jueves, 1 de diciembre de 2016

Arrebatado, parte 9

Lumila, como jefa de trituradoras, simplemente notificó al área de recursos humanos que había contratado a un técnico en sistemas para que fuera el enlace entre trituración y embarque.

Dani Zel es la gerente del área de sistemas de la planta y, en su cubículo, mismo que cuelga como el nido de un ave en lo alto de una estructura metálica a la que se accede por un par de juegos de escaleras metálicas, ella está hablando con Lumila y César.

"Lumila, tu protegido estuvo detenido y luego internado en el psiquiátrico".

Los ojos de Lumila se llenan de ira ante el entrecomillado verbal que Dani Zel le puso a la palabra: protegido.

Sus subordinadas y compañeras en la planta, así como los vecinos de su colonia, chismean a sus espaldas sobre su interés verdadero al ayudar y acoger a este hombre en su casa. Lumila ha notado todo esto, y sufrido las burlas de los niños al caminar ella por la calle.

Ya ni siquiera el aura de prestigio de su fallecido padre, como un funcionario público de importancia en el gobierno en la sección noroeste, la protege de este hostigamiento.

"Eso se debió a que, al ser César un naturalista de las llanuras, no cuenta con documentos de identidad ni hablaba Estándar. ¡Dile César!"

"Así es ingeniero Zel. Abandoné mi comuna, buscando una vida mejor".

Dani Zel, quien no es ninguna tonta, siente que este par le están diciendo mentiras y detecta la obvia contradicción de que exista un naturalista experto en sistemas de información y agarrándose de eso increpa a César:

"¿Y como un naturalista que vive en la edad preindustrial domina la ciencia de sistemas?"

Pero para fortuna de César, en su ya lejano México, existen, o existían, los menonitas y, se sabe de sus jóvenes que abandonan a sus comunidades y de los relatos que llevan consigo.

"Si tan solo usted pudiera ver la gran cantidad de cosas que los jóvenes meno... ¡naturalistas! contrabandean hacia el interior de las comunas: alcohol, pornografía, radios, libros, computadoras y generadores eléctricos..."

Dani Zel con una mirada hostil y, todavía, mostrando escepticismo en su rostro les dice:

"Está bien. César, puedes quedarte a laborar en la planta como técnico en sistemas en el área de trituradoras. Es más, de una vez te voy a mandar con Sisco Benn para que comiences tu capacitación."

"¡Gracias ingeniero Zel!"

César le agradece y luego voltea a ver a Lumila. A pesar de la frialdad, que ella se esfuerza en proyectar, César puede ver el brillo de alegría en sus ojos y, él le sonríe.

***

Luego de tres largas horas de estar sentado frente a la computadora, recibiendo la capacitación de parte del técnico Sisco Benn, César al fin tiene un receso, mismo que aprovecha para comer un sándwich, el cual le fue dado bajo promesa de pago futuro por Rafah, otro técnico de la planta que complementa su salario vendiendo lunches y refrescos. Al ser el primer día de trabajo de César, Rafah tuvo a bien darle el sándwich, sabiendo que solo hasta la quincena va a tener dinero.

Mientras se sienta, frente a la computadora a comerse el sándwich, él piensa en Lumila, la grandota, seria, tosca Lumila. Su, por accidente, roomie. ¿podría algo surgir entre ellos?

Bueno, ella no es de su tipo, a él le gustan chaparritas, lo que le hace recordar a su padre y como era metiche con respecto a las novias que él tenía.

Por ejemplo, en la preparatoria, César se enamoró de una compañera: Alys. Él se enamoró, pero nunca pasó todo de un amor platónico y, una cercana amistad.

Y había algo más, Alys estaba aquejada por un terrible padecimiento: sufría incontinencia.

El descubrir que ella sufría de este problema lo llenó de ternura hacia ella. Y se empezó a acercar a ella, a invitarla a ir a la cafetería, a salir el fin de semana al centro comercial.

