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miércoles, 21 de febrero de 2024

Ha fallecido el mejor biógrafo de Adolf Hitler, David Irving.

 

Sería el año 2002, le mandé e-mails a David Irving y, tuvimos charlas. Él me ofreció una copia autografiada de su gran obra: Hitler's War and The War Path. Descanse en Paz.



 
 
 
 
 
 
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jueves, 9 de junio de 2016

Odiseo, parte 24

"Estados Unidos domina al mundo por medio de su barata cultura y su horrible lengua".

Es lo que está diciendo este desconocido, para Alejandro, filósofo de izquierda en un programa 'cultural' en el canal del Estado de México.

Alejandro quisiera contestarle que gracias a que él se autoinstruyó en el Inglés, se le abrió un universo, de información y conocimientos, que difícilmente llegan traducidos al país.

"Destruye a la juventud con su música y celebraciones satánicas como el Jalogüín". (Así lo pronunció). "Y sus costumbres ajenas a las tradiciones mexicanas".

Alejandro piensa que si este tipo creerá que la Navidad la inventaron en Oaxaca.

En ese instante el tono de su celular suena, lo toma y lee que es René; le contesta.

"¿Qué onda wey?"
"Nada ca... ¿Oye, puedes ir a la universidad mañana a las nueve? La cita es en las sombrillas de la entrada".
"Sí, pero ¿para qué?"
"Vamos ir a la secretaría de educación pública, ¡para que se jodan a estos cabrones! ¿Cómo es posible que en octavo semestre sigamos con el problema de falta de profesores?"
"Pues sale wey, me parece bien; ahí voy a estar. ¿Supongo Memo y Fabián también van a ir?"
"¡Desde luego Alex!"
"OK, nos vemos".
"Nos vemos, ¡besos!"
"¡No mames pinche René!"

Y con sus carcajadas, René, corta la llamada".

***

No saben cómo ni cuándo, pero se les pegó Manuel, el cerebrito de la clase, mismo que es un nerd insoportable. Y van por el periférico, rumbo al sur, en la camioneta de Memo, una Honda gris muy bonita.

Memo mete un CD al reproductor y suena Stayin' Alive de los Bee Gees, y Manuel de inmediato tiene que salir con su comentario mamón:

"Ese grupo es nuevo ¿verdad?"

Según él, es muy gracioso, René solo le contesta: "Hey sí". Con un desgano que no puede ocultar.

"Ayer estaban pasando un programa sobre la vida de Cristo", Memo comenta, "muchas suposiciones y muy poca evidencia histórica existe sobre él".

"Los evangelios que hablan sobre su vida fueron escritos décadas después de la crucifixión y ningún historiador romano lo menciona", dice René.

"Los textos de un historiador romano sí hacen referencia suya, no recuerdo si se trata de Suetonio o Plinio El Viejo. Pero, se especula que estos textos fueron modificasdos, siglos después, por la iglesia, para corregir este hecho incómodo sobre la no mención histórica de Jesucristo", todo esto lo dijo Memo y luego agrega:

“Puede que la vida de Cristo en realidad sea una página en blanco”, y ahora tiene que quitársele de enfrente a una histérica que se le pegó y le viene echando luces.

"Se ha de venir cagando", comenta Fabián, quien viene sentado adelante en el asiento de pasajero.

Manuel baja el vidrio, sentado atrás del lado derecho y grita:
"¡Vieja cagada!"

¡Cielos! Es tan falso, y molesto, todo lo que hace este tipo para encajar socialmente. En verdad ¿quién lo invitó? Y en serio que cada vez que este tipo abre la boca chupa energía y corta el ambiente ameno y hace que se pierda la inspiración de lo que se estaba platicando.

"¿Qué onda Fabián? ¿Por qué siempre tan callado y tranquilo?" Es René, desde el asiento de atrás sacudiéndole el cabello. "¿Por qué no tienes novia? ¿No vayas a salir con que eres mayate?"

Se ríen todos, Fabián también. Y Alejandro se dirige a él:

"Que no te moleste Fabián. El pinche René, el otro día al teléfono me mandó besos".

Y ahora todos se carcajean y, Alejandro y René intercambian amistosas fintas de box.

***

Los cinco esperan en la antesala del despacho de un funcionario de la Secretaría de Educación Pública. Cuando llegaron al edificio con su pequeña protesta, a todo mundo le tuvieron que repetir su queja y el motivo de su presencia. Ellos demandaron hablar con el secretario mismo, pero una asistente los canalizó con este licenciado quien, basados en lo grande y elegante de su despacho, debe ser alguien importante.

Luego de esperar, relativamente muy poco tiempo, la secretaria del funcionario les indica que la sigan al interior del despacho. Es un amplio despacho, muy iluminado, con una gran ventana con persianas de aluminio, el escritorio del funcionario es grande, de madera obscura, con elaborados motivos artesanales, ocupado por la pantalla plana de la pc, tiene también una elegante cubierta personal de piel, sobre la que trabaja este ejecutivo. El escritorio transmite la sensación de mucho trabajo, pero sin el caos ni desorden de los escritorios del oficinista promedio.

En el despacho hay también una mesa circular y sus sillas hechas, al parecer, de la misma madera fina.

Cercanos a la entrada hay un sillón largo en piel y contrapuesto a este, un sillón individual. En medio de estos, una baja mesa con un elegante arreglo de flores.

Los recibe un hombre de cerca de cincuenta años de edad, blanco, cabello negro corto y algo rizado, sobre su nariz de bola dos intensos ojos negros.

El está de pie y les indica que se sienten en el sillón y él procede a ocupar el sillón individual. Como no caben, con mucha desfachatez, René se sienta en el brazo izquierdo del sillón. El funcionario se lo queda mirando fijamente como consecuencia. Para no antagonizarlo René decide mejor no sostenerle la mirada.

Después de explicarle al funcionario de la SEP que cada semestre es la misma situación, falta de profesores en varias materias y que en las materias donde sí tienen maestros solo les dan una embarrada de las asignaturas, el funcionario, luego de escucharlos atentamente, les dice:

"¿Discutieron todo esto, primero, con el director de su carrera? ¿con el rector de su universidad?"

"Bueno sí", es René, "muchas veces le hemos señalado esto a Francia, la directora de nuestra carrera y, el problema persiste..."

"Jóvenes, esto tenían que tratarlo con el rector, antes de recurrir a la SEP, ese tipo de asuntos no los resolvemos nosotros.

Me dan la impresión que, quieren crearle un escándalo a su alma mater, en un afán punitivo.

Pero se equivocan, hay cierta etiqueta, que ustedes como estudiantes, deben seguir y respetar, respecto a su universidad, y las autoridades de la misma. Así que, vayan a hablar con las autoridades de su escuela. Yo por principios, no puedo ni debo intervenir."

El funcionario se levanta de su sillón y les enseña la puerta. Cuando todos ellos salen, y con una sonrisa burlona, cierra la puerta de su despacho inmediatamente.

Manuel exclama:

”¡Charros! Nos mandó por un tubo".

martes, 19 de abril de 2016

Odiseo, parte 17

"Gracias señora, cuídese y que Dios la bendiga". "Hasta mañana don Alejandro".

El papá de Alejandro se despide así de la señora Lourdes, la enfermera que atiende, y cuida, todos los días, a su esposa enferma.

Luego de cerrar la puerta principal, una vez marchada la señora Lourdes, el señor Alejandro ve que su hijo, Alejandro, baja las escaleras desde la planta alta. Y se dirige a él.

"Alex, esta señora es un verdadero ángel. ¿Vieras con que cariño y esmero atiende a tu madre?

Y así como es tu madre de carácter fuerte, agresivo, a esta señora sí la estima. Todos los días le da su bendición a la señora Lourdes".

"Que bueno papá, que bueno..."

Y el señor Alejandro ahora continúa:

"Fíjate que esta señora Lourdes es muy inteligente, nos contó que siempre le ha gustado leer y escribir poesía".

"¿Sí? Interesante..."

"Sí Alex, y nos dijo que ella tuvo una tía, hermana de su mamá, que tenía facultades de percepción y contacto con maestros espirituales y, que esta señora le dijo que ella era la reencarnación de Sor Juan a Inés de la Cruz".

Cuando su padre menciona esto, Alejandro suelta una carcajada, y apenas pudiendo hablar le dice:

"¿También ella? Sor Juana Inés de la Cruz debe de ser en México, para los loquitos, el equivalente a Napoleón Bonaparte de los locos de otros países.

