domingo, 25 de septiembre de 2016

Arrebatado, parte 5

Los dos días siguientes, César los pasó estudiando de libros de educación elemental, para niños, que Lumila sacó de unas viejas cajas de cartón guardadas en la parte superior del clóset del mismo cuarto donde él ha estado durmiendo.

Él supone que pertenecieron a Lumila. Ya conocen sus nombres respectivos y César, al menos, ya sabe frases de etiqueta básica que ella le enseñó a decir:

"Buenos días, buenas tardes, buenas noches", así como palabras y frases básicas:

"Hola, adiós, yo me llamo César, ¿qué es eso? ¿puedo tomar? yo quiero".

Para él ha sido una fuente de gran satisfacción el aprenderse tan rápido, las horas, los meses y días de la semana y aprender a contar.

Desde niño el siempre ha estudiado idiomas. Si bien se oxida por su falta de aplicación práctica de los mismos, salvo el Inglés que domina a la perfección.

Y se encuentra feliz, aprendiendo este idioma, que Lumila llama Estándar.

Y por fin llega el fin de semana y Lumila puede dedicar su tiempo a ayudarlo a recordar su identidad, lugar de origen y a ponerse en contacto con los suyos.

Con su nivel actual de dominio del idioma, César no puede, ni desea decirle a Lumila, que él literalmente cayó de otro mundo.

***

Este día en la mañana, equivalente al sábado, César se siente en fachas trayendo su traje, ya limpio, pero lavado en la lavadora de Lumila. El traje quedó sumamente maltratado. Por fortuna, el primer lugar al que Lumila lo lleva, es a una tienda de autoservicio.

Lumila le habla y trata normal, ella aún no ha sido madre pero sabe que sumergir a los niños en el lenguaje, es la única manera en la que aprenden a hablar.

César piensa que su benefactora, a pesar de ser una mujer muy alta y de complexión gruesa, se ve atractiva, hoy ella lleva su cabello claro cubierto con una pañoleta y, está vestida con una blusa de mangas largas y una falda larga también, que llega hasta sus sandalias. Lumila se desenvuelve con bastante seguridad de carácter y él nota que ella es una líder nata.

En el parque hay una estación de minibuses eléctricos, que luego de un trayecto de media hora por la carretera, hoy también transitan los trailers de la planta de soya, llega a una base en un gran complejo comercial.

Durante todo el trayecto, abordo del minibús, un niño de unos cuatro años de edad, sentado en el asiento adelante de Lumila y César, no dejó de mirarlo con sus grandes ojos negros y su carita babeada. César se sintió bien por haber experimentado esto tan gracioso.

"César, este es el distrito comercial Abala, vamos a ir primero a la tienda de autoservicio a comprarte ropas nuevas, y luego, a la oficina de comercio, ahí en sus bases de datos debe de estar ingresada tu llegada al planeta".

Tan pronto entran a la tienda de autoservicio, César se sorprende por las semejanzas con los súpers en su mundo: los carritos para tomarse a la entrada, las puertas automáticas, el guardia de seguridad, las filas de cajas registradoras, etc. ¡Este mundo tiene que ser el resultado de un universo paralelo que se desarrolló de manera similar a aquél de donde él vino!

Lumila camina delante de él llevándolo hasta la sección de caballeros y, en este instante, César se queda como petrificado al reparar en esto: la grandota Lumila con su sueldo de obrera (ella trabaja en una planta ¿no?) le va a comprar ropa. Y esto lo hace sentirse culpable, por la molestia infringida en ella.

"Toma César, escoge un par de juegos de pants que te queden". Ella los toma de donde están colgados en un exhibidor circular y los empuja contra su pecho. Lumila es un tanto brusca.

Con toda la pena del mundo, o de los mundos, César aprovecha para coger también, juegos de camisetas, ropa interior y, con Lumila siguiéndolo empujando el carrito, encuentra la sección de zapatería, donde escoge dos pares de zapatos deportivos del número ocho.

"¡Oye! A ti te dicen que tomes la mano y te tomas el pie".

Entendiendo, por el tono de voz y gestos de Lumila, César se disculpa con ella:

"Mil disculpas Lumila, pero necesito ropa, así como las mudas de ésta. Mira, a cambio de todas tus atenciones y molestias que te he causado, toma mi cadena de oro".

