domingo, 25 de enero de 2015

Man Evolving : Documentary on Evolution and the Future of Mankind (Full ...

The Future is Wild - EP 2: Return of The Ice (Legendado PT-BR)

The Future is Wild - EP 1: Welcome to The Future (Legendado PT-BR)

Voz original Porfirio Diaz

Battle Royale Official Blu-Ray Trailer - Cult Classic Movie (2000)



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APAGA LA TELEVISIÓN, NO PERMITAS QUE ASESINEN TU MENTE, MEJOR LEE UN LIBRO E INFÓRMATE EN LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.

El Karma muerde de regreso (relato original por mi)

El Karma muerde de regreso.

Un despliegue de patrullas, y una ambulancia forense, atraen a un gran número de curiosos a las inmediaciones del comedor-paradero de traileros sobre la carretera a las afueras de San Luis Potosí. Es una noche fría, pero aún así la gente de las casas cercanas salió a ver que estaba sucediendo. Un reportero de nota roja toma otra imágen más al cuerpo del trailero que quedó sentado en su cabina.

“¡Aléjese, no esté inoportunando!” Un policía de caminos le gruñe en su cara al reportero quien le contesta: “Esto es de interés público y no estoy obstruyendo su labor. Estoy en mi derecho de registrar lo sucedido. Por cierto, no es necesario que le hagan la autopsia al pobre tipo, ¿ya se dieron cuenta?...” “Cuenta ¿de qué?,” le responde el malhumurado agente. “El trailero se murió de un susto,” contesta el reportero.


Un anciano con sarape y sombrero de paja, que había estado al pendiente del intercambio de palabras entre los dos hombres, se acerca por la espalda al reportero y en tono sombrío y provocandole un susto, que casi lo mata al igual que al trailero, pronuncia a sus espaldas:

“Es el tercer camionero muerto de susto en lo que va del año. ¿Se dio cuenta que cubrieron sus piernas con una manta?” “Sí me di cuenta, ¿qué importancia tiene eso?” Y el campesino le contesta: “Todos los camioneros han muerto mientras se masturbaban.”

Cuatro años antes. María Anaya una alegre y vivaz joven, alta, esbelta y blanca, y un hermoso cabello negro y largo, atiende las mesas en el paradero a la orilla de la carretera; es apenas su primer mes trabajando en el establecimiento; cuando ella comienza a trabajar es como si el sol entrara por la ventana.

“¡María! ¡Ya salió el pedido para la mesa cuatro!” Ella toma la charola del mostrador y se la lleva a una pareja que, con un bebé en su moisés, se disponen a desayunar, les entrega sus platos respectivamente y les desea buen provecho.

“Gracias señorita.” “Pueden llamarme María, y aquí estoy, para servirles. Si se les ofrece algo más... ¿De vacaciones?” “No, mi marido buscó trabajo en Ciudad Juárez para que yo pueda estar cerca de mi mamá, habíamos estado viviendo en la Ciudad de México..” “Así la abuela va a poder disfrutar de este ¡pequeño pillo!” Contesta el marido muy feliz apretando con cariño la naricita de su bebé. María puede ver que esta pareja irradia felicicad y amor. Y suspira porque ella aspira el lograr algo similar, hallar el amor, al hombre correcto y formar una familia junto a él.

“María, ¡María! ¿Qué te pasa? ¡te quedaste parada en medio de las mesas! Ya despabílate y deja de estar pensando en el novio.” Le dice entre regaño y entre tono de broma Don José, su jefe y dueño del paradero. Y para rematar, la llamada de atención, le truena los dedos.

Y así se le va el día de trabajo a María, hasta que concluye su turno a las cuatro de la tarde. Momento en el que ella se desaparece. A Don José, otra de las muchachas que también aquí trabajan, le acaba de pedir permiso de cambiar su turno el día de mañana, ya que desea llevar a su mamá a consulta con el doctor, y él accede.

“Ana, busca a María y dile que venga, le voy a pedir si puede cambiarte su turno para mañana.”

Pero la señora Lore, que atiende la caja registradora le menciona: “Ella ya se fue; y no me gusta nada, ya van tres días seguidos en los que María se sube a un tráiler rojo con una gran franja blanca a todo lo largo que yo jamás había visto, y cuyo chofer no entra al restaurante.”

