domingo, 10 de diciembre de 2017

Arrebatado, parte 24

Magno Jagger observa la vieja casa de campo, escondido entre la maleza a la orilla del camino. Ha soltado un diminuto drone autónomo que recorre toda la propiedad. La gente si lo ve, pensará que se trata de un escarabajo.

Magno Jagger recibe la imagen directamente a su implante óptico. En la parte posterior de la casa, una gran mujer se encuentra tendiendo ropa recién lavada.

Él, expectante, ya puede adivinar de quién se trata.

“¡Vamos! ¡voltea!”

La gran mujer se agacha a recoger más ropa del canasto y su rostro es revelado a las cámaras del drone.

“¡Ajá! La machorra Lumila Tusiva

¡Ya los tengo!”

***

César lee la carta de despedida que le acaba de escribir a Lumila:

“Lumila, querida amiga.

Te estoy muy agradecido por todo lo que hiciste por mi y por haberme cuidado. Fuiste como una madre amorosa que me cuidó en un momento de suma necesidad para mi.

Lamento mucho que tu ayuda te haya significado el perder tu vida anterior. De no haber sido por ese mensaje que Sisco recibió por error, nuestras vidas hubieran tomado otro camino. Pero, algún poder quiso que supiéramos de la depredación que la admistración espacial realiza del mundo.

En la señora Isort hemos hallado una buena amiga. Ambas se harán compañía, ella está muy sola, igual que tú.

Me tengo que marchar; yo no pertenezco a este mundo.

El relato que el otro día la señora Isort nos contó me mueve a ir en busca de ese misterioso laberinto de piedras en Longwok.

Creo que si encuentro el portal por el que esas jovenes mujeres cayeron, yo podré regresar a casa.

Cuídate. Con aprecio:
César.”

Es muy temprano en la mañana, César deja la carta, en la mesa de la cocina, doblada pot la mitad y solo escribe sobre ella: “Lumila”.

Él sale por la puerta de servicio, llevando una mochila al hombro, con sus pertenencias. Se dirige hacia el restaurante para camioneros. El mismo que muchos meses atrás Lumila y éĺ atravesaron cuando abandonaron el autobús en el que venían huyendo.

***

Un drone ha estado siguiendo a César desde que abandonó la propiedad de la señora Isort. Magno Jagger recibe su transmisión en tiempo real.

“¡Veamos a dónde te diriges terrorista!”

Magno Jagger, por fortuna para la señora Isort, y Lumila, ha decidido centrarse en César por el momento. La grandota Lumila le parece una gran bruta. Inofensiva, como una abeja obrera, haciendo trabajo repetitivo sin cuestionar las ordenes recibidas.

Una vez que haya eliminado a César regresará a ejecutar a las mujeres. Por si acaso le comentaron a la anciana sobre la explotación desmedida del planeta.

***

Hace tiempo que César no se paraba por el restaurante de camioneros. La última vez que vino fue para comprarse una cena para llevar. Él tiene esa amable relación que se desarrolla con desconocidos que uno ve ocasionalmente, como, el personal de un restaurante precisamente.

“Hola Matilda”.
“¡Hola César! Que le trae tan temprano por aquí.”
“Pues para empezar, sirvame un desayuno campesino y, mientras espero, présteme la carta de rutas de autobús.”
“Puede accesarla directamente de su implante”.

“No, no. No hay como el comer y estar leyendo algo junto al plato. Por favor.”

Magno Jagger lo observa desde su camioneta todo terreno con vidrios polarizados. Su vehículo está prácticamente oculto por los camiones de carga que se encuentran estacionados en el lote frente al restaurante. Ni quién sospeche de éste.

***

Dos horas después, César ya se encuentra a bordo del autobús que lo lleva a la ciudad de Longwok, una vez ahí, César de desplazará hasta el laberinto de rocas en el rancho Nanmadol.

Magno Jagger rebasa el autobús con su potente camioneta, al cerrarsele peligrosamente, Magno con el claxon lanza una ofensa.

No es necesario que él siga al transporte. Todo fue tan sencillo como accesar al sistema del restaurante y leer el registro de la compra de pasaje hacia Longwok, hecha por César.

Magno Jagger lo estará esperando cuando el autobús finalmente llegue.

“¡Por los cielos! El pobre infeliz se va a aventar un viaje de catorce horas en un trayecto que se hace en hora y media en automóvil.”

***

César mira por la ventana, nota a la camioneta que los rebasó y que tocó el claxon ofensivamente, pero no le da mayor importancia al asunto. Le parece bello el paisaje, seco, árido y desolado sí, pero le recuerda mucho a México. Y en esta asociación de ideas viene a su mente un capítulo de su infancia.

Recień se había cambiado su familia a una casa dúplex en Los Pastores, Naucálpan y, él se la pasaba encerrado en su cuarto, pero como vivía en la planta baja tenía la ventaja de que podía jugar en el patio trasero, donde asustaba a las pobres lagartijas y, una de ellas que terminó cayendo a la coladera le hizo sentir culpa y remordimiento.

Un día escuchó la voz de una niña que gritaba:

“¡Papá! ¿Dónde estás?”
“Afuera”
“Afuera ¿dónde?”
“En el coche.”
“¡Ya métete!”

Él identificó la voz como procedente de la casa en la acera de enfrente.

Días después la volvió a escuchar. La niña traía un escándalo y el portón de su casa lo golpeaba, desde adentro con una pelota y, ella se reía y gritaba.

Otro día, desde la ventana de la sala de su casa, César vió al papá de la niña que estaba en la azotea, pintando el tanque del gas estacionario y, escuchó a la niña que le gritaba.

“¡Papá! Mamá quiere que ya te bajes.”

Estas y otras ocasiones en las que César escuchó la alegre voz de la niña, formaron una imagen idealizada en su mente. Él se la imaginó morena, cabello negro y largo, delgada, muy inteligente.

Y, naturalmente, César quiso conocerla. Estuvo varias tardes pendiente, se salía a la banqueta de su casa y, sólo se sentaba en su bicicleta, esperando que ella saliera, pero sin suerte. O si no, cuando llegaba la familia de ella, él trataba de verla bajarse del automóvil. Pero tampoco así tuvo suerte.

Un día su mamá le dijo:

“César, te vamos a hacer una fiesta de cumpleaños aquí en la casa. Tu papá va a comprar un pastel muy grande de chocolate con bombones y mermelada de frambuesa. Invita a tus compañeros de la escuela y amigos que quieras.”

El pequeño César se paralizó ante la oportunidad que esta fiesta le presentaba: invitar a su desconocida vecina.

Y así fue que el se armó de valor y cruzó la calle, con cuidado y, tocó el timbre de la casa, lo tuvo que volver a hacer un par de veces hasta que finalmente se abrió la puerta de entrada personal, ya que el gran portón, completo, también se abría para poder meter un auto al garage.

Salió el abuelo de la casa, un señor que él sabía había sido maestro, a pesar de su fobia natural a los maestros César con toda amabilidad le explicó al señor el motivo de su visita.

“Hola señor, soy César, vivo en la casa de enfrente.”
“¡Ah! sí. Claro que te conozco pequeño. Yo soy amigo de tu papá. Dime ¿qué se te ofrece?”
“Mmm, va a ser mi fiesta de cumpleaños, este viernes en la tarde me la van a hacer mis papás y, deseo invitar a su nieta a que venga.”

En eso desde adentro de la casa del maestro se escucha un grito alegre que le es muy familiar. César se emociona pero, quien sale al frente a acompañar a su abuelo y a averiguar, también, que está haciendo, es un niño, más chico de edad que César. El profesor sonriente le revuelve el cabello a su nieto y lo acerca a él, antes de dirigirse a César:

“Lamento que te contaran mal, yo no tengo nieta alguna, solo a él, Miguel. ¿Por qué no lo invitas?”

El pequeño César baja su mirada, fingiendo voltear a ver al niño más bajo que él, pero en realidad ocultando el dolor que se dibuja en su rostro.

“Sí, desde luego. Miguel, te espero el viernes a partir de las cinco de la tarde en mi casa.”

Ya de regreso en su casa, César se sienta en los escalones que bajan al patio trasero. Él está sumamente triste, ¿cómo es posible que la niña que imaginó, que idealizó en su mente no exista? Siente una opresión en su pecho, se siente mal porque ella, el ente que únicamente vivió en su mente, para todo hecho práctico, ha muerto.

Su rostro, sus facciones, cabello, su color de piel, su personalidad, su risa ¡todo era real! Al menos en su mente. ¡Ella existió por un breve instante! Pero ya no más.

Una lágrima se escurre por su mejilla y el llora sobre sus brazos y rodillas.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Arrebatado, parte 23

César va corriendo por el campo. Siempre que puede, al haber terminado temprano las labores que él realiza para la señora Isort, explora los alrededores de la propiedad rural de la anciana. En esta ocasión caminó hasta un promontorio rocoso, solo visible al subir a una colina al sur de la propiedad.

Una vez alcanzado el promontorio, César lo escaló hasta la cima, él quería experimentar la sensación de lograr conquistar un reto personal; así como el ver la vista desde arriba, misma que éĺ se imaginó debía de ser espectacular.

Pero al empezar a escalar la roca, el proverbial silencio ensodercedor cayó sobre él y así mismo, sintió una sensación que le dejó fríos los huesos, así como un presentimiento de peligro. César desistió de su intención de escalar la roca e inmediatamente descendió y, con precaución pero a paso veloz, emprendió el regreso a la propiedad de la señora Isort.

En el trayecto de vuelta, él no dejaba de pensar en todos los accidentes naturales, montañas, cañones, que, en La Tierra llevan el nombre del “diablo”: la torre del diablo, la cañada del diablo, el cañón del diablo.

Algo sucede en las zonas remotas de la naturaleza que causan muertes y desapariciones a paseantes, como si ciertas energías se concentraran, o acaso, son el lugar de caza de ciertos animales depredadores, incluso de seres extraterrestres. Mucha gente desaparece cada año, sin dejar rastro alguno, en parques y reservas naturales.

Él mismo, es ejemplo de una persona que cayó a otra dimensión y, poco antes de desaparecer de la Tierra, él se enteró del caso de una joven regia que desapareció en circunstancias misteriosas en Chiapas.

***

César se encuentra en la cocina, está sentado a la mesa cenando un pan dulce, acompañado de un vaso de leche. La noche ha caído ya; a través de la ventana, adornada con bonitas cortinas con temas de cocina, solo se puede ver una oscuridad impenetrable. Él ha prendido el monitor para poderse enterar de las noticias del día; le gusta mucho escuchar un podcast de un simpático sujero de aspecto descuidado quien, sin embargo, siempre tiene información muy útil y relevante que los medios tradicionales, oficialistas, de información no transmitern; es un milagro que siga en la red, con todo lo que el sujeto dice la administración espacial ya debería de haberlo censurado.

En eso entra la señora Isort.

“¡César! ¿qué hace aquí sólo?”
“Pues, ya relajándome; este fue un día de bastante trabajo y, cuando quise darme un tiempo para mi, no la pasé tan bien.”
“¿Por qué César? ¿qué le sucedió?”
“¡Ah por cierto! Terminé de pintar las puertas de la casa.”
“Gracias César, pero, no hay prisa alguna. Mejor cuéntame que es lo que te sucedió que te tiene tan afectado.”

Y César procede a narrarle a la señora Isort su experiencia al pretender ir a escalar la roca que él descubrió. Así como la sensación de peligro que sintió. Una sensación y una alerta que en verdad le hicieron temer por su integridad física.

La señora Isort lo escucha atentamente y, un vez que él concluyó su relato, ella habla.

“Esa roca que descubriste, es la roca Ayes. Hace décadas, la roca Ayes, era un punto favorito para ir de excursión y hacer días de campo junto a ella. Más de una persona murió tratando de escalarla. Aunque no es un promontorio muy alto, perder el equilibrio y caer puede significar la muerte, la cabeza humana no está hecha para resistir un golpe contra las rocas abajo.”

“Ahí hay una fuerza negativa, en verdad me sentí amenazado.”
“¿Sabes? Cuando era niña mi padre siempre me advertía de no pasar mucho tiempo sola alejada de la casa y, él no se refería a los peligros naturales a los que una niña se puede ver expuesta, como el ser atacada por pervertidos por ejemplo. Antes, la gente estaba más aislada que incluso ahora, el contacto con la naturaleza era más profundo, íntimo.”
“Sí en efecto, del lugar de donde vengo también abundan los casos de gente que simplemente se desvanece, como si se los tragara la tierra.”