César siempre tuvo la inquietud sobre si podía divisar la forma del pañal de adulto bajo la amplia falda de ella o si podía oler el pañal, no, ¡no eso!, sino el olor plástico del material que lo conforma, como cuando uno lo percibe ese olor al pasar por el pasillo de los pañales en el súper.

César la recuerda con agrado a Alys, su piel blanca, su cabello negro y su cola de caballo. Su rostro era muy estético y agradable a la vista.

Un domingo cuando regresó a casa, luego de haber ido a dejar a Alys a su casa, tras una salida al centro comercial, su padre le preguntó si la niña con la que estaba saliendo era bonita. César, con mucho entusiasmo le describió como era ella, su aspecto físico, su inteligencia en la escuela.

Pero los humanos tenemos el instinto nato del chisme. Y es así como César le contó a su padre que Alys padecía de la vergonzosa incontinencia.

El padre de César hizo de inmediato una gran cara de sorna, de burla y se empezó a reír y, con voz entrecortada por las carcajadas, le dijo:

"No te preocupes mijo, traela a la pinche vieja a la casa y yo te la corro para que te deje en paz".

César extremadamente apenado y mortificado, por haberle hecho esta revelación a su padre, ya no volvió a frecuentar a Alys.

***

En el puerto espacial de Ciudad Capital largas filas de tráilers congestionan las carreteras de acceso. En los hangares, los contenedores transportados por los camiones son cargados en paletas de carga para llevarlas a las bodegas de carga de las gigantescas "golondrinas", los deslizadores.

Una vez llenos, unos cincuenta de ellos se elevarán por los cielos para acoplarse con el carguero translumínico interestelar. Mismo que al alejarse de la atmósfera terrestre, saltará por el hiperespacio hacia su destino.

"¡Hola Manel! ¿Cómo te va?" "Xela ¡que gusto verte! Todo muy bien gracias. Ya tenía varios días que no coincidíamos." "¿Que friega, verdad? Nos hacen bajar del tráiler y que esperemos durante horas aquí afuera bajo el sol, hasta que lo descarguen, para que finalmente nos lo regresen". "Sí Xela, estas medidas de seguridad de los espaciales más bien me parece racismo hacia nosotros." "¿Has visto un espacial? Nos consideran tan poca cosa que ellos ni siquiera bajan de sus cargueros translumínicos interestelares a ensuciaese sus caras ropas y, todo lo automatizan por lo tanto".

***

A bordo del carguero translumínico interestelar, en cada puerto de acoplamiento de los deslizadores, en la superficie en forma de cono invertido, las gigantescas 'golondrinas' abren sus bodegas de carga para descargar los contenedores del preciado producto del mundo de abajo. Tonelada tras tonelada de polvo de algas, en sus cajas y contenedores de flete es apilada en el piso del inmenso hangar, bodega, y hay cuarenta y nueve más de estos en el carguero translumínico interestelar.

Todo se realiza de manera automática, las golondrinas son drones, montacargas robot descargan y apilan los contenedores.

Solo en el puente de mando del carguero translumínico interestelar hay una tripulación de cinco espaciales. Descendientes de personas que hace siglos dejaron el mundo para colonizar las estrellas.

El comandante se dirige a su oficial operativo:

"Coronel Creig, ¿cuánto tiempo antes de que podamos abandonar este hoyo asqueroso?"

"Noventa por ciento de los deslizadores ya han regresado. La computadora estima cinco horas aproximadamente antes de que podamos partir".

"Bien coronel Creig, hágase cargo de las operaciones de partida y del salto. Me voy a retirar a mi camarote. Cualquier contratiempo o emergencia contácteme de inmediato".

"Sí comandante".

En su camarote privado, el comandante Jolmos está revisando en una terminal el manifiesto de la carga:

"Cargamento de algas marinas en polvo", él lo subraya con su stylus y anota al margen:

"Ja, ja, ¿algas? Si tan solo estos indios supieran que 'las algas' son cualquier tipo de animal y vegetal de su biósfera".

Suena el tono de su intercom y el comandante Jolmos al intentar minimizar la ventana del manifiesto, inadvertidamente lo reenvía, con todo y su anotación.

