lunes, 31 de octubre de 2016

Arrebatado, parte 7

Al día siguiente, el licenciado Klinn informa al comisionado Monderre, sobre el estatus de detenido César Lacroix.

"Monderre, ¡hola! buen día. ¿Le hablaste a Talderne para ver si vamos a comer al Zilannia? ¿Sí? ¿Y qué dijo? ¿pasado mañana? OK Así quedamos, ni lo agendo, porque los cuates siempre son primero. ¡Ja, ja, ja!

Mira, te pongo al corriente sobre el caso del detenido éste, él de la falta administrativa a las leyes de migración. Sí, César Lacroix es su nombre, fíjate que, la policía investigativa confirmó lo declarado en, la forma que nos envió, la mujer que lo llevó a la oficina de comercio regional, en Abala. Sí, Lumila Tusiva.

¡Aja! Un agente fue a verificar lo que ésta mujer mandó. Este señor Lacroix estaba fuera de sí cuando irrumpió la amena plática de unas madres que habían llevado a sus niños a los juegos del parque del vecindario Héroes de Bransor, sí municipio de Abala también.

El propietario de una tienda de abarrotes, un Ynos Semos, lo vio colapsar en plena calle, luego de que lo corrió de su tienda. Sí, y todo lo anterior fue verificado por el testimonio de la pandilla infantil local; No Monderre, no ese tipo de pandilla, ok, los niños del vecindario, ¿ya querías arrestarlos? ¡Ja! ¡ja! ¡ja! Sus padres te darían una medalla sin duda.

Ahora lo importante Monderre, este tipo no tiene registro migratorio de entrada al planeta pero, tampoco tiene registro fiscal. ¿Puedes creer que no está registrado como ciudadano? Y, aún hay más, agárrate Monderre, el tipo este, Lacroix, no habla Estándar ni ninguno de los idiomas principales de la Unión Galáctica...

Sí, yo mismo lo puse a escuchar, la explicación que le di respecto a la importancia de su falta administrativa, traducida a diez idiomas y no entendió ninguno.

Creo que el tipo es miembro de una secta naturalista, sí Monderre, de esos que viven en comunas aisladas de la civilización y que sus creencias les prohibe usar tecnología, ni electricidad.

De vez en vez sus jóvenes escapan para experimentar la vida de la gran ciudad, sí Monderre, Pete es el aficionado a la cultura, yo no se mucho de estos naturalistas. No obstante, este tipo Lacroix está viejo para ser uno de sus jóvenes fugados y, además, es moreno, no tiene el tipo, ni la fisionomía, de los rubios naturalistas.

¡Ajá! ¡sí! Está bien, ¿entonces eres de la opinión de que el tipo es un idiota que lo echaron a la calle? Mejor, sí, así nos quitamos de encima al tipo. Ahorita mismo me conecto con el hospital público para avisarles que les vamos a mandar a un paciente psiquiátrico.

Bien Monderre en eso quedamos y, dile al cabrón de Talderne que no se vaya a echar para atrás con lo de la comida en el Zilannia. Te veo al rato".

Y el licenciado Klinn presiona el comando de, terminar conferencia, en su tatuaje interactivo. Y, a continuación, le grita a su secretaria:

"Iesi, venga por favor".

Ella se apresura a entrar al despacho de su jefe; es una señora muy recta y trabajadora.

"¿Sí señor?

"Iesi por favor, elabore las formas y descargue como liberado por cuestiones de salud mental al detenido que tenemos en los separos, César Lacroix".

"Sí señor".

"Y luego elabore las formas necesarias para el ingreso, del ahora paciente César Lacroix, al ala psiquiátrica del Hospital Público Central Norte. Te comunicas al hospital..."

"Sí señor".

"Te comunicas y con el folio de la forma, e invocando convenio de colaboración gubernamental, solicitas una ambulancia para su traslado".

"Sí señor".