“¡Así es! Y casi siempre en zonas rurales, en los bosques o en rocas. A decir verdad, la roca Ayes sí tiene fama de ser un punto negativo en la región, mi padre evitaba tener que acercarse a ella.”
“Muchas culturas creen que grandes rocas son el lugar de habitación de entidades elementales de la naturaleza.Recuerdo haber leído que en Irlanda...”
“¿Irlanda?”
“Perdón, una reservación naturalista vecina a aquella de la que vengo. Los colonos de Irlanda cuando construyen un nuevo camino y se encuentran con una gran roca en la ruta trazada, en vez de destruir la roca, hacen que el camino discurra a su alrededor.”

“Mi madre varias veces me contó de un caso de desaparición colectiva que ocurrió en su distrito de origen, cuando ella era solo una niña.”
“¿Sí?”

“Ella era solo una niña, pero me dice que ese caso fue una sensación durante meses en las redes sociales.”

Ante esta última observación por parte de la señora Isort, César se da cuenta que este mundo ha tenido electrónica por un periodo mucho mayor que la Tierra.

“Sucedió así. En un colegio privado exclusivo para señoritas, el Colegio Iseta, en Longwok, donde mi mamá vivía, en el verano y en fechas cercanas al final del ciclo escolar, organizaban un paseo campestre, que consistía en una larga caminata, o aquellas que lo prefirieran, una rodada en bicicleta, y un día de campo en un rancho, el rancho Nanmadol.

Ahí hay una zona con grandes rocas, y la gente las explora, hasta hoy en día; te las voy a mostrar en la red; es un auténtico laberinto de piedras.

Lo que sucedió fue que, hacia el final del día de campo, una joven profesora de literatura les propuso al grupo de siete alumnas que habían estado conviviendo con ella, que fueran a explorar el laberinto de rocas.

Otra maestra, con la mayor parte de un grupo, las vieron partir. Incluso esta profesora, ya madura de edad y ejerciendo su autoridad, le indicó a la joven maestra y a las niñas que no dilataran en su paseo, puesto que pronto se iba a iniciar el regreso al colegio.

Pasó media hora y la directora del colegio ordenó el regreso. Al contar cabezas las prefectas se dieron cuenta de la ausencia de la joven maestra y las siete niñas.

Alumnas y maestras se pusieron a gritar los nombres de las niñas y la maestra desaparecidas:

'¡Petty! ¿dónde estas?' '¡Monicque! ¡Ya sal! ¡No nos asustes!'
'¡Profesora Lora! ¡Si están heridas griten todas al mismo tiempo!
'¡Lulia! ¡Ya basta de este juego! ¡Nos asustas!'

Y así durante minutos. Un grupo de profesoras junto a varias alumnas del último grado organizaron una partida de búsqueda. Al mismo tiempo que otras alumnas partieron de regreso a la ciudad para solicitar ayuda y auxilio de las autoridades.

Este laberinto de rocas en realidad no es muy grande. En unos cuantos minutos una lo puede rodear. Pero es su recorrido interior, el que lleva bastante tiempo recorrer.

Pasaron cuarenta minutos, durante los cuales el grupo de maestras y alumnas que se ofrecieron como voluntarias para buscar a las niñas y la maestra desaparecidas, ya habían entrado y salido varias veces del laberinto.

Incluso hasta de mala gana, la directora tuvo que tolerar a varias niñas, quienes por iniciativa propia, emprendieron una búsqueda como cabras, caminando sobre las rocas, a pesar del tremendo riesgo que esto supuso para éstas.

Finalmente la directora a gritos llamó a todas las maestras y niñas que estaban activamente tomando parte de la búsqueda y ordenó el regreso a la ciudad. Porque si se dilataban más, las iba a sorprender el anochecer en la caminata de vuelta.

Cabe decir que para este momento y ante la tardanza, cientos de padres ya estaban aterrorizados por no tener noticias de sus hijas. En esas fechas no había cobertura completa de la señal de los móviles.

Y justo cuando esto pasaba, llegaron camiones de transporte de personal enviados por la municipalidad, con personal de búsqueda y rescate, acompañados por la policía.

Se llevaron a las niñas de regreso a sus hogares y, la directora con un grupo de maestras se quedaron con las autoridades y el equipo de rescate. Pasaron ellas, una noche desesperante ya que, debido a la oscuridad el equipo de rescate decidió aplazar la búsqueda exhaustiva hasta el día siguiente.

Había suéteres y un sombrero, pertenecientes a las niñas y a la joven maestra, con los que los perros rastreadores del equipo de rescate emprendieron la búsqueda, siguiendo el rastro olfativo. Pero, a escasos cuarenta metros dentro del laberinto de rocas, los perros se echaron, negándose a continuar. Los rescatistas sorprendidos dijeron que esto se debía a que el rastro simplemente desapareció.

Incluso adentraron a los perros aún más hacia el interior, pero fue inútil, no había rastro que seguir. Luego el equipo de rescate hizo una búsqueda desde la parte posterior del laberinto. Con resultados negativos también.

El comisario de la policía que dirigía la operación sugirió que tal vez ellas cayeron a un socavón, así que centraron sus esfuerzos en el área donde los perros perdieron el rastro, pero no hallaron evidencia de un socavón ni de un deslave.

Al tercer día se suspendió la búsqueda intensiva. Las maestras y la directora quienes permanecieron todo ese tiempo en Nanmadol regresaron a Longwok; y solo continuó el peinado del área un pequeño grupo de rescate.

Ya para entonces el comisario empezó a tratar el incidente como un caso criminal y arraigó como sospechosos a varios empleados del rancho Nanmadol y ¡hasta al equipo masculino del colegio! Un par de conserjes y el cajero. Porque él dijo que como hombres podrían haber desarrollado tendencias malignas hacia las alumnas.

Se llegó al extremo, de parte de las autoridades de drenar un pantano a tres kilómetros de Nanmadol. Pensando que en varios casos criminales, arrojar los cuerpos al agua es como se deshacen de los mismos. Pero no se halló nada tampoco.

Uno de los conserjes tenía revistas pornográficas en su cuarto dentro del colegio, por lo que el tipo estuvo detenido varios meses. Hasta los mismos padres de las niñas desaparecidas declararon que al infeliz solo lo tenían como chivo expiatorio. Como no se le pudo comprobar un nexo con la desaparición de las niñas y la profesora, fue liberado a final de cuentas.

Hasta la universidad de la capital envió un equipo infrarojo para detectar cavidades en las que ellas pudieran haber caído pero, ¡nada! Se las tragó la tierra.”

Se las tragó la tierra… Precisamente el nombre del mundo de origen de César; él se pregunta si igualmente su desaparición, en casa, fue explicada de la misma manera.

Ahora se pregunta si, acaso yendo a ese laberinto rocoso en Longwok no podría encontrar una ruta, un agujero de gusano que lo lleve a la Tierra.

sábado, 7 de octubre de 2017

Arrebatado, parte 22

César y Lumila viajan a bordo de un camión de trasnporte público. Han tenido que ir prácticamente , saltando de línea de transporte público en línea, para abandonar Ciudad Capital. El tomar un autobús en la central de autobuses los hubiera llevado directo a las manos de los agentes de la administración planetaria espacial.

El camión se detiene en lo que a César le parece una vil villa. Una docena de vendedores se acercan con canastas a las ventanas del camión. Son lugareños ofreciendo lunches, bebidas y comida chatarra diversa.

“Lumila, mira abandonemos aquí el camión. Me parece un lugar excelente para perder el rastro.”

Se bajan del camión, el conductor, uniformado y presentable, pero cansado por el viaje no les dice nada. Total, boleto pagado, es todo lo que a él, como representante de su emprea, le interesa.

Caminan hasta la fonda, que se encuentra casi vacía, la idea de los dueños es que los pasajeros de los camiones y autobuses se bajen aquí a comer. Tal vez el próximo camión sí deje que sus pasajeros bajen a departir tranquilamente.

César se queda viendo hacia el interior del restaurante, inmóvil por varios segundos. Lumila, sumamente asustada, hablándole pegada a su espalda, le susurra al oído:

“César ¿y ahora qué hacemos?”

Eso mismo se pregunta él. Llevan más de un día deambulando en camiones por las afueras de Ciudad Capital.

César la toma por el antebrazo y la guía hacia afuera del restaurante.

“Cuando recién me encontraste, ¿qué es lo que le decías a la gente que yo era? ¿Un naturista de las montañas? Me pregunto, si no hay una de esas comunidades aquí cerca de esta población.”

Lumila, cuyo estado mental ahora parece ser el de: permanentemente asustada, le contesta con voz entrecortada y apenas audible.

“No se, esa gente a veces se acerca a las ciudades a vender sus productos de granja y, muchos de sus jovenes escapan temporalmente para conocer la vida moderna.”

“OK, tomemos, mmm, ese camino, está cubierto por árboles que siquiera nos protegerán del sol mientras caminemos. ”

“¿Por qué este camino?” “Cualquiera es bueno Lumila, y si, si quieres llegar a algún lado, debes de ponerte en camino.”

***

Luego de caminar cerca de cuarenta minutos, César y Lumila llegan a una finca, rodeada de gigantescos robles. En medio del terreno se puede ver una hermosa casa que luce similar a la arquitectura norteamericana de finales del siglo XIX, esto es, construída en madera, con un pórtico, techo partido de dos aguas, dos plantas. La casa está pintada en color blanco y encima del pórtico se levanta una alta torre campanario. Pequeña, pero todo esto en su conjunto, le da cierto aire a templo cristiano. César y Lumila fascinados por esta hermosa casa, se acercan hasta la puerta principal. No hay una cerca que delimite la propiedad privada, ni señales de advertencia a extraños.

Suben unos cuantos escalones hasta la puerta, que se halla abierta, pero protegida con una puerta mosquitero y ahora pueden escuchar música procedente de un viejo gramófono.

“¿Hola? ¿perdón? No es nuesra intención invadir ni ser inoportunos. ¿hola?”

“¡Voooy!, ¡vooooy!” Les contesta una voz cansada y trémula, la voz de una anciana.

Desde el interior ven acercarse lentamente a una anciana de cabello blanco, su rostro deformado por la falta de dientes, pero con un gesto de amabilidad.

Ella viste como todas las ancianas, y encima de sus ropas el esperado delantal, manchado de pintura acrílica, señal de que a ella le gusta dedicarse a las artesanías.

“¿Qué se les ofrece? Si vienen en son de paz son bienvenidos, pero si tienen intenciones malignas hacia mi, les advierto que esta casa está protegida por armas de fuego.”

“Mmm, no se apure señora, venimos en paz. Sabe, mi amiga y yo andamos buscando trabajo...”

Lumila le da un pisotón, bastante fuerte a César, como castigo por haber mencionado que buscan trabajo.

César se disculpa con la anciana.

“Por favor discúlpeme señora, hay algo que necesito mencionarle a Lumila, mi amiga, ahorita regresamos.”

Y a continuación se la lleva, bajando del pórtico a varios metros de distancia de la puerta de la casa. Cuando César considera que están lo suficientemente alejados de la agradable anciana le menciona a Lumila en voz baja de todas maneras.

“Lumila, este lugar es nuestra única esperanza en este momento. Ya no tenemos fondos en los tatuajes interactivos, estamos en medio del campo, quién sabe que tan lejos esté la próxima ranchería. No tenemos a dónde ir. Y en cuanto lleguemos a la próxima ciudad ¡la que sea! Nos van a estar esperando los agentes de la administración planetaria para matarnos enseguida.”

Ella se lo queda viendo y antes de que pueda articular nada, César la guía por el codo de regreso con la anciana, quien espera en la puerta de su casa.

“Y bien, ¿qué tanto misterio se traen ustedes dos?”
“Perdónenos señora, pasa que mi amiga no está tan segura de que aquí sea un lugar adecuado para buscar trabajo.”
“Mmm. Verá joven, ayuda sí necesito, pero pagarla, no puedo. Soy una viuda pensionada sin hijos y apenas y me alcanza para mantenerme a mi misma.”
“Señora, que le parece si… Cuidamos de usted, nos encargamos de mantener su propiedad, cuidar sus animales; Lumila aquí le puede cocinar, y lo demás que se ofrezca y, usted a cambio, nos da techo.” “Pero, ¿así nada más joven? Es riesgoso para mi. No se quiénes son ustedes.”
“Supongo que tiene razón señora. Bueno… procedemos a retirarnos.”

César gira a Lumila y caminan bajando las escaleras. La amable anciana les grita a sus espaldas.

“¡Esperen! ¿Qué les parecería estar unos días a prueba? Para ver si la relación nos es mutuamente beneficiosa.”

César y Lumila se voltean a ver y, César sin esperar a la opinión de ella, se apresura subiendo las escaleras del pórtico y le extiende su mano a la anciana.

“Le agradecemos mucho señora. Le aseguro que no se va a arrepentir. Mi nombre es César Lacroix y ella es Lumila Tusiva.”