El correo electrónico termina siendo enviado a la planta de 'algas' en el sector Noroeste en el distrito de Abala...

viernes, 25 de noviembre de 2016

martes, 15 de noviembre de 2016

Arrebatado, parte 8

Al día siguiente, temprano por la mañana, una ambulancia lleva de regreso a César al precinto distrital.

La tarde previa Leed se le presentó para anunciarle que el doctor Kevinjay había procedido a ordenar su liberación del ala psiquiátrica, al no considerarlo un riesgo para la sociedad.

Y Leed le recomendó que se levantara temprano para que pudiera asearse, así como desayunar. Antes de marcharse, el joven doctor Leed le entregó un paquete con su pants y zapatos tenis que llevaba, aquel lejano día, cuando fue arrestado en la oficina de comercio.

A César le causó una agradable sensación de toque humano, el recibir su ropa, y zapatos, recién lavados y planchado el pants.

Y sin mayor ceremonia, más que Leed entregandoselos al trío de camilleros de la ambulancia, terminó la estancia de César en el hospital.

Por fortuna en esta ocasión, César solo tuvo que seguir al trío de platicadores camilleros, que no dejaron de bromear y empujarse entre ellos, hasta llegar al patio de ambulancias, saliendo a pie a través de la sala de urgencias, donde en las sillas de espera, un par de docenas de personas angustiadas esperaban noticias de sus seres queridos.

Le abren una puerta lateral y César aborda la ambulancia, no sin sentir bastante asco. Solo Dios sabe que emergencias médicas no ha visto esta ambulancia y cuantos fluidos corporales no han sido derramados donde, ahora, él va sentado.

Los camilleros, en algún dispositivo no autorizado para vehículos de emergencia, ponen a todo volumen música bastante rítmica, él hasta diría que tropical y, activando los tonos de sirena logran que se les abra la puerta, así como que se quiten de su camino personas, o los raros automóviles pertenecientes a gente de las clases burocrática y comercial.

¿Cómo saben a dónde llevarlo? Ni César mismo sabe a dónde ir. ¿Aún lo recibiría su protectora Lumila si él se le apareciera ahora? Pero ¿cómo localizarla?

En minutos, llegan al estacionamiento del precinto distrital, un edificio que él conoce muy bien.

***

Y así, como si fuera un simple paquete entregado a domicilio, y sin ninguna ceremonia, los simpáticos camilleros lo dejaron a César en la acera del precinto distrital.

"¿Y ahora que hago? ¿Si me ve el tal licenciado Klinn me detendría de nuevo? "

César piensa, y en eso está cuando se le aproxima Julian, el guardia de seguridad, mismo que se dio cuenta de la llegada de la ambulancia al precinto y, de inmediato dedujo, al no estar agendada su llegada, que venían a traer a César de vuelta.

"¡Amigo Lacroix! ¿Cómo está? ¡Que gusto verlo!"

"Hola Julian. También tengo gusto en verte de regreso".

Cada día el Estándar de César mejora más. Aunque será cuestión de tiempo para que logre dominar las palabras correctas según su contexto.

"Dígame Julian ¿Estoy otra vez detenido?"

"¡No! ¡no! ¡en absoluto! Déjeme enviarle un mensaje a su amiga Lumila, informándole que usted ya ha sido liberado del hospital".

Julian en su implante óptico piensa el mensaje, selecciona de sus contactos a Lumila y, le envía el mensaje.

"Amigo Lacroix, vamos a los separos, a mi escritorio ahí en la antesala. Nunca hay detenidos y en ese lugar nadie lo molestará".

"No quiero encontrarme con el licenciado Klinn".

"Él nunca baja a los separos, amigo. Y asuntos migratorios lo envió al hospital para deshacerse de usted.

¡Venga! ¡vamos! No se preocupe amigo, la burocracia ya se ha olvidado de usted."

***

Lumila recibe con mucha emoción el mensaje enviado por Julian, y el resto de su jornada laboral la trabaja con mucha alegría. Aunque, al darse cuenta que dos de sus subordinadas la veían fijamente, ella les gritó:

"¿QUÉ VEN? ¡Vamos! ¡No se distraigan se sus labores!"