¡Ya ves que en las películas, en los manicomios nunca falta el loco que se cree Napoleón, con su gorro tricornio hecho de hojas de periódico!"

Y su papá contrariado por haber sido así interrumpido, le pregunta:

"¿Por qué? ¿Quién más dice ser Sor Juana?"

Alejandro le contesta.

"¿Ya se te olvidó que seguido nos contabas que tu hermana La Güera también, de chica, decía ser Sor Juana?"

"Ah, sí, ¡que buena memoria tienes Alex! Eso se los contaba a ti y tus hermanos cuando estaban chicos". Le contesta su papá, mismo que agrega:

"A tu tía le daban ataques epilépticos, y toda desorientada, luego decía que sus maestros espirituales le habían revelado que ella era Sor Juana.

Y es que sí tenía, ahora ya no, talento para la poesía y la música".

jueves, 24 de diciembre de 2015

SILENCIO



Fabián cierra la puerta encerrando a los perros dentro del minúsculo cuarto; siente que su corazón le pesa enormemente por haber hecho esto.

El par de perritos rascan, desesperadamente, con sus garras la puerta. Fabián siente culpa y se retira lentamente y acongojado. Abandona la sala contigua al cuarto donde los dejó.

Reflexiona que esto que acaba de hacer es triste, pero era necesario.

Apaga la luz de esta sala y se recarga en la pared fuera de ésta.

Fabián con el corazón partido escucha como los lamentos y, el rascado contra la puerta, de ambos perritos son cada vez más escasos, menos intermitentes. Él se queda afuera de esta sala hasta que se hace el silencio.

***

A la mañana siguiente, Fabián baja corriendo de su habitación, atraviesa velozmente la cocina y con gran anticipación abre la puerta del cuartito de lavado. Los dos perritos hacen un escándalo con sus ladridos, se le paran en las piernas para saludarlo. Fabián se agacha y abraza a ambos animales.

Ahora él abre la puerta corrediza que da al gran jardin. Ambos perros salen como bala, felices y ladrando.

Fabián tiene cerca de sesenta compañeros de clase, pero solo dos amigos de verdad.

Relato por Carlos Santillan

lunes, 21 de diciembre de 2015

EL ABOGADO



En la cuadra, de esta colonia residencial, un joven abogado rentó una casa y puso su despacho. Cosa que molestó sumamente a Don Justo, porque ahora la calle se llena de los automóviles de los otros abogados y secretarias que ahí trabajan.

Y Don Justo ya ha tenido sus problemas con estos abogados, una vez corrió a uno que se estaba estacionando en su banqueta y se hicieron de palabras. Desde entonces, cada vez que Don Justo pasa frente al despacho de los abogados, les lanza su 'mirada asesina'.

Y más coraje le da de ver los bonitos automóviles que el joven abogado siempre trae; puros clásicos: Malibú, Mustang, Monte Carlo. Todos pristinamente restaurados.

Son un problema los vecinos ¡todos! Es lo que Don Justo piensa. Unos dejan los botes de basura, llenos, exhibiéndolos en la banqueta, otros no barren las hojas ni volantes y periódicos, mismos que el viento termina soplando hacia su casa.

Pero los peores vecinos, son los que sacan sus perros a cagar las banquetas de otras casas, ¡que cochinada! Y que desobligados estos vecinos con su valemadrismo que se cargan.

Cansado de esta situación, de las cacas de las mascotas, Don Justo camina hasta la caseta de vigilancia de la cerrada (al pasar frente al despacho del joven abogado lanza su 'mirada asesina').

Don Justo llega a la caseta de vigilancia, cuando se iba aproximando, nota la gran residencia que se encuentra en contra esquina, ésta ocupa casi media cuadra, es de tres plantas y tiene múltiples garages, se puede ver hacia adentro de ellos y se ven estacionados lujosos vehículos.

"¡Tomás!" (así se llama el vigilante)
"¿Dígame Don Justo?"
"¡Oye! ¡Que porquería! Ya estoy harto de estar recogiendo cagadas de mi banqueta... Te voy a pedir que cuando veas que entran, a la calle, gente con perros, como los muchachos esos que cobran y andan con un montón de perros paseando, que no los dejes entrar..."
"Uuy Don Justo, no se le puede decir nada a la gente, ¡se enojan!"
"Ponte firme, y no los dejes pasar".
"Pues... A ver qué se puede hacer Don Justo..."

Ante esta respuesta timorata del vigilante, Don Justo emite un gruñido de desaprobación y con sus brazos hace un ademán de arrojar, al inútil de Tomás el vigilante. Y se regresa caminando rápidamente a su casa. Hasta se le olvida lanzar su 'mirada asesina' al despacho del joven abogado.

***

Han transcurrido varios días, y Don Justo se encuentra podando un par de arbolitos que tiene en la banqueta. Es un martes en la tarde.

De la gran residencia, en contra esquina de la caseta de vigilancia, salen dos mujeres con cuatro perros pequeños, sujetos con correas, los perros, poodles, traen un gran escándalo, felices por haber sido sacados a pasear. Pero un importante detalle, las mujeres no llevan bolsas ni recogedores para las cacas de sus perros.

Y se dirigen hacia la caseta de vigilancia, con la intención de pasear en esta calle cerrada a sus mascotas. Cuando se aproximan a la caseta ellas van platicando de trivialidades:

"Entonces mamá, le dije a Rodrigo que si quiere seguir saliendo conmigo, se olvide de su mamá, que no me la mencione para nada". "Sí hija, haces bien, un hombre con mamitis es un inútil y retrasado mental..."

Tomás el vigilante, al verlas aproximarse, se dirige respetuosamente a ellas, bloqueándoles el paso.

"Perdón señoras, pero a los vecinos de la calle no les gusta que se paseen perros aquí, porque les arrancan el pasto de las banquetas y dejan sus dueños sus suciedades que no recogen".

Y debido a que un "gato" se atrevió a dirigirles la palabra, estas mujeres se ponen energúmenas.

"¡GATO IMBÉCIL! ¿QUIÉN CHINGADOS TE CREES?" La mamá le grita esto al pobre de Tomás y a continuación se acerca a él y le planta una senda chachetada:

¡PAAAAS!

Y la hija, ya histérica (malcogida) le marca a su papá, quien está en casa.

"¡PAPÁ! ¡EL IMBÉCIL DEL VIGILANTE DE LA CASETA DE ENFRENTE NOS ESTÁ FALTANDO AL RESPETO!"

No se alcanza a distinguir por los gritos histéricos de ambas, ni por el escándalo de los poodles, qué es lo que responde el papá.

Y debido al escándalo y al show Don Justo ya está a media calle presenciando todo esto a la distancia.

Nadie sabe que el papá es un jubilado que tuvo distintos cargos en la administración pública, saltando de secretaría en secretaría de gobierno; así es como hizo dinero.

Y "papá" sale hecho todo un energúmeno, de su hermosa casa, llevando ¡una pistola escuadra en sus manos!

Y al aproximarse al pobre de Tomás le grita:

"¡TE VOY A MATAR PINCHE INDIO, NACO, MIERDA!"

Papá se siente superior por su dinero y por su apariencia (es un hombre de unos setenta años, blanco, alto, calvo y sus lentes lo hacen verse "intelectual").

El pobre de Tomás sale corriendo, y porque siempre ha sido amable el joven abogado con él, va y toca la gran puerta de aluminio, desesperadamente con las palmas de sus manos.

"¡LICENCIADO! ¡LICENCIADO! ¡ME QUIEREN MATAR!"

Ser amenazado de muerte es un shock para él, al pobre le pagan una miseria por ser el vigilante de la cuadra, y su única arma, es el cuaderno donde anota a los visitantes a la cerrada.

Para todos los involucrados en este desagradable incidente Don Justo les resulta invisible, ahí inmóvil viendo todo, debido a la visión de túnel.

El joven abogado abre la puerta de su despacho y sorprendido le cuestiona a Tomás:

"Tomás, ¿PERO QUÉ TE SUCEDE?"

Entre sollozos Tomás solo alcanza a decir:

"Ese hombre me quiere matar..."

El joven abogado ahora ve a "papá" con su escuadra y al par de histéricas mujeres aún gritando y profiriendo insultos, y por si faltara, sus poodles haciendo escándalo también.

"Tomás, ¡córrele hasta el cuarto de azotea y no bajes hasta que yo te diga".

