domingo, 13 de mayo de 2018

viernes, 2 de febrero de 2018

Arrebatado, parte 25

César se quedó dormido profundamente, recordando ese evento de su infancia. La noche ha sorprendido al autobús en su largo viaje y, varias ventanas abiertas dejan entrar un muy incómodo frío, mismo que despierta a César.

Confundido, abre los ojos justo cuando una gran señal verde fluorescente indica la desviación al rancho Nanmadol. Él ha tomado gran cantidad de viajes en autobús y sabe lo incómodo de tener que llegar hasta la estación central, siendo que su destino real está justo a la orilla del camino.

Esto lo mueve a saltar de su asiento y caminar de prisa hasta el chofer.

“Oiga amigo.”
“Sí, ¿qué quiere?”
“Mire, voy al rancho Nanmadol y, la desviación la acabamos justamente de pasar.”
“La línea me prohibe bajar pasajeros en la ruta.”
“No sea malo, no traigo más que mi mochila de mano y, ahí le doy para que cene rico, además, con lo lento que vamos, ni va a tener que detener el autobús.”
“Mmm, bueno pero, dese prisa.”

César regresa de prisa a su lugar, baja su mochila del maletero y regresa al frente del camión, piensa una cifra misma que es la propina que le transfiere al chofer. César, cuando vivía en México, se acostumbró a bajar de los microbuses, estos jamás se detienen y uno tiene que saltar como paracaidista; a varios les falla el salto y se estrellan contra los anuncios en las paradas o, gente de edad, se caen lastimándose seriamente.

César salta del camión en marcha y, rodeado por la oscuridad, emprende a pie el camino hasta el rancho Nanmadol. Solo espera que no se vaya a encontrar con un vehículo que lo atropelle.

***

Magno Jagger está sentado en la sala de llegada de los pasajeros, en la ruta que tomó César, una cara de confianza y satisfaccón se dibuja en su rostro. Se imagina como va a despacharlo y piensa si, lo despacha de inmediato o, antes se divierte con él.

Pero al darse cuenta que todos los pasajeros han descendido, menos su presa, se enfurece.

“¿Dónde está ese imbécil? ¡Ah! ¡Me lleva la chingada!”

Magno Jagger patea una maceta, la pequeña palma en ella solo sacude levemente sus hojas a consecuencia del golpe. Si a Magno Jagger le dolió el pie por la patada, no lo manifiesta, ni tampoco se aleja cojeando.

***

César en su solitaria caminata ya se ha tropezado un par de veces, así está de oscuro. Unas luces detrás suyo lo hacen voltear. Se trata de un vehículo que se le acerca lentamente y luego se empareja a él. La ventanilla del pasajero se abre, no hay nadie en ese asiento, es el conductor que se estira y se dirige a él.

“Hola amigo, buenas noches. ¿Se dirige al rancho Nanmadol?”

“Sí, voy en búsqueda del laberinto de rocas.”
“Yo trabajo ahí amigo, sabe, es propiedad privada y está cerrado al público, no puede entrar.”
“Mmm, vengo de muy lejos con el propósito expreso de visitar el laberinto.”
“Seŕa mejor que regrese, simplemente no se le va a permitir la entrada. Y menos a esta hora.”

César se siente frustrado por el obstáculo que este hombre le pone en su meta por alcanzar el laberinto de rocas.

“¿Puedo siquiera pasar la noche en el rancho? Como puede ver ya es muy tarde...” “Amigo, hace años que el rancho dejó de estar abierto a turistas. La gente es muy idiota y hubo muchos muertos que no obedecían las indicaciones de seguridad básica, muchos cayeron de las rocas, otros simplemente se perdían.”

“¡OK! ¡OK! Está bien, entiendo. Procederé a regresa por donde vine.”

Y César da la media vuelta y emprende la marcha de regreso. El hombre en su vehículo no arranca hasta no cercionarse de que César se está yendo de regreso a la carretera.

***

Magno Jagger se halla en el parque público de Longwok, en su implante óptico consulta qué existe en el lugar, ¿por qué vendría aquí su presa César y para qué? ¿Acaso simplemente vino aquí a perderse a iniciar de nuevo? ¿Simplemente abandonó a su fiel y servil amiga?

Ahora se comunica a la agencia central:

“Lancen una alerta para la localización del fugitivo, en el distrito de Longwok, en el continente Norte. Rastreenlo en los circuitos cerrados.”

Luego de cerrar la comunicación, se da una palmada en la frente.