El oro es un mineral raro, que solo se crea en el núcleo de los soles al estallar en supernova, así que, César no tiene ninguna duda que en este mundo también es un metal precioso y usado como reserva de valor y moneda de cambio.

Él le coloca entre sus manos la cadena que se acaba de quitar del cuello, Lumila de inmediato nota que es una joya pesada y por lo tanto de mucho valor.

"No, no, ¡no es necesario! tú eres mi huésped y yo te atiendo por lo tanto; además esto lo voy a pagar a crédito."

Y le regresa la cadena, cerrándole a César sus puños alrededor de la misma.

***

Al salir del supermercado caminan en este gran complejo del distrito comercial, el sol brilla en todo lo alto con un cielo azul de fondo. César ya tuvo tiempo de estudiar la geopolítica de este mundo, en la enciclopedia que su padre le heredó a Lucila, y pudo ver en los mapas, que éste también es un planeta oceánico, con dos grandes masas continentales, una en el hemisferio norte y otra en el hemisferio sur; no cuenta con casquetes polares ni tampoco con lunas. Todo esto él lo recordó a propósito del cielo azul, un producto de los océanos.

Es un gran centro comercial con grandes espacios abiertos y los negocios y corredores, protegidos del sol por arcos.

Pasan restaurantes de comida rápida, heladerías. boutiques, tiendas de electrónicos (él se promete volver para conocer los gadgets de este lugar).

César identifica los baños públicos, su entrada idéntica a los de los centros comerciales en la Tierra.

"Lumila, permíteme unos instantes, quiero quitarme el traje maltratado y ponerme mi nueva ropa".

Le menciona esto a ella al mismo tiempo que señala a la entrada de los baños y le da palmadas a sus bolsas de las compras.

"Está bien, entra al BAÑO, aquí te espero".

César se apresura, feliz por la oportunidad de quitarse su arruinado traje, mismo que lo hace sentirse mal. El baño de hombres es grande, con una docena de cubículos de WC y en la otra pared los mingitorios.

Solo hay tres hombres, no cree violar ninguna norma moral de este mundo si se cambia recarcado contra los lavamanos y, en efecto, ni lo voltean a ver. Luego de ponerse sus zapatos tenis nuevos, se lava las manos y se moja el cabello acomodándoselo.

Echa su traje, y zapatos en las bolsas y se dirige al gran bote de basura, tiene que levantar la sección superior del bote para que quepan las bolsas, al echarlas las despide:

"¡Adios viejo yo!"

Recoge las otras bolsas con su demás ropa nueva y camina apresurado hacia afuera. Lumila impaciente, con brazos cruzados lo ve y él le dice:

"¿Qué tal mi nuevo yo?"

Pero ella no le pone la vista encima ni por dos segundos.

"VEN ¡VAMONOS!" Lumila pone énfasis en las palabras para facilitarle a César el aprendizaje del Estándar.

Y luego de varios minutos llegan a los arcos bajo los cuales se encuentra la oficina de comercio.

Como la representación distrital del organismo regulador de todo el comercio planetario, esta oficina tiene acceso a las bases de datos de migración; así que no importa si César ingresó al planeta como turista, agente comercial o diplomático, sus datos, así como su biométría, se encuentran disponibles para consulta. Y aunque César haya perdido la memoria, basta con capturar las palmas de sus manos, así como el iris de sus ojos, para tener su identidad, su lugar de origen y así contactar a los suyos, ya sea gobierno, compañía o familia.

Al menos esta es la impecable lógica seguida por Lumila.

***

Al entrar a esta oficina pública, de la oficina de comercio, los recibe un guardia de segurida. Este lleva puesto un casco con una visera de polímero, contra la cual se proyecta información y, está vestido en un traje negro de cuero provisto de armadura. A César le parece más un equipo de combate que el atuendo apropiado para un guardia de seguridad.

No pueden entrar porque el paso lo bloquea una cinta de nylon. La voz del guardia es emitida por un altoparlante en su casco.

"¿Tienen cita? ¿Qué trámite vienen a realizar?"