Tomás sale, ahora sí que una comparación ad hoc, disparado como bala hacia el interior del despacho.

"¡MOMENTO! ¿AQUÍ QUE PASA?" El joven abogado increpa a la salvaje familia.

"¡EL IMBÉCIL ESE LES FALTÓ EL RESPETO A MI MUJER Y A MI HIJA!"

Y ellas quién sabe que tanto ladran junto a sus perros. El joven abogado ni les presta atención y solo habla con "papá":

"Eso no lo puedo creer. Tomás es un hombre muy sencillo y respetuoso y claramente puedo ver que ustedes se están comportando de una manera clasista."

Y ahora le pregunta a "mamá", mientras con su mano izquierda hace un ademán para silenciar a "papá".

"Dígame señora, ¿el vigilante las miró o les dijo algo lascivo? ¿acaso las insultó?"

Y ellas otra vez se sueltan a hablar atropelladamente y él insiste:

"Tranquilas, ¿qué exactamente les hizo?"

Y la hijita (una solterona güera regordeta "bien paseada") contesta, al fin con un tono de voz civilizado:

"El señor pretendía el prohibirnos entrar con nuestros perros".

"¿Eso fue todo? Dejen de hacer un espectáculo y retírense. Y no me consta que sean ustedes responsables, pero ya estoy harto de que la banqueta esté llena de cagadas de perro".

"Papá", "Mamá" y la "hijita" hacen gestos de sorpresa ante todo lo anterior que el joven abogado les dijo, y más que nada a que él no les reconoció "su poder y superioridad social".

"Papá" con gestos y ademanes le dice a "Mamá":

"¡Vámonos amor! ¡Vámonos!"

Solo le faltó agregar, antes de retirarse los tres con sus perros: "No te juntes con esta chusma".

Es cuando todo termina que, el resto de los abogados que trabajan en el despacho, finalmente salen a ver que estaba sucediendo.

***

Don Justo quedó muy impresionado por la serenidad y confianza con las que el joven abogado manejó la situación y, eso le hizo sentir simpatía y respeto hacia él.

Ahora cada vez que Don Justo pasa frente al despacho, y si el joven abogado está en la banqueta, Don Justo lo saluda.

Pero la mala suerte de Tomás el vigilante no termina. Varios meses después, un par de jóvenes armados lo encañonaron y golpearon dentro de su caseta, para robarle los tres mil pesos que había recibido, de parte de los vecinos, por concepto de pago de cuota de vigilancia.

Relato por Carlos Santillan

sábado, 31 de octubre de 2015

EL MARCIANO (relato original)



Doug Harrison se pone en cuclillas e introduce su mano derecha en la arena y, levanta un montón de esta, se incorpora y observa en su palma, protegida por el guante de su traje atmosférico, esta arena rojiza-ocre, mezclada con algunas piedrecillas, arena oxidada y golpeada por inclemente radiación ultravioleta a lo largo de miles de millones de años.

Ahora abre los dedos y la arena fluye entre ellos, él sacude su mano y sus movimientos junto con una leve brisa la esparcen de vuelta al suelo.

Es el atardecer de este Sol marciano, el cielo poco a poco se pinta de colores violeta y azules. La colonia permanente Musk City, en el cráter Gale, se encuentra a sus espaldas. Doug Harrison es uno de los 300 'marcianos' que lo dejaron todo para llevar a cabo el sueño de la colonización permanente del planeta rojo. Muchos le dijeron loco a Elon Musk cuando anunció su plan para esta colonia, plan auto financiado por cada uno de los 'marcianos'.

"La colonización de Marte va ser llevada a cabo por aquellos que tengan la disposición y que tengan el dinero también". Fueron las palabras de Elon Musk en esa conferencia de prensa que se llevó a cabo en el cuartel general de su empresa aeroespacial SpaceX, en Hawthorne California, ya hace casi diez años.

Nadie podía acusarlo entonces, ni mucho menos ahora que la colonia es una realidad, de estar llevando a cabo un fraude para desfalcar a cada uno de los multimillonarios 'marcianos' que se acercaron a él, debido al excelente récord de su compañía SpaceX.

En esa conferencia, donde Elon Musk anunció la colonia marciana, una reportera rubia de bellas piernas le preguntó el por qué gastar dinero en la exploración y colonización espacial habiendo tanta hambre en la Tierra.

Él le contestó que si la humanidad y la vida del planeta quieren sobrevivir, debemos de emigrar del planeta ya. Explicó que las tres cuartas partes del tiempo de la vida en la Tierra han transcurrido ya, en cien millones de años con la formación de un supercontinente la vida va a subsistir lastimosamente en un clima caliente y seco, en mil millones de años el Sol mismo se va a haber hinchado, creando condiciones infernales en el planeta.

También agregó que no podemos seguir confiando en la buena suerte, un asteroide no descubierto, cometas lanzados desde la nube de Oort, supervolcanes, algún accidente industrial, como organismos genéticamente modificados contaminando el ADN, todo esto, puede exterminarnos, y poco va a importar si todavía hay hambre, sed y pobreza.

Y es así que el magnate ferretero Doug Harrison, con tiendas en toda norteamérica, voluntariamente aportó quinientos millones de dólares de su fortuna para venirse a colonizar Marte junto a otros 299 multimillonaríos hombres y mujeres de alrededor del mundo.

Cuando el mundo supo que magnates iban a abandonar la Tierra se inventaron todo tipo de chistes respecto a que todo iba a ser paradisíaco sin estos millonarios ya presentes. Uno de los chistes era sobre estos millonarios explotando en el cielo justo al despegar.

Otro de los chistes era referente a que al poco tiempo se iban a matar entre ellos, debido al tener distintas religiones, esto al ser, magnates chinos, árabes, judíos, alemanes, japoneses, ateos, etc.

El establecimiento de la colonia permanente en Marte no hubiera sido posible sin los cohetes reutilizables, de despegue y aterrizaje vertical, diseñados por SpaceX, bajo la filosofía de Elon Musk respecto a que, para realizar un vuelo comercial entre dos ciudades, no se tiene que construir un nuevo avión cada vez.

Pero aún falta mucho por hacer, para que esta colonia sea viable, industrial y genéticamente, se necesitan de un millón de colonos.

***

Doug Harrison camina hacia el sol poniente y sube una elevación del terreno, el Sol se pone ya, blanco azulado y más pequeño de lo que estamos acostumbrados a verlo, sobre el horizonte, Doug vino preparado con binoculares, contra el cielo azul, él encuentra, el lucero vespertino que busca:

Una brillante estrella azul.

Él se lleva ahora, los binoculares contra el visor de su traje atmosférico, los enfoca y puede ver a la Tierra que se encuentra en fase, una mitad iluminada, la otra obscura. Y también puede ver a la Luna en fase, a la derecha, siempre compañera de la Tierra.

La imagen borrosa y temblorosa, cuando esta se estabiliza puede identificar al continente asiático, el Océano Indico, nubes. En el lado oscuro Doug puede visualizar múltiples puntos de luz, nodos de líneas iluminadas, las ciudades habitadas por millones de personas, de las cuales, una de ellas pudo llegar a ser amada por Doug.

Ahora él presta atención a las costas de la India, y se imagina el mar rugiendo y rompiendo contra las rocas y la brisa golpeando contra su rostro. Cosas que Doug nunca más va a volver a experimentar ni a sentir, salvo que lo vea por internet.

En la árida desolación marciana, alguien ignorante al ver una fotografía, pensaría que hace un calor inclemente como en un desierto norteamericano, pero, aquí encontramos temperaturas similares a las de la Antártida, y Marte es mucho más seco que ese lugar.

Sin su traje atmosférico, la sangre de Doug herviría en segundos, y su piel caería al piso como papel quemado, al mismo tiempo se sofocaría por la falta de oxígeno en esta atmósfera equivalente al uno por ciento de la, de la Tierra.

Doug se maravilla respecto a lo irónico de la situación, ahora que la humanidad se ha, por fin, convertido en una especie multiplanetaria, el hombre se ha convertido de nuevo en cavernícola.

Estos 'marcianos', al igual que sus ancestros hace decenas de miles de años, viven en cuevas. Cuevas subterráneas horadadas por máquinas automáticas y adaptadas con infinidad de artilugios tecnológicos que hacen posible la vida en la colonia.