Los temores de la señora Lore se vuelven realidad desafortunadamente; menos de una semana después tuvieron que atravesar por la tragedia de la desaparición y posterior llamada a identificar a la morgue el cuerpo de María. Ella no tenía más que a su anciana madre; la señora luego del funeral se mudó a Zacatecas con una de sus hermanas.

Don José fue a quien la policía se dirigió, debido al uniforme del paradero-restaurante que María llevaba puesto el día en que hallaron su cuerpo, para que identificara el cadáver. Él estuvo muy enfermo debido a un conato de ataque cardiaco, resultado de ver el estado del cuerpo de la pobre María. Su rostro había sido arrancado, y las compañeras de María sufrieron terriblemente al enterarse de ésto, y solo les quedó rogarle a Dios que ella no haya sido desollada en vida. Solo un monstruo pudo haber diseñado el abusarla sexualmente, estrangularla y desollarla. Esta noticia tan sangrienta se volvió nota nacional, y como todos los ejemplos de este tipo de violencia extrema, prontamente fue olvidada.

En el presente, en la carretera federal 57, de San Luis Potosí a Querétaro. Jaime Salmerón, trailero maneja cansado, ya el reloj marca las siete y cuarto de la noche, una falla en el tractocamión retrasó su salida. Viaja con la caja vacía, de regreso a la planta de bombas industriales. A la distanica él visualiza a una joven que camina a la orilla de la carretera.

Se empareja a ella y frena con ese chirrido característico de los frenos de aire.

“Hola, ¿necesitas ayuda? ¿Te llevo?”, la joven se detiene y voltea a verlo, Jaime se queda pasmado por que ella le resulta bastante atractiva y deseable...

La joven vuelve a emprender su marcha a lo largo de la carretera, sin decir nada, y Jaime siente el impulso de ir tras ella, se baja de su unidad, la alcanza a paso velóz y tomándola del codo izquierdo la hace detenerse.

“¡Oye!, ya es tarde, y es peligroso que camines así nomás, te pueden atropellar.”

Ella le dirige una mirada de venadita que a él casi le provoca saltarle encima ahí mismo.

“Me llamo Jaime, ven vamos de vuelta a mi tractocamión.”

Jaime se adelante trotando y abre la puerta del lado del pasajero, invitándola a subir. Una fiebre lujuriosa se apodera de él, mientras conduce y fijándose en el camino, de reojo mira hacia la joven, su pálida apariencia, su cabello negro largo, la forma de sus senos. Enciende la radio, música norteña está tocando, ésta apenas y se escucha, porque él la puso a muy bajo volúmen. En la radio CB se escuchan también conversaciones entre otros traileros.

De repente la joven pone una fría mano sobre su brazo y le dice: “desvíate a la derecha, en el camino de terracería que está saliendo de la próxima curva.”

Jaime ya bajo control de sus instintos solo ejecuta esa acción de manera mecánica. Ella le dice que se detenga. Y cuando él la voltea a ver, la joven se está desabotonando la blusa y dejando a descubierto sus senos. Jaime como un perro en celo le salta encima y procede a penetrarla con rudeza animal; como todo buen macho, tras apenas unos segundos termina. Ella lo mira fíjamente y se sonríe, Jaime se pierde en sus ojos y en una fracción de segundo ve una transformación en éstos; ahora él grita sujeto por el horror y el pánico, su pene está siendo mordido por la vagina de ella, puede incluso sentir dientes que le desgarran el miembro, un largo grito lastimero es lo que escuha mientras se desvanece, y antes de morir por el paro cardiaco que esta terrorífica experiencia le causa, puede ver que la joven se transforma en una presencia etérea que se levanta desapareciendo a través del techo de la cabina de su trailer.

Tiempo después. Una bella joven esbelta y, de cabello largo y negro, camina a la orilla de la carretera, unos cinco kilómetros luego de pasar un comedor-paradero para traileros. Un trailer rojo, con una gran franja blanca a todo lo largo, se empareja a ella, el chofer le abre la puerta del lado del pasajero y la invita a subir a bordo.

jueves, 22 de enero de 2015

Extracto de las memorias del Dr Gerhard Hohmann, "Los Lobatos"



Pocas veces sostuvimos conversaciones ya y nos comunicamos estilo telegrama, con pocas palabras, y únicamente hablábamos sobre los asuntos más importantes. Los días pasaron sin que los contáramos; todos se nos hicieron igual de tristes y pesados. Pocas veces ocurría algo lo suficientemente interesante para animarnos un poco en nuestra letargia general.