“¡Mucho gusto! Yo soy la señora Andreia Isort. Vengan síganme. Hace hasta todavía un par de años yo rentaba cuartos para huéspedes. Pero la nueva carretera de cuota a Ciudad Capital provocó que toda esta zona al sur quedara en el abandono. Ya nadie pasa por aquí.

¿Son pareja? Porque les puedo dar una habitación juntos o, si gustan, separados.”

“¡Separados por favor!” Lumila le contesta asustada. César sonriente ante la reacción de ella le comenta a la señora Isort.

“Solo somos amigos.”

Mientras caminan por el interior de la casa, César se maravilla ante las cosas que ve. Esta casa tuvo su momento de gloria y explendor, tal vez hace cosa de un siglo. Todos los objetos, limpios, bien cuidadados y bellos, parecen recién salidos de la fábrica. Pero al mismo tiempo, son antiguos.

***

César y Lumila se han adaptado muy bien a su nueva vida de trabajadores en la propiedad de la señora Andreia Isort. Cada día, al terminar sus labores, se sientan en la sala junto a ella. La vieja dama ha encontrado sumamente reconfortante la compañía de ellos dos y hasta, renació en ella el gusto por cocinar galletas, pasteles y postres diversos. César y Lumila le han caído como una inyección de vida.

Y la señora Isort siempre tiene relatos de su juventud que contar cuando se sientan a tomar el té y a comer las galletas por ella preparadas; y hasta César y Lumila han empezado a participar con relatos propios.

“Y mi papá espantó las babosas que se habían arremolinado en torno a mi debido a que les di migajas de pan.”

Lumila, ya más abierta, concluye su relato de una vez que, cuando niña, fue asustada por las babosas.

“¡Qué cosa tan horribles esas babosas! Cuando llegué aquí, fue de las cosas que más me impresionaron.”

“¿Cómo, acaso no las hay en todo el mundo?”

La señora Isort cuestiona a César, extrañada por su afirmación. Pero antes de que él pueda contestar algo, Lumila interviene.

“César procede de una comuna naturista. Y en la misma las combatían fumigándolas, por eso él apenas y las conocía cuando niño.”

La señora Isort se queda callada ante la inconsistencia de que naturistas usen pesticidas en su comuna. Ella decide romper el incómodo silencio que cayó.

“Bueno”, la señora Isort finalmente habla, “cuando yo era niña había babosas gigantescas; que para bien o para mal ya se han extinguido. No dudo que en las zonas remotas del mundo aún existan.

Cuando era niña...”

Y en este punto César hace un amigable aullido de burla amistoso; que ella así lo interpreta.

“Sí, literalmente ya pasó una eternidad. Cuando yo era niña, ésta, la propiedad familiar, estaba en medio de la nada. Había que conducir más de una hora para llegar a la ruta, que incluso en ese entonces era de terracería.

Mi papá me había regalado tres borreguitos, a lo largo de un par de años. Así que Monkey, Mickey y Archi, en orden de edad, eran de distintos tamaños, del más grande al chiquito.

Siempre andaba con ellos, para arriba y para abajo. Los quería mucho a los tres. Yo me encariñé particularmente con Mickey, el de en medio. Y ese sentimiento me hacía sentir culpa. Ya que durante un tiempo, Monkey, fue mi único borreguito y él me quería mucho.

Un día que ellos me acompañaban en la cerca de madera. Yo estaba arrancando espigas de pasto y jugaba con ellas. Cuando de repente, escucho el aleteo más increíble que haya escuchado en mi vida. Me quedé pasmada al ver a la gigantesca babosa que se paró sobre la cerca; era tan grande como yo.

A mi me pareció que su cabeza solo era puro pico, así de grande lo tenía, no recuero haberle visto ojos. Mis inocentes borreguitos seguían tranquilamente comiendo yerba al pie de la cerca, sin darse cuenta del peligro. Esta babosa baja su cabeza, estudiando a los borreguitos, yo pensaba, '¡que no se lleve a Mickey!, ¡que no se lleve a Mickey!'

Y de un salto, cae sobre Monkey e inmediatamente, se eleva por los aires, con él en sus garras, perdiéndose de vista en las alturas. No voló a la distancia, ¡no! Se fue ¡hacia arriba! Se volvieron un minísculo punto y ya no los pude ver.”

La señora Isort se levanta de su sillón, limpiándose una lágrima que le escurre del ojo derecho. Levanta la charola de plata con el servicio de té y se va a la cocina.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

miércoles, 6 de septiembre de 2017

viernes, 1 de septiembre de 2017

Arrebatado, parte 21

César y Lumila se han refugiado en una nave industrial. Pueden escuchar el intenso sonido del rotor de un helicóptero de la policía que no les ha perdido el rastro en su huida a través de la zona.

“¡Sin duda tiene visión térmica y por eso no lo podemos perder! Lumila, cuando veníamos corriendo hacia aquí, pude ver que tras este edificio pasa un río. Tengo una idea. Huyamos en esa dirección y saltemos al agua.”

Lumila solo se lo queda viendo, con los ojos muy abiertos, en shock por lo experimentado desde esta tarde y ahora el ser objeto de una persecución, como si ellos fueran ratones. En su posición, de cuclillas en el suelo, y recargados contra contenedores, César tiene que sacudirla para que ella reaccione. Y gritando para hacerse escuchar contra el ruido de la aeronave:

“¡Hey! ¡Lumila! Tranquila, si perdemos la concentración estaremos definitivamente perdidos.”

César ahora escucha una disminución en el timbre del rotor del helicóptero.

“¡Se elevan! Tal vez están señalando así su posición a fuerzas de tierra. Lumila, escúchame con atención, a la de tres, salimos corriendo, rodeamos el edificio, corremos hasta el canal y, saltamos al agua. ¿Entendido?”

Lumila sigue pasmada, ida.

“Está bien, ahí va, ¡uno! ¡dos! ¡TRES!”

César jala a Lumila de la muñeca derecha, con un fuerte empujón abre la gran puerta de la nave industrial y a señas le indica a Lumila que dirección tomar. Tienen suerte, él voltea al cielo y ve que el helicóptero ahora está a gran altura. César ya nota cercano el borde del canal y al mismo tiempo que salta, cierra los ojos y aguanta la respiración.

Lumila, está muy asustada como para poder gritar. Un intento de grito se le atora en la garganta y un gesto de terror se le dibuja en el rostro.

Ella se hunde con los ojos y la boca abierta, al emerger, ella siente una repugnancia absoluta, ¡es agua hedionda! Y ahora en su mente se atropellan sentimientos de asco, vergüenza, repugnancia.

Por fortuna el canal no es profundo; ahora Lumila está temblando de frío. César le señala un lugar en el banco del canal, no muy lejano.

“¡Mira! Bajo ese puente vehicular podermos fácilmente escalar hacia la superficie. Apúrate antes de que nos localice el helicóptero.”

César escala con facilidad el no muy alto banco, jalando tras de sí a Lumila. Al llegar al nivel de la calle, él puede darse cuenta que se hallan precisamente donde termina el distrito industrial; de un lado del canal hay naves industriales, fábricas y bodegas, del otro lado: casas y bajos edificios de apartamentos.

“Mira Lumila, ¿ves esa caseta de vigilancia? Por lo general siempre están ocupadas por guardias de seguridad privada; es poco probable que las fuerzas de seguridad se hallan comunicado con la seguridad privada de este vecindario, alertándolos de nuestra búsqueda. Acerquémosnos a pedirle ayuda.”

Lumila, tiembla de frío violentamente, y se frota ella misma, César al darse cuenta le frota la espalda, los brazos. Lumila se siente tan mal que, no tiene tiempo de darle connotación sexual a los frotamientos que César le hace. En cualquier otro día ella se hubiera sentido sumamente emocionada.

Al fin llegan a la caseta y, pueden ver a un guardia delgado, moreno y canoso dormido, recargado contra uno de los cristales. Frente a él hay un monitor que despliega la imágen procedente de nueve cámaras de circuito cerrado; todas mostrando una noche tranquila.

César le toca al cristal, tiene que insistir porque el guardia está profundamente dormido. Cuando finalmente se despierta, pasan varios segundos mientras éste conecta su cerebro y recuerda dónde está y qué está haciendo.

“Oiga buen hombre, ¿puede ayudarnos? ”
“¿Qué? ¿qué? ¿qué les pasa?”
“Mire, mi compañera y yo veníamos de regreso de la planta cuando, ella resbaló al fondo del canal y yo tuve que meterme para ayudarla a salir. Necesitamos bañarnos, cambiarnos.”

Mostrando la característica suspicacia de la gente pobre, el guardia privado le responde.

“A ver, si venían caminando de regreso de su trabajo de la planta, es porque su lugar de residencia no puede estar muy lejos de la zona industrial, ¿por qué no caminan hasta su casa de una buena vez?”

“Mire amigo, ¿cómo se llama?”
“Engie Tamon”
“Mire Engie, ¿no ve como mi amiga está al punto de la hipotermia? Necesitamos urgentemente ayuda.”

Engie se lo queda viendo y, la empatía que la súplica de César le causa le mueve a actuar.

“Mire, en la planta baja de ese edificio de enfrente, mis compañeros y yo tenemos asignado un departamento para descansar, cocinarnos, usar el baño, etc. Los voy a llevar pero, no pueden permanecer más que esta noche, al amanecer tienen que marcharse.”

“¡Muchas gracias Engie! No sabe como le vamos a estar agradecidos.”

Engie se agacha bajo la superficie sobre la que está el monitor y saca un llavero que contiene docenas de llaves distintas.

“¡Vamos rápido!”

Les dice, y desplegando una gran memoria, con la primera llave que toma, le echa llave a la caseta de vigilancia. Y se adelanta a César y Lumila mostrándoles el camino. Llegan ante un pequeño edificio de tres niveles.

Una vez más, y casualmente, mostrando su prodigiosa memoria, con la primera llave que coge del llavero, abre la reja de entrada. César puede darse cuenta que la gente de Ciudad Capital goza de un mayor nivel económico. La planta baja del edificio es el garage y él puede ver seis vehículos, nuevos y bastante bonitos.

“Síganme, al fondo se encuentra el departamento que los guardias de seguridad tenemos asignado.”

Y César una vez más se queda fascinado, como a la primera, la llave cogida por Engie abre la puerta del departamento.

“¡Entren! ¡entren! Hay un cuarto de lavado con secadora. Pueden comer algo, claro, siempre y cuando lo paguen.”

“No se apure amigo Engie, y, ¿dónde está el baño?”
“Es esa puerta al fondo.”

Engie camina hacia una puerta metálica, con cristales en la parte superior, y la abre.

“Aquí, en el patio trasero, está la lavadora y la secadora. El patio está techado, pueden esperar cómodamente, cubiertos en toalla mientras su ropa está lista.”

Escuchan que Lumila sale corriendo y luego, la puerta del baño cerrarse de golpe.

“Que bueno que se apuró a meterse a bañar, así mojada ya se estaba poniendo muy mal.” César le comenta al guardia Engie.

Después de varios minutos, en los que a César incluso se le pasó el frío y apenas y notaba lo apestoso de sus ropas, él estaba charlando amenamente con Engie sobre la familia de este último, y entonces escuchan un grito que los hace sobresaltarse. Se trata de Lumila, quien sale, apenas cubierta por una toalla, debido al gran tamaño de ella.

“¡No me vean! ¡no me vean!”
“Lumila, tranquila. Mira, en la lavadora Engie ya nos hizo el favor de ponernos detergente y suavizante.”

Lumila pasa corriendo, aterrorizada, frente a César y Engie, en dirección al cuarto de lavado.

“Bueno, tiene razón, está casi desnuda. Engie ahora es mi turno de irme a bañar. Por cierto, no vayas a intentar nada contra ella.”

“¡Por favor César! ¿por quién me toma? No soy ese tipo de hombres.”

Engie, decide mejor retirarse a la caseta de vigilancia, para evitar cualquier tipo de malentendido.

Horas después, ya en la madrugada, César y Lumila están sentados en la mesa de la cocina, tomando crafté. Ya bañados, recuperados del frío y sus ropas lavadas y secas.

En el monitor, César aburrido le cambió a todos los canales. Por lo visto aquí en este mundo, también de madrugada transmiten películas viejas y desconocidas que son verdaderas joyas. A César le cautivó una película de jovenes en un salón de clases. El profesor al que le estaban faltando el respeto, un hombre de aspecto hispano como César, impone su autoridad en cuanto se pone serio, y los alumnos, como consecuencia, se quedan expectantes.

“¡A ver clase! ¡Silencio! ¡Martínez! ¡Cállate! Vamos a hacer un ejercicio para demostrarles los peligros de no cuestionar a la autoridad”

El profesor de la película toma un gran toma un libro y le ordena a uno de sus alumnos:

“¡Camacho! Pasa al frente.”