Doug voltea su vista hacia la colonia, el lugar que es ahora su hogar, sobre la superficie hay varias construcciones: los domos geodésicos de los plantíos, los hangares de los cohetes, los cobertizos de vehículos y maquinaria, así como la estación de telecomunicaciones para contactar vehículos espaciales y a la Tierra.

Checa sus mensajes y su agenda en la interfase proyectada sobre el interior del visor de su traje atmosférico, en quince minutos tiene una clase de geología, aunque en Marte debería ser llamada 'areslogía', en fin, Doug está satisfecho consigo mismo y la vida que eligió, de industrial ferretero pasó a ser ahora un colono en Marte y geólogo buscando más rastros y evidencias de la antigua vida marciana. En una adecuada alegoría al futuro él camina de regreso a la colonia dándole la espalda a la Tierra.

Relato original por Carlos Santillán

miércoles, 23 de septiembre de 2015

HASTA ELLOS NECESITAN DINERO (relato original por Carlos Santillán)



Eduardo y Mirage llevan juntos treinta años, muy felices treinta años, salvo por las siempre presentes dificultades económicas.

Frecuentemente, cuando los viernes en la tarde les gusta, abrazados en la cama, ver la televisión, mientras una brisa muy agradable entra a través de la puerta de la terraza abierta, a Eduardo le fascina preguntarle a Mirage:

"Cuéntame, ¿cómo nos conocimos?"

Y ambos se remontan a aquella tarde cuando un flaco y solitario Eduardo comía tristemente un pay de limón en una de esas cafeterías de cadena ya desaparecidas, y él levanta la vista para ver a esa persona que se había parado junto a su mesa, Eduardo pensando que era la meseta iba a solicitarle la cuenta, pero sus palabras se atoraron en su garganta al descubrir a una impactante y bien formada Mirage que lo observaba con ternura.

"Hola, ¿puedo sentarme?"

Y como si nunca lo hubieran platicado, por la enésima ocasión vuelven a revivir ese instante.

"Hola, ¿puedo sentarme? Eso me dijiste, ahí estabas, despampanante y muy sensual, con tus botas, pantalones negros y tu chamarra de cuero. Me dejaste literalmente sin aliento, como todos los días aún lo haces".

Y Eduardo rueda sobre ella, besándola y manoseandola, mientras ella le responde para quitárselo, en medio de risas, de encima al cabo de unos instantes.

"Dime, ¿por qué te fijaste en mi?"

Y Mirage le responde:

"Los animalitos tristes y abandonados siempre han sido mi flaqueza".

"¿Animal? ¿Me estás llamando animal? Pues, vas a ver que tipo de animal soy..."

Y como en todas las veces en que se enfrascan en este juego, terminan haciendo el amor.

***

Eduardo en verdad se siente muy afortunado de tenerla a ella; su carácter timido, su debilidad física y cuerpo famélico y sobre todo su cutis horriblemente marcado por el acné, hasta ese momento en que ella lo abordó en la cafetería, lo habían reprimido, todos esos defectos, de intentar cualquier contacto con las mujeres.

Y Mirage sigue espectacular, él a sus cincuenta y seis años ya pinta canas, su cuerpo está grueso y tiene la típica 'panza cervecera', pero Mirage, salvo por algunos cambios por el paso de los años, como unas arrugas junto a los ojos, cualquiera que no la conociera creería que ella tiene apenas cuarenta años.

Nunca tuvieron hijos, pero eso no le preocupa a Eduardo. Tiene sobrinos que van a perpetuar el linaje paterno y eso basta.

Tampoco se casaron, ambos, simplemente se aceptan e, inteligentemente saben que su amor no tiene por qué ser sancionado por el Estado. Además, Eduardo siempre ha sabido que Mirage no podría casarse legalmente. Cuando la conoció era más que obvio que ella era extranjera, su extraño acento, su uso equivocado de palabras y modismos anacrónicos, eso era evidencia suficiente de su origen.

En esas primeras semanas, tras conocerse, él jamás la agobió con preguntas sobre su procedencia, familia y trabajo. Ni tampoco lo hizo al pasar los años, y tampoco jamás Eduardo ha visto un documento o identificación de ella. Amor es respetar el silencio y las cosas que no se quieren revelar. Además como se dice: "Lo que no fue en tu año, no te hace daño".

Mirage es especial, Eduardo muchas veces ha pensado que tal vez ella es hija de atletas rusos, su elegancia y porte de amazona la hacen aparecer indistintamente, en la mente de él, como una gimnasta olímpica o como una agente de la KGB soviética. Y que su actual trabajo como maestra de kinder es solo una fachada para su misión secreta.

Y a lo largo de estos años, más de una vez Mirage lo ha dejado anonadado con las hazañas atléticas que es capaz de realizar. No solo el hecho de que religiosamente todos los días temprano sale a correr sino verdaderos logros, como cuando cada vez que se van a vacaciones a la playa, Mirage, se mete a nadar media hora de ida, hacia el mar abierto y luego, la media hora de regreso, y al volver, ella está entera, sin señas de agotamiento alguno. Y no bastandole eso, ella solo lo acompaña al elevador y luego sube o baja por las escaleras, hasta trece pisos, según donde les haya tocado la habitación esa vez.

Bueno, su stamina es ¡muy ventajosa en la cama!

***

Mirage termina sus clases en el kindergarten al mediodía, en lo que platica cosas con las mamás y atiende asuntos administrativos en la dirección, le dan la una de la tarde cuando finalmente llega a casa, a escasas tres cuadras de distancia del kinder.

El día de hoy, desde que dobla la esquina caminando, ve el viejo Renault de Eduardo estacionado afuera. Y esto es algo inusual. Cuando ella entra, lo encuentra hablando, discutiendo, por teléfono, Eduardo termina su llamada con un:

"¡GRACIAS POR NADA!"

Con el gesto iracundo se da la vuelta y descubre que Mirage lo observa desde el borde de la depresión y par de escalones que bajan hacia la sala. Automáticamente el rostro de Eduardo cambia a uno de amor y de pena también, al verse descubierto en un momento de ira.

El camina hacia ella, la toma de la cintura y le da un beso de saludo en los labios. Y con su voz rasposa y gutural le dice:

"Amor, por recorte de personal me líquidaron del trabajo". "No te preocupes amor, vamos a estar bien, y salir adelante de esta situación, como siempre lo hemos hecho". Mirage le contesta al mismo tiempo que lo abraza.

Ahora Eduardo hace un ruido, a modo de risa, y haciendo un gesto que llama la atención a su teléfono le dice:

"Lugo, al que le acabo de colgar, me dice que le haga como quiera, que solo me van a dar tres meses de liquidación".

Tres meses después, se han estabilizado en una nueva rutina de vida, Mirage en su trabajo como maestra de kinder y Eduardo, ahora percibe un mísero salario ayudando en una óptica.

***

Son pasadas las once de la mañana en el centro comercial, es increíble el número de personas que se puede encontrar siempre, a estas horas, entre semana. No todos viven trabajando de nueve a seis.

La gente va de compras a los almacenes de prestigio, a desayunar y hojear revistas en esa famosa farmacia-restaurante, muchos entran a las funciones matutinas en el multicinema, y otros asisten a los bancos.

Un hombre de unos sesenta años entra al banco y se forma, el guardia de seguridad lo mira por varios segundos debido a su rara combinación de vestir: zapatos tenis, este hombre tiene pies pequeños, pants deportivos, bastante ajustados y, encima una chamarra de nylon, de esas que detrás les cuelga una capucha. Sus gafas oscuras se las quitó al estar ya en la fila. Su cabello es corto y gris, su piel brilla, tal vez se puso crema en el rostro. En una mano lleva una cartera grande.

Este señor finalmente luego de varios minutos, pasa a una ventanilla a ser atendido.

"¡Muy buenos días caballero!, ¿en qué puedo atenderlo?"

La señorita cajera, por un instante se siente desubicada, luego de mirar los ojos de este hombre. Quien se dirige a ella:

"Hola, buenos días, deseo vender estos centenarios, son quince".

Y de la cartera sobre el mostrador, luego de abrir el cierre, saca los centenarios de oro y, los apila en tres columnas de cinco monedas cada una.

"¿Tiene cuenta de cheques con nosotros señor?" "No señorita, el centenario es moneda legal y, deseo cambiarlos por efectivo". "Está bien señor, el precio a la compra para el día de hoy es de $19,400.00. ¿Trae su IFE?"