"Es todo Iesi, ¡ah! y no olvides ingresar esto en la bitácora de la oficina".

"¡Desde luego señor!".

La señora Iesi sale del despacho y se dirige a su escritorio a realizar estas tareas asignadas. Por su parte el licenciado Klinn establece desde su tatuaje interactivo una conversación con el superintendente Baras, mientras ve a través de las persianas hacia la calle.

***

Julian se entera del inminente traslado de César, al ala psiquiátrica del Hospital Público Central Norte, porque Iesi le manda una alerta para que ya no le lleve de comer hoy en la tarde y, el memo acompañante, le da toda la información necesaria para comunicarle a Lumila los particulares de este desarrollo.

Lumila se encuentra en su privado en la planta, está discutiendo con el representante de la empresa fabricante de las bandas transportadoras, las que llevan las cajas de embalaje a los trailers de transporte, ¡ya van tres veces que las mismas se detienen, durante este mes!

El parar la producción, por el cuello de botella generado en estos eventos, tiene un alto costo logístico y monetario, que a todos pone de cabeza.

"Señora, le aseguro que yo soy el primero en sentirme sumamente molesto por estos inconvenientes".

Lumila, como técnica especialista en producción, tiene poder de decisión sobre el mantenimiento a la maquinaria involucrada en el proceso productivo, a pesar de que su título oficial sea solo el de jefa de trituradoras.

"Señor Rolin, sus máquinas, francamente, son una porquería. No tengo ningún problema en ir y recomendarle al consejo directivo que, una vez agotada la vida útil de las mismas, se busque al fabricante de la competencia".

El señor Rolin traga saliva.

"Señora Lumila, no habrá necesidad de tomar medidas drásticas, mire", la voz de Rolin entrecortada por el nerviosismo, "a pesar que ya pasaron dos años y por contrato ya no se puede hacer, le voy a cambiar ambas máquinas de bandas transportadoras por los nuevos modelos PCV-YQ y..."

"Permítame un momento por favor señor Rolin".

En cuanto Lumila se da cuenta que Julian, el guardia, le acaba de mandar un mensaje, ella decide desplegarlo y leerlo en su implante óptico.

"¿Traslado al ala psiquiátrica del Hospital Público Central Norte? " Piensa mientras incrédula asimila esto.

Ella responde el mensaje agradeciéndole a Julian y, resume su entrevista con el representante de la empresa fabricante de las máquinas de bandas transportadoras.

***

Al día siguiente, en el ala psiquiátrica del Hospital Público Central Norte, el doctor Kevinjay sale del elevador acompañado de un joven psiquiatra, que el doctor sumó a su equipo, luego de haber sido sorprendido por su brillantéz, cuando éste hizo sus prácticas profesionales con él.

"¿Entonces los test de inteligencia que le pusiste en la mañana, indican que tiene un alto coeficiente intelectual?"

"Así es doctor Kevinjay, tiene, el paciente, una alta inteligencia matemática y, percepción geométrica también".

"¿100% de score en 80 problemas? ¡Es notable!"

"Así es doctor".

Al pobre César le pusieron a resolver esos aburridos tests de inteligencia, que él mismo aplicó infinidad de veces a analistas que entrevistaba para contratratarlos en su subgerencia de desarrollo de sistemas.

Problemas del tipo: "cambiando de posición solo tres líneas, transforme una cuadrícula en dos cuadrados".

El doctor Kevinjay y su joven protegido llegan al privado del primero.

"¡Buenas tardes doctor!"

Al mismo tiempo, dos jóvenes internistas lo saludan. El doctor Kevinjay es un hombre de mediana edad, calvo y una barba rubia. Sus penetrantes ojos grises le dan una apariencia, que a varios, intimida.

Mientras que al mismo tiempo, lo vuelve sumamente atractivo a las mujeres, como el par de internistas que lo acaban de saludar, con sus brillantes ojos.