El alumno, delgado, blanco, rubio, estaba distraído, murmurándole cosas a una atractiva alumna junto a él. El profesor le toma la mano izquierda, le voltea la palma hacia arriba, le coloca el libro en ella, luego se quita su anillo de plata que lleva en su mano izquierda y lo pone parado de canto sobre el libro.

“Camacho, en el menor tiempo posible, recorre el salón hasta el fondo y te vienes de regreso conmigo al frente.”

La clase se rie adivinando lo que a continuación va a ocurrir, el anillo va a rodar al piso en cuanto Camacho trote apresurado hacia el fondo del salón. Camacho se pone en marcha y, en efecto, el anillo rueda, por fortuna él lo atrapa en el aire y, sonriente regresa con el profesor y le entrega el libro y el anillo.

El profesor, juguetonamente, se lamenta en voz alta con su peculiar:

“Ay, ay, ay, ay.”

Y meneando la cabeza viendo al suelo señala a la guapa alumna a la que Camacho le está haciendo la corte.

“Frisia, ve tú, inténtalo.”

Ella se levanta sonriente de su pupitre. El profesor le coloca el libro, igualmente, pero ahora en su palma derecha hacia arriba, coloca de nuevo el anillo parado de canto en el centro y, también le repite a ella, que en el menor tiempo posible vaya al fondo del salón y regrese.

Y ahora, apenas al dar unos pasos veloces, el anillo en esta ocasión sí cae al suelo y rueda hasta chocar contra una pared. Una alumna lo recupera y se lo lleva al profesor.

“¡Ah! Pues simplemente no se puede profesor. Apenas uno camina y el anillo rueda. Uno tendría que ir muy despacio.”

Le comenta Ernst Schummer, el presidente de la clase, y el profesor, sacude violentamente su brazo derecho hacia él, pero se dirige a toda la clase.

“¡Yo no establecí un tiempo mínimo!, solamente dije que se hiciera el recorrido en el menor tiempo posible.”

“A ver, hágalo usted profesor.”

Schummer lo reta.

“¡Enseguida! ¡Ven Schummer! Colócame el libro con el anillo encima en la palma de la mano.”

Schummer se para y camina hacia el profesor, toma el libro y el anillo, que le son ofrecidos por el profesor. El profesor levanta su mano izquierda y Schummer le coloca el libro sobre la palma y el anillo lo para de canto en el centro del libro.

El profesor luego de esto, voltea a ver a Schummer, le sonríe, acuesta el anillo, y lo coloca bajo su pulgar izquierdo para sostenerlo, y a continuación sale caminando a paso veloz hacia el fondo del salón para luego regresar al frente.

Los alumnos protestan.

“¡Hizo trampa! ¡No se vale! ¿Por qué no equilibró el anillo?”

El profesor ejecuta una danza de la victoria y luego levanta sus brazos para silenciarlos.

“¡Hey! ¡hey! ¡hey! ¡silencio! Les acabó de dar una de las lecciones más importantes de sus vidas. Yo en ningún movento restringí el ejercicio a que, el anillo tuviera que estar pararo sobre su canto.

Si algo no está explícitamente prohibido ¿por qué no hacerlo? Y, no sigan ciegamente a las figuras de autoridad, sin cuestionarlas. ¿Qué tal si les están indicando hacer algo incorrecto o inmoral?

No entreguen alegremente sus cerebros a cualquiera.”

martes, 18 de julio de 2017

Arrebatado, parte 20

De uno en uno, o en parejas, empiezan a llegar los miembros de la célula de resistencia de Wat, a la bodega de calzado de obrero, para una reunión más.

Dani y Lumila llegaron antes que César, a quien al verlo llegar solo Dani le tiene que reclamar su 'grosería' de no haber traído a Oskar.

"Dani, ¡no te enojes! Hoy en la mañirana él salió muy temprano, me dijo que iba ir a la colonia Macadú a aplicar a un trabajo para técnico de instalación de redes y, cuando le pregunté si iba a venir a la junta me dijo que sí, que ya tenía el mapa para llegar, muy estudiado".

"¡Pero César! Un hombre como él, que es culto, ¡va a levantar sospechas! Cualquiera que lo vea caminando solo en esta zona industrial va a sospechar de él".

César frunce el ceño y se sienta junto a Lumila; Dani ya no tiene nada más que decir y solo se le queda viendo con angustia en su rostro.

César no ha intentado nada con Dani, aunque sí se siente atraído hacia ella, no únicamente por su exótica belleza negra, sino también por su inteligencia y personalidad.. Y es por eso que le perturba la más que obvia atracción de ella hacia el aburrido e insípido Oskar.

Karai se acerca a Dani y Lumila, llevando un tupperware cubierto por una servilleta de tela.

"¡DANI! ¡Hola!, ¡Lumila!" Y las saluda a ambas con beso en la mejilla; y descubriendo el tupperware les dice:

"Miren, traje galletitas que yo misma cociné".

Dani toma tres galletas y le pasa el tupperware a Lumila, quien toma una galleta con el mismo desagrado como si estuviera cogiendo una babosa, luego se lo pasa a su vez a César, toma varias galletas y dándole las gracias le regresa el tupperware a Karai.

"¡Están deliciosas Karai! ¿Puedo tomar más?"
"¡Desde luego Dani!"

César está absorto escuchando esto cuando siente una palmada amigable en la espalda, es Ibtin quien lo saluda rápidamente antes de dirigirse hacia el fondo de la bodega donde se encuentran Wat y Leert.

"¡Hola César! Me da gusto verte de nuevo, voy de prisa a comentarle algo importante a Wat".
"¡Igualmente Ibtin!

A varios metros de distancia César no puede discernir que discuten Wat, Leert e Ibtin, pero nota que Wat adopta un semblante muy serio al sacarse del saco que trae puesto un radio y darle instrucciones alguien.

César piensa que es algo muy inteligente, el usar radios. Los mensajes del implante óptico pueden ser fácilmente interceptados.

Wat ahora hace señas y grita para imponerse sobre el ruido blanco de gran cantidad de conversaciones.

"¡ESCÚCHENME! Tenemos que abandonar la bodega inmediatamente".

Todo es silencio ahora, ante la preocupación causada por este anuncio.

Cuando de repente se abre lentamente la puerta de entrada a la bodega, entrada abandonada por necesidad por Ibtin, al tener que irle a comunicar a Wat la información que le acababan de transmitir.

Es "Oskar Drummer" quien se asoma y amigablemente saluda.

"Hola amigos".

Todos fijan su mirada sobre él. De repente su rostro cambia cuando grita:

"¡SOBRE ELLOS!"

'Oskar Drummer' se cubre el rostro con una mascarilla de oxígeno e inmediatamente varias latas de gas lacrimógeno son disparadas al interior de la bodega. Estas golpean cabezas, pechos y espaldas de la ahora histérica multitud.

Aquellos que recibieron su golpe en la cabeza mueren instantáneamente.

Una veintena de tropas de asalto, en armadura de combate realizan el asalto a la bodega, divididos en varios grupos.

Un grupo de cinco son los que entraron por la puerta principal, lanzando los mortíferos botes de gas lacrimógeno, tras la orden de Magno Jagger.

Otro grupo se descuelga de los tragaluces, estos bajan en rapel descargando sus armas automáticas. La mayoría de los miembros de la resistencia de Wat caen abatidos bajo la lluvia de balas.

El resto de las tropas cubre el perímetro, para evitar que nadie se cuele por ventanas o salidas alternas.

César con horror ve como Wat cae muerto de un balazo en la frente; sus hombres, Leert, Ibtin, tratan de huir pero también caen. El humo lacrimógeno les confiere una belleza tétrica a los punteros láser, mismos que al posarse sobre espaldas, pechos o cabezas son como un beso de la muerte al que luego sigue un certero balazo.

Él escucha los gritos de terror de las mujeres y se arrastra hacia Dani, quien con su cuerpo cubre a Karai.

"¡Dani! ¡DANI! ¿ESTÁS BIEN?"

Pero al moverla por el hombro se da cuenta que ambas están muertas.

"¡NO!"

Su vista se nubla, más que por el gas lacrimógeno, por el dolor al ver el cuerpo sin vida de Dani.

Una brusca y pesada mano lo sujeta por un hombro y lo jala hacia la salida. Es la grandota Lumila que con gran tino vació una botella de agua en su pañoleta de trabajo y con ésta se cubre el rostro. Agarra una lata de gas lacrimógeno, aún humeante y la lanza a la salida. Y luego como corredor de fútbol americano carga hacia la salida, llevando a César detrás de ella.

A ella se le ocurre coger un par de sillas metálicas plegadas, por su enorme marco corporal esto le resulta fácil, y con ambas abanica y golpea a un par de soldados de asalto, quienes fueron sorprendidos, gracias a la pantalla del gas lacrimógeno.

Lumila y César corren por sus vidas y logran perderse en las calles de la zona industrial.

***

Una vez que todo ha terminado, Magno Jagger entra a la bodega, todavía sosteniendo la máscara de oxígeno contra su cara. Entra caminando con gran aplomo, exuda satisfacción. A gritos dirige y da órdenes a las tropas de asalto.

"¡Tú allá! ¡Voltea ese cuerpo! quiero verle el rostro".

Se acerca y con burla piensa:

"Bueno, éste ¡ya no tiene rostro!"

Uno por uno checa cerca de una veintena de cuerpos. Como quien ve a un insecto aplastado, así mira el cuerpo de Wat.

"¡Excelente! La célula terrorista y su líder ¡aniquilados!"

Pero la satisfacción de Magno Jagger se va agriando lentamente, al ir revisando cada uno de los cuerpos va concretándose en su mente la certeza de que falta el premio principal de su cacería.

"¡INÚTILES! ¡FALTA EL CUERPO DE CESAR LACROIX! Así como el de la gigantona que lo cuida. ¡MALDICIÓN!"

Se le aproximan los soldados que fueron superados por Lumila.

"Señor, el gas lacrimógeno nos bloqueó la vista y esa mujer nos sorprendió golpeándonos con un par de sillas..."

"¡MAÑANA USTEDES ESTARÁN VIGILANDO UN CENTRO COMERCIAL!"

Magno introduce comandos en su tatuaje interactivo y grita al canal de comunicación establecido.

"¡Quiero un helicóptero peinando el área industrial de inmediato!

¡Los objetivos Lumila Tusiva y César Lacroix andan huyendo!"

Se voltea para dirigirse al líder de las tropas de asalto, mismo que se le acercó para reportar el resultado del operativo.

"¡Capitán, limpie este tiradero! y. ¡Este par de inútiles transfieralos a la policía bancaria industrial!"

Y Magno Jagger, se retira, a continuación, muy enojado. ”

martes, 4 de julio de 2017

Arrebatado, parte 19

"El paciente va a estar bien señor Wat, le puse puntos en sus lesiones más serias de la cara y le di antiinflamatorios. Ahora solo un par de días de reposo y este se recuperará completamente".

"Correcto doctor, muy bien". Wat le agradece al médico, dueño de una clínica privada, sobre la avenida principal que atraviesa el distrito Casablanca.

Este doctor, el doctor Ilan Ramone, es parte del grupo de resistencia de Wat, y presta servicio y atención médica gratuita a su gente.

Wat se sienta sobre una silla junto a la cama donde duerme Magno Jagger, luego de que el doctor le diera pastillas para dormir.

Wat sostiene en sus manos el gafete de identificación de Magno Jagger, pero él obviamente desconoce su verdadera identidad.

El gafete está a nombre de "Oskar Drummer", técnico de iluminación en la cadena de noticias Adhler.

Wat vuelve a consultar en el internet la información que de este "Oskar Drummer" pudo encontrar. En específico su perfil en la red social laboral. Él puede ver que el mismo existe desde hace siete años; puede leer que Oskar Drummer desde que egresó de la Escuela Politécnica ha estado trabajando para la cadena Adhler.

"¿Cómo pudo un técnico de set haberse enterado de algo crítico referente al medio ambiente?" Se pregunta.

"¿Habrá escuchado una conversación entre periodistas?".

Wat se pone de pie y abandona la habitación. Vía tatuaje interactivo le envía un mensaje al doctor Ramone:

"Gracias doctor Ramone, ya me retiro. Avíseme cuando de de alta al paciente, para mandar por él. Así como el monto de sus honorarios, para hacerle la transferencia".

***

Para molestia de César, Dani le consiguió a Oskar Drummer un 'lujoso' cuarto de azotea que recién se desocupó en el edificio Marca donde ellos viven.

"¡Dani! En cuanto la señora Albia te informó de ese cuarto ¡me lo hubieras comunicado! El cuarto de servicio que ocupo ni siquiera tiene baño propio..."