El señor raro le entrega su identificación a la cajera, quien solo la revisa sin interés, ahora toma las columnas de centenarios y los revisa cuidadosamente uno por uno y, luego procede a meterlos en bolsas de plástico. Ella hace el total, cuenta el dinero a pagar.

”Señorita, por favor cuente el dinero bajo el mostrador y luego pasemelo casualmente".

El raro caballero toma los doscientos noventa y un mil pesos, y el recibo de la transacción de encima del mostrador, los mete en su cartera cerrando rápidamente el cierre de ésta.

"Gracias".

Le dice a la cajera y, caminando rápidamente sale del banco.

Cuando se ha alejado, la cajera siente una vibración que sacude su percepción y, luego observa que la identificación del IFE del señor este ha sido olvidada en el mostrador, ella la toma y ya en sus manos nota que se trata solo de una pieza de plástico en blanco.

"¿Qué diablos?"

Su instinto la obliga a revisar de inmediato los centenarios dentro de las bolsas de plástico. Perdiendo presión sanguínea con susto y coraje descubre que se trata de viejísimas monedas de nickel de cincuenta viejos pesos. Ella de inmediato suena su alarma de robo y gritando a sus compañeros les hace saber:

"¡ME HIPNOTIZARON PARA ROBARME!"

El guardia de seguridad, que sí observó que el extraño hombre fue atendido por esta cajera, de inmediato transmite por su radio la alerta y, la descripción del asaltante, al servicio de seguridad de la plaza comercial.

***

El hombre extrañamente vestido ahora camina de prisa a lo largo de la zona de boutiques y, la capucha de la chamarra se la echa encima para ocultarse la cabeza y el rostro, al caminar con la cara inclinada en dirección del piso. Cuando finalmente llega a la puerta de salida, cinco guardias de seguridad con sus armas desenfundadas, dirigidos por otro muy gritón, que está con el radio en la boca y que tiene mirada de perro rabioso, le grita:

"¡ALTO! ¡NO HAGA NINGÚN MOVIMIENTO!"

Este gritón se aproxima al sospechoso inmóvil, que sostiene una abultada cartera en su mano derecha, y agresivamente le descubre la cabeza y abre la chamarra! para ver si porta alguna arma; pero él y los otros guardias se quedan sorprendidos, antes de relajarse, al ver que se trata de una muy bella y esbelta mujer de unos cuarenta años.

El gritón, al observarla tan bella se olvida por completo de la cartera que ella sostiene y le dice, intimidado por su belleza:

”Le ofrezco disculpas, es que... un sospechoso vestido... vestido de manera similar a usted acaba de asaltar el banco Unión Crédito en esta plaza".

"Lo comprendo oficial, no se apure, y, gracias por protegernos".

Luego de la respuesta de Mirage, el guardia de seguridad da órdenes:

"¡Rivero! ¡Ramírez! ¡Cadena! ¡Quédense en la puerta! ¡Cano, venga conmigo!"


Y él y Cano se alejan trotando. Y el gritón habla por el radio:

"Negativo, negativo, se trataba de una fémina, ¿qué pasa cámara? ¿¡por qué me dio un blanco incorrecto?!"

Y él sigue pensando:

"Que mujer tan ¡hinoptizante!"

***

Eduardo llega de su trabajo en la óptica, que está en la zona comercial de la colonia, y se encuentra que Mirage lo recibe con una cena que ella preparó y que consiste en mariscos y Carbernet Sauvignon. Ella elegantemente vestida le entrega rosas que le compró a él.

"¡¿Y esto?!

Eduardo sorprendido y ahora con una gran sonrisa debido a ver todo tan tentador, sobre todo a Mirage.

"Amor, me dieron en la cooperativa del sindicato de maestros el préstamo que solicité. Y ni lo voy a sentir, me lo van a ir descontando de cada quincena".

Ella lo toma de la mano y lo encamina al comedor.

lunes, 14 de septiembre de 2015

LONGITUD, ALTURA, PROFUNDIDAD, TIEMPO (relato original por Carlos Santillán)



Jaime, como muchos adolescentes a su edad, es un enajenado del internet. Y ha desarrollado la compulsión de corregir a todo aquel que interactúe con él, así como señalar en la sección de comentarios de los websites, que la información dada en la página está incorrecta.

Su personalidad altiva, su esnobismo, debido a que en efecto sí conoce mucho más que la gente promedio alrededor suyo, lo han convertido en un ser humano detestable y al que nadie quiere cerca interactuando y mucho menos como amigo.


A veces en su soledad, Jaime se sorprende pensando que le gustaría no haber leído tanto en su vida ni haberse vuelto aficionado a la lectura.

***

"Este artículo está mal, ¡hay que corregirlo!", Jaime golpea sus palmas a ambos lados del teclado. En el monitor, se lee desplegada la entrada referente a la biografía del coronel Otto Skorzeny, en una wiki sobre la vida de las grandes figuras militares de Historia.

En efecto, Jaime lee mucho pero, ¿solo por estar impresa alguna información en un libro la hace verdadera?

Jaime leyó en un libro de cincuenta pesos, comprado en una tienda perteneciente a famosa cadena de farmacias-restaurante, escrito por un hechizo historiador que solo copió información recogida en otros libros igual de cuestionables (memorias sanitizadas, testimonios de tercera mano) que el coronel Otto Skorzeny planeó una llamada Operación Salto Largo, con el objetivo de, en una operación de comandos de los valientes Waffen-SS adscritos a su Sonderverband z.v.V. Friedenthal, atentar contra la vida de los líderes aliados: Roosevelt, Churchill y Stalin, reunidos en Teherán el 28 de noviembre de 1943, y que, los servicios de inteligencia soviéticos, descubrieron y frustraron este complot.

Jaime modifica entonces esta entrada wiki sobre Otto Skorzeny, agregando la errónea información referente al supuesto raid en Teherán.

***

Desde los albores del inicio de la civilización, las personas que registran eventos, información, récords, resultados, lo hacen con bias, por cuestiones de lucro, engrandecimiento personal y/o nacional, para dañar la reputación de rivales y enemigos, así como para impulsar las más diversas agendas gubernamentales, religiosas o sociales. Muchas veces también, simplemente por flojos y descuidados es que muchas personas registran información errónea.

Estamos inmersos en un universo regido, ciegamente y sin conciencia, por patrones de orden y funcionamiento, que la mente puede discernir y representar como leyes físicas. Así como todos los sistemas tienden al desorden y todo objeto lanzado, sin la aceleración necesaria para ponerse en órbita, vuelve a caer al suelo, igualmente las acciones del hombre están sujetas a estas leyes.

Y la Historia erróneamente registrada eventualmente va a ser corregida, muy a pesar de agendas o legislaciones contra el 'negacionismo'.

***

Jaime alimenta su ego, y siente placer, al leer en línea todos los artículos que él 'corrige'.

Es viernes en la tarde, él ya ha terminado sus deberes escolares y, ahora procede a leer todos los artículos que ha 'corregido'. Con incredulidad y creciente enojo descubre que, artículo tras artículo, han sido todos revertidos a la versión previa, antes de su intervención. Cuando abre el artículo referente a Otto Skorzeny, y hallarlo, ahora sí verdaderamente corregido, Jaime estalla en ira, golpea con sus puños el teclado, lo arranca violentamente del escritorio, y con un golpe de éste, tira el monitor al piso.

martes, 18 de agosto de 2015

GHOUL - Relato original por Carlos Santillán

Hepi abre los ojos, la oscuridad en la gigantesca caverna es absoluta, y el frío insoportable para cualquier criatura ajena a este ambiente. Desde el exterior de la gruta solo llega un único punto de luz brillante, mismo que a esta distancia parece una estrella azul pálida.

Esa estrella azul es La Tierra.

Hepi gruñe y pela los dientes a los otros ghouls que accidentalmente se rozan con él. Tal vez sean un millardo los ghouls, que como Hepi, se arrastran y cuelgan del techo de la caverna.

Ahora, desde las profundidades de la caverna, se escucha un clamor y alboroto cada vez más intenso al contagiarse de excitación multitudes de ghouls, es un agitar y batir de alas, así como gritos, alaridos y gruñidos. La multitud expectante ya adivina que el señor de las tinieblas se aproxima.

Hepi olvida su mal genio causado por los roces y empujones de los otros ghouls, y ya transfigurado por la imagen en su mente de lo que presenciará en unos pocos segundo, con fervor y paroxismo se queda inmóvil mirando en dirección de donde procede el alboroto.