Por su parte, Leis Leed, su joven colega, es alto y delgado y, ninguna joven se molesta en mirarlo dos veces. Y esto no le preocupa a Leis, él ahorita está totalmente dedicado a su desarrollo profesional.

El doctor Kevinjay se sienta detrás de su escritorio.

"Leed, este paciente nos fue transferido desde el precinto distrital debido a que no habla ni Estándar ni ninguna lengua conocida y, burócratas tenían que ser, se deshicieron de él inventandole una tara mental. Todo ésto me lo sospeché desde que ellos mandaron la notificación del traslado."

"Doctor, entonces ¿por qué no habla el idioma?"

"Yo que se, será algún migrante ilegal de algún planeta apestoso en la periferia.

Siendo que se trata de un ser humano en perfecto uso de sus facultades mentales, pues, él no tiene por qué estar aquí".

"¿Tramito su descargo entonces doctor?"

"Aún no Leed. Antes y por no pecar de negligente, puesto que vamos a soltar a este individuo de vuelta a la sociedad, quiero hacerle la prueba de su nivel de violencia".

"¿El protocolo Cossa-68?"

"Así es, en efecto. Mañana a las nueve llevalo al escáner tomográfico".

***

César puede deambular libremente en el hospital; lo único que lamenta es que apenas fue ingresado, lo obligaron a vestirse con pijamas, pantuflas y bata. Lo disfrazaron de paciente. Él siempre ha creído que la forma como te vistes influye en el trato que recibes de la gente y, para su molestia, aquí en el hospital así ha sido.

En la mañana mientras desayunaba, antes de que llegara Leed a su habitación con sus ridículos test de inteligencia, una enfermera no solo le limpió la boca con una servilleta sino que, ¡insistió en meterlo a bañar! ¡Por favor! Como si él, fuera un anciano...

Caminando por el hospital César descubrió esta grande y agradable sala de estar, para el contacto e interacción entre pacientes y sus familiares. La sala, en dos de sus extremos, tiene paredes de vidrio y, varias macetas con grandes plantas. No obstante él sí siente la frialdad y temor que los hospitales siempre transmiten.

Esta tarde es fría y entra, por las paredes de cristal de la sala, una muy roja luz crepuscular, misma que proyecta largas sombras. La escena es mentalmente muy fría y tenebrosa, pero César al mismo tiempo admite que tiene cierto encanto y belleza que cautiva a los sentidos.

Hay cientos de personas en esta inmensa sala y, una que otra muy atractiva enfermera acompañando a ancianos, ¿acaso las medias blancas y la minifalda es una constante universal en el atuendo de las enfermeras?

Este anciano y la enfermera se encuentran junto a unos largos sillones negros que rodean una pantalla de TV gigante. La veintena de personas presentes gritan, vitorean y se emocionan viendo un encuentro deportivo. Los atletas visten cascos y armadura y, dentro de un largo foso, se disputan la posesión de una pequeña pelota.

Él se queda a ver el partido.

***

Al día siguiente, Leed pasó por César, más temprano de lo previsto, debido a que así se lo solicitó de último momento el doctor Kevinjay.

Y debido a esto, el pobre César no pudo bañarse ni, tampoco desayunar. Y si faltaba algo para agraviar aún más su dignidad, Leed llegó con una silla de ruedas, para llevarlo por los pasillos y ascensores como si de un anciano inválido se tratara.

Una vez que caes en la esfera de influencia de un hospital, como paciente, el trato del personal en verdad te empieza a cambiar a un minusválido.

Finalmente, luego de un largo recorrido de varios minutos, llegan al laboratorio donde se encuentra el escáner tomográfico.

Leed prepara un par de inyecciones.

"Señor Lacroix, por favor recuéstese en la colchoneta del escáner. No es necesario que se quite su pijama, solo vamos a analizar su actividad cerebral."

César por tono de voz, gestos y ademanes, entiende qué es lo que el joven doctor le está indicando.

