un viejísimo, maltratado y sin placas, volkswagen Jetta. En la parte trasera, en vez de placa de tránsito, trae una placa de plástico de ¡cerveza corona!
De este vehículo desciende un hombre bajo de estatura, de complexión baja, ceño fruncido y el rostro empapado de sudor. ¿Sus ojos? Quién sabe, lleva unas oscuras gafas de sol. Este tipo camina rápidamente hacia el Audi de, los ahora, histéricos muchachos. Él lleva una pistola escuadra en su mano derecha...
El tipo se para frente al Audi y dispara dos veces, un tiro certero al pecho de cada joven. Regresa caminando de prisa a su viejo Jetta y arranca, perdiendose ágilmente en el tráfico que se dirige al periférico.
Alejandro está paralizado de miedo y por la impresión. Un grupo de peatones ya se arremolina entorno del Audi. Alejandro se adelanta y puede ver que el joven que iba conduciendo yace muerto, su cabeza recargada contra el cristal de su puerta, y el otro muchacho, igualmente muerto, descanca su cabeza sobre el hombro de ¿su amigo? ¿hermano?
Alejandro con las manos temblando y un frío, como puñalada en el pecho, arranca; ya estaba la luz verde desde hace tiempo.
Mientra conduce a casa reflexiona sobre que tipo de demonio humano se necesita ser para matar a dos jóvenes por un cerrón, unas burlas, o porque le tocaron el cláxon de cierta manera.
Le gustaría creer que todo se paga y que ese tipo va a tener su merecido. Pero él bien sabe que son solo deseos.
En fin lo importante es que ya los compró y su mamá ya va a estar más cómoda en las noches.
El viene de regreso, manejando tranquilo, en el radio está escuchando música disco, transmitida por Radio Universal desde luego. Y en el espejo retrovisor nota que a la distancia, y pronta a alcanzarlo, se desarrolla una persecución.
A la bajada del puente que cruza el periférico, Alejandro tiene que detenerse en un semáforo; el tráfico de autos que ahora arrancan en dirección del periférico es muy pesado, cosa que obliga al Audi rojo que viene huyendo, a amarrarse para evitar chocar.
Este Audi rojo, tripulado por dos jovenes, muy angustiados, se detuvo adelante y a la derecha de Alejandro.
Inmediatamente, detrás del Audi, se detiene el auto que los persigue: un viejísimo, maltratado y sin placas, volkswagen Jetta. En la parte trasera, en vez de placa de tránsito, trae una placa de plástico de ¡cerveza corona!
De este vehículo desciende un hombre bajo de estatura, de complexión baja, ceño fruncido y el rostro empapado de sudor. ¿Sus ojos? Quién sabe, lleva unas oscuras gafas de sol. Este tipo camina rápidamente hacia el Audi de, los ahora, histéricos muchachos. Él lleva una pistola escuadra en su mano derecha...
El tipo se para frente al Audi y dispara dos veces, un tiro certero al pecho de cada joven. Regresa caminando de prisa a su viejo Jetta y arranca, perdiendose ágilmente en el tráfico que se dirige al periférico.
Alejandro está paralizado de miedo y por la impresión. Un grupo de peatones ya se arremolina entorno del Audi. Alejandro se adelanta y puede ver que el joven que iba conduciendo yace muerto, su cabeza recargada contra el cristal de su puerta, y el otro muchacho, igualmente muerto, descanca su cabeza sobre el hombro de ¿su amigo? ¿hermano?
Alejandro con las manos temblando y un frío, como puñalada en el pecho, arranca; ya estaba la luz verde desde hace tiempo.
Mientra conduce a casa reflexiona sobre que tipo de demonio humano se necesita ser para matar a dos jóvenes por un cerrón, unas burlas, o porque le tocaron el cláxon de cierta manera.
Le gustaría creer que todo se paga y que ese tipo va a tener su merecido. Pero él bien sabe que son solo deseos.
lunes, 21 de diciembre de 2015
EL ABOGADO
En la cuadra, de esta colonia residencial, un joven abogado rentó una casa y puso su despacho. Cosa que molestó sumamente a Don Justo, porque ahora la calle se llena de los automóviles de los otros abogados y secretarias que ahí trabajan.