"No, no tenemos cita", Lumila es la que interactúa con el guardia, "Este caballero que me acompaña, sufrió un accidente atravesando una calle, mismo que le causó el perder la memoria."

"Ajá, sí. Continúe".

"El caballero es extranjero y, no habla Estándar. Mi propósito es el poderlo identificar, a través de su biometría y así ayudarle a regresar a su lugar de origen".

"¿Por qué no lo llevó al precinto de policía de su distrito?"

"Bueno, porque él señor no estuvo involucrado en ningún acto criminal y, la oficina de comercio administra el ingreso al planeta de comerciantes y representantes de otros mundos".

El guardia consulta ahora con la burocracia al interior de esta oficina; Lumila y César pueden ver el silencioso diálogo desplegado contra el interior de la visera del guardia. Cuando éste termina, la máquina expendedora de tickets de turno de atención, imprime un ticket con un críptico código impreso en éste.

El guardia jala el ticket, se lo entrega a Lumila, para a continuación remover la cinta de nylon para así permitirles el acceso.

"Pasen a la sala de espera y chequen en el display de la pared su turno y, a que cubículo de atención pasar".

César con desgano cavila en el hecho de que la burocracia pública es, al parecer, igual de engorrosa en todo el multiverso.

La sala de espera está llena de gente, al menos una treintena de personas esperando ser atendidas. Esto significa que el tiempo de espera va a ser ¡de horas!.

César sí entendió la explicación que Lumila le dio la noche anterior, sobre el propósito de su visita a la oficina de comercio.

Con su nivel actual de Estándar, él no pudo transmitirle a Lumila el significado intencionado, respecto a si hay contacto con extraterrestres y si, iban a poder verlos en la oficina de comercio. Lumila un par de veces le respondió que sí hay extranjeros y que muchos de ellos iban estar hacia el interior de la oficina.

César voltea para todos lados tratando de identificar extraterrestres esperando su turno de atención pero, solo pudo ver personas pertenecientes a otras etnias y llevando ropas distintas a las que la mayoría usa. Situación similar a la de estar en el interior de un aeropuerto.

Él está distraído en esto cuando, Lumila le da un par de palmadas en la pierna, cuando se da cuenta, ella ya va camino de un cubículo.

"¡Vaya! Eso fue rápido".

Y César piensa que tal vez su rápida atención se debe a que ellos no van a realizar un trámite gubernamental sino, a solicitar ayuda con una consulta de información, sus inexistentes registros migratorios.

Al entrar al cubículo Lumila le señala la segunda silla mientras ella procede a sentarse en la que está cercana a la pared.

"Siéntate en la silla César".

"¿Me permiten su ficha de turno de atención?"

La ejecutiva es una mujer de mediana edad, gorda, pero no obesa, cabello corto y un rostro redondo, detrás de unos lentes, que inspira confianza.

Lumila se la entrega la ficha.

"Gracias, ¿qué tipo de ayuda necesitan?"

"Gracias, el caballero que me acompaña es extranjero, y sufrió un accidente en la calle que le causó el perder la memoria y, mi intención es el usar su biometría para consultar su registro de ingreso al planeta y, así identificarlo".

Y la ejecutiva, ahora, se dirige a César.

"¿Cómo se llama?"

"César Lacroix".

"¿De dónde procede? ¿A qué gobierno o empresa representa?

"No se".

"¿Y sus documentos? ¿Por qué no simplemente no se los ha proporcionado a esta samaritana que ha decidido ayudarlo?"

César voltea a ver a Lumila y le hace un ademán indicándole que no entendió la pregunta.

"El señor Lacroix no contaba con documentación cuando yo lo levanté de en medio de la multitud que lo observaba, después de sufrir su accidente".

"¿Y cuál fue la naturaleza de su accidente?" Le pregunta la ejecutiva.

"Un tendero, conocido mio, que presenció cuando el señor Lacroix se desvaneció a mitad de la calle, me comentó que instantes antes el señor Lacroix se le notaba angustiado y fuera de sí, de hecho sufriendo un ataque de histeria".

Al escuchar esto último, la ejecutiva se queda viendo fijamente a César, mordiendo uno de los brazos de sus lentes.

"Está bien, señor Lacroix sígame".

La ejecutiva se pone de pie; Lumila tambien y sacude el hombro de César.