"Ahora voy a inyectarle un colorante inerte e inocuo, para que el tomógrafo pueda escanear su cerebro".

Toma el brazo derecho de César y lo inyecta. La segunda inyección la deja Leed sin tocar, sobre una charola metálica. Sin duda esperando algo.

César se queda recostado cerca de media hora, viendo el techo, y todo este tiempo Leed se mantiene ocupado introduciendo comandos y calibrando el equipo. Leed es de esos que escriben dando teclazos fuertes. César lo vio muchas veces en su subgerencia, aquellos que hacen esto, en realidad, solo están fingiendo trabajar.

Finalmente llega el doctor Kevinjay.

"Leed me entretuve con una paciente, dime ¿ya preparaste al señor Lacroix e inicializaste el tomógrafo?"

"Sí doctor".

"Bien. ¿El suero está preparado a 5mg por kilogramo?"

"Sí también".

Kevinjay camina hasta la jeringa en la charola, la toma y se aproxima a César.

"Señor Lacroix, este suero estimula sus áreas cerebrales que responden a estímulos de daño, peligro y agresión. Esta prueba es necesaria para su reinserción, o no, a la sociedad.

Leed, pásame un algodón con alcohol".

Toma el brazo derecho de César y él es inyectado de nuevo. Sin esperarlo, César cae dormido.

El doctor Kevinjay le hace una seña a Leed para que, la colchoneta donde está César, se desplace hasta introducir su cabeza al tomógrafo.

***

César se encuentra con que está con Diana en el VIPs.

"¿Cómo pasó? ¿Qué hago aquí? ¿Qué no nos dejamos de ver hace como seis años?"

Es una fría tarde de un sábado. Las amplias ventanas del restaurante permiten una vista perfecta al, ¡estacionamiento del Wal Mart! pero bueno, es la vida, paisajes citadinos de la Ciudad de México, y estas vistas transfieren cierta tranquilidad por su familiaridad y cotidianidad.

"¿Diana? ¡DIANA! ¡Que gusto verte!"

Esos ojos brillantes detrás de unas largas y muy sensuales pestañas, que hipnotizan a César.

"César, entonces, ¿mañana me llevas al conservatorio nacional de música? Una amiga va a dar un recital y, es muy importante para mi el asistir."

Diana recorre los dedos de su mano derecha, contra la parte superior de la mano de César y luego sobre su antebrazo, y luego con su dedo índice le hace lentos y provocadores círculos, finalmente, le jala los vellos. César ya está totalmente bajo su control y si ella le pidiera ser su chofer por todo un mes, él le diría que sí.

"Ahorita vengo Diana, tengo que ir al baño".

Ella no le contesta nada, solo se lo queda viendo fijamente.

César se siente feliz, al lavarse las manos, se moja el cabello para acomodarselo. Incluso hasta camina de regreso a la mesa tarareando una vieja canción de Simon y Garfunkel.

Pero al llegar a la mesa se encuentra con que Diana se está besando, y manos por todas partes, con un horrible tipo chaparro, medio calvo y barbón.

"¡DIANA! ¿QUÉ HACES?".

"César, vete ¿sí? ¿No ves que estoy con un amigo?"

"Pero, ¡sí estás conmigo! ¡es nuestra cita!"

"Ah, ¡ESO ES LO QUE ME MOLESTA DE LOS HOMBRES! Creen que una es un objeto de su propiedad. ¡Pues no! Fíjate chiquito, yo soy libre, no me gusta que me hagan sentir asfixiada, amarrada. Estás pendejo si crees que me vas a tener así..."

César se despierta muy agitado, sobre la colchoneta, dentro del tomógrafo. Al incorporarse de imprevisto, se golpea la cabeza contra el interior de la máquina.

"Leed, sácalo del tomógrafo y llevalo de vuelta a su habitación".

"Sí doctor Kevinjay. Y bien ¿cómo interpreta las lecturas obtenidas?"