“¿Cómo no lo pensé antes? Voy a interrogar al chofer del autobús.”

Y se dirige trotando de regreso a la central camionera.

***

Luego de caminar de vuelta por el camino y, tras asegurarse que ya no era observado por el trabajador del rancho Nanmadol, César saltó a los matorrales y, agachado, procedió a avanzar de manera sigilosa a las inmediaciones del rancho. Al alcanzar un claro decide quedarse aquí a pasar la noche. Se sienta recargado contra un gran árbol y se abraza para protegerse del frío. Ya no falta mucho para el amanecer.

Y sin darse cuenta, se queda profundamente dormido.

***

Magno Jagger se valió de sus credenciales, como agente de la administración espacial, para aterrorizar al gerente de la línea de transporte, en la estación de Longwok, y con su pura presencia física en la sala, hizo que éste mandara a traer al chofer y que le pusiera una gran reprimenda por haber dejado bajar a un pasajero en pleno trayecto.

Pero al fin Magno Jagger averiguó la ubicación de César.

“Nanmadol, el rancho Nanmadol, pero ¿qué o cuál puede ser el interés del criminal éste hacia este rancho en medio de la nada?”

Magno Jagger de inmediato realiza una consulta a la red para encontrar todo lo referente a esta finca, ¿punto de reunión de los rebeldes? Su consulta a Inteligencia Galáctica no lo identifica al rancho como punto de reunión de insurgentes. Luego hace una simple búsqueda y encuentra que era un viejo atractivo turístico hace muchos años.

Tras no encontrar nada significativo sobre el rancho, él programa la ruta para llegar hasta el lugar y parte hacia el mismo.

***

Muy temprano, apenas amanece, César se despierta, hay una espesa niebla y el frío cala hasta los huesos. César se queda, en parte asustado, piensa que está haciendo tanto frío que él pudo muy bien haber muerto congelado. ¿Desayunar? Salvo los dulces y panecillos que compró en el restaurante de camioneros, cuando emprendió este viaje, no tiene nada sustantivo para comer.

Come esto y luego de aliviarse y asearse con una botella de agua que llevaba para este propósito, inicia el caminio en busca del laberinto.

***

El pequeño drone autónomo de Magno Jagger le manda una fotografía que tomó de un excursionista en la zona del rancho Nanmadol. Apenas verla Magno Jagger identifica a su presa.

“¡Es él!”

***

César ha llegado al laberinto; es impresionante. A esta hora de la mañana se encuentra envuelto por la niebla. Él camina alrededor del mismo, y una sensación de asombro y misticismo lo invade; este sitio tiene un magnetismo, una fuerza que lo atrae a uno hacia el interior.

Culturas de la antigüedad manifestaron su religiosidad mediante construcciones megalíticas en forma de circulos y columnas. Es increíble que unas simples piedras puedan convertirse en un símbolo de espiritualidad tan poderoso.

Pero hoy, sí lo abruma ese sentimiento a César, algo le dice que Nanmadol le va a permitir volver a casa.

César trepa a una de las grandes rocas y, pronto comienza a saltar de una a otra. Se da cuenta que estas grandes moles debieron de haber sido arrastradas hace milenios por un glaciar. Observa que musgos y helechos viven al pie de las piedras. Su emoción da paso a la simple observación turística.

Ahora piensa que fue un tonto en poner sus esperanzas de volver a casa en una simple historia y supersticiones.

“¡CESAR LACROIX!”

Al escuchar su nombre así gritado César voltea para encontrarse con que el agente espacial Magno Jagger le está apuntando con un arma de fuego, a tan solo una roca de distancia. Él se perdió en sus reflexiones y no escuchó cuando éste se trepó a la piedra.

César siente que este fanatizado agente lo va a matar ahí mismo y sin siquiera darle tiempo de explicarse.

Levanta sus manos en un gesto fútil.

“¡Hey! ¡Espera!”

Un par de disparos rasgan la tranquilidad de esta hermosa mañana.

César se desploma hasta el suelo.

***

La gente alrededor de César está alarmada por verlo inconsciente. Recibió un golpe muy fuerte de parte del ciclista. El gran hombre, que está hincado sobre él, le da palmaditas en la mejilla derecha.

“Señor, señor, ¿se encuentra bien?”

En la planta baja del edificio “C” del corporativo de Pemex se localiza una clínica de atención y, personal médico, alertado por la seguridad de la paraestatal, sale corriendo en auxilio de César. Él es llevado con una gran contusión en la cabeza.