"Ya César, no te exaltes, además, te puedes cambiar a vivir con Oskar, como roomies, y compartir gastos".

"Por cierto, ¿por qué tan obsequiosa con él? ¡hasta lo llevaste al consultorio del doctor Medio para que le alterara su identidad digital".

"¿Estás celoso César?"

A esta pregunta juguetona de Dani, Lumila se asoma desde el interior del cuarto de azotea de ambas y, se los queda viendo fijamente.

En eso, por coincidencia llega Oskar y Dani de inmediato corre hacia él y se le pega del brazo, muy sonriente.

"Oskar, le comentaba a César sobre la posibilidad de que él y tú puedan ser roomies en tu “lujoso” departamento..."

"Pero, ¡desde luego Dani! para mi sería todo un placer compartir mi cuarto con César; ahora más que tú me contaste de las vicisitudes por ustedes experimentadas al recibir ese correo electrónico".

La sonrisa de Magno Jagger es grande y radiante, sus ojos están iluminados como soles. Su éxito es absoluto: no solo ha infiltrado exitosamente uno de los grupos de resistencia más importantes del continente Norte sino que ha hecho amistad con sus presas. Y ahora hasta la habitación va a compartir con uno de ellos.

Soltándose a Dani de su brazo se disculpa:

"Perdón Dani tengo cosas que hacer. César, si gustas, hoy en la tarde te puedo ayudar con tus cosas, para que te mudes aquí".

Dani, con un rostro radiante, le menciona cuando él ya está de espaldas entrando a su cuarto de azotea:

"¡No olvides la reunión del grupo, el lunes en la tarde!"

"No Dani, la tengo presente, muuy presente..."

Magno cierra la puerta de su cuarto y luego se asoma furtivamente por la ventana, apenas abriendo las persianas. Ve a Dani, quien ahora muy feliz se lleva a César, tomándose de su brazo.

Se retira de la ventana y se deja caer sobre la única silla en su cuarto, con carcajadas golpea la superficie de la pequeña mesa que le sirve como comedor y escritorio. Se ordena a si mismo calmarse y procede a establecer un canal de comunicación usando su implante óptico.

Él es atendido por el chat automático, que despliega el mensaje:

"Administración gubernamental, sección Ciudad Capital".

Y con su voz, la seria, la verdadera, se identifica:

Jagger., Magno. Funcionario gobierno espacial, código comando: Armadura, Cañón, Fusión, 27, Helio, 4, Flecha. Atención prioridad Aleph".

Tras una pausa, es atendido por el almirante Pietra, jefe de inteligencia de la administración planetaria espacial.

Un hombre fornido, canoso, de unos sesenta años de edad y con un rostro tan amable que nadie que no lo conozca sospecharía que es el mismísimo jefe del temido órgano de la inteligencia espacial en el mundo.

Su imagen, Magno Jagger, la ve desplegada en su implante óptico.

"¡Magno Jagger!" Y una carcajada, "¡hermano! “En cuanto se activó la alerta de tu contacto con el departamento, pues, me tenía que poner en contacto contigo.”

Con una familiaridad, que ningún funcionario, ni agente de rango intermedio, como Magno, se atrevería a usar con el jefe del departamento espacial de inteligencia, Magno Jagger se dirige a él.

“Pietra, requiero un apoyo para una “fumigación” este lunes en la tarde, en la dirección que en este momento estoy enviando.

De un solo golpe vamos, no solo a aplastar a las moscas que recibieron el correo enviado por ese inepto capitán de carguero, sino que también a uno de los principales grupos de resistencia del continente Norte.”

viernes, 23 de junio de 2017

Arrebatado, parte 18

Lumila, Dani y César se encuentran al interior de un departamento, en el tercer piso de un viejo y céntrico edificio habitacional. Incluso aquí arriba llega el ruido del distribuidor vial en deprimido, que pasa junto al edificio.

Dani se ve temporalmente transportada por el ruido constante de los vehículos que transitan en este concurrido viaducto, no se necesita mucha imaginación para comparar ese ruido con el romper de las olas del mar, y la luz crepuscular, de ese instante, apuntala la sensación de paz que éste transmite.

Ahora es el turno de César de estar al interior del consultorio. Un sillón reclinable, herramientas láser y una conexión ilegal a la base de datos tributaria, es lo que Wat necesita para alterar ambos iris de los ojos, huella digitales y dotar a sus "clientes" de nuevas identidades con todo y tatuaje interactivo e implantes ópticos funcionales, que nadie será capaz de rastrear.

A César le causa un conflicto de emociones el estar en esta habitación que luce como salida de una película de los años cuarentas pero que, al mismo tiempo, está dotada de tecnología más avanzada que aquella de su mundo de origen.

Impresión instantánea en los iris de los ojos, así como en sus diez huellas digitales, es lo que hizo un técnico recibiendo indicaciones de Wat. César se imaginó que iba a ser una intervención, en los ojos, con varias horas de reposo necesarias; pero no fue así.

El grabado de su tatuaje interactivo, ese sí requirió de más tiempo de dedicación ya que, no solo había que crear el patrón de proteínas para darle forma a la computadora, "el tatuaje", sino que había que regresar a uno de los ojos y hacer ahí lo mismo, para dotarlo a César de la muy útil interfaz del llamado implante óptico.

Mientras este procedimiento era aplicado a su cuerpo César se sentía orgulloso de saber sobre todo lo que era realizado, creado e implantado. En la vieja Tierra él leía todo sobre los últimos avances de tecnología, como sobre la nanotecnología.

Wat está concentrado observando en la pantalla de un equipo la imagen ampliada, en tiempo real, del iris del ojo izquierdo de César, corre diagnósticos y ejecuta pruebas, ¡que César puede experimentar!

César se maravilla ante esta expansión tecnológica de su mente. En su mente ve proyectadas imágenes varias de consultas al internet, accesos a redes de comunicación, mapas, una melodía, "¿escuchar a través del ojo? ¿cómo se comunica el implante óptico con los nervios auditivos?" Se pregunta él mentalmente.

"¡Listo! La intervención ha concluido". Wat dice en voz alta tras mostrarse satisfecho con los diagnósticos ejecutados.

"Gracias Medio por tu valiosa intervención".

Medio, el técnico médico de Wat ya se encuentra recogiendo sus instrumentos y herramientas láser varias.

"De nada Wat, me retiro por el día de hoy".
"Sí, está bien. Que descanses".

Y ahora Wat se dirige a César:

"Tienes que llevar gafas oscuras por todo un día y, no expongas tu ojo izquierdo a luces intensas tampoco".

"Gracias Wat".

Habiendo visto salir a Medio de la habitación donde se realizó la operación, Dani y Lumila se aproximan a la puerta, sin entrar. Wat nota su presencia.

"Dani, Lumila, ya pueden entrar. Y... felicidades a los tres, sus nuevas personalidades fiscal y digitales son... auténticas. Medio trabaja en el sistema de administración tributaria y, ahora ustedes son contribuyentes como cualquier otro".

Dani corre a darle un abrazo a César; Lumila permanece impasible, pero por dentro siente, repentinamente, ira hacia Dani al verla abrazándolo.

***

"Estos tipos ¡no han sido rastreados en semanas!" Piensa Magno Jagger mientras camina por las calles del centro.

"Las tarjetas de prepago solo permiten un consume limitado, ¡no pueden estar viviendo así! Al menos que, hayan sido tomados bajo la protección de los rebeldes, quienes sin duda.. ya los dotaron de nuevas identidades.."

Inferir esto le causa ira momentáneamente y aplasta de un pisotón una babosa que, confiada, picaba basura a unos pasos enfrente de él.

"Muy listos ¿verdad? Bueno, infiltraré a los rebeldes.

***

César, Dani y Lumila fueron de inmediato iniciados en las reuniones de resistencia, encabezadas por Wat. Una veintena de personas se reunieron hoy en una gran bodega de calzado de obrero y de la construcción, en una zona industrial, próxima al mercado Casablanca, en el vecindario del mismo nombre.

Para la hora de sus reuniones aprovechan el cambio de turno en la tarde, para así esconder y justificar el movimiento de decenas de personas.

Wat está escuchando sobre los últimos actos de sabotaje efectuados por su gente.

"Puse un algoritmo oculto que imposibilita se detecten impurezas en los chips de silicio. Cientas de miles de computadoras que los espaciales usen tendrán errores de cómputo".

"Muy bien Leert".

"Wat, yo desde un puerto de acceso público lanzé un ataque DoS, negación de servicio, al portal del sistema de administración tributaria".

"Ja, ja, eso estuvo muy bueno".

"El mío, mi acto de sabotaje estuvo ¡mucho mejor!"

"¿Sí Karai? cuentanos ¿qué hiciste?"

"En la madrugada de ayer trepé a la azotea del palacio delegacional en Jahred y vacié mi mochila que la tenía llena de migajas de pan".

"¿Y eso para qué jodidos sirve?"

La interrumpe Ibtin, poniéndose de pie y haciendo gestos que desprecian el acto de Karai. Pero Wat interviene.

"Por favor Ibtin, deja que Karai termine de hablarnos sobre su acto de sabotaje.

"Gracias Wat, hay hombres que solo tienen fuerza bruta y nada de cerebro..."

Y ella mira fijamente, con hielo en sus ojos, a Ibtin

"¡Hoy en la mañana nadie podía entrar al palacio delegacional sin ser atacado ni cagado por las cientas de babosas que volaron a la azotea a comerse las migajas de pan!".

Y en este punto, los presentes estallan en carcajadas y le aplauden. El rostro de Karai ahora parece el de una niña traviesa.

Ibtin se pone de pie y camina hacia ella.

"Discúlpame, a veces soy un idiota engreído. Eso que hiciste fue muy creativo".

Karai, quien es prácticamente una niña, tiene que levantar mucho la mirada para verlo al rostro a Ibtin, un curtido veterano del servicio militar espacial de la compañía, pero originario del mundo.

"Está bien Ibtin, no te preocupes".

Karai regresa a su silla y Wat levanta la mano, todos entienden que les está solicitando que se calmen tras el alboroto que Karai desató con su particular acto de sabotaje.

"Bien, bien. Miren, una ocupación masiva, como la que los espaciales llevan a cabo contra nosotros, no se puede combatir frente a frente, en una lucha de iguales.

Porque ellos tienen gran cantidad de recursos y materiales a su disposición.

Pero, sí podemos darles pequeños golpes en su infraestructura, en su logística y operaciones, interrumpir sus actividades, con tal de que su ocupación y explotación del planeta les resulte onerosa, y no solo en lo económico y material, sino en gente también...

Con tal de hacerlos que examinen si lo invertido y perdido en costos es superado por los beneficios obtenidos.

Gracias amigos".

La gente se pone de pie y se dirigen a una mesa que Wat puso con galletas y crafté. Pero Ibtin camina de prisa hacia la puerta y desde ahí se dirige a todos.

"Ya saben, como siempre, a intervalos de tiempo, uno por uno, o en parejas, salgan para no causar una sospechosa multitud".

César se lo queda viendo mientras bebe de un vaso de unicel el delicioso crafté que Karai se dedica a servirles a todos.

"¿Y bien, qué les pareció la reunión?" Wat les pregunta a César, Dani y Lumila, quienes ya se habían acercado a la mesa también.

"¡Muy interesante!" Le responde Dani, mientras la grandota Lumila solo se lo queda viendo. César se recarga contra la mesa, sin sentarse completamente en ella, y se dirige a Wat:

"Wat, pienso que, estos actos de sabotaje, y de asesinatos también, según interpreto por lo que mencionaste hacia el final de tu discurso, jamás van a pasar de actos violentos de parte de terroristas, así los va a presentar siempre la administración espacial en los medios.

Ustedes necesitan batirrse en guerras de información por la mente de los habitantes del mundo. Infowars...

Hay que comunicar masivamente a la gente la realidad de lo que está sucediendo: la emergencia climática debida a la explotación del medio ambiente por parte de los espaciales".

"¿Y qué propones para poder llevar eso a cabo?"

"Hay muchas maneras de hacerlo Wat. Por ejemplo una forma de ellas: en una fila en el súper, si vemos que la persona delante de nosotros lleva botellas de agua podemos hacerle un comentario sobre que la empresa embotelladora tiene permiso de la administración títere del mundo para explotar y agotar los mantos freáticos y vendernos a precio elevado lo que debería ser un derecho humano elemental: el acceso al agua".

"¿También hacen eso los espaciales, César?"
"¡Sí! todos en la reunión traían su botella de agua y, no he visto ni un solo bebedero en toda la Ciudad Capital. Es obvio que es uno de los tantos lucrativos negocios de los espaciales."

Dani los interrumpe.