El doctor Kevinjay sostiene un par de impresiones a color en las que, el cerebro de César se ve iluminado con colores amarillo y rojo.

"Como puedes apreciar por la marcada actividad en los lóbulos frontales, así como la nula respuesta en el sistema límbico, este sujeto es definitivamente pasivo y para nada agresivo.

Cualquier cosa haya sido la que él soñó, lo hizo en el rol de víctima.

Leed, después de dejarlo en su cuarto, tramita su liberación inmediata."

"Así lo haré doctor".

sábado, 8 de octubre de 2016

Arrebatado, parte 6

César ya lleva más de un día en los separos del precinto distrital. Al haber sido detenido en fin de semana, lo dejaron guardado para procesarlo ¡hasta el "lunes". Calcula que eran la nueve de la mañana cuando despertó. Y otra vez la desagradable sensación de estar sucio, sudado y de su olor corporal que huele mal.

Se pone sus calcetas y tenis y se dirige al servicio, que está contra la pared, al fondo de su pequeña celda. Luego de orinar, se quita la camiseta para lavarse las axilas, el pecho y la cara. Trata de meter su cabeza bajo el chorro de agua, pero el lavabo es minúsculo; así que con las palmas de las manos, se empapa el cabello.

Se pone de nuevo la camiseta y, también la chamarra del pants. Camina hacia la reja y, pegándose lo más posible, trata de ver que está sucediendo en la puerta de acceso al pasillo de los separos.

"¡Hey! ¡tengo hambre! No me vayan a dejar aquí olvidado..."

El día anterior notó que él era el único inquilino de los separos y, hoy se encuentra también, completamente sólo, ni siquiera hay un guardia haciendo su rondín.

A su mente vienen imágenes de los largos años de confinamiento solitario, sufridos por el Conde de Montecristo.

"¿Cómo se llamaba? ¡Ah sí! Edmundo Nantes".

Y también se acuerda de la húmeda e insalubre celda donde la hermana y madre de Judá Ben-Hur se contagiaron de la peste.

"Bueno, ese riesgo no lo voy a sufrir aquí, este separo se ve bastante higiénico, pero ¡Saquenme de aquí!"

Con un ademán de desprecio a su suerte, le da la espalda a la reja, para recargarse contra ésta. Ahora una imagen de sus padres y sus hermanos viene a su mente. Desea que ellos estén bien. Se pregunta si estarán en el mismo tiempo que él, no había pensado en eso, pero, no, no es posible, el espacio-tiempo es una de las propiedades del universo y él, al haberse caído, o al ser arrebatado (¿por un agente inteligente?) a otro universo, está viviendo otro transcurrir del tiempo. Tal vez, incluso, su universo de origen, hace una eternidad que se evaporó, o colapsó...

***

Finalmente se apareció un guardia de prisión con una charola de alimento. El guardia antes de abrir la puerta le ordenó a César que se alejara un par de pasos hacia atrás.

"Amigo, hágase hacia atrás, es un protocolo que usted debe seguir".

César obedeció al ver las señas del guardia indicándole que se alejara de la reja. El guardia es un hombrecillo de mediana edad y calvo, enfundado en un uniforme de color kaki, de su cinturón cuelga un gran aro, que es su llavero, y lo despliega orgulloso, como si se trataran, todas esas llaves, de medallas ganadas en combate. A César este guardia le inspira confianza, nada que ver con el amenazante aspecto del guardia, de la visera y armadura negra, resguardando la oficina de comercio.

Pero bueno, estos solo son separos administrativos, no es una prisión propiamente dicha. Y César, luego de descubrirse arrebatado de su mundo de origen, todo lo encara y experimenta con curiosidad y asombro, como si él fuera Gulliver en sus famosos viajes.

Después de abrir la reja, el guardia recoge la charola del piso, donde la había colocado para poder abrir, y entra a la celda.