Ella piensa que donde alguna obrera se atreva a preguntarle si acaso está enamorada, en el acto la suspende de sus labores.

Y, que tontería, ella solo se alegra por la liberación de su extraño amigo, ¿amigo? Ella bien sabe que esa etiqueta no se debe dar a la ligera a cualquier persona.

En cuanto ella tuvo tiempo, le contesta a Julian, un mensaje de agradecimiento y, le avisa, que alrededor de las siete de la tarde va a presentarse, allá por el precinto, para recoger a César.

***

César se ha pasado el día sentado detrás del escritorio de Julian. A veces se entretiene mirando a los monitores de seguridad, y otras veces navegando la red en la tableta de Julian.

A la hora de la comida, se apareció Julian con dos charolas como las que él le llevaba cuando estuvo detenido.

Estaban comiendo cuando César casi fue descubierto por el licenciado Klinn quien gritando desde la puerta de acceso a las escaleras que descienden a las celdas le gritó a Julian, buscándolo, para que le hiciera un encargo de la oficina.

Julian le contestó de vuelta, que no se molestara en bajar, que él de inmediato corría a atender su asunto.

"No se apure amigo Lacroix, nadie baja a los separos, les da flojera las escaleras".

"Deseo siga lo mismo así".

El Estándar de César ya es conversacional pero, se escucha bastante raro, con palabras no adecuadas.

"Ya faltan menos horas, para que su amiga pueda venir por usted."

César se queda pensando en Lumila, esa amable pero reservada grandota. Si ella lo lleva de regreso a su casa, como el comentario de Julian parece indicar, él no se puede permitir, ni desea seguir siendo mantenido por ella. Le va a pedir que lo ayude a conseguir empleo en la planta de algas donde ella labora.

Con su inteligencia y profundo conocimiento de la ciencia de la informática, y de sistemas, fácilmente puede desempeñarse en un puesto técnico en la planta. Además su manejo del Estándar cada día mejora.

César, en su mente, se ve transportado a la época cuando él era un joven egresado de la carrera de Sistemas, y que llegó a Pemex con su currículum vitae a entregarlo en varias gerencias, esperando que alguien se viera impresionado por sus calificaciones y quisiera contratarlo.

Que contraste, ahora él es un muy experimentado ingeniero en Sistemas pero, náufrago en un extraño planeta, planeando volver a empezar, desde abajo.

***

César pasa el resto de la tarde caminando a lo largo del pasillo de las celdas, navegando la red y a veces rebotando una bola de papel contra la pared. Al no penetrar aquí abajo la luz solar el experimentó esa extraña sensación del atiempo: inexistencia del tiempo.

Y Julian ya no pudo regresar debido a sus obligaciones. Finalmente él escuchó la puerta de acceso a las escaleras, para bajar aquí, abrirse. César se tensa, no puede preguntar quién es, porque se supone que aquí no hay nadie.

"¡Donde sea el licenciado Klinn! me va a encontrar ya dentro en las celdas, ¡eso le va a ser muy conveniente!"

Pero, para su alivio, escucha la amable voz de Julian.

"¿Amigo Lacroix? ¿está bien?"

"Sí Julian, ¿qué sucede?"

"Le tengo una sorpresa".

Se escuchan los pasos de dos personas que descienden las escaleras, conforme éstas son reveladas al bajar al área de las celdas, César se da cuenta que se tratan de Julian seguido por Lumila.

"¡Lumila! ¡Que gusto verte!"

César corre a abrazarla, pero Lumila, muy recatada, solo recibe su abrazo firme, mientras con una mirada severa mira de reojo a Julian, como diciéndole "¡No te atrevas a comentar nada!"

César se separa de ella, sintiendo su frialdad, misma que atribuye a las diferencias culturales entre ellos, y a que, los mexicanos son muy cálidos al manifestar sus emociones.

"Bueno amigos, ya pueden irse a su casa."