"¡Síguela!"

Haciendo con dos dedos de su mano derecha, sobre la palma de su mano izquierda, el ademán de caminar.

La ejecutiva hace una pausa, para verificar que César venga detrás de ella y, en efecto él ya la sigue, con Lumila caminando un par de pasos detrás de él.

Finalmente llegan a unas mesas delgadas, cubiertas con un mantel azul, sobre los que hay unas grandes y toscos aparatos, que no se verían extraños en cualquier óptica y, a ambos lados de estos, unos rectángulos de cristal oscuro.

Debido a que detrás de los aparatos hay ejecutivos de la oficina de comercio y frente a estos hay gente sentada presionando su cara contra el aparato y, colocando sus palmas contra los rectángulos de vidrio, César fácilmente discierne que estos son los escáneres biométricos.

"Savaz, necesito identificar a este caballero extranjero. Pásalo inmediatamente apenas se desocupe una de las estaciones de captura".

"Sí Doris, enseguida".

Un anciano se levanta, habiendo terminado su trámite, el joven ejecutivo, al cual Doris se dirigió, le indica a César que tenga la amabilidad de sentarse.

"Por favor coloque su rostro contra el visor y las palmas de sus manos en los escáneres a ambos lados".

Lumila le indica con ademanes: "visor" sobre sus ojos y exageradamente abre luego sus manos, indicándole que así coloque sus palmas contra los cristales negros a ambos lados del escáner óptico.

César hace todo lo que el ejecutivo le indicó y, el joven ahora procede a leer la consulta en su display.

Pero ninguna información aparece; él vuelve a repetir la consulta y nada. Desconfiando del aparato, él mismo se coloca en el escáner.

"A ver, déjeme sentarme para tomarme una lectura".

César, por el lenguaje corporal del joven Savaz, entiende que se quite para que este se siente. Savaz regresa al display y ve su ficha de identificación desplegada.

"Señor, una vez más, colóquese para que yo capture su biometría".

César accede y, de nuevo Savaz no obtiene ninguna información.

"¿Qué sucede Savaz?"

"Doris, este caballero no tiene registro en el sistema", Savaz hace una señal de asombro con sus manos extendidas, encogiéndose de hombros, y luego agrega, "está ilegalmente en el planeta y, tampoco tiene registro fiscal."

Doris pensativa, de nuevo mordiendo los brazos de sus lentes se dirige a Lumila y César:

"Un momento, no se muevan, esperen aquí".

Y se retira caminando hacia unas amplias escaleras que llevan a la planta alta. Lumila ya, para este momento, se encuentra sumamente nerviosa y, se truena los dedos de las manos, mientras de sus codos cuelgan las bolsas de compras de César. Y César que ha podido entender el significado de todo lo que Savaz y Doris han intercambiado, sí bien no cada palabra, está seguro que va a ser detenido.

Doris regresa acompañada de un hombre vestido en un traje ejecutivo, de un color azul que semeja seda o escamas de un pez de acuario.

"Rondie, ese es el caballero". Doris lo señala, y su rostro muestra que ella lamenta hacer esto. Rondie se dirige a César.

"Por violación a los artículos 23, 34 y 37 del Código Federal de Comercio, así como de los artículos 9o y 11o párrafo segundo inciso “b” de la Ley Fiscal y de Ingresos de la Federación, queda usted detenido para ser sometido a proceso".

Lumila se lleva una mano a la boca y sus ojos se llenan de lágrimas. César no necesita la traducción de Lumila para comprender que está siendo arrestado. Él solo espera que no tengan en este mundo la capacidad de descubrir que él es un auténtico "alien" venido de otro universo y que, no lo pongan en un zoológico, le hagan la disección o, lo encierren para siempre en el equivalente de su Área 51.

Autor: Carlos Santillán

lunes, 12 de septiembre de 2016

Arrebatado. Partes 1 a la 4

Arrebatado. Novela de Ciencia Ficción por Carlos Santillán




César Lacroix es un exitoso joven ingeniero en sistemas, desde que egresó de UPIICSA, todo ha sido bonanza para él. Hace ocho años ingresó a trabajar a Pemex y, ya es subgerente, en la subgerencia de desarrollos de sistemas.