"Son unos burócratas incorregibles, muchas veces le he mencionado al comisionado que no se puede, ¡no se debe!, encerrar cono criminales a gente por simples faltas administrativas. Esto se debe procesar por medio de comparecencias notificadas por medio de citatorios".

Coloca la charola sobre la colchoneta de la cama.

"Bueno, desayune amigo. Antes de mediodía llega el jefe de asuntos migratorios del precinto. ¿Le parece si regreso en media hora para llevarlo a los vestidores para que pueda tomar un regaderazo?"

"Bueno lo dejo amigo, tengo que ir a preparar té para los jefes, antes de que lleguen".

Y el simpático guardia se retira. César come absorto y se lleva a la boca uno de los sabrosos panecillos que acompañan su desayuno.

Él sonríe, se siente como un perro, no entendió nada de lo que le dijo el guardia. Solo interpretó sus gestos, ademanes y tono de voz.

***

Al estacionamiento del precinto distrital llega un lujoso automóvil, solo emite un apagado zumbido porque es un vehículo eléctrico, su forma larga y aerodinámica recuerdan las formas de un bote fuera de borda y, sus ventanas polarizadas no permiten ver a su ocupante hacia el interior.

El gran estacionamiento, al aire abierto, apenas y se llega a ocupar por media docena de autos, solo los que son afortunados de poder entrar a pertenecer a las clases burocrática y comercial, pueden darse el lujo de vivir una vida de lujo y placer.

El conductor del auto finalmente escoge un espacio de estacionamiento junto a un arbolillo, en uno de los varios camellones que dividen el estacionamiento, la sombra de este va a proteger al vehículo durante el transcurso del día.

Su conductor desciende y se dirige hacia el interior del precinto distrital. Se trata del licenciado Klinn, jefe distrital de asuntos migratorios.

Le llega una notificación de mensaje a su tatuaje interactivo en su muñeca derecha, lo despliega en su implante corneal y, para su desagrado se da cuenta que no se trata más que de spam. Llega a la puerta y pasa su tatuaje interactivo por el escáner checador de turno.

"¡Buenos días licenciado Klinn!"

Muy alegre y con entusiasmo, lo recibe Julian, el simpático guardia que le llevó el desayuno a César.

"Hola Julian, buenos días".

El licenciado Klinn pasa su portafolios por el escáner de rayos X, de seguridad, y cuando la banda transportadora lo arroja al final de la mesa, Julian le solicita al licenciado:

"Licenciado Klinn, ¿puede abrir su portafolios, por favor?"

Y como todas las mañanas, el licenciado Klinn abre su portafolios y Julian lo revisa para únicamente ver que éste no contiene más que un sándwich envuelto en servilletas, dentro de una bolsa de plástico, acompañado en su soledad por una botella de yoghurt y una bolsa chica de plátanos fritos. En la tarde se repetirá este ritual burocrático, pero para entonces el portafolios solo contendrá la bolsa de plástico que el licenciado Klinn reciclará para su sándwich de mañana.

"Gracias licenciado".

"De nada Julian".

Cuando el licenciado Klinn da varios pasos, Julian le comenta.

"¡Licenciado Klinn! Hay un extranjero en detención administrativa por violación a la ley migratoria".

Dándose la media vuelta, el licenciado le ordena a Julian:

"Llévalo a mi oficina al mediodía y, busca a Diure, que limpie mi auto".

"¡Sí licenciando!"

El licenciado Klinn se dirige sin prisa a su oficina, va ocupado leyendo las noticias en su implante corneal.

***

El licenciado Klinn y los superintendentes de, procesamiento de información y el de métodos de administración, se encuentran, los tres, en el despacho del licenciado. Están comiéndose sus lunches del mediodía y bromeando sobre diversas cosas. Sus carcajadas se escuchan hasta el pasillo.

"Y entonces le dije al comisionado Monderre que esa vieja es pura simulación, que no le crea sus acusaciones de acoso, porque ella cuando va caminando, ¡solo va fijándose en las nalgas y los pitos de todos nosotros!"