"Será mejor que Lumila y yo nos vayamos adelantando".
"Está bien Dani, vayanse con cuidado". César le contesta.

"Wat, hay que usar, también, las propias herramientas de los espaciales contra ellos".

"¿Cómo a que te refieres?"
"¡Pues a los implantes ópticos, los tatuajes interactivos y la red!"
"No veo como podemos usar esas herramientas en nuestra resistencia contra los espaciales".
"¿Sabes contar chistes? Esa es, el chiste, una forma de propagación de información llamada meme. Por lo tanto, información relevante a la lucha de resistencia puede ser distribuida en forma de panfletos digitales, boletines FTP, correos electrónicos. Y así creamos redes sociales, donde cada nodo se convierte a su vez en un hub, punto de distribución".

***

Un hombre salvajemente golpeado es tirado en la avenida Midan, desde una camioneta de carga. Es la hora pico de la mañana y, toda una multitud contempla el incidente.

El hombre no deja de repetir:

"Están saqueando los recursos, están saqueando los recursos..."

La multitud se arremolina en torno de él. Una joven, aguerrida de carácter se abre paso entre la multitud y, se conmueve de ver a este hombre mayor, rubio y con apariencia de intelectual, molido a golpes en el pavimento.

Ella se hinca junto a él y le toma la mano. El hombre sumamente débil repite:

"Saqueando, saqueando".

Karai, la joven, se comunica con Wat, y en voz alta le dice, una vez que ha establecido la llamada en su tatuaje interactivo:

"¡Wat! estoy junto a un hombre que ha sido abandonado en la calle y a quien han golpeado salvajemente, este no deja de repetir algo referente respecto al saqueo de los recursos del mundo.

Sí Wat, ¡ajá!".

La joven asiente a las indicaciones que Wat le da. El hombre golpeado, Magno Jagger, sonríe y se congratula por su rápido éxito, en haber contactado a un grupo de la resistencia.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Kyary Pamyu Pamyu-Candy Candy, PonPonPon, Ninja Re bang bang @Koko, Lond...

Arrebatado, parte 17

César al fin ve el mercado municipal, está en la cuadra siguiente de un club deportivo privado Por los vehículos en los que llegan los usuarios puede adivinar que los usuarios pertenecen a la clase alta. A través de las grandes ventanas puede ver a gente haciendo spinning y jogging en máquinas fijas.

Son muy agradables los jardines frontales del club, pasto verde, arbustos y un inmenso árbol que proporciona una refrescante sombra.

Sin duda regar este jardín ha de costarle muy caro a la administración, teniendo en cuenta el desastre ambiental que se cierne sobre este mundo.

Incluso las babosas que él ve en los matorrales son hermosas, de colores verdes y rojos. Muy diferentes de las horribles babosas en el distrito Abala.

"¡Pase a comer joven! Tenemos Matcabis y sopa de istos".
"No gracias, vengo a comprar".

La mujer del restaurante del mercado, con mesas afuera sobre la banqueta, le acaba de mencionar alimentos que él no tiene idea alguna que son. César espera que la gente no coma las desagradables babosas.

En el interior el mercado no es tan grande, y apenas tras caminar unos cuantos metros, César identifica el puesto de calzado para obreros. El local tiene un maniquí vestido en conjunto beige, botas de goma, guantes, gogles, casco blanco y el temido chaleco rojo de seguridad.

Hace toda una era y en otro universo, cuando César trabajaba en Sistemas en el corporativo de Pemex, en su subgerencia, se designaba de entre los ingenieros a un jefe de seguridad. Éste era capacitado en primeros auxilios, control de incendios, evacuación en sismos y le era reservado un casco y un chaleco rojo, que ahí estaban en un perchero a la mitad de la oficina.

Con el paso de los años todos notaron la notable coincidencia que, el ingeniero designado como jefe de seguridad, siempre era despedido al poco tiempo.

Ser designado el jefe de seguridad de la oficina se convirtió en un beso de la muerte y, todos en la oficina, temían al maldito chaleco rojo como consecuencia.

César ve a un hombre al interior del local, está en el suelo hincado, al parecer acomodando cajas de zapatos.

"Hola, ¡que tal! ¿Es usted Wat?"
"Sí... ¿por qué?"
"Domma me lo recomendó"
"¿Sí? ¿Y por qué? ¿o para qué?"


César se acerca para poderle comentar en privado, al mismo tiempo que se levanta las mangas de la sudadera, para mostrarle su falta de tatuaje interactivo.

"Necesito un trabajo, para mi y dos amigas".

Wat lanza una maldición, al darse cuenta de que es lo que César quiere de él.

"¡Guau! ¡guau! ¡guau! ¿Qué tenemos aquí? ¡Un grupo de naturalistas escapados de su comuna!"

"Wat, tenemos monederos electrónicos para pagarte".
"No se de que me habla señor, y ¿Wat? ¿Apenas me encuentra y ya me está tutéando?
"Pero Domma me dijo que podía venir..."
"No conozco a ninguna Domma. Retírese por favor, tengo mucho trabajo.


Y el señor Wat vuelve al suelo, a continuar con su labor interrumpida de acomodar cajas de zapatos.

***

Dani decidió ir a un pequeño súper del vecindario, para comprar varias cosas que les hacen falta a Lumila y a ella, principalmente amonia, el caño del baño, en el cuarto de azotea que comparten ellas, como que erupta y huele muy feo.

Siempre que ella llega al súper están lavando la banqueta del frente y hay apiladas rejillas de leche, de las que emana un aroma bastante agradable. Madres de familia hacen fila para poder comprar el límite de seis litros de leche que el racionamiento impone.

"¡Buenos días!"
"¡Muy buenos días!"

Dani es saludada por el guardia de seguridad, a la entrada del pequeño supermercado. Ella, su personalidad, siempre transmite alegría, optimismo, energía; y por lo tanto su carisma le resulta muy agradable a las personas.

Para entrar al supermercado propio,tiene que pasar frente a la oficina del gerente. El cubículo de trabajo de este es visible a través de un amplio cristal y, ella lo puede ver muy atareado, trabajando en su terminal; en el monitor ella ve desplegada una hoja de cálculo y, esto le causa dolor, dolor por la vida que tuvo que dejar atrás intempestivamente.

***

César camina de vuelta hacia la parada del metrobus, luego de su infructuosa entrevista con Wat, el supuesto hacker de tatuajes interactivos. Camina sobre la banqueta de una zona comercial, cuando, sobre su hombro, nota que es seguido por tres hombres. Él se detiene frente a un aparador, fingiendo interesarse por la mercancía ahí exhibida. Esto para dejar pasar a los hombres.

Pero éstos, lejos de fingir y hacerse tontos, se abalanzan sobre César, lo golpean y sujetándolo con fuerza lo echan al interior de una vagoneta que, frenando con violencia, acaba de aparcarse junto a ellos. El vehículo arranca con gran velocidad. Los testigos, primero sorprendidos por el suceso, ahora continúan con su deambular que se vio brevemente interrumpido, nadie vio nada, nadie escuchó nada.

***

Magno Jagger recibe los aplausos de pie, del público en el auditorio. Es el fin del ciclo escolar y él como rector se dirigió a la clase saliente. Les dio el clásico y vacío discurso motivacional, pero Magno muy bien sabe que los egresados solo se llevan un inútil papel y, una gigantesca deuda del préstamo estudiantil. ¡Un préstamo! ja ja, esta es la "educación gratuita" que les ofrece la administración del planeta.

Las universidades hoy en día ofrecen títulos en carreras especializadas en cosas inútiles: arte, filosofía, estudios sobre el papel de la mujer en el tejido social. Estos egresados, piensa Magno, dentro de poco estarán como cajeros, choferes o vendiendo servicios de datos.

"¡Profesor Jagger! ¡Una fotografía por favor!"

Un nutrido grupo de alumnos recién graduados han subido al escenario, para abrazarlo y pedirle selfies con él.

Magno Jagger sonríe, actuando muy bien el rol del muy querido rector de la universidad.

"¡Desde luego!

Alumnos y padres de familia se toman felices, fotos con él, sin siquiera sospechar lo que Magno Jagger piensa de ellos.

***

César se encuentra maniatado a una silla y vendado de los ojos. Él está muy enojado por esta afrenta a su dignidad, ¿miedo? para nada, más bien siente deseos de pararse y agarrar a patadas a sus secuestradores.

"¡Sueltenme desgraciados!"

Y forcejea tratando de zafarse de la silla.

"Calma, tranquilo".

Le dice un hombre, al mismo tiempo que se acerca y le retira la venda que le cubre los ojos. César se queda quieto mientras analiza dónde se encuentra.

Cuando sus ojos se ajustan a la iluminación de la habitación, con sumo enojo descubre que el hombre que le acaba de quitar la venda es Wat, el dueño del negocio de zapatos para obreros.

"¡Maldito hijo de la chingada! ¡En cuanto pueda soltarme te voy a partir la madre!"

El par de hombres que acompañan a War se abalanzan sobre César. Wat sujeta el brazo del más alto de ellos, justo cuando este iba a propinarle una bofetada a César.

"Tranquilos muchachos, tranquilos; déjenlo en paz, quiero escuchar lo que el amigo tenga que decirnos".

"¡Wat hijo de la chingada!..."

"Hey, hey, tú también tranquilo. En verdad quiero escucharte. Pero antes déjame decirte que si determino que en realidad solo eres un agente más de la compañía, mis socios te darán su proverbial "trato VIP", ahora dime, ¡ah! ¿cuál era tu nombre?"

César, a pesar de su enojo, detecta que este hombre Wat transmite confianza y liderazgo. Wat es un hombre blanco, de estatura regular, rubio, con su cabello largo con raya en medio y ojos grises. Ahora lo mira paternalmente a César y esto lo anima a sincerarse.

"Wat, mi nombre es César, ¿no se lo había ya dicho en su puesto del mercado? Bueno, yo soy naturalista, criado en una comuna al interior del continente. Pero cansado de esa vida..."

"¿Un naturalista? ¿Con su color moreno de piel?"
"Wat, déjeme terminar, mis amigas Lumila y Dani se convirtieron en mis protectoras, dándome hogar y trabajo en la planta de procesamiento de algas del distrito Abala".

"¿Dos al mismo tiempo?" Wat observa jocosamente y voltea a ver a sus dos socios, quienes se ríen compartiendo la broma.

"Son mis amigas nada más... Mire, Dani, la gerente del departamento de Sistemas de la planta me acogió en su gerencia, porque tengo un talento nato para las computadoras, e hice gran amistad con mi compañero el ingeniero Sisco Benn.."

"Sisco... ¿Se dirige a algún lado este relato?"
"¿No le dijo hace rato a sus hombres que deseaba escuchar lo que tengo que decir? Uumm, Sisco, depurando el servidor de e-mail descubrió un correo, enviado por error a nosotros, del capitán de un carguero translumínico interesterlar, el correo básicamente decía que la compañía, los espaciales, están explotando toda vida, animal o vegetal, para elaborar la soya, la harina de algas. Mataron a Sisco y, ¡luego vinieron por nosotros!"

"Muchachos, salgan por favor". Wat le pide a sus hombres, antes de acercarse a César, con una navaja bastante intimidante, para cortar las cuerdas de nylon que lo sujetan.

"César, todo eso, nosotros lo sabemos”.

domingo, 21 de mayo de 2017

martes, 25 de abril de 2017

Arrebatado, parte 16

Todos saben que los espaciales han tomado control del mundo y, que lo gobiernan por medio de administradores y políticos títeres. Por eso cuando Dani le mencionó a la vieja, que ellos corrían peligro por haber descubierto algo que los espaciales hacen, ésta decidió darles alojamiento en dos cuartos de azotea.

Dani y Lumila comparten un cuarto, verde, solitario, detrás de las jaulas de tendedero. ¡Hasta eso! Esta azotea es muy agradable. A la vieja Albia le gusta llenar de macetas por todos lados.

A César, la vieja, le dio un cuarto, ex-cuarto de servicio, en la planta baja, hecho en el espacio vacío de las escaleras. Bastante incómodo; para bañarse tiene que subir hasta el cuarto de azotea de Dani y Lumila.

El día de hoy César salió a buscar el ponerse en contacto con alguien en la ilegalidad. Les urge remover o desactivar los tatuajes interactivos de Dani y Lumila. Y es debido a esto que, aunque es temprano en la mañana, él entra a una cantina en un vecindario de la ciudad que se ve bastante peligroso.

El tugurio está bastante oscuro, o al menos él lo percibe así porque es un día muy soleado. En el interior hay la tradicional barra de cantina y unas nueve mesas cuadradas. César se sienta en una mesa del centro, viendo hacia afuera. Él siempre ha recordado una línea de uno de sus libros favoritos, acerca de nunca sentarse de espaldas a una puerta.