Y Don Justo ya ha tenido sus problemas con estos abogados, una vez corrió a uno que se estaba estacionando en su banqueta y se hicieron de palabras. Desde entonces, cada vez que Don Justo pasa frente al despacho de los abogados, les lanza su 'mirada asesina'.
Y más coraje le da de ver los bonitos automóviles que el joven abogado siempre trae; puros clásicos: Malibú, Mustang, Monte Carlo. Todos pristinamente restaurados.
Son un problema los vecinos ¡todos! Es lo que Don Justo piensa. Unos dejan los botes de basura, llenos, exhibiéndolos en la banqueta, otros no barren las hojas ni volantes y periódicos, mismos que el viento termina soplando hacia su casa.
Pero los peores vecinos, son los que sacan sus perros a cagar las banquetas de otras casas, ¡que cochinada! Y que desobligados estos vecinos con su valemadrismo que se cargan.
Cansado de esta situación, de las cacas de las mascotas, Don Justo camina hasta la caseta de vigilancia de la cerrada (al pasar frente al despacho del joven abogado lanza su 'mirada asesina').
Don Justo llega a la caseta de vigilancia, cuando se iba aproximando, nota la gran residencia que se encuentra en contra esquina, ésta ocupa casi media cuadra, es de tres plantas y tiene múltiples garages, se puede ver hacia adentro de ellos y se ven estacionados lujosos vehículos.
"¡Tomás!" (así se llama el vigilante)
"¿Dígame Don Justo?"
"¡Oye! ¡Que porquería! Ya estoy harto de estar recogiendo cagadas de mi banqueta... Te voy a pedir que cuando veas que entran, a la calle, gente con perros, como los muchachos esos que cobran y andan con un montón de perros paseando, que no los dejes entrar..."
"Uuy Don Justo, no se le puede decir nada a la gente, ¡se enojan!"
"Ponte firme, y no los dejes pasar".
"Pues... A ver qué se puede hacer Don Justo..."
Ante esta respuesta timorata del vigilante, Don Justo emite un gruñido de desaprobación y con sus brazos hace un ademán de arrojar, al inútil de Tomás el vigilante. Y se regresa caminando rápidamente a su casa. Hasta se le olvida lanzar su 'mirada asesina' al despacho del joven abogado.
***
Han transcurrido varios días, y Don Justo se encuentra podando un par de arbolitos que tiene en la banqueta. Es un martes en la tarde.
De la gran residencia, en contra esquina de la caseta de vigilancia, salen dos mujeres con cuatro perros pequeños, sujetos con correas, los perros, poodles, traen un gran escándalo, felices por haber sido sacados a pasear. Pero un importante detalle, las mujeres no llevan bolsas ni recogedores para las cacas de sus perros.
Y se dirigen hacia la caseta de vigilancia, con la intención de pasear en esta calle cerrada a sus mascotas. Cuando se aproximan a la caseta ellas van platicando de trivialidades:
"Entonces mamá, le dije a Rodrigo que si quiere seguir saliendo conmigo, se olvide de su mamá, que no me la mencione para nada". "Sí hija, haces bien, un hombre con mamitis es un inútil y retrasado mental..."
Tomás el vigilante, al verlas aproximarse, se dirige respetuosamente a ellas, bloqueándoles el paso.
"Perdón señoras, pero a los vecinos de la calle no les gusta que se paseen perros aquí, porque les arrancan el pasto de las banquetas y dejan sus dueños sus suciedades que no recogen".
Y debido a que un "gato" se atrevió a dirigirles la palabra, estas mujeres se ponen energúmenas.
"¡GATO IMBÉCIL! ¿QUIÉN CHINGADOS TE CREES?" La mamá le grita esto al pobre de Tomás y a continuación se acerca a él y le planta una senda chachetada:
¡PAAAAS!
Y la hija, ya histérica (malcogida) le marca a su papá, quien está en casa.