Y este lunes al mediodía él se siente pleno y realizado, el sol brilla en todo lo alto contra un cielo azul de fondo.

Tuvo que abandonar el centro corporativo de Pemex para ir a actualizar su información en la Caja de Ahorro de la cooperativa de trabajadores de Pemex, justo en la acera de enfrente.

En la entrada de la cooperativa, situada en la planta baja de un gran edificio construido en lo que otrora fuera un lote usado como estacionamiento público, pusieron el acceso en forma de letra L, entre paredes de cristal, vigilado por un guardia armado. Una evidencia más de la decadencia de la paz social en la Ciudad de México.

No importa que César sea jefe, el guardia lo increpa con su voz hosca:

"¿A qué asunto viene?"
"Vengo a actualizar mis datos personales. Me llegó una carta sobre que los miembros de la cooperativa tenemos que venir a hacerlo".
"Pase a cualquier cubículo desocupado, una ejecutiva lo atenderá".


César entra y al azar escoge el tercer cubículo.

"Buenos días señorita vengo a actualizar mis datos".
"Siéntese señor por favor".
Sí bien por su posición como subgerente está acostumbrado a que le hablen de usted o se refieran a él como: "ingeniero", jamás se ha podido acostumbrar a que le digan: "señor". Porque eso implica que ¿lo consideran viejo? Él está, y se siente joven.

La ejecutiva le pide su número de socio, ficha, nombre completo, edad, CURP, cuenta de depósito bancario.

"Oiga", César le pregunta, "pero, toda esa información son datos que ustedes ya tienen..."
"Sí señor así es, pero por orden del SAT se nos exigió actualizar todos los datos de los socios de la cooperativa".
"¿Y no los pudieron solicitar, los datos, vía correo electrónico?"
"No porque, tenemos que archivar fotocopias de la credencial de elector, así como, de la credencial de Pemex".

César se queda sorprendido por haber sido víctima de burócratas incompetentes, y se siente como un analista que se escapa a mediodía, a perder el tiempo...

Luego de que la señorita se tardara sacando las fotocopias de sus credenciales, César impaciente le pregunta:

"¿Es todo?"
"Sí señor".
Él se pone de pie, luego de desearle un buen día. Ahora tiene que pararse en la puerta para que, el guardia, la abra y le permita retirarse.

"¿Ya se va señor?"

César siente ganas de contestarle que se paró cerca de él solo para admirarlo...

"Sí, ya me retiro..."

¡Caramba! ¿Cuánto tiempo le costó hacer este trámite inútil? Como cuarenta y cinco minutos desde que salió de su despacho y le avisó a Aurora, su secretaria, que venía para acá.

La banqueta de la entrada lateral del centro corporativo de Pemex, a la que él se dirige atravesando la calle, es un pequeño bazar. Un libro, a la venta, en el puesto de periódicos llama su atención, Anubis, el dios chacal, de la muerte egipcio, en la portada.

César no ve a un ciclista que viene a toda velocidad y en sentido contrario; el ciclista no es ni para gritarle "¡golpe va!" Lo impacta de costado y César cae, azotándose violentamente la cabeza contra el pavimento.

¿El ciclista se detuvo a socorrerlo? ¡No! ¡Le valió! Una multitud se arremolina en torno a César.

"Está muerto..."

Dice un gigantesco hombre, con cara de niño, que se hincó a tomarle el pulso en la muñeca y en una arteria carótida.



Ha sido un arduo día de trabajo en la planta de algas y luego de su turno de ocho horas, sin pausa para tomar siquiera un lunch, Lumila checa su salida.

Ella con desgano se forma en el scan óptico, uno de varios, que con una captura del iris, registra la entrada y salida de los obreros de la planta. Una fila de una docena de mujeres vestidas con falda larga y camisa acompañante, ambas de mezclilla azul deslavado, largos guantes de látex, botas de trabajo, con suela de caucho y, el cabello recogido y cubierto por una pañoleta verde claro.

La empujan desde atrás. Ella voltea y ve que se trata de Anazda, una madre de tres niños, joven de edad pero ya avejentada por esta vida tan trajeteada.

"Perdón Lumila, tenía la mirada baja mientras me removía los guantes y, no te vi".