Y ante esta puntada, del superintendente Baras, ellos estallan nuevamente en carcajadas.

Klinn suspira por fin y les dice:

"Bueno, yo sí tengo trabajo, no como 'otros vagos' que solo vienen a perder el tiempo. Así que, no es que los corra pero, ¡hush! ¡hush! sáquense de aquí".

Y les hace ademanes como si estuviera corriendo a un guarte que está comiéndose las sobras del bote de basura que acaba de voltear.

"Eres un cabrón pinche Klinn".

El superintendente Baras, amigablemente, así se tratan ellos, le dice mientras salen de su despacho. Klinn cierra su puerta de cristal detrás de ellos, coge su yoghurt de su escritorio, y de un trago se lo bebe completo, y luego se limpia los labios con las servilletas que envolvían al sándwich, para posteriormente hacerlas bola y arrojarlas al bote de basura.

Aún no se sienta tras su escritorio cuando escucha un toqueteo tímido a su puerta, se voltea y ve que se trata de Julian el guardia.

Le hace una seña a Julian para que pase; una vez sentado tras su escritorio, el guardia tímidamente le comenta, metiendo solamente su cabeza por la puerta entreabierta.

"Licenciado, disculpe la interrupción, pero como me dijo que a mediodía le trajera al detenido..."

"Sí Julian, lo tengo presente, por eso concluí mi lunch justo ahora. ¿Y bien? ¿Ya lo trajiste desde los separos?"

"Sí señor, lo dejé sentado en las sillas de espera en el pasillo".

"Traelo, ¿sí?"

Julian se retira y en segundos regresa con un César fresco y tranquilo, luego del desayuno y el regaderazo que Julian tuvo a bien proporcionarle.

En su display óptico de la retina, Klinn despliega sus pendientes del día y selecciona el archivo referente a César Lacroix.

"Buenos días señor Lacroix, tome asiento, por favor. Entrar de manera ilegal al planeta puede significar una pena grave, tanto pecuniariamente así como de tiempo en prisión; no es solo la falta administrativa por no haber usado un carguero translumínico interestelar autorizado por el gobierno y luego haber descendido en deslizador en un lugar remoto del mundo.

Usted entenderá que debemos desincentivar la introducción de fauna y flora nocivas, así como vigilar muy de cerca si un viajero viene infectado por alguna plaga contraída en los mundos pioneros de la periferia. La introducción de contrabando ¡es lo de menos!

¿Comprende?"

César escuchó todo el discurso del licenciado Klinn con atención y una sonrisa esbozada en el rostro. Le causa gracia que le sea mencionado tanto y él solo comprenda algunas palabras aquí y allá.

"Lo siento, mi comprensión del Estándar es muy pobre".

Klinn se siente frustrado, se estira y apoya su cabeza contra sus palmas entrelazadas detrás de ella.

"¿Qué idioma habla?"

César completamente disfrutando esto, le contesta burlonamente:

"¡Español!"

Klinn presiona comandos en su tatuaje interactivo para activar su equipo de cómputo de escritorio y en su display óptico corneal da varios clicks para que, todo lo que él le mencionó a César sea reproducido doblado al Español.

Pero lo único que emiten los altoparlantes del equipo de escritorio es un clásico sonido de error de sistema operativo que no tiene archivos de traducción a este tal Español.

Klinn vuelve a dar varios clicks y, de nuevo el sonido de error.

"¿Espaniol dijo usted? ¿En qué cuadrante de la galaxia se habla?"

"No lo se".

Vuelve a contestar César burlona y desafiantemente. ¡Ey! ¡esa pregunta la comprendí! Piensa él con satisfacción.

"Mire amigo, colabore o si no usted va a ser guardado un largo tiempo".

Klinn finalmente da clicks para reproducir su discurso en los diez idiomas más populares de la galaxia. Y después de largos y tediosos minutos César sacude su cabeza:

"No entiendo".