"¡PAPÁ! ¡EL IMBÉCIL DEL VIGILANTE DE LA CASETA DE ENFRENTE NOS ESTÁ FALTANDO AL RESPETO!"
No se alcanza a distinguir por los gritos histéricos de ambas, ni por el escándalo de los poodles, qué es lo que responde el papá.
Y debido al escándalo y al show Don Justo ya está a media calle presenciando todo esto a la distancia.
Nadie sabe que el papá es un jubilado que tuvo distintos cargos en la administración pública, saltando de secretaría en secretaría de gobierno; así es como hizo dinero.
Y "papá" sale hecho todo un energúmeno, de su hermosa casa, llevando ¡una pistola escuadra en sus manos!
Y al aproximarse al pobre de Tomás le grita:
"¡TE VOY A MATAR PINCHE INDIO, NACO, MIERDA!"
Papá se siente superior por su dinero y por su apariencia (es un hombre de unos setenta años, blanco, alto, calvo y sus lentes lo hacen verse "intelectual").
El pobre de Tomás sale corriendo, y porque siempre ha sido amable el joven abogado con él, va y toca la gran puerta de aluminio, desesperadamente con las palmas de sus manos.
"¡LICENCIADO! ¡LICENCIADO! ¡ME QUIEREN MATAR!"
Ser amenazado de muerte es un shock para él, al pobre le pagan una miseria por ser el vigilante de la cuadra, y su única arma, es el cuaderno donde anota a los visitantes a la cerrada.
Para todos los involucrados en este desagradable incidente Don Justo les resulta invisible, ahí inmóvil viendo todo, debido a la visión de túnel.
El joven abogado abre la puerta de su despacho y sorprendido le cuestiona a Tomás:
"Tomás, ¿PERO QUÉ TE SUCEDE?"
Entre sollozos Tomás solo alcanza a decir:
"Ese hombre me quiere matar..."
El joven abogado ahora ve a "papá" con su escuadra y al par de histéricas mujeres aún gritando y profiriendo insultos, y por si faltara, sus poodles haciendo escándalo también.
"Tomás, ¡córrele hasta el cuarto de azotea y no bajes hasta que yo te diga".
Tomás sale, ahora sí que una comparación ad hoc, disparado como bala hacia el interior del despacho.
"¡MOMENTO! ¿AQUÍ QUE PASA?" El joven abogado increpa a la salvaje familia.
"¡EL IMBÉCIL ESE LES FALTÓ EL RESPETO A MI MUJER Y A MI HIJA!"
Y ellas quién sabe que tanto ladran junto a sus perros. El joven abogado ni les presta atención y solo habla con "papá":
"Eso no lo puedo creer. Tomás es un hombre muy sencillo y respetuoso y claramente puedo ver que ustedes se están comportando de una manera clasista."
Y ahora le pregunta a "mamá", mientras con su mano izquierda hace un ademán para silenciar a "papá".
"Dígame señora, ¿el vigilante las miró o les dijo algo lascivo? ¿acaso las insultó?"
Y ellas otra vez se sueltan a hablar atropelladamente y él insiste:
"Tranquilas, ¿qué exactamente les hizo?"
Y la hijita (una solterona güera regordeta "bien paseada") contesta, al fin con un tono de voz civilizado:
"El señor pretendía el prohibirnos entrar con nuestros perros".
"¿Eso fue todo? Dejen de hacer un espectáculo y retírense. Y no me consta que sean ustedes responsables, pero ya estoy harto de que la banqueta esté llena de cagadas de perro".
"Papá", "Mamá" y la "hijita" hacen gestos de sorpresa ante todo lo anterior que el joven abogado les dijo, y más que nada a que él no les reconoció "su poder y superioridad social".
"Papá" con gestos y ademanes le dice a "Mamá":
"¡Vámonos amor! ¡Vámonos!"
Solo le faltó agregar, antes de retirarse los tres con sus perros: "No te juntes con esta chusma".
Es cuando todo termina que, el resto de los abogados que trabajan en el despacho, finalmente salen a ver que estaba sucediendo.