Una mesera se le acerca.

"Hola buenos días".

A pesar de sus expectativas de hallar sensuales mujeres, aquí adentro, la mujer que lo atiende es una mujer normal, ya madurona y, ahora él se imagina que hasta puede que ella sea la dueña del establecimiento.

"Hola buenos días señorita, dígame, ¿qué tiene para botanear a esta hora?"

"Nachos con queso, ¿qué cerveza va a querer?"
"Traigame una ligera".
"¿Una Vasta le parece?"
"Sí está bien".

Luego de un instante la mesera regresa con una charola y coloca sobre la mesa el tazón de los nachos con queso, así como la cerveza. También le pone unas cuatro servilletas de papel.

"¿No desea algo más?"
"No gracias. Oye, me preguntaba, puesto que toda mi vida he vivido fuera del sistema, necesito hackear unos tatuajes interactivos así como, tener acceso al sistema monetario para mi".

César se recoge las mangas de su sudadera para que la mesera pueda ver que él no lleva un tatuaje interactivo.

La mesera, apoyándose sobre la mesa, le acerca el rostro a la cara.

"¿Y cómo diablos pretendes pagar lo que estás consumiendo? Tienes segundos antes de que le grite a mi marido y, te deje molido a golpes en la banqueta".

"¡Calma! ¡calma! Tengo monederos electrónicos, con fondos, obviamente."

La posesión de metales preciosos está prohibida por el gobierno. Aún así, las casas de empeño todo el tiempo están comprando oro, plata, joyas y monedas y, las pagan con monederos electrónicos; mismos que existen, emitidos por la banca, para que niños (o amputados) puedan intercambiar bienes. Ya que, los tatuajes interactivos, solo se pueden aplicar a una persona que ha dejado de crecer. A un niño se le distorsionaría el tatuaje apenas entrara al crecimiento experimentado en la pubertad.

Lumila tuvo el buen tino de comentar todo lo anterior.

"César, tu cadena de oro, aquí en la capital ya podemos sacarle provecho". Le dijo aquel día cuando ella propuso venderla en una casa de empeño.

César extrae un par de monederos electrónicos, de su billetera y, los arroja sobre la mesa. La mesera recoge uno de ellos, lo lleva al escáner de la caja registradora en la barra y luego regresa con César.

"Sí, tienen fondos".

Y arroja los monederos de vuelta sobre la mesa. César los cubre con su mano izquierda y se la queda viendo, pensando que ella es una mujer de carácter fuerte.

"Oye, volviendo a lo que te pregunté en un inicio. En verdad me urge alterar, hackear unos tatuajes interactivos. Para que mis amigas y yo no muramos de hambre.".

"Y ¿acaso mi bar te parece punto de encuentro con criminales y terroristas antisistema?"

César frunce el ceño y se encoge de hombros. César, sin haber consumido los nachos ni la cerveza, desliza uno de los monederos electrónicos hacia ella.

"Toma, cóbrate, ya me retiro".

Ella recoge el monedero y antes de ir al mostrador para hacer el cargo le dice:

"Ve al mercado municipal en Casablanca, ahí en el puesto de zapatos para obreros, dile a Wat que te envié yo, Domma.

***

Lumila y Dani, en los días transcurridos desde que llegaron a vivir al edificio Marca, en el vecindario de clase media Albion, se han dedicado a hacer trabajos varios, con los vecinos del edificio de apartamentos, a cambio de pago en forma de monederos electrónicos.

"Es que, mientras conseguimos un empleo formal, queremos un ingreso que no nos signifique un gravamen fiscal".

Es la explicación que Dani le dijo a Lumila, que dieran a los vecinos.

Lumila, por sus conocimientos técnicos se ha vuelto una especie de conserje, que hace reparaciones de instalaciones eléctricas, aparatos y electrodomésticos y, Dani por su parte, tiene varios niños a los que les da clases de computación.

***

El vecindario Casablanca está muy accesible, de hecho una de las paradas del sistema troncal de transporte se llama así, César la identifica de inmediato en su mente al haberse aprendido las rutas de transporte y decide partir de inmediato hacia el mercado que Domma le señaló.

***

Dani está en el apartamento de una vecina del edificio, donde justamente acaba de terminar la clase de computación que le impartió a Ruser, el hijo de ocho años, hijo único de la familia que aquí vive.

Dani le está enseñando los rudimentos del sistema operativo Inix, cosas como desplegar el directorio actual, desplegar archivos y sus propiedades, copiar, mover, renombrar archivos, etc.

Apenas Dani le dijo a Ruser que la clase había terminado, éste abandonó la silla del comedor, donde habían estado trabajando, como disparado por un resorte.

A Dani esto le causó mucha gracia y, la señora Hardin le sonría a Dani al observar lo mismo.

"Dani, ¿no deseas tomarte un té?"
"Está bien, ¡muy buena idea Tonya!"
"Bien, deja lo traigo, ya lo tenía preparado".

La señora Hardin se retira por un instante hacia la cocina, para traer, en una charola, el par de tazas de té. Coloca una de las tazas frente a Dani y luego esta se sienta frente a ella, sosteniendo su taza entre sus manos.

"Está rico este té, ¿qué marca es?"
"No de ninguna, este té lo compro en un puesto del mercado municipal".

Ambas beben de sus tazas y ahora observan al pequeño Ruser quien, con mucho alboroto, pasa corriendo persiguiendo a su simpático perro de raza pequeña. Ruser se arroja sobre el perrito y ambos se deslizan sobre el suelo hasta terminar, sin hacerse daño, estrellados contra la puerta de la cocina.

Dani se ríe y al observar a la señora Hardin nota que ella permanece seria.

"¿Qué le pasa señora Hardin?"

"Nada Dani. Ver a Ruser jugando con Cometa, el perro, me hizo recordar varias cosas. ¿Sabes? Pasan cosas, coincidencias, que me hacen preguntarme si este mundo no se trata en realidad de una simulación".

"¿Cómo cuando una piensa en una persona a la que no ha visto en mucho tiempo y, al primer lugar al que sales te la encuentras?"

"Sí Dani, ¡exáctamente a ese tipo de cosas me refiero! ¿Sabes? cuando era niña me pasó algo rarísimo."

"¿Qué cosa señora Hardin?"
"Mira, yo tendría cinco años, y mi papá tenía un perro de raza pequeña también, ya anciano, de unos dieciséis años, el perrito ya estaba ciego pero, se valía por sí mismo, era cariñoso y aún jugaba, claro que la mayor parte del tiempo se la pasaba dormido."
"¡Ajá!"

"Un día, una sirvienta nueva, dejó la puerta del frente abierta y Rocco se salió. Nos debimos de haber dado cuenta varias horas después, cuando llamándolo para darle su comida, de la una de la tarde, no apareció.

Fue un momento de mucha angustia y tristeza. Y luego la resignación de que el pobre Rocco se había perdido. E inició lo que todos los dueños de perros perdidos hacen: salir a caminar las calles, preguntar a los vecinos de la zona si no lo vieron, imprimir volantes e irlos a pegar en postes y paredes.

Y así pasaron dos semanas y la resignación de que se había perdido llegó".

"Sí, es muy triste perder a un perro, o que muera, realmente son un miembro más de la familia".

"Y luego, eso muy extraño sucedió Dani. Jamás lo voy a olvidar. Como te comenté, ya habían pasado más de dos semanas, era un domingo, yo bajé muy temprano en la mañana porque tenía sed. Mis papás estaban dormidos y, cuando entro a la cocina, ahí contra la lavadora y la secadora, sobre el piso, ahí estaba Rocco dormido en su camita".

"A lo mejor tu papá lo encontró y lo metió a la cocina".

"No Dani, no pasó eso. Porque me regresé feliz y entré gritando, saltando de alegría al cuarto de mis padres, ¡Regresó! ¡Regresó! ¡Rocco regresó! y, mis padres medio dormidos me preguntaban que sucedía. Y yo les dije que nuestro Rococó había vuelto.

Y luego lo raro pasó, me dijeron que, de qué hablaba, que Rocco no se había perdido, que debí de haberlo soñado.

Y, todo se juntó para mostrarme que algo muy extraño había sucedido: Rocco estaba en su camita, misma que mi papá ya había tirado a la basura, junto con su pelota de hule, de esas que aprietas y chillan, su arnés y correa, así cono su vieja botella, la etiqueta ya desgastada, de shampoo del baño."

"¿Y todo eso ya lo había tirado tu papá a la basura? A lo mejor solo lo guardó".

"No Dani, yo vi cuando, todo lo echó en una gran bolsa negra de la basura y luego lo echó al bote de basura azul que teníamos, y luego vi el bote vacío, cuando los desperdicios ya se los habían llevado".

"Bueno Tonya, señora Hardin..."
"No, no está bien Dani, llámame Tonya".
"Tonya, eras muy pequeña, todo debes de haberlo soñado".
"¡Para nada, en absoluto Dani! Eso sucedió y, no es la única experiencia que he tenido.

Me ha sucedido, por ejemplo, que me toca enterarme de la muerte de una celebridad, lo leo en una revista y hasta lo veo en un video en la red, el anuncio de su muerte y luego, pasado el tiempo, aparece una noticia sobre esa misma celebridad, sobre su nuevo proyecto, relación o, incluso, ¡que se vuelve a morir!

Dani, estoy segura que caemos inadvertidamente a través de dimensiones paralelas".

sábado, 25 de marzo de 2017

Arrebatado, parte 15

César finalmente convenció a Dani que era muy mala idea el regresar a la casa de ella para obtener ropa y sus joyas, mismas que ellas quería utilizar como valores de cambio no rastreable.

También César le indicó que no contactara a su familia ni amigos, para no ponerlos en riesgo.

"Ten por seguro que los están monitoreando a ellos y, en cuanto detecten que te pusiste en contacto con alguno de ellos, lo torturarían y usarían de rehén para obligarte a entregarte". Esto le explicó César a Dani.

Así que rápidamente empacaron en tres mochilas ropa, desafortunadamente el tosco tamaño de Lumila hace imposible que Dani pueda tomarle ropa prestada, unos lunches y, César sujetando su cadena de oro en la mano izquierda le dice a Lumila:

"Aquél día en el supermercado te negaste a recibirla, ahora nos será útil para sobrevivir".

***

El tren subterráneo avanza silenciosamente a través de túneles de decenas de kilómetros de longitud. Fue idea de César el abandonar el distrito de Abala y, dirigirse a la ciudad capital del continente Norte.

También César le pidió a Lumila que comprara los pasajes del tren, ni modos, era la opción menos arriesgada al momento. Ya que es obvio que las transacciones hechas por Dani, con su tatuaje interactivo, ya han de tener una alerta de rastreo. Y rastrear las de Lumila le va a llevar al gobierno, por lo mucho, varias horas más. En lo que se deduce la relación entre Lumila, Dani y él.

Eliminar el dinero físico es una manera de control sobre el pueblo. Si alguien se convierte en "enemigo" del Estado, basta con bloquearle su acceso a los sistemas de pago para, prácticamente, matarlo de hambre. Y claro, esta medida autoritaria la venden como combate al crimen.

"Cuando lleguemos a la capital, hay que buscar la manera de desactivar sus tatuajes interactivos". "¿Estás loco? ¡Sin ellos perdemos el acceso al internet! ¡Es como quedarse ciego!" "Dani, ahorita mismo nos están rastreando, a ustedes dos, sus tatuajes son como un teléfono celular y su posición puede ser triangulada por cada torre de comunicación". "¿Celular? ¿Qué es eso?".

César se queda callado, es inútil hablar de su origen en este momento. Las luces de iluminación, que cada varios metros iluminan el túnel, le causan una sensación hipnótica a César y, él se acomoda en su asiento, estira las piernas y cruza los brazos, para dormitar un rato.

***

César escucha el ruido de una conversación, siente luz contra su cara, abre los ojos y se da cuenta que el tren se halla detenido en una estación, ya en la superficie. Se da cuenta que son Dani y Lumila quienes están conversando. Él se estira y les pregunta:

"¿Ya llegamos a Ciudad Capital?"

"Sí, ahora tenemos que esperar el anuncio que nos indique descender". Dani le contesta.

César se incorpora inspeccionando, en ambas direcciones a lo largo, a la poca gente en el vagón, luego se asoma por la ventana, tratando de detectar cualquier actividad que indique que están siendo esperados.

Dani lo observa, adivinando el motivo de sus acciones.

Una tonada musical y un anuncio indica a los pasajeros que ya pueden bajar del tren.

Descienden del tren a la estación, Lumila sin problema lleva las tres mochilas. Por un instante se quedan congelados, sin saber que hacer ni a dónde ir, pero César sabe moverse en el mundo de la ilegalidad y, identifica a un trabajador del andén, que por su apariencia se nota que pertenece a un estrato social no muy respetable. César camina hacia él.