El clamor de los ghouls es generalizado y ensordecedor, como si fuera un general aclamado por sus tropas antes de dirigir al ejército a una batalla, así los ghouls vitorean a su amo, el señor de las tinieblas, mismo que ofrece una vista impresionante que corta el aliento. Cuando al fin Hepi puede visualizarlo, la histeria se apodera de él y lágrimas llenan sus ojos: un ser gigantesco, cuyas alas se baten lenta y majestuosamente, una gran cabeza al frente, sin cuello que la una al musculoso cuerpo, testa redonda, sin nariz ni orejas, con ojos que semejan ventanas hacia la lava de un volcán y una boca con inmensos y amenazantes dientes. Detrás de él una estela de fuego y chispas ardientes marcan el trayecto por el que ha volado.

Y ahora el señor de las tinieblas se aleja en dirección de la boca de la caverna y, hacia La Tierra en la distancia.

Cuando al fin emerge de la gruta, todos los ghouls estallan en júbilo y ahora, y hasta este momento únicamente, vuelan tras su amo.

Los vítores, el clamor y el aleteo generan una cacofanía ensordecedora.

Hepi se suelta del techo de la caverna, donde pasa sus periodos de inacción llevando una existencia volteado de cabeza. Se precipita hacia abajo y luego abre sus negras alas para planear, al fin, la actividad que tanta felicidad le causa; aletea para volar tras el rastro de fuego del señor de las tinieblas. Diestramente evita a la multitud de ghouls, que en todo su alrededor forman una masa prácticamente sólida.

Abajo, en el mundo de los hombres, se ha desatado una nueva guerra, por causa de la maldad e ineptitud del hombre, el señor de las tinieblas, como siempre, nada tuvo que ver con las acciones de los hombres, Dios les dio libre albedrío a estos.

Y el diablo solo cosecha lo que la humanidad siembra.

Y esta cosecha va a ser abundante; una guerra llevada a cabo haciendo uso de los modernos ingenios inventados por los hombres, va a multiplicar, hasta llegar a sumar millones, el número de víctimas causadas por el conflicto, directa e indirectamente: enfermedades, hambrunas, los estragos de la intemperie

El número de almas malvadas a recolectar ¡va a ser inmenso! Estas van a alimentar por miles de años a los ghouls, en una lenta y casi eterna agonía, en la que estas almas van a sufrir, cuando cada partícula de su cuerpo espiritual sea consumida, al servir de alimento.

Solo en casos muy excepcionales, cuando un alma humana ha demostrado poseer una maldad innata, absoluta y pura, ésta llama la atención del señor de las tinieblas y la incorpora, transmutada, al ejército de ghouls.

En su descenso a La Tierra, en las profundidades del espacio, Hepi visualiza en la distancia esa fuente de luz intensa, y que a entes como él los rechaza: el Cielo.

Hepi tiene que apartar su mirada rápidamente, se dice que ghouls han quedado ciegos al mirar el Cielo. Hepi se alegra de no ser una de las almas buenas, que por sus virtudes y acciones positivas han ascendido a ese lugar.

Él con disgusto se imagina que las almas en el cielo pasan la eternidad cegadas por esa luz imposible y que han perdido toda individualidad y juicio al estar alabando a Dios cantándole permanentemente la sílaba sagrada: 'OM'.

En cambio Hepi es feliz volando y bajando frecuentemente a La Tierra como en esta ocasión. Él vuela con un grupo que se ha separado de la multitud, y reconoce que la ciudad que en ese momento ha sido aniquilada por el poder del átomo de los hombres, es Tel Aviv, en Israel. Los ghouls extienden las garras de sus patas y proceden a recoger del éter a cientos de miles de almas malvadas que hasta entonces habitaron ese país.

Relato original por Carlos Santillán

lunes, 18 de mayo de 2015

Los Lobatos



En esta autobiografía "Los Lobatos" por el doctor Gerhard Hohmann Simon, él narra como, en su natal Alemania en los años 1940s, en un momento se hallaba en su mundo infantil de caballeros, dragones, princesas, casas del árbol y, repentinamente, se encontró arrastrado hacia la barbarie y la crudeza de la Segunda Guerra Mundial. Teniendo un rudo y violento tránsito hacia la vida adulta, cuando él y sus amigos de la escuela se vieron de repente enfundados en los uniformes de las Juventudes Hitlerianas y adoctrinados para defender a su "Patria".

Pero aún así estos eventos lo llevaron a descubrir, al final del conflicto, que todos los hombres, sin importar su uniforme, idioma ni color de piel, son hermanos.




Links de descarga digital gratuita:

Los Lobatos

Los Lobatos

miércoles, 15 de abril de 2015

Extracto de las memorias de Gerhard Hohmann: "Los Lobatos"

Desde el momento en que entraron esa gente nueva al pueblo, casi todo mundo sentimos que algo estaba fuera de lo normal. Supongo que, en realidad, nadie pudiera haber dicho a ciencia cierta qué era lo que nos hizo sentir o pensar que las cosas no estaban como debieran estar, que estaban fuera de lo acostumbrado, o cuál pudiera ser la razón para que tuviéramos un presentimiento muy desagradable, como un presagio aterrador.

Prácticamente lo único diferente acerca de esa gente era que solamente unos ocho o diez hombres llevaban uniforme, todos de soldados rasos, mientras los demás, alrededor de unas treinta personas, estaban vestidos de civiles. A pesar de esa apariencia exterior de ser no combatientes, todos estaban armados hasta los dientes con dagas, bayonetas, pistolas de diversos calibres, y cada uno llevaba colgada de hombro o cuello a una metralleta Schmeisser. Lo peor de su apariencia visible, sin embargo, era aquella expresión cínica y de un desprecio abismal, que jamás dejó sus rostros crueles y duros.

La gran mayoría de ellos hablaba alemán, y era como si fueran alemanes nativos, oriundos de los estados alemanes vecinos de Schwaben, Baden o Würtemberg, mientras nosotros nos encontrábamos en el estado de Bayern, o sea, de Bavaria. Hasta entre ellos mismos se comunicaban en alemán, empleando en el proceso a muchos modismos e idiosincracias del alemán típico, en vez de hablar inglés, como habría de suponerse. Otro aspecto curioso era que esos civiles siempre se mantuvieron algo separados de los hombres uniformados, y que con ellos sí hablaban inglés, nunca alemán.

El jefe de toda esa pandilla, cuyo nombre y rango jamás conocimos, todavía relativamente joven, quizás de unos veinticinco años de edad, era un hombrecillo de mediana estatura, y muy delgado, para no decir flaco. Tenía una cara que parecía haber sido esculpida por un Danté, pero con un hacha y de madera dura, jamás se movía, ni mostraba emoción. Siempre parecía llevar una máscara, lease expresión, cínica y miserable, como a punto de vomitar, o por lo menos escupir.

Con todo mundo, incluyendo en ello a sus propios hombres, se comunicaba solamente a base de gritos desafinados, como si estuviera sufriendo bajo un constante dolor incontenible, o como si continuamente estuviera regañando a la gente con quienes hablaba. Los Lobatos le tuvimos miedo desde el primer momento que lo vimos, o mejor dicho, no era miedo lo que sentimos ante él, sino pavor. A pesar de aquellas sensaciones desagradables, específicamente en el área del plexo solar, acordamos todos que, si ese jefazo insistía en buscarse problemas, particularmente en lo concerniente a nosotros, estuviéramos dispuestos a ayudarlos y con todo gusto podríamos asegurar que los hallara bien pronto.

Apenas dos días después de que tomamos esa determinación, o sea, cinco días después de la salida de nuestros amigos, y el arribo de esa pandilla, más o menos a las dos de la tarde del día dos de agosto, esos canallas entraron en todas las casas, abriendo las puertas a patadas, o a golpes de las culatas de sus armas. Toda persona encontrada, ancianos, mujeres, y niños, fueron llevados al mercado, en el centro del pueblo, a punto de bayoneta calada. Cuando por alguna razón alguien se caía, lo hacían levantarse por medio de puntapiés. Por supuesto todo mundo tuvo mucho miedo, o por lo menos se encontraba sumamente nervioso. Ese tipo de tratamiento llevaba presagios muy siniestros.