Una tarde memorable, por ejemplo, tuvimos la oportunidad de observar una pequeña batalla aérea. Ya hubo pocos aviones alemanes en el aire y como consecuencia nos levantó mucho el ánimo ver que la Patria todavía estaba dando pelea al enemigo y, según pudimos observar, con bastante efecto y determinación.

Algunos aviones caza del enemigo habían estado molestando mucho en el área. Día tras día venían mañana y tarde para atacar y tirarle a cualquier persona, o hasta animales domésticos que encontraban desprotegidos.

Aquella tarde entonces, justamente cuando cuatro de ellos hicieron pase tras pase contra un blanco, escondido de nuestra vista en el otro lado del río, un avión caza alemán, uno de los Messerschmitt 262, con propulsión a chorro, repentinamente nos sobrevoló a poca altura, no más de diez o doce metros. Vino desde el norte, sobre la altoplanicie, y adaptando su vuelo a la topografía bajó hacia el río para atacar a los americanos desde la derecha, subiendo hacia ellos prácticamente desde el nivel de aquella corriente pluvial.

En su ataque inicial logró explotar a una de las naves americanas en pleno vuelo, y dañar a otra más. Mientras el aparato dañado se alejaba hacia el horizonte occidental, dejando una nube de humo negro y feo por donde pasaba, los dos enemigos sobrevivientes trataron de perseguir a nuestro paisano.

Este, con su nave mucho más veloz que los aparatos de los americanos, había alcanzado una altura tremenda. Max nos explicó que había perdido el elemento de la sorpresa y que por esa razón probablemente buscaba la altura ya que los aparatos americanos, con propulsión de hélice y motores convencionales, no pudieron volar bien a gran altura. Momentos más tarde parecía que Max tenía razón con la apreciación respecto a la diferencia en capacidad entre los tipos de aviones porque allá arriba el alemán prácticamente jugaba con los dos americanos como un gato juega con ratones. Una y otra vez se lanzó en ataques falsos contra sus dos contrincantes desesperados. Unicamente de vez en cuando disparó sus cañones y ametralladoras.

Alguna gente en tierra, al parecer, quizo participar en los acontecimientos y se armó un espectáculo sumamente ruidoso, interesante, y a la vez peligroso. Los tiradores, que disparaban desde tierra, aún con armamento pesado no lograron siquiera acercar sus disparos a las tres naves allá arriba y finalmente, uno tras otro, dejaron de disparar.





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Como la famosa escena de la película de ficción: Final Countdown

lunes, 19 de enero de 2015

'Adolf Hitler - The Greatest Story NEVER Told' Parts 1-27 @TGSNTtv



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sábado, 17 de enero de 2015

The Secret Space Program and Breakaway Civilization - Richard Dolan Lecture



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viernes, 16 de enero de 2015

jueves, 15 de enero de 2015

FREAKS (ANIVERSARIO-DOCUMENTAL) Subtitulado al español

"Decoding the Ice Age Floods - Wallula Gap" Graham Hancock interviews R...



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lunes, 12 de enero de 2015

domingo, 11 de enero de 2015

GNC #945 Seti Found a Signal



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viernes, 9 de enero de 2015

‘Magicians of the Gods’, snapshots of a work in progress



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sábado, 3 de enero de 2015

Luces espectrales corporativas. (relato original)



Una noche fria y sin estrellas, como siempre en la Ciudad de México, José Luis Baras bebe de su chocolate caliente. -”¡Buenas noches!”, “¡buenas noches señor!, pase.” Le abre la puerta del perímetro de seguridad a un ejecutivo que se ha quedado a laborar hasta tarde en las instalaciones de las oficinas centrales de Petróleos Mexicanos.

José Luis lleva dos años trabajando como agente de seguridad, es un trabajo tranquilo y pacífico. Lo más demandante es hacer los rondínes de vigilancia, abrir la puerta de la calle a los empleados que laboran hasta muy noche, revisar pases de equipos de cómputo que se introducen a las instalaciones, y si acaso reportar a trabajadores que son, muy de vez en cuando, sorprendidos en actos lujuriosos en las oficinas.

El aún no laboraba en Pemex cuando el incidente de la misteriosa explosión que se cobró varias docenas de vidas. “Radio Pasillo” lo atribuyó a un autoatentado para borrar evidencia documental de los desfalcos cometidos en la administración panista de Felipe Calderón.