"No te apures Anazda, ¿por qué se tardan tanto checando? Pareciera que al checar la salida se ponen a leer el manual completo para la elaboración de soya partir de las algas."

Anazda solo le regresa una sonrisa en su rostro cansado.

Después de varios minutos más de espera, por fin Lumila se encamina a la salida.

Es una tarde iluminada y fresca. Ya en la calle ella se ve impedida de caminar rápido, debido a la multitud que se genera, al encontrarde las obreras del turno que recién sale, con las obreras que van entrar a laborar.

Una vez superada la multitud, su única compañía es el rugir de los motores de los tráileres, cargados de soya, que salen de la planta.

***

César despierta confundido, desubicado y con dolor de cabeza. Lo último que recuerda es que se sentía enojado por haber perdido tiempo en la cooperativa; y ya después de eso, su mente está en blanco.

Se incorpora sentándose y, siente yerba contra sus manos, abre sus ojos y, se da cuenta que está en el campo.

"¿QUÉ JODIDOS?"

Ahora sí está totalmente confundido. Su mente de inmediato trata de racionalizar la situación.

"¿Qué pasó? Me imagino que, me obligaron a subir a un auto y, me llevaron a vaciar mis tarjetas de crédito, y luego, vinieron a tirarme a la carretera, luego de golpearme..."

César calcula que deben ser cerca de las seis de la tarde, por la luz crepuscular y el viento fresco que sopla. Lleva su mano al interior del saco y, por fortuna, no le quitaron el celular. Y revisándose, su cartera ¡también está!

En la pantalla nota el icono de: red celular no disponible. Aún así trata de llamarle al ingeniero Carlos, unos de sus superintendentes. Pero, es inútil, no hay señal.

"¿Dónde estoy?"

Se pone de pie y se encamina hacia una carretera cercana, que nota a escasos metros de donde despertó.

"A ver, el sol se pone al oeste, entonces, este y norte por allá, por lo tanto, escojo caminar al sur".

Luego de varios minutos, él se extraña que no ha visto ni un solo automóvil, ni casas, ni personas a pie o bicicleta. Solo perros ocasionalmente, que lo voltean a ver para olfatearle y luego se alejan.

Eso sí, ya ha contado al menos siete tráileres que lo pasan en sentido contrario hacia el norte.

"Nunca había notado esa empresa".

A él, que desde siempre le han gustado loa vehículos, le parecieron bonitos los diseños futuristas de los tractocamiones.

***

Lumila camina pensativa, de vuelta a casa, y ahora sí que literalmente, va comiendo el polvo y humo de los traileres, cargados de soya, que salen de la planta.

Ella es una técnica especialista en procesamiento, esto significa que ella sola podría dirigir la planta, al frente de todas las obreras. De no ser porque el sindicato puso a una hija de una de las líderes de las secciones sindicales al frente.

Y Lumila es jefa de trituradoras únicamente.

El proceso completo se puede sumarizar en: recibir las algas, vaciarlas a los tanques de lavado, unos gigantescos tanques de cerca de diez metros de diámetro, y tiene veinticuatro la planta. De los tanques, bandas transportadoras llevan las algas a hornos de secado. Para a continuación, pasar a trituradoras, que reducen las algas a fino polvo.

De hecho la etapa que más intervención humana requiere es el empacado. Obreras con pequeñas palas echan la soya a bolsas de plástico, de tamaño mediano, más abajo de la banda transportadora, otras obreras las introducen, cada bolsa, a sus cajas individuales y, más abajo, obreras introducen una docena de cajas en cajas, para su distribución, y por último, otras obreras arman los contenedores para su embarque a bordo de los traileres.

***

César, al fin, luego de media hora caminando, llega a los límites de la zona urbana, hay casas, calles, alumbrado público y gente. Parece ser, para él, un desarrollo habitacional de interés social.

Y se encamina hacia un parque, donde puede ver a niños jugando en unos juegos infantiles y, siendo cuidados por un grupo de mujeres.

"¡Bien! ahora a preguntarles donde hay una tienda de conveniencia y un sitio de taxis".