***
Don Justo quedó muy impresionado por la serenidad y confianza con las que el joven abogado manejó la situación y, eso le hizo sentir simpatía y respeto hacia él.
Ahora cada vez que Don Justo pasa frente al despacho, y si el joven abogado está en la banqueta, Don Justo lo saluda.
Pero la mala suerte de Tomás el vigilante no termina. Varios meses después, un par de jóvenes armados lo encañonaron y golpearon dentro de su caseta, para robarle los tres mil pesos que había recibido, de parte de los vecinos, por concepto de pago de cuota de vigilancia.
Relato por Carlos Santillan
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miércoles, 23 de septiembre de 2015
HASTA ELLOS NECESITAN DINERO (relato original por Carlos Santillán)
Eduardo y Mirage llevan juntos treinta años, muy felices treinta años, salvo por las siempre presentes dificultades económicas.
Frecuentemente, cuando los viernes en la tarde les gusta, abrazados en la cama, ver la televisión, mientras una brisa muy agradable entra a través de la puerta de la terraza abierta, a Eduardo le fascina preguntarle a Mirage:
"Cuéntame, ¿cómo nos conocimos?"
Y ambos se remontan a aquella tarde cuando un flaco y solitario Eduardo comía tristemente un pay de limón en una de esas cafeterías de cadena ya desaparecidas, y él levanta la vista para ver a esa persona que se había parado junto a su mesa, Eduardo pensando que era la meseta iba a solicitarle la cuenta, pero sus palabras se atoraron en su garganta al descubrir a una impactante y bien formada Mirage que lo observaba con ternura.
"Hola, ¿puedo sentarme?"
Y como si nunca lo hubieran platicado, por la enésima ocasión vuelven a revivir ese instante.
"Hola, ¿puedo sentarme? Eso me dijiste, ahí estabas, despampanante y muy sensual, con tus botas, pantalones negros y tu chamarra de cuero. Me dejaste literalmente sin aliento, como todos los días aún lo haces".
Y Eduardo rueda sobre ella, besándola y manoseandola, mientras ella le responde para quitárselo, en medio de risas, de encima al cabo de unos instantes.
"Dime, ¿por qué te fijaste en mi?"
Y Mirage le responde:
"Los animalitos tristes y abandonados siempre han sido mi flaqueza".
"¿Animal? ¿Me estás llamando animal? Pues, vas a ver que tipo de animal soy..."
Y como en todas las veces en que se enfrascan en este juego, terminan haciendo el amor.
***
Eduardo en verdad se siente muy afortunado de tenerla a ella; su carácter timido, su debilidad física y cuerpo famélico y sobre todo su cutis horriblemente marcado por el acné, hasta ese momento en que ella lo abordó en la cafetería, lo habían reprimido, todos esos defectos, de intentar cualquier contacto con las mujeres.
Y Mirage sigue espectacular, él a sus cincuenta y seis años ya pinta canas, su cuerpo está grueso y tiene la típica 'panza cervecera', pero Mirage, salvo por algunos cambios por el paso de los años, como unas arrugas junto a los ojos, cualquiera que no la conociera creería que ella tiene apenas cuarenta años.
Nunca tuvieron hijos, pero eso no le preocupa a Eduardo. Tiene sobrinos que van a perpetuar el linaje paterno y eso basta.
Tampoco se casaron, ambos, simplemente se aceptan e, inteligentemente saben que su amor no tiene por qué ser sancionado por el Estado. Además, Eduardo siempre ha sabido que Mirage no podría casarse legalmente. Cuando la conoció era más que obvio que ella era extranjera, su extraño acento, su uso equivocado de palabras y modismos anacrónicos, eso era evidencia suficiente de su origen.
En esas primeras semanas, tras conocerse, él jamás la agobió con preguntas sobre su procedencia, familia y trabajo. Ni tampoco lo hizo al pasar los años, y tampoco jamás Eduardo ha visto un documento o identificación de ella. Amor es respetar el silencio y las cosas que no se quieren revelar. Además como se dice: "Lo que no fue en tu año, no te hace daño".