Cuando mi familia y yo llegamos al área del mercado ya se hallaba mucha gente ahí y el número aumentaba con cada minuto. Por ninguna parte pudimos ver a los soldados uniformados mientras nos amontonaron en un área relativamente pequeña, detrás de dos camiones. En la parte trasera de uno de esos vehículos vimos al jefazo, caminando y paseándose de un lado a otro como un tigre en una jaula. En una mano llevaba un delgado bastón con el cual de vez en cuando pegaba salvajemente a cualquier cosa que se le encontraba en frente.

Al fin uno de sus hombres se le acercó para reportarle que todo mundo ya estaba presente.

Con los movimientos de un muñeco de madera, y con una carota para espantarse, dió vuelta para mirarnos unos momentos con un gesto de disgusto total. Al fin comenzó a hablar de una manera que nos hizo pensar que estaba loco de remate. Nos dijo que éramos la hez más sucia bajo el sol y que ni siquiera se nos debería de considerar como pertenecientes a la humanidad, simplemente porque éramos alemanes, y por la sencilla razón que él sentía que nos lo merecíamos. Además, gritaba, se había propuesto limpiar la cara de la tierra de nuestros cadáveres viles y hediondos, cosa que había jurado ante todos los demonios, y así lo iba a hacer cuando se le diera la gana.

"¡Ustedes opusieron resistencia armada a la invasión pacífica del pueblo americano!" Se babeaba sobre la camisa al gritar. "¡Ustedes mataron y mutilaron a los pobres e indefensos jovenes soldados, la flor y nata de la población americana, que vinieron con los brazos abiertos para liberarlos y traerles paz! ¡Animales que son! ¡Bestias! Me lo van a pagar muy caro y con mucho interés. Los voy a hacer querer morir sin que puedan lograrlo. Me pagarán sus bestialidades como se merecen unos animales estúpidos y apestosos, tal y como lo son. Los voy a hacer sufrir como nadie ha sufrido en la historia de la humanidad. Aquí estableceremos un ejemplo claro y glorioso de lo que se debe hacer con la clase de bestias que son."

Nos maldecía y condenaba algún tiempo más.

Nos hizo pedazos hasta que comenzamos a pensar que todo aquello era únicamente una broma pesada. Al rato alguna gente empezó a reirse a carcajadas.

Dios mío, como se enfureció. A una señal suya sus hombres seleccionaron a toda la gente que se estaban riendo abiertamente. A jalones y empujones los alinearon frente a él, delante de nosotros. Eran quince, los seleccionados, trece viejitos y dos mujeres jovenes.

El jefazo se bajó del camión prácticamente escupiendo espuma de rabia. Faltaba poco para que se cayera de espaldas a causa de su salto y de su furia. Eso nuevamente provocó risas. Con los brincos de un demente se acercó a los seleccionados mientras desenfundaba su arma.

"¿Por qué?" su voz se quebraba en un chillido de furia desenfrenada. "¿Por qué? ¿Por qué se están riendo de mi? ¡Cerdos! ¡Viles y sucios cerdos! ¡Puercos alemanes! " "¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?"

Ese último ¿Por qué? Sonó como el chillido de un puerco dolido. Encogido como un animal salvaje, listo para atacar a su presa, se acercó a un señor que todavía estaba riéndose. Me di cuenta que era Herr Schmitz. El jefazo saltaba de una manera que parecía improbable, primero únicamente de lado a lado, pero al fin dió un brinco enorme hacia su adversario como si quisiera atacarlo físicamente, con la cabeza encogida entre los hombros como una auténtica bestia salvaje. Con la mueca de un loco se paró a unos seguros dos metros de distancia frente al anciano, para preguntarle a gritos:

"¿Por qué, cerdo, por qué te estás riendo de mi?"

En voz alta, y sin temor alguno, el anciano le contestó:

"Te estás comportando como un idiota, sin sentido o lógica, y eso frente a toda la gente. En vez de impresionarlos como debieras, solamente estás haciendo el ridículo. ¿No tienes vergüenza alguna? Además, con respecto a eso del cerdo, me pregunto quién de veras lo es."

Durante algunos momentos se me hizo como si el otro explotara en cualquier momento. Su cara, su cuello, todo se hinchaba y enrojecía en forma alarmante. La expresión de su cara era la de un niño idiota, con baba cayéndosele de la boca. Lentamente, como si pesara mucho, levantó el arma, le apuntó al valeroso viejito directamente entre los ojos, y cuando aquél ni siquiera se movió, le disparó en plena cara.

Antes de que el cadáver del valeroso anciano terminara de derrumbarse, su asesino había expirado también. Max, quien se encontraba un poco detrás y hacia un lado del señor Schmitz, emprendió carrera cuando aquella bestia levantó su arma, y con un salto enorme lo alcanzó con una patada en el cuello, demasiado tarde para poder evitar el asesinato, pero justamente a tiempo para que ese animal pudiera elevar la vista desde donde caía su víctima. Sus ojos malévolos se abrieron de terror al ver lo que venía hacia él, y entonces el pie de Max se le incrustó algo a un lado, y debajo del mentón. Su cabeza resultó sacudida hacia atrás como si fuera a desprenderse completamente del cuerpo. Cuando se desplomó tenía la cara torcida hacia atrás, casi hasta la espalda.

Desgraciadamente Max no logró sobrevivir a su acto justiciero por más de una fracción de segundo. Uno de los compinches, o guardaespaldas, del jefazo eliminado, levantó su rifle con la bayoneta calada en lo que probablemente era solo un reflejo defensivo. Con el ímpetu de su salto Max se lo clavó en pleno plexo solar, con la punta emergiéndole por la espalda.

En menos de un minuto más todo el área del mercado se había convertido en un verdadero infierno. Mucha gente, sin importarles que los integrantes de esa pandilla estuvieran armados y ellos no, los atacaron con puños, puntapies y a pedradas. Les quitaron las armas para usarlas entonces en contra de los demás. Aunque muchos murieron en el ataque inicial, sobraron los suficientes para que, con una furia incontenible y aterradora a la vez, los abrumaran, los abatieran, y los mataran literalmente despedazándolos o desmembrándolos.

En no más de cinco o seis minutos todo ya había terminado. Los gritos espeluznantes de odio y angustia, de terror y dolor, comenzaron a desvanecerse. El mercado parecía un enorme matadero, un terrible campo de batalla donde no se había pedido ni concedido cuartel o perdón.

domingo, 25 de enero de 2015

El Karma muerde de regreso (relato original por mi)

El Karma muerde de regreso.

Un despliegue de patrullas, y una ambulancia forense, atraen a un gran número de curiosos a las inmediaciones del comedor-paradero de traileros sobre la carretera a las afueras de San Luis Potosí. Es una noche fría, pero aún así la gente de las casas cercanas salió a ver que estaba sucediendo. Un reportero de nota roja toma otra imágen más al cuerpo del trailero que quedó sentado en su cabina.

“¡Aléjese, no esté inoportunando!” Un policía de caminos le gruñe en su cara al reportero quien le contesta: “Esto es de interés público y no estoy obstruyendo su labor. Estoy en mi derecho de registrar lo sucedido. Por cierto, no es necesario que le hagan la autopsia al pobre tipo, ¿ya se dieron cuenta?...” “Cuenta ¿de qué?,” le responde el malhumurado agente. “El trailero se murió de un susto,” contesta el reportero.


Un anciano con sarape y sombrero de paja, que había estado al pendiente del intercambio de palabras entre los dos hombres, se acerca por la espalda al reportero y en tono sombrío y provocandole un susto, que casi lo mata al igual que al trailero, pronuncia a sus espaldas:

“Es el tercer camionero muerto de susto en lo que va del año. ¿Se dio cuenta que cubrieron sus piernas con una manta?” “Sí me di cuenta, ¿qué importancia tiene eso?” Y el campesino le contesta: “Todos los camioneros han muerto mientras se masturbaban.”

Cuatro años antes. María Anaya una alegre y vivaz joven, alta, esbelta y blanca, y un hermoso cabello negro y largo, atiende las mesas en el paradero a la orilla de la carretera; es apenas su primer mes trabajando en el establecimiento; cuando ella comienza a trabajar es como si el sol entrara por la ventana.

“¡María! ¡Ya salió el pedido para la mesa cuatro!” Ella toma la charola del mostrador y se la lleva a una pareja que, con un bebé en su moisés, se disponen a desayunar, les entrega sus platos respectivamente y les desea buen provecho.