Luego de decir esto, Julian, siente la mirada recriminadora de Lumila, pero agrega, a pesar de esto:

"Amigo Lacroix, que bueno que su periplo llegó a feliz término.

***

lunes, 31 de octubre de 2016

Arrebatado, parte 7

Al día siguiente, el licenciado Klinn informa al comisionado Monderre, sobre el estatus de detenido César Lacroix.

"Monderre, ¡hola! buen día. ¿Le hablaste a Talderne para ver si vamos a comer al Zilannia? ¿Sí? ¿Y qué dijo? ¿pasado mañana? OK Así quedamos, ni lo agendo, porque los cuates siempre son primero. ¡Ja, ja, ja!

Mira, te pongo al corriente sobre el caso del detenido éste, él de la falta administrativa a las leyes de migración. Sí, César Lacroix es su nombre, fíjate que, la policía investigativa confirmó lo declarado en, la forma que nos envió, la mujer que lo llevó a la oficina de comercio regional, en Abala. Sí, Lumila Tusiva.

¡Aja! Un agente fue a verificar lo que ésta mujer mandó. Este señor Lacroix estaba fuera de sí cuando irrumpió la amena plática de unas madres que habían llevado a sus niños a los juegos del parque del vecindario Héroes de Bransor, sí municipio de Abala también.

El propietario de una tienda de abarrotes, un Ynos Semos, lo vio colapsar en plena calle, luego de que lo corrió de su tienda. Sí, y todo lo anterior fue verificado por el testimonio de la pandilla infantil local; No Monderre, no ese tipo de pandilla, ok, los niños del vecindario, ¿ya querías arrestarlos? ¡Ja! ¡ja! ¡ja! Sus padres te darían una medalla sin duda.

Ahora lo importante Monderre, este tipo no tiene registro migratorio de entrada al planeta pero, tampoco tiene registro fiscal. ¿Puedes creer que no está registrado como ciudadano? Y, aún hay más, agárrate Monderre, el tipo este, Lacroix, no habla Estándar ni ninguno de los idiomas principales de la Unión Galáctica...

Sí, yo mismo lo puse a escuchar, la explicación que le di respecto a la importancia de su falta administrativa, traducida a diez idiomas y no entendió ninguno.

Creo que el tipo es miembro de una secta naturalista, sí Monderre, de esos que viven en comunas aisladas de la civilización y que sus creencias les prohibe usar tecnología, ni electricidad.

De vez en vez sus jóvenes escapan para experimentar la vida de la gran ciudad, sí Monderre, Pete es el aficionado a la cultura, yo no se mucho de estos naturalistas. No obstante, este tipo Lacroix está viejo para ser uno de sus jóvenes fugados y, además, es moreno, no tiene el tipo, ni la fisionomía, de los rubios naturalistas.

¡Ajá! ¡sí! Está bien, ¿entonces eres de la opinión de que el tipo es un idiota que lo echaron a la calle? Mejor, sí, así nos quitamos de encima al tipo. Ahorita mismo me conecto con el hospital público para avisarles que les vamos a mandar a un paciente psiquiátrico.

Bien Monderre en eso quedamos y, dile al cabrón de Talderne que no se vaya a echar para atrás con lo de la comida en el Zilannia. Te veo al rato".

Y el licenciado Klinn presiona el comando de, terminar conferencia, en su tatuaje interactivo. Y, a continuación, le grita a su secretaria:

"Iesi, venga por favor".

Ella se apresura a entrar al despacho de su jefe; es una señora muy recta y trabajadora.

"¿Sí señor?

"Iesi por favor, elabore las formas y descargue como liberado por cuestiones de salud mental al detenido que tenemos en los separos, César Lacroix".

"Sí señor".

"Y luego elabore las formas necesarias para el ingreso, del ahora paciente César Lacroix, al ala psiquiátrica del Hospital Público Central Norte. Te comunicas al hospital..."

"Sí señor".

"Te comunicas y con el folio de la forma, e invocando convenio de colaboración gubernamental, solicitas una ambulancia para su traslado".

"Sí señor".

"Es todo Iesi, ¡ah! y no olvides ingresar esto en la bitácora de la oficina".