Mirage es especial, Eduardo muchas veces ha pensado que tal vez ella es hija de atletas rusos, su elegancia y porte de amazona la hacen aparecer indistintamente, en la mente de él, como una gimnasta olímpica o como una agente de la KGB soviética. Y que su actual trabajo como maestra de kinder es solo una fachada para su misión secreta.
Y a lo largo de estos años, más de una vez Mirage lo ha dejado anonadado con las hazañas atléticas que es capaz de realizar. No solo el hecho de que religiosamente todos los días temprano sale a correr sino verdaderos logros, como cuando cada vez que se van a vacaciones a la playa, Mirage, se mete a nadar media hora de ida, hacia el mar abierto y luego, la media hora de regreso, y al volver, ella está entera, sin señas de agotamiento alguno. Y no bastandole eso, ella solo lo acompaña al elevador y luego sube o baja por las escaleras, hasta trece pisos, según donde les haya tocado la habitación esa vez.
Bueno, su stamina es ¡muy ventajosa en la cama!
***
Mirage termina sus clases en el kindergarten al mediodía, en lo que platica cosas con las mamás y atiende asuntos administrativos en la dirección, le dan la una de la tarde cuando finalmente llega a casa, a escasas tres cuadras de distancia del kinder.
El día de hoy, desde que dobla la esquina caminando, ve el viejo Renault de Eduardo estacionado afuera. Y esto es algo inusual. Cuando ella entra, lo encuentra hablando, discutiendo, por teléfono, Eduardo termina su llamada con un:
"¡GRACIAS POR NADA!"
Con el gesto iracundo se da la vuelta y descubre que Mirage lo observa desde el borde de la depresión y par de escalones que bajan hacia la sala. Automáticamente el rostro de Eduardo cambia a uno de amor y de pena también, al verse descubierto en un momento de ira.
El camina hacia ella, la toma de la cintura y le da un beso de saludo en los labios. Y con su voz rasposa y gutural le dice:
"Amor, por recorte de personal me líquidaron del trabajo". "No te preocupes amor, vamos a estar bien, y salir adelante de esta situación, como siempre lo hemos hecho". Mirage le contesta al mismo tiempo que lo abraza.
Ahora Eduardo hace un ruido, a modo de risa, y haciendo un gesto que llama la atención a su teléfono le dice:
"Lugo, al que le acabo de colgar, me dice que le haga como quiera, que solo me van a dar tres meses de liquidación".
Tres meses después, se han estabilizado en una nueva rutina de vida, Mirage en su trabajo como maestra de kinder y Eduardo, ahora percibe un mísero salario ayudando en una óptica.
***
Son pasadas las once de la mañana en el centro comercial, es increíble el número de personas que se puede encontrar siempre, a estas horas, entre semana. No todos viven trabajando de nueve a seis.
La gente va de compras a los almacenes de prestigio, a desayunar y hojear revistas en esa famosa farmacia-restaurante, muchos entran a las funciones matutinas en el multicinema, y otros asisten a los bancos.
Un hombre de unos sesenta años entra al banco y se forma, el guardia de seguridad lo mira por varios segundos debido a su rara combinación de vestir: zapatos tenis, este hombre tiene pies pequeños, pants deportivos, bastante ajustados y, encima una chamarra de nylon, de esas que detrás les cuelga una capucha. Sus gafas oscuras se las quitó al estar ya en la fila. Su cabello es corto y gris, su piel brilla, tal vez se puso crema en el rostro. En una mano lleva una cartera grande.
Este señor finalmente luego de varios minutos, pasa a una ventanilla a ser atendido.
"¡Muy buenos días caballero!, ¿en qué puedo atenderlo?"
La señorita cajera, por un instante se siente desubicada, luego de mirar los ojos de este hombre. Quien se dirige a ella:
"Hola, buenos días, deseo vender estos centenarios, son quince".
Y de la cartera sobre el mostrador, luego de abrir el cierre, saca los centenarios de oro y, los apila en tres columnas de cinco monedas cada una.