En su extraña experiencia César se cuestiona por qué no le robaron nada. Ahora se pregunta si a lo mejor no lo golpeó un automóvil y, creyéndolo ebrio, al estar él atarantado por el golpe, algún buen samaritano, bastante metiche, lo subió a un taxi y, a bordo del mismo, él perdió por completo el conocimiento y, el taxista enfadado lo botó en la carretera.

En fin, César se acerca a las dos mujeres más próximas, quienes están sentadas en una banca de concreto, platicando, mientras que con su presencia, hacen guardia a los niños.

Al ir avanzando, con la esquina de su ojo derecho nota que varios animales se arrastran, pero al voltear a ver, se da cuenta que es un grupo de pajarillos regordetes picando la hierba.

"¡Hola! buenas tardes, verán me encuentro perdido y..."

Las mujeres hacen gestos y ademanes, indicación de que, no comprenden que les está diciendo.

Al acercarse un niño, por curiosidad, una de ellas lo toma en brazos y se retira, defensivamente, varios pasos hacia atrás.

Ahora César está muy confundido. La mujer más joven se pone de pie y se aproxima a él hablando en un lenguaje ininteligible para él. César ahora , examina lo que ya había notado, que las mujeres y los niños, visten de manera extraña.

"¿Son acaso gitanos o menonitas?"

César pone en uso, su jamás empleado curso de Alemán:

"Sprechen Sie Spanisch?"

La mujer sigue manifestando que no le entiende y, a continuación, llama a los niños y se marcha hablando en su extraña lengua, junto a la otra mujer que lleva protectivamente al otro pequeño en brazos.

"¿Qué carajos pasa con esas mujeres?"

Y otra vez con el borde de sus ojos percibe a unos animales reptando. Esta vez voltea a tiempo para poderlos observar bien. Gordas y emplumadas babosas, unas ocho, se arrastran muy cerca de él; estas de un salto, al llegar a un parche de yerba, se ponen en dos patas, y es cuando adoptan su forma de ave y, se ponen a picar en busca de insectos.

"¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?"

César atraviesa corriendo el parque, en su carrera, asustando ahora a un grupo de babosas, tan grandes como palomas. Jadeante se recarga contra la pared de un local, que es obviamente una tienda de abarrotes, debido a los productos mostrados en las varias repisas, así como los refrigeradores con sus puertas de vidrio, mostrando botellas de bebidas.

Ahora un hombre ¿el propietario? notándolo angustiado y jadeante, lo corre groseramente, gritándole cosas en la misma extraña lengua.

César no quiere una confrontación y, mejor decide retirarse. Enfila de vuelta hacia el parque, pero se acuerda de las babosas, da la media vuelta y, se queda parado en medio de la calle. Una visión en el cielo lo deja estupefacto, congelado:

Un gigantesco cono negro invertido, se materializó justo después de un flash de luz y, casi de inmediato, para lo que César semejaban ser inmensas golondrinas, se desprendieron de toda la superficie del objeto.

La mente de César ya no pudo seguir haciendo frente a tanto asalto a sus sentidos y, él cae desmayado contra el pavimento.

Las "golondrinas" son aeronaves que descienden desde el carguero translumínico interestelar, trayendo carga, mercancías, turistas, oficiales y hombres de negocios de alguna de la miríada de líneas hacia las estrellas.



Lumila, llegando desde el sur, abandona la carretera y entra a la zona habitacional, donde ella tiene su domicilio. Su padre, debido a que fue un burócrata, que se jubiló con un alto puesto en la contraloría mayor de la sección noroeste, pudo tener el derecho a ser asignado con una de las casas más grandes y mejor ubicadas del complejo.

Y él pensando en su, en ese entonces pequeña, Lumila, quiso dejarle un legado que le diera confort y, una preocupación menos, en su vida adulta.

Y es debido a esto que Lumila tiene esta gran casa, una verdadera residencia: cocina, tres recámaras, dos baños y medio y un pequeño jardín trasero. Y la ubicación es excelente, frente al parque.

Lucila se da cuenta que una multitud observa a alguien tirado en medio de la calle, a escasas casas de distancia de donde ella vive. Su carácter es proactivo y de liderazgo. Ella se abre paso entre la docena de personas, niños en su mayoría, que observan el cuerpo tirado.