"¡Desde luego señor!".

La señora Iesi sale del despacho y se dirige a su escritorio a realizar estas tareas asignadas. Por su parte el licenciado Klinn establece desde su tatuaje interactivo una conversación con el superintendente Baras, mientras ve a través de las persianas hacia la calle.

***

Julian se entera del inminente traslado de César, al ala psiquiátrica del Hospital Público Central Norte, porque Iesi le manda una alerta para que ya no le lleve de comer hoy en la tarde y, el memo acompañante, le da toda la información necesaria para comunicarle a Lumila los particulares de este desarrollo.

Lumila se encuentra en su privado en la planta, está discutiendo con el representante de la empresa fabricante de las bandas transportadoras, las que llevan las cajas de embalaje a los trailers de transporte, ¡ya van tres veces que las mismas se detienen, durante este mes!

El parar la producción, por el cuello de botella generado en estos eventos, tiene un alto costo logístico y monetario, que a todos pone de cabeza.

"Señora, le aseguro que yo soy el primero en sentirme sumamente molesto por estos inconvenientes".

Lumila, como técnica especialista en producción, tiene poder de decisión sobre el mantenimiento a la maquinaria involucrada en el proceso productivo, a pesar de que su título oficial sea solo el de jefa de trituradoras.

"Señor Rolin, sus máquinas, francamente, son una porquería. No tengo ningún problema en ir y recomendarle al consejo directivo que, una vez agotada la vida útil de las mismas, se busque al fabricante de la competencia".

El señor Rolin traga saliva.

"Señora Lumila, no habrá necesidad de tomar medidas drásticas, mire", la voz de Rolin entrecortada por el nerviosismo, "a pesar que ya pasaron dos años y por contrato ya no se puede hacer, le voy a cambiar ambas máquinas de bandas transportadoras por los nuevos modelos PCV-YQ y..."

"Permítame un momento por favor señor Rolin".

En cuanto Lumila se da cuenta que Julian, el guardia, le acaba de mandar un mensaje, ella decide desplegarlo y leerlo en su implante óptico.

"¿Traslado al ala psiquiátrica del Hospital Público Central Norte? " Piensa mientras incrédula asimila esto.

Ella responde el mensaje agradeciéndole a Julian y, resume su entrevista con el representante de la empresa fabricante de las máquinas de bandas transportadoras.

***

Al día siguiente, en el ala psiquiátrica del Hospital Público Central Norte, el doctor Kevinjay sale del elevador acompañado de un joven psiquiatra, que el doctor sumó a su equipo, luego de haber sido sorprendido por su brillantéz, cuando éste hizo sus prácticas profesionales con él.

"¿Entonces los test de inteligencia que le pusiste en la mañana, indican que tiene un alto coeficiente intelectual?"

"Así es doctor Kevinjay, tiene, el paciente, una alta inteligencia matemática y, percepción geométrica también".

"¿100% de score en 80 problemas? ¡Es notable!"

"Así es doctor".

Al pobre César le pusieron a resolver esos aburridos tests de inteligencia, que él mismo aplicó infinidad de veces a analistas que entrevistaba para contratratarlos en su subgerencia de desarrollo de sistemas.

Problemas del tipo: "cambiando de posición solo tres líneas, transforme una cuadrícula en dos cuadrados".

El doctor Kevinjay y su joven protegido llegan al privado del primero.

"¡Buenas tardes doctor!"

Al mismo tiempo, dos jóvenes internistas lo saludan. El doctor Kevinjay es un hombre de mediana edad, calvo y una barba rubia. Sus penetrantes ojos grises le dan una apariencia, que a varios, intimida.

Mientras que al mismo tiempo, lo vuelve sumamente atractivo a las mujeres, como el par de internistas que lo acaban de saludar, con sus brillantes ojos.

Por su parte, Leis Leed, su joven colega, es alto y delgado y, ninguna joven se molesta en mirarlo dos veces. Y esto no le preocupa a Leis, él ahorita está totalmente dedicado a su desarrollo profesional.