"¿Tiene cuenta de cheques con nosotros señor?" "No señorita, el centenario es moneda legal y, deseo cambiarlos por efectivo". "Está bien señor, el precio a la compra para el día de hoy es de $19,400.00. ¿Trae su IFE?"
El señor raro le entrega su identificación a la cajera, quien solo la revisa sin interés, ahora toma las columnas de centenarios y los revisa cuidadosamente uno por uno y, luego procede a meterlos en bolsas de plástico. Ella hace el total, cuenta el dinero a pagar.
”Señorita, por favor cuente el dinero bajo el mostrador y luego pasemelo casualmente".
El raro caballero toma los doscientos noventa y un mil pesos, y el recibo de la transacción de encima del mostrador, los mete en su cartera cerrando rápidamente el cierre de ésta.
"Gracias".
Le dice a la cajera y, caminando rápidamente sale del banco.
Cuando se ha alejado, la cajera siente una vibración que sacude su percepción y, luego observa que la identificación del IFE del señor este ha sido olvidada en el mostrador, ella la toma y ya en sus manos nota que se trata solo de una pieza de plástico en blanco.
"¿Qué diablos?"
Su instinto la obliga a revisar de inmediato los centenarios dentro de las bolsas de plástico. Perdiendo presión sanguínea con susto y coraje descubre que se trata de viejísimas monedas de nickel de cincuenta viejos pesos. Ella de inmediato suena su alarma de robo y gritando a sus compañeros les hace saber:
"¡ME HIPNOTIZARON PARA ROBARME!"
El guardia de seguridad, que sí observó que el extraño hombre fue atendido por esta cajera, de inmediato transmite por su radio la alerta y, la descripción del asaltante, al servicio de seguridad de la plaza comercial.
***
El hombre extrañamente vestido ahora camina de prisa a lo largo de la zona de boutiques y, la capucha de la chamarra se la echa encima para ocultarse la cabeza y el rostro, al caminar con la cara inclinada en dirección del piso. Cuando finalmente llega a la puerta de salida, cinco guardias de seguridad con sus armas desenfundadas, dirigidos por otro muy gritón, que está con el radio en la boca y que tiene mirada de perro rabioso, le grita:
"¡ALTO! ¡NO HAGA NINGÚN MOVIMIENTO!"
Este gritón se aproxima al sospechoso inmóvil, que sostiene una abultada cartera en su mano derecha, y agresivamente le descubre la cabeza y abre la chamarra! para ver si porta alguna arma; pero él y los otros guardias se quedan sorprendidos, antes de relajarse, al ver que se trata de una muy bella y esbelta mujer de unos cuarenta años.
El gritón, al observarla tan bella se olvida por completo de la cartera que ella sostiene y le dice, intimidado por su belleza:
”Le ofrezco disculpas, es que... un sospechoso vestido... vestido de manera similar a usted acaba de asaltar el banco Unión Crédito en esta plaza".
"Lo comprendo oficial, no se apure, y, gracias por protegernos".
Luego de la respuesta de Mirage, el guardia de seguridad da órdenes:
"¡Rivero! ¡Ramírez! ¡Cadena! ¡Quédense en la puerta! ¡Cano, venga conmigo!"
Y él y Cano se alejan trotando. Y el gritón habla por el radio:
"Negativo, negativo, se trataba de una fémina, ¿qué pasa cámara? ¿¡por qué me dio un blanco incorrecto?!"
Y él sigue pensando:
"Que mujer tan ¡hinoptizante!"
***
Eduardo llega de su trabajo en la óptica, que está en la zona comercial de la colonia, y se encuentra que Mirage lo recibe con una cena que ella preparó y que consiste en mariscos y Carbernet Sauvignon. Ella elegantemente vestida le entrega rosas que le compró a él.
"¡¿Y esto?!
Eduardo sorprendido y ahora con una gran sonrisa debido a ver todo tan tentador, sobre todo a Mirage.
"Amor, me dieron en la cooperativa del sindicato de maestros el préstamo que solicité. Y ni lo voy a sentir, me lo van a ir descontando de cada quincena".
Ella lo toma de la mano y lo encamina al comedor.
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