César recobra el conocimiento cuando una enfermera grandota le está revisando el golpe en la cabeza.

“Hola. Me llamo Lumila.”

domingo, 10 de diciembre de 2017

Arrebatado, parte 24

Magno Jagger observa la vieja casa de campo, escondido entre la maleza a la orilla del camino. Ha soltado un diminuto drone autónomo que recorre toda la propiedad. La gente si lo ve, pensará que se trata de un escarabajo.

Magno Jagger recibe la imagen directamente a su implante óptico. En la parte posterior de la casa, una gran mujer se encuentra tendiendo ropa recién lavada.

Él, expectante, ya puede adivinar de quién se trata.

“¡Vamos! ¡voltea!”

La gran mujer se agacha a recoger más ropa del canasto y su rostro es revelado a las cámaras del drone.

“¡Ajá! La machorra Lumila Tusiva

¡Ya los tengo!”

***

César lee la carta de despedida que le acaba de escribir a Lumila:

“Lumila, querida amiga.

Te estoy muy agradecido por todo lo que hiciste por mi y por haberme cuidado. Fuiste como una madre amorosa que me cuidó en un momento de suma necesidad para mi.

Lamento mucho que tu ayuda te haya significado el perder tu vida anterior. De no haber sido por ese mensaje que Sisco recibió por error, nuestras vidas hubieran tomado otro camino. Pero, algún poder quiso que supiéramos de la depredación que la admistración espacial realiza del mundo.

En la señora Isort hemos hallado una buena amiga. Ambas se harán compañía, ella está muy sola, igual que tú.

Me tengo que marchar; yo no pertenezco a este mundo.

El relato que el otro día la señora Isort nos contó me mueve a ir en busca de ese misterioso laberinto de piedras en Longwok.

Creo que si encuentro el portal por el que esas jovenes mujeres cayeron, yo podré regresar a casa.

Cuídate. Con aprecio:
César.”

Es muy temprano en la mañana, César deja la carta, en la mesa de la cocina, doblada pot la mitad y solo escribe sobre ella: “Lumila”.

Él sale por la puerta de servicio, llevando una mochila al hombro, con sus pertenencias. Se dirige hacia el restaurante para camioneros. El mismo que muchos meses atrás Lumila y éĺ atravesaron cuando abandonaron el autobús en el que venían huyendo.

***

Un drone ha estado siguiendo a César desde que abandonó la propiedad de la señora Isort. Magno Jagger recibe su transmisión en tiempo real.

“¡Veamos a dónde te diriges terrorista!”

Magno Jagger, por fortuna para la señora Isort, y Lumila, ha decidido centrarse en César por el momento. La grandota Lumila le parece una gran bruta. Inofensiva, como una abeja obrera, haciendo trabajo repetitivo sin cuestionar las ordenes recibidas.

Una vez que haya eliminado a César regresará a ejecutar a las mujeres. Por si acaso le comentaron a la anciana sobre la explotación desmedida del planeta.

***

Hace tiempo que César no se paraba por el restaurante de camioneros. La última vez que vino fue para comprarse una cena para llevar. Él tiene esa amable relación que se desarrolla con desconocidos que uno ve ocasionalmente, como, el personal de un restaurante precisamente.

“Hola Matilda”.
“¡Hola César! Que le trae tan temprano por aquí.”
“Pues para empezar, sirvame un desayuno campesino y, mientras espero, présteme la carta de rutas de autobús.”
“Puede accesarla directamente de su implante”.

“No, no. No hay como el comer y estar leyendo algo junto al plato. Por favor.”

Magno Jagger lo observa desde su camioneta todo terreno con vidrios polarizados. Su vehículo está prácticamente oculto por los camiones de carga que se encuentran estacionados en el lote frente al restaurante. Ni quién sospeche de éste.

***

Dos horas después, César ya se encuentra a bordo del autobús que lo lleva a la ciudad de Longwok, una vez ahí, César de desplazará hasta el laberinto de rocas en el rancho Nanmadol.

Magno Jagger rebasa el autobús con su potente camioneta, al cerrarsele peligrosamente, Magno con el claxon lanza una ofensa.

No es necesario que él siga al transporte. Todo fue tan sencillo como accesar al sistema del restaurante y leer el registro de la compra de pasaje hacia Longwok, hecha por César.

Magno Jagger lo estará esperando cuando el autobús finalmente llegue.

“¡Por los cielos! El pobre infeliz se va a aventar un viaje de catorce horas en un trayecto que se hace en hora y media en automóvil.”