El doctor Kevinjay se sienta detrás de su escritorio.

"Leed, este paciente nos fue transferido desde el precinto distrital debido a que no habla ni Estándar ni ninguna lengua conocida y, burócratas tenían que ser, se deshicieron de él inventandole una tara mental. Todo ésto me lo sospeché desde que ellos mandaron la notificación del traslado."

"Doctor, entonces ¿por qué no habla el idioma?"

"Yo que se, será algún migrante ilegal de algún planeta apestoso en la periferia.

Siendo que se trata de un ser humano en perfecto uso de sus facultades mentales, pues, él no tiene por qué estar aquí".

"¿Tramito su descargo entonces doctor?"

"Aún no Leed. Antes y por no pecar de negligente, puesto que vamos a soltar a este individuo de vuelta a la sociedad, quiero hacerle la prueba de su nivel de violencia".

"¿El protocolo Cossa-68?"

"Así es, en efecto. Mañana a las nueve llevalo al escáner tomográfico".

***

César puede deambular libremente en el hospital; lo único que lamenta es que apenas fue ingresado, lo obligaron a vestirse con pijamas, pantuflas y bata. Lo disfrazaron de paciente. Él siempre ha creído que la forma como te vistes influye en el trato que recibes de la gente y, para su molestia, aquí en el hospital así ha sido.

En la mañana mientras desayunaba, antes de que llegara Leed a su habitación con sus ridículos test de inteligencia, una enfermera no solo le limpió la boca con una servilleta sino que, ¡insistió en meterlo a bañar! ¡Por favor! Como si él, fuera un anciano...

Caminando por el hospital César descubrió esta grande y agradable sala de estar, para el contacto e interacción entre pacientes y sus familiares. La sala, en dos de sus extremos, tiene paredes de vidrio y, varias macetas con grandes plantas. No obstante él sí siente la frialdad y temor que los hospitales siempre transmiten.

Esta tarde es fría y entra, por las paredes de cristal de la sala, una muy roja luz crepuscular, misma que proyecta largas sombras. La escena es mentalmente muy fría y tenebrosa, pero César al mismo tiempo admite que tiene cierto encanto y belleza que cautiva a los sentidos.

Hay cientos de personas en esta inmensa sala y, una que otra muy atractiva enfermera acompañando a ancianos, ¿acaso las medias blancas y la minifalda es una constante universal en el atuendo de las enfermeras?

Este anciano y la enfermera se encuentran junto a unos largos sillones negros que rodean una pantalla de TV gigante. La veintena de personas presentes gritan, vitorean y se emocionan viendo un encuentro deportivo. Los atletas visten cascos y armadura y, dentro de un largo foso, se disputan la posesión de una pequeña pelota.

Él se queda a ver el partido.

***

Al día siguiente, Leed pasó por César, más temprano de lo previsto, debido a que así se lo solicitó de último momento el doctor Kevinjay.

Y debido a esto, el pobre César no pudo bañarse ni, tampoco desayunar. Y si faltaba algo para agraviar aún más su dignidad, Leed llegó con una silla de ruedas, para llevarlo por los pasillos y ascensores como si de un anciano inválido se tratara.

Una vez que caes en la esfera de influencia de un hospital, como paciente, el trato del personal en verdad te empieza a cambiar a un minusválido.

Finalmente, luego de un largo recorrido de varios minutos, llegan al laboratorio donde se encuentra el escáner tomográfico.

Leed prepara un par de inyecciones.

"Señor Lacroix, por favor recuéstese en la colchoneta del escáner. No es necesario que se quite su pijama, solo vamos a analizar su actividad cerebral."

César por tono de voz, gestos y ademanes, entiende qué es lo que el joven doctor le está indicando.

"Ahora voy a inyectarle un colorante inerte e inocuo, para que el tomógrafo pueda escanear su cerebro".

Toma el brazo derecho de César y lo inyecta. La segunda inyección la deja Leed sin tocar, sobre una charola metálica. Sin duda esperando algo.