El hombre está malhumorado, sudado, sus manos manchadas de grasa. Cuando César se acerca, el hombre, está interviniendo las entrañas de un poste de sección cuadrada, César se imagina que se trata de algún tipo de sensor ambiental.

"Perdón señor", César dirigiéndose al hombre, mismo que se voltea huraño por haber sido interrumpido en su labor.

César, levantándose las mangas de su sudadera, le muestra los antebrazos. Decide mejor hablarle familiarmente.

"Oye, mira, mis amigas, allá atrás y yo, somos naturalistas, y como comprenderás la falta de un tatuaje interactivo dificulta el moverse en la ciudad"

"¿No conoces alguien que coloque y remueva tatuajes?"

El tipo se lo queda viendo antes de contestarle.

"¿Naturalistas? ¿Así como vienen vestidos? Sí tu amiga la negra más bien parece una elitista, así como está vestida".

Esto exaspera a César, quien le hace un ademán de desprecio con las manos y se aleja de él.

Dani, en cuanto él se les acerca, le pregunta:

"¿Qué fuiste a hablar con ese hombre?"
"Fui a preguntarle si conocía a alguien que removiera tatuajes interactivos".
"¿Y?"
"Solo logré hacernos sospechosos ante sus ojos".

Con tono sombrío, Lumila agrega:

"Cuando nuestro rastro sea seguido hasta esta estación, ese hombre nos recordará perfectamente y también, lo que tú le hayas comentado".

"Vayamos al centro de la ciudad", Dani se dirige a ambos, "ahí entre la multitud nos perderemos por un rato, mientras pensamos que hacer".

***

Seis horas después, llega otro tren procedente del distrito Abala a Ciudad Capital. Magno Jagger vestido de negro, un cuello de tortuga, un saco negro, se baja del vagón de primera clase. Él está de vuelta en casa, lo que lo trae de regreso es la pista de, los ahora, tres fugitivos.

Con su mirada de halcón observa el andén y sus alrededores. Camina con determinación hacia la salida y al pasar junto a un trabajador de la estación le muestra la impresión de tres identificaciones de la planta de algas.

"¡Oye tú! ¿No viste a estas personas descender del tren anterior?"

El hombre ve las fotos en las identificaciones.

"¡Sí! ¡sí! El tipo dijo que eran naturalistas y me preguntó sobre si no conocía a alguien que hiciera colocación de tatuajes interactivos".

"¿Y?"

"Me las olí, que algo sucio se traían, la mujer negra y el tipo estaban bien vestidos para ser naturalistas. Él se dio cuenta que lo descubrí en su engaño y regresó con sus amigas y abandonaron la estación".

"Gracias".

Una alerta suena en la mente del trabajador y, él checando el mensaje en su implante óptico se da cuenta que el intimidante extraño le ha dado una propina. Le grita a sus espaldas:

"¡Escuché a la mujer negra decir que iban al centro de la ciudad!"

***

El centro de Ciudad Capital al fin vuelve hacerlo sentir a César que se encuentra en una urbe. El distrito Abala era solamente un conjunto de vecindarios en torno a una zona industrial remota. Pero ésta es una verdadera ciudad con gente, tráfico, edificios, comercios, restaurantes, ruido y escándalo.

Dani le hizo plática a la cajera de una tienda de conveniencia, a donde entraron a comprar lunches y craftés para desayunar. Ella, Dani, simplemente le dijo que quería pagar en especie y, también le preguntó por algún sitio donde pudieran habitar sin ser molestados.

La muy amable cajera le contestó que no había manera de recibir pago en especie, así que, comportándose magnánimamente, les obsequió los lunches y además, les habló de un domicilio donde podrían encontrar posada.

Siguiendo las indicaciones de esta cajera, fueron a un edificio de departamentos en una zona sorprendentemente agradable y de muy buen desarrollo comercial.

"Ingeniero Zel, este edificio se ve muy elegante, no puede ser la dirección correcta".

"¡Claro que es la dirección correcta Lumila!, y por favor, llámame Dani, es como la tercera vez que te lo pido".

Ahora César interviene:

"Dani, ¿cuál es el nombre de la persona, por la que la cajera nos dijo que preguntáramos?".

"Es la conserje del edificio, la señora Albia".

Caminan al interior del edificio, a través de un pasillo verde con techo arqueado, y con varias macetas colgadas de las paredes. Al fondo del patio central, la única puerta, esa tiene que ser la conserjería.

Llegan a la puerta y Dani le dice a César:

"Bueno, toca tú a la puerta".
"¿Por qué yo?"
"¡Bien ya!"

Lumila se exaspera y golpea la puerta con la palma de su mano derecha. Tras unos segundos se abre la puerta y pueden ver hacia el oscuro interior del departamento. Un olor rancio emana del mismo.

Una vieja en piyama, bata acolchada y pantuflas, emerge del interior. Un cigarro es sostenido en su artrítica mano izquierda. El pelo desarreglado. Y con mal genio les pregunta:

"¿Qué quieren? ¿Por qué golpean así a la puerta?"

Dani le responde:

"Perdón si la inoportunamos, ¡y también por tocar así a su puerta! Estamos buscando donde acomodarnos".
"¿Los tres en un solo departamento? ¡Sáquense de aquí! ¡Este es un lugar familiar!"

Lumila primero se sonroja y luego se enoja ante este comentario por parte de la vieja. Dani se siente frustrada por este comentario, fuera de lugar, hecho por ésta. Y luego agrega.

"Hice amistad con Rula, quien trabaja de cajera en una tienda de conveniencia. Ella nos mandó acá".

"Rula es mi sobrina. ¿Por qué los mandó aquí?"

Dani, ha sido recta toda su vida y, bien sabe que, las mentiras, se convierten en una gigantesca madeja que te atrapa. Así que opta por decirle la verdad a la mujer.

"Señora, mis amigos y yo corremos peligro. Descubrimos algo que los espaciales están haciendo en el mundo y necesitamos ocultarnos".

viernes, 24 de febrero de 2017

Arrebatado, parte 14

Dani y César se encuentran en el interior del automóvil de ella, sorprendidos por la súbita desaparición de Sisco y su familia.

Ambos hablan excitados y, al mismo tiempo, finalmente parecen haberse quedado sin aire y sin ideas.

"Dani, esto es obra del gobierno, como te comentaba hace un instante, Sisco abrió ese extraño correo electrónico enviado por capitán de la compañía".

"¡Oh no César! Si es así, ¡van a venir por nosotros también! Estoy muy asustada".

Sin esperarselo, Dani se lanza hacia él buscando consolación y seguridad. César no puede dejar de pensar en las terribles implicaciones que significan la desaparición de Sisco y su familiua. Finalmente Dani rompe el abrazo.

"¿Qué hacemos?" Ella le pregunta.
"Dani, mira, ya han pasado dos, tres días, desde el momento de la desaparición de Sisco y su familia y, perdón por ser tan crudo, estos agentes del gobierno y la compañía, tuvieron bastante tiempo para venir por nosotros.

Sisco me contó que estaba depurando el servidor de correo electrónico y, supongo que las personas que se hicieron cargo de él..."

"¡No! ¡no! ¡no digas eso!" Dani lo interrumpe llorando, pero César continúa.

"Dani ¡cálmate! Esas personas quedaron conformes al ya no hallar rastro alguno del correo que el capitán ese envió por error.

Vamos a presentarnos a trabajar mañana, yo voy a verificar el servidor de correos, para comprobar, como supongo, que ya sean Sisco, o los asesinos..."

"¡No! ¡no! ¡otra vez dijiste eso tan horrible!"

Acostumbrado a la terrible violencia en México, César no tiene ninguna compulsión para suprimir en su mente el lógico destino de Sisco y su familia.

"Dani estoy seguro que ya no hay rastro alguno de ese correo electrónico y que nosotros no vamos a sufrir atentado alguno.

Además piensa, todo el departamento de Sistemas de la planta desaparecido, provocaría muchas preguntas incómodas y atraería una atención que el gobierno no desea".

Dani se lo queda viendo, razonando acerca de ese esto.

"¡Oh! ¡Esa carita suya!", piensa César al mirarla y ahora se pregunta si él ha no dicho todo lo anterior solo para tranquilizarse a él mismo.

***

Dani pasó a dejar a César a la casa de Lumila. Ella estuvo observando subrepticiamente a ambos dentro del automóvil. El tiempo exagerado que tardaron en despedirse, y ella sin saber de que hablaban ambos, le causó que afloraran sus instintos posesivo y de celos.

Dani todavía bastante asustada, se abalanza sobre César y le da un largo abrazo de despedida.

Lumila se retira indignada a su habitación. Apaga la luz y se mete a la cama. Escucha a César subiendo al cuarto de servicio donde vive.

***

Dani llega a su bonita casa, en el lujoso completo residencial Diand. La puerta automática del garage se abre y ella introduce su vehículo. La noche ya ha caído.

Desciende del auto y observa la solitaria noche en la calle. Los letreros luminosos, con los números de cada casa, al nivel del suelo, en los amplios jardines frontales de los vecinos, siempre le causan una reacción de paz.

Presiona el botón en el llavero para cerrar la puerta del garage que, lentamente comienza a descender.

Es en ese instante cuando desde atrás la sujeta Magno Jagger.

"Antes de eliminarte, tú y yo la vamos a pasar muy bien".

Y le lame asquerosamente la mejilla.

Pero Dani, a pesar de su aspecto femenino y frágil, conoce de artes marciales, mismas que practicó desde niña. Le planta un seco cabezazo hacia atrás que le rompe la nariz, luego abre sus brazos y, doblando sus rodillas, se deja caer al suelo para zafarse de la llave de Magno Jagger.

Dani se incorpora, lo patea en la entrepierna, luego de un salto le da un pisotón en la rodilla derecha, para a continuación darle un par de patadas laterales en los costados.

Magno se retuerce de dolor en el suelo. Dani pasa angustiosos segundos esperando a que se abra la puerta del garage. Por un instante piensa en matar a su atacante, aplastándole la cabeza con la máquina soldadora de un hombre que ha estado yendo a hacerle una reparación, pero, ella no es una asesina.

Dani sale manejando a toda velocidad, con un destino en mente: la protección de César Lacroix.

***

El ambiente en la cocina, con Lumila, es triste.

"¿Y así nada más, cómo arrancar yerba mala del jardín dispusieron de Sisco y su familia?"

César le acaba de comentar a ella lo que, Dani y él, descubrieron al ir en búsqueda de Sisco.

"Nunca entablé una conversación con Sisco, solo lo conocía de vista, pero aún así me siento muy mal".

"Sí Lumila, es una verdadera tragedia, ahora imagínate como me siento yo, que trabajaba a diario con él y con quien había congeniado tan bien".

Lumila no ha levantado, en minutos, la mirada de la taza de su muy cargado crafté, la tiene sujeta con ambas palmas sobre la mesa.

César gira su mirada ante la escena de ella, ahí sentada petrificada. El silencio es roto abruptamente, y esto los hace saltar a ambos.

"¡CÉSAR! ¡CÉSAR!"

Es Dani gritando y golpeando con las palmas de sus manos la puerta principal de entrada.

César de inmediato identifica su voz. Lumila, quien se asomaba por la ventana de la sala, también la identifica.

"Es la ingeniero Dani Zel".

"¡Pues ábrele la puerta y deja la entrar! Algo le pasó".

Lumila siente mucho coraje por la orden y, el tono de voz, usados por César y también por la preocupación que él demostró hacia Dani.

Se dirige hacia la puerta y la abre. Una Dani llorando y bastante agitada entra y se abraza de Lumila.

"¡Gracias a Dios Lumila!"

César la cuestiona:

"Pero, ¿qué te pasó Dani?"

Ahora Dani se abalanza sobre César, lo abraza y descansa su cabeza contra su pecho.

Dani lo voltea a ver, su rostro sobre el de ella.

"¡INTENTARON MATARME!"

César escucha un zumbido dentro de su cabeza y, su visión se extiende hacia un túnel, al darse cuenta que la gente que mató a Sisco ahora está tras ellos.

"¡Cielos! ¡Eso es terrible! Si llegaron a ti, eso significa... ¡que en cualquier momento también estarán aquí!

Lumila, Dani, debemos abandonar la casa y buscar refugio".

Lumila, mortificada, se le queda mirando a César. Ella comprende perfectamente lo que está a punto de sucederles. Y su mundo se colapsa en ese instante. ¿abandonar la casa que su padre le dejó? ¿su trabajo como jefa de trituradoras en la planta? ¿su tranquila y respetable vida?

César con gran determinación las voltea a ver a ambas.

"Dani, Lumila, tenemos que marcharnos de aquí. ¡ahora!"