Klinn se pone de pie y desde la puerta de su despacho le grita a Julian. Al no obtener respuesta le ordena a la secretaria de la oficina.

"Iesi, por favor localíceme a Julian el guardia, dígale que venga por el detenido.

Klinn regresa a su escritorio y, ya no le vuelve a dirigir la palabra a César. Se ocupa leyendo su agenda y mensajes en su display óptico.

***

Esa tarde, al salir de la planta de soya, Lumila llega al precinto distrital. Lleva las bolsas con el resto de la ropa nueva que César se compró en el distrito comercial Abala, bueno ella en realidad la pagó. Así como un portaviandas con alimento.

Ella siempre ha sido independiente a lo largo de su vida, y nunca se ha preocupado por nadie, excepto su fallecido padre. Pero este extranjero César está totalmente sólo y desamparado, no conoce el idioma tampoco y, todo eso le causa compasión a ella.

Al aproximarse caminando al precinto ella piensa en algo que la pone completamente a la defensiva, mientras que al mismo tiempo causa que se ruborice. Ella piensa:

"¡Sí algún imbécil piensa que vengo a visita conyugal, lo mato con mis manos!"

Atraviesa el gran estacionamiento frente al edificio y llega a la puerta de cristal. Misma que ya está cerrada porque ya no es horario de atención al público en el área administrativa.

Julian la ve aproximarse y desde el cristal le señala el horario de atención, pegado como una calcomanía contra la puerta de cristal.

Aún así ella se agacha, cómicamente bajo la altura de la calcomanía para poder ver al guardia de seguridad (¡le hubiera bastado con moverse a su izquierda o derecha!)

"Perdón, disculpe, un amigo mio está detenido por una falta administrativa".

César es el único detenido en el precinto distrital y Julian, que siente simpatía hacia César, porque le inspira confianza, interpreta correctamente que es lo que desea la grandota mujer del otro lado de la puerta.

Julian toma su gran aro con sus “medallas de combate” (las llaves) y abre la puerta.

"Viene a ver al señor César Lacroix ¿verdad?"

"Sí señor, mire, le agradecería mucho si me dejara pasar a verlo y entregarle estas cosas..."

"¿Es usted su mujer?"

"¡No! yo lo ayudé cuando el señor Lacroix tuvo un desvanecimiento en la calle..."

Lumila al terminar de explicar esto, se pone a la defensiva, esperando la estúpida pregunta. Pero por fortuna a Julian ni siquiera le pasa por la mente.

"Mire señora..."

"Lumila".

"No puedo dejarla pasar, eso sería una falta grave a mis responsabilidades, pero, sí puedo entregarle esa bolsa con ropa. Los alimentos, no vienen al caso. Yo mismo soy el responsable de darle sus tres alimentos diarios."

"¿Y cómo está él?

"Hoy lo entrevistó el jefe de asuntos migratoríos, no le fue bien".

"Oh no..."

"Su amigo o se negó a contestar el interrogatorio o viene de un mundo sumamente sin importancia porque, al parecer, no habla ninguna de las lenguas principales de la galaxia. ¿Quién es él?'

"¿Le puedo dejar mi tarjeta para que me comunique cualquier cosa en el desarrollo de la situación legal del señor Lacroix?"

"Sí señora, desde luego".

Lumila presiona el par de comandos que efectúan el envió de sus datos de contacto, en su tatuaje interactivo en su muñeca, para darle su 'tarjeta' a Julian el guardia.

"OK, ya recibí su tarjeta, yo le envío un mensaje cuando ocurra cualquier cosa y, pues, le voy a llevar la ropa y avisarle de su visita al señor Lacroix".

"Se lo agradeceré, ¿señor?"

"Julian Zmah"

"Bueno, muchas gracias señor Zmah".

Y Lumila emprende el camino de vuelta a la estación de minibus eléctrico.