César se queda recostado cerca de media hora, viendo el techo, y todo este tiempo Leed se mantiene ocupado introduciendo comandos y calibrando el equipo. Leed es de esos que escriben dando teclazos fuertes. César lo vio muchas veces en su subgerencia, aquellos que hacen esto, en realidad, solo están fingiendo trabajar.

Finalmente llega el doctor Kevinjay.

"Leed me entretuve con una paciente, dime ¿ya preparaste al señor Lacroix e inicializaste el tomógrafo?"

"Sí doctor".

"Bien. ¿El suero está preparado a 5mg por kilogramo?"

"Sí también".

Kevinjay camina hasta la jeringa en la charola, la toma y se aproxima a César.

"Señor Lacroix, este suero estimula sus áreas cerebrales que responden a estímulos de daño, peligro y agresión. Esta prueba es necesaria para su reinserción, o no, a la sociedad.

Leed, pásame un algodón con alcohol".

Toma el brazo derecho de César y él es inyectado de nuevo. Sin esperarlo, César cae dormido.

El doctor Kevinjay le hace una seña a Leed para que, la colchoneta donde está César, se desplace hasta introducir su cabeza al tomógrafo.

***

César se encuentra con que está con Diana en el VIPs.

"¿Cómo pasó? ¿Qué hago aquí? ¿Qué no nos dejamos de ver hace como seis años?"

Es una fría tarde de un sábado. Las amplias ventanas del restaurante permiten una vista perfecta al, ¡estacionamiento del Wal Mart! pero bueno, es la vida, paisajes citadinos de la Ciudad de México, y estas vistas transfieren cierta tranquilidad por su familiaridad y cotidianidad.

"¿Diana? ¡DIANA! ¡Que gusto verte!"

Esos ojos brillantes detrás de unas largas y muy sensuales pestañas, que hipnotizan a César.

"César, entonces, ¿mañana me llevas al conservatorio nacional de música? Una amiga va a dar un recital y, es muy importante para mi el asistir."

Diana recorre los dedos de su mano derecha, contra la parte superior de la mano de César y luego sobre su antebrazo, y luego con su dedo índice le hace lentos y provocadores círculos, finalmente, le jala los vellos. César ya está totalmente bajo su control y si ella le pidiera ser su chofer por todo un mes, él le diría que sí.

"Ahorita vengo Diana, tengo que ir al baño".

Ella no le contesta nada, solo se lo queda viendo fijamente.

César se siente feliz, al lavarse las manos, se moja el cabello para acomodarselo. Incluso hasta camina de regreso a la mesa tarareando una vieja canción de Simon y Garfunkel.

Pero al llegar a la mesa se encuentra con que Diana se está besando, y manos por todas partes, con un horrible tipo chaparro, medio calvo y barbón.

"¡DIANA! ¿QUÉ HACES?".

"César, vete ¿sí? ¿No ves que estoy con un amigo?"

"Pero, ¡sí estás conmigo! ¡es nuestra cita!"

"Ah, ¡ESO ES LO QUE ME MOLESTA DE LOS HOMBRES! Creen que una es un objeto de su propiedad. ¡Pues no! Fíjate chiquito, yo soy libre, no me gusta que me hagan sentir asfixiada, amarrada. Estás pendejo si crees que me vas a tener así..."

César se despierta muy agitado, sobre la colchoneta, dentro del tomógrafo. Al incorporarse de imprevisto, se golpea la cabeza contra el interior de la máquina.

"Leed, sácalo del tomógrafo y llevalo de vuelta a su habitación".

"Sí doctor Kevinjay. Y bien ¿cómo interpreta las lecturas obtenidas?"

El doctor Kevinjay sostiene un par de impresiones a color en las que, el cerebro de César se ve iluminado con colores amarillo y rojo.

"Como puedes apreciar por la marcada actividad en los lóbulos frontales, así como la nula respuesta en el sistema límbico, este sujeto es definitivamente pasivo y para nada agresivo.

Cualquier cosa haya sido la que él soñó, lo hizo en el rol de víctima.

Leed, después de dejarlo en su cuarto, tramita su liberación inmediata."

"Así lo haré doctor".