-”Néstor, que bueno que llegas, quédate al cargo de la puerta de acceso, voy a realizar un rondín por las instalaciones.” -”Pepe, sácate el termo, yo también quiero chocolate.” -”Tómalo de mi morral, ahí en el garrafón de agua están los vasos de unicel.” -Le constesta Jose Luis a su compañero Néstor, otro joven vigilante igual que él.

Y es así que José Luis se encuentra caminando entre los edificios, al llegar a la zona comprendida entre el Edifico “A”, y el “B2”, se topa con la descomunal cabeza de bronce del general Lázaro Cárdenas, su gesto fruncido y hombros desnudos lo hacen ver como una de las cabezas olmecas. Él alumbra los gigantescos ojos con su lámpara, le gusta esta escultura.

Avanza varios pasos más hasta llegar a la Torre de Pemex y, una luz amarilla que se desplaza rápido le llama la atención, fue casi como una pelota de béisbol lanzada, él voltea hacia arriba, el silencio de la noche y el ruido de fondo de los vehículos que transitan en avenida Marina Nacional son las únicas cosas que José Luis puede percibir.

-”Deben de haber sido las luces de un automóvil,” piensa, y camina en dirección del edificio “B1”, cuando de reojo, detecta la luz de nuevo, ahora a espaldas suyas y desplazándose desde arriba hacia abajo, José Luis gira en 180 grados y una vez más busca la luz mirando hacia arriba.

-”¡Esto no fue producido por un carro pasando en la calle!”

Y es así que vienen a su mente relatos que él escuchó en su infancia, en su natal Veracruz, sobre luces observadas en los cerros y que el folclore atribuye a “brujas”.

Emocionado, José Luis camina rápidamente, de regreso, hacia la puerta de salida localizada junto al edifico “C”. Quiere contarle su fantástico avistamiento a Néstor.


Néstor en ese momento se encuentra bostezando sorbiendo de su chocolate y escuchando un programa radiofónico sobre la música de los años 50s en México. En realidad está más dormido que despierto, envuelto en su pesada chamarra. Es así como José Luis lo encuentra cuando llega agitado y emocionado, “¡Hay brujas en la Torre de Pemex! ¡Ven acompáñame!” Néstor casi se atraganta con su chocolate cuando una carcajada se le atora en la garganta, y sin darle tiempo de contestarle, José Luis se da media vuelta y emprende la carrera de regreso hacia el área cercana a la Torre de Pemex.

“¡Hey José Luis!, ¡Espera! ¿Qué se cree éste que así nada más se puede abandonar la puerta de acceso?” Pero la curiosidad es una sensación muy fuerte y ésta le gana, “¡Ah que la...! Total solo van a ser unos instantes,” Néstor piensa esto último y camina a marcha veloz siguiendo el mismo destino que José Luis.

Al llegar a la torre, él puede ver que José Luis ofrece un aspecto idéntico al de los contactados por extraterrestres en las películas de ciencia ficción: su silueta negra contra un fondo lleno de neblina y luz blanca difusa procedente de distantes lámparas de alumbrado público, su cabeza está dirigida hacia arriba, y Néstor se queda pasmado al voltear a ver hacia esa dirección y notar en efecto: “¡Ahí está una misteriosa luz bailarina!”

La bestia de dos espaldas, el ingeniero Martín Morales y su asistente de gerencia la licenciada Claudia Pérez, como todos los jueves cuando se quedan a revisar los contratos a enviar a la dirección, terminan su día de labores con un desenfrenado y animal acto sexual, para no ser descubiertos, apagan todas las luces de su oficina en el piso 13 de la Torre de Pemex, pero como al ingeniero Morales le gusta “ver”, él sujeta en su mano una lamparita que compró afuera con los fayuqueros que se ponen en la banqueta del centro corporativo de Pemex, es de esas lámparas de acción manual, a las que hay que apretarlas una docena de veces para que generen electricidad, y su haz de luz es bastante potente, a lo mejor hasta son usadas estas lámparitas por militares chinos.

“¿No se verá la luz desde afuera de la torre?” Piensa el ingeniero Morales brevemente pero pronto la idea es descartada cuando la licenciada comienza a hacerle el “remolino.”

jueves, 1 de enero de 2015

David Icke in Uluru Ayers Rock - Australian Tour 2011



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