“Gracias señorita.” “Pueden llamarme María, y aquí estoy, para servirles. Si se les ofrece algo más... ¿De vacaciones?” “No, mi marido buscó trabajo en Ciudad Juárez para que yo pueda estar cerca de mi mamá, habíamos estado viviendo en la Ciudad de México..” “Así la abuela va a poder disfrutar de este ¡pequeño pillo!” Contesta el marido muy feliz apretando con cariño la naricita de su bebé. María puede ver que esta pareja irradia felicicad y amor. Y suspira porque ella aspira el lograr algo similar, hallar el amor, al hombre correcto y formar una familia junto a él.

“María, ¡María! ¿Qué te pasa? ¡te quedaste parada en medio de las mesas! Ya despabílate y deja de estar pensando en el novio.” Le dice entre regaño y entre tono de broma Don José, su jefe y dueño del paradero. Y para rematar, la llamada de atención, le truena los dedos.

Y así se le va el día de trabajo a María, hasta que concluye su turno a las cuatro de la tarde. Momento en el que ella se desaparece. A Don José, otra de las muchachas que también aquí trabajan, le acaba de pedir permiso de cambiar su turno el día de mañana, ya que desea llevar a su mamá a consulta con el doctor, y él accede.

“Ana, busca a María y dile que venga, le voy a pedir si puede cambiarte su turno para mañana.”

Pero la señora Lore, que atiende la caja registradora le menciona: “Ella ya se fue; y no me gusta nada, ya van tres días seguidos en los que María se sube a un tráiler rojo con una gran franja blanca a todo lo largo que yo jamás había visto, y cuyo chofer no entra al restaurante.”

Los temores de la señora Lore se vuelven realidad desafortunadamente; menos de una semana después tuvieron que atravesar por la tragedia de la desaparición y posterior llamada a identificar a la morgue el cuerpo de María. Ella no tenía más que a su anciana madre; la señora luego del funeral se mudó a Zacatecas con una de sus hermanas.

Don José fue a quien la policía se dirigió, debido al uniforme del paradero-restaurante que María llevaba puesto el día en que hallaron su cuerpo, para que identificara el cadáver. Él estuvo muy enfermo debido a un conato de ataque cardiaco, resultado de ver el estado del cuerpo de la pobre María. Su rostro había sido arrancado, y las compañeras de María sufrieron terriblemente al enterarse de ésto, y solo les quedó rogarle a Dios que ella no haya sido desollada en vida. Solo un monstruo pudo haber diseñado el abusarla sexualmente, estrangularla y desollarla. Esta noticia tan sangrienta se volvió nota nacional, y como todos los ejemplos de este tipo de violencia extrema, prontamente fue olvidada.

En el presente, en la carretera federal 57, de San Luis Potosí a Querétaro. Jaime Salmerón, trailero maneja cansado, ya el reloj marca las siete y cuarto de la noche, una falla en el tractocamión retrasó su salida. Viaja con la caja vacía, de regreso a la planta de bombas industriales. A la distanica él visualiza a una joven que camina a la orilla de la carretera.

Se empareja a ella y frena con ese chirrido característico de los frenos de aire.

“Hola, ¿necesitas ayuda? ¿Te llevo?”, la joven se detiene y voltea a verlo, Jaime se queda pasmado por que ella le resulta bastante atractiva y deseable...

La joven vuelve a emprender su marcha a lo largo de la carretera, sin decir nada, y Jaime siente el impulso de ir tras ella, se baja de su unidad, la alcanza a paso velóz y tomándola del codo izquierdo la hace detenerse.

“¡Oye!, ya es tarde, y es peligroso que camines así nomás, te pueden atropellar.”

Ella le dirige una mirada de venadita que a él casi le provoca saltarle encima ahí mismo.

“Me llamo Jaime, ven vamos de vuelta a mi tractocamión.”

Jaime se adelante trotando y abre la puerta del lado del pasajero, invitándola a subir. Una fiebre lujuriosa se apodera de él, mientras conduce y fijándose en el camino, de reojo mira hacia la joven, su pálida apariencia, su cabello negro largo, la forma de sus senos. Enciende la radio, música norteña está tocando, ésta apenas y se escucha, porque él la puso a muy bajo volúmen. En la radio CB se escuchan también conversaciones entre otros traileros.

De repente la joven pone una fría mano sobre su brazo y le dice: “desvíate a la derecha, en el camino de terracería que está saliendo de la próxima curva.”

Jaime ya bajo control de sus instintos solo ejecuta esa acción de manera mecánica. Ella le dice que se detenga. Y cuando él la voltea a ver, la joven se está desabotonando la blusa y dejando a descubierto sus senos. Jaime como un perro en celo le salta encima y procede a penetrarla con rudeza animal; como todo buen macho, tras apenas unos segundos termina. Ella lo mira fíjamente y se sonríe, Jaime se pierde en sus ojos y en una fracción de segundo ve una transformación en éstos; ahora él grita sujeto por el horror y el pánico, su pene está siendo mordido por la vagina de ella, puede incluso sentir dientes que le desgarran el miembro, un largo grito lastimero es lo que escuha mientras se desvanece, y antes de morir por el paro cardiaco que esta terrorífica experiencia le causa, puede ver que la joven se transforma en una presencia etérea que se levanta desapareciendo a través del techo de la cabina de su trailer.

Tiempo después. Una bella joven esbelta y, de cabello largo y negro, camina a la orilla de la carretera, unos cinco kilómetros luego de pasar un comedor-paradero para traileros. Un trailer rojo, con una gran franja blanca a todo lo largo, se empareja a ella, el chofer le abre la puerta del lado del pasajero y la invita a subir a bordo.

jueves, 22 de enero de 2015

Extracto de las memorias del Dr Gerhard Hohmann, "Los Lobatos"



Pocas veces sostuvimos conversaciones ya y nos comunicamos estilo telegrama, con pocas palabras, y únicamente hablábamos sobre los asuntos más importantes. Los días pasaron sin que los contáramos; todos se nos hicieron igual de tristes y pesados. Pocas veces ocurría algo lo suficientemente interesante para animarnos un poco en nuestra letargia general.

Una tarde memorable, por ejemplo, tuvimos la oportunidad de observar una pequeña batalla aérea. Ya hubo pocos aviones alemanes en el aire y como consecuencia nos levantó mucho el ánimo ver que la Patria todavía estaba dando pelea al enemigo y, según pudimos observar, con bastante efecto y determinación.

Algunos aviones caza del enemigo habían estado molestando mucho en el área. Día tras día venían mañana y tarde para atacar y tirarle a cualquier persona, o hasta animales domésticos que encontraban desprotegidos.

Aquella tarde entonces, justamente cuando cuatro de ellos hicieron pase tras pase contra un blanco, escondido de nuestra vista en el otro lado del río, un avión caza alemán, uno de los Messerschmitt 262, con propulsión a chorro, repentinamente nos sobrevoló a poca altura, no más de diez o doce metros. Vino desde el norte, sobre la altoplanicie, y adaptando su vuelo a la topografía bajó hacia el río para atacar a los americanos desde la derecha, subiendo hacia ellos prácticamente desde el nivel de aquella corriente pluvial.

En su ataque inicial logró explotar a una de las naves americanas en pleno vuelo, y dañar a otra más. Mientras el aparato dañado se alejaba hacia el horizonte occidental, dejando una nube de humo negro y feo por donde pasaba, los dos enemigos sobrevivientes trataron de perseguir a nuestro paisano.

Este, con su nave mucho más veloz que los aparatos de los americanos, había alcanzado una altura tremenda. Max nos explicó que había perdido el elemento de la sorpresa y que por esa razón probablemente buscaba la altura ya que los aparatos americanos, con propulsión de hélice y motores convencionales, no pudieron volar bien a gran altura. Momentos más tarde parecía que Max tenía razón con la apreciación respecto a la diferencia en capacidad entre los tipos de aviones porque allá arriba el alemán prácticamente jugaba con los dos americanos como un gato juega con ratones. Una y otra vez se lanzó en ataques falsos contra sus dos contrincantes desesperados. Unicamente de vez en cuando disparó sus cañones y ametralladoras.

Alguna gente en tierra, al parecer, quizo participar en los acontecimientos y se armó un espectáculo sumamente ruidoso, interesante, y a la vez peligroso. Los tiradores, que disparaban desde tierra, aún con armamento pesado no lograron siquiera acercar sus disparos a las tres naves allá arriba y finalmente, uno tras otro, dejaron de disparar.





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Como la famosa escena de la película de ficción: Final Countdown