***

César mira por la ventana, nota a la camioneta que los rebasó y que tocó el claxon ofensivamente, pero no le da mayor importancia al asunto. Le parece bello el paisaje, seco, árido y desolado sí, pero le recuerda mucho a México. Y en esta asociación de ideas viene a su mente un capítulo de su infancia.

Recień se había cambiado su familia a una casa dúplex en Los Pastores, Naucálpan y, él se la pasaba encerrado en su cuarto, pero como vivía en la planta baja tenía la ventaja de que podía jugar en el patio trasero, donde asustaba a las pobres lagartijas y, una de ellas que terminó cayendo a la coladera le hizo sentir culpa y remordimiento.

Un día escuchó la voz de una niña que gritaba:

“¡Papá! ¿Dónde estás?”
“Afuera”
“Afuera ¿dónde?”
“En el coche.”
“¡Ya métete!”

Él identificó la voz como procedente de la casa en la acera de enfrente.

Días después la volvió a escuchar. La niña traía un escándalo y el portón de su casa lo golpeaba, desde adentro con una pelota y, ella se reía y gritaba.

Otro día, desde la ventana de la sala de su casa, César vió al papá de la niña que estaba en la azotea, pintando el tanque del gas estacionario y, escuchó a la niña que le gritaba.

“¡Papá! Mamá quiere que ya te bajes.”

Estas y otras ocasiones en las que César escuchó la alegre voz de la niña, formaron una imagen idealizada en su mente. Él se la imaginó morena, cabello negro y largo, delgada, muy inteligente.

Y, naturalmente, César quiso conocerla. Estuvo varias tardes pendiente, se salía a la banqueta de su casa y, sólo se sentaba en su bicicleta, esperando que ella saliera, pero sin suerte. O si no, cuando llegaba la familia de ella, él trataba de verla bajarse del automóvil. Pero tampoco así tuvo suerte.

Un día su mamá le dijo:

“César, te vamos a hacer una fiesta de cumpleaños aquí en la casa. Tu papá va a comprar un pastel muy grande de chocolate con bombones y mermelada de frambuesa. Invita a tus compañeros de la escuela y amigos que quieras.”

El pequeño César se paralizó ante la oportunidad que esta fiesta le presentaba: invitar a su desconocida vecina.

Y así fue que el se armó de valor y cruzó la calle, con cuidado y, tocó el timbre de la casa, lo tuvo que volver a hacer un par de veces hasta que finalmente se abrió la puerta de entrada personal, ya que el gran portón, completo, también se abría para poder meter un auto al garage.

Salió el abuelo de la casa, un señor que él sabía había sido maestro, a pesar de su fobia natural a los maestros César con toda amabilidad le explicó al señor el motivo de su visita.

“Hola señor, soy César, vivo en la casa de enfrente.”
“¡Ah! sí. Claro que te conozco pequeño. Yo soy amigo de tu papá. Dime ¿qué se te ofrece?”
“Mmm, va a ser mi fiesta de cumpleaños, este viernes en la tarde me la van a hacer mis papás y, deseo invitar a su nieta a que venga.”

En eso desde adentro de la casa del maestro se escucha un grito alegre que le es muy familiar. César se emociona pero, quien sale al frente a acompañar a su abuelo y a averiguar, también, que está haciendo, es un niño, más chico de edad que César. El profesor sonriente le revuelve el cabello a su nieto y lo acerca a él, antes de dirigirse a César:

“Lamento que te contaran mal, yo no tengo nieta alguna, solo a él, Miguel. ¿Por qué no lo invitas?”

El pequeño César baja su mirada, fingiendo voltear a ver al niño más bajo que él, pero en realidad ocultando el dolor que se dibuja en su rostro.

“Sí, desde luego. Miguel, te espero el viernes a partir de las cinco de la tarde en mi casa.”

Ya de regreso en su casa, César se sienta en los escalones que bajan al patio trasero. Él está sumamente triste, ¿cómo es posible que la niña que imaginó, que idealizó en su mente no exista? Siente una opresión en su pecho, se siente mal porque ella, el ente que únicamente vivió en su mente, para todo hecho práctico, ha muerto.

Su rostro, sus facciones, cabello, su color de piel, su personalidad, su risa ¡todo era real! Al menos en su mente. ¡Ella existió por un breve instante! Pero ya no más.

Una lágrima se escurre por su mejilla y el llora sobre sus brazos y rodillas.