El propietario de la tienda de abarrotes, con una rodilla en el suelo, le está dando palmadas en el rostro a César para despertarlo. Cuando el propietario y, el resto de la gente notan la presencia de Lumila, mentalmente, le ceden autoridad sobre la situación. Su puesto en la planta, como jefa de trituradoras, le confiere un aura de autoridad, ya que ella no es una obrera inculta más; además la gente aún tiene muy presente el alto puesto, que su fallecido padre, tuvo en el gobierno.

"¿Qué le ha pasado a este hombre?"

"Se comportaba como, con un ataque de histeria, jadeaba y, se veía confundido. Yo lo corrí de mi tienda, se dirigió al parque, pero luego se regresó aquí, al medio de la calle y, perdió el conocimiento".

Un trueno sobre ellos, que todos ignoran, solo los niños más pequeños voltean al cielo, a mirar el vórtice de vapor, que la partida de carguero translumínico interestelar ha dejado.

"Ynos, y tú, llevenlo sobre hombros a mi casa". Lumila le ordena al propietario de la tienda de abarrotes y al más grande de los jóvenes presentes.

Minutos después, César es depositado sobre un sofá en la sala, de la casa de Lumila.

Ynos y el súperdesarrollado jovencito, miran como tontos el austero interior del lugar de residencia de la jefa de trituradoras de la planta de soya. La casa es grande, comparada con la casa típica de un trabajador promedio, pero en realidad Lumila vive tan sencillamente como los demás y, hasta Ynos piensa que le hacen falta muebles.

"Bueno, ahora yo me encargo de este pobre diablo".
"Lumila, ¿segura? considera que es un extraño fuera de sí y, tal vez hasta es un drogadicto".
"Ynos, mira las extrañas ropas que trae puestas; posiblemente es alguien que recién llegó de fuera del planeta y, el cambio de gravedad, luz y sobre todo, de la composición atmosférica, le causaron una alteración biológica y mental.

Ahora, si gustan dejarme sola, gracias."

Lumila encamina por el codo, a Ynos y, el joven, por automático respeto a sus mayores, los sigue. Una vez que ya están fuera, ella le echa llave a la puerta. Y luego se encamina a su cuarto, para bañarse en el baño adjunto.

A Lumila no le preocupa César, se nota que él es un hombre perteneciente, tal vez, a la clase comerciante o gubernamental, en uno de los tantos mundos de la galaxia.

***

César va caminando, de noche, en la zona comercial de Ciudad Satélite, que se encuentra junto al Periférico, frente al Wal Mart y la tienda departamental Suburbia.

Llega a una esquina donde hay un Seven Eleven y, junto a éste, un edificio blanco de tres niveles. En este edificio los dueños rentan pisos, donde toda la tarde se imparten clases de: artes marciales, pilates, danza, música.

César, al llegar al edificio, en una sección de la fachada que está alta, ve a una adolescente sentada, con su cabello claro ocultándole el rostro, ella está ocupada escribiendo un mensaje en su celular. Ahora, él camina lentamente hacia ella, incrédulo e inseguro de si en verdad se trata de ella...

"¿Sandra? ¿¡Sandra!? ¿En verdad eres tú?"

La joven deja su celular y voltea a verlo.

"¡Sandra!"

Él se lanza hacia ella y, como la joven está sentada en ese lugar alto, el abrazo de César lo hace quedar a la altura de la cintura de ella. Luego de varios segundos, se separan.

Ella se retira, de la manera sensual que siempre le gustó a César, el cabello de su rostro, Sandra todavía usa ese provocador guante negro, de encaje, en su mano izquierda. Con su voz suave de siempre, ella le contesta.

"Hola César, que milagro, me da gusto verte. Hace mucho que no venías por aquí."

Atrás de César, en la banqueta, una pelota de basquetbol pasa botando.

"¡Es increíble! ¡No lo puedo creer! ¿Hace cuánto que no te veía? ¿Quince años? ¡Estás idéntica!"

Ella no deja de mirarlo, con su linda sonrisa.

"Mi mamá no me contesta, le estoy escribiendo un mensaje para que ya venga por mi".

"¿Aún sigues tomando clases de guitarra?

"Sí, me gusta mucho". Y ella le da unas palmaditas al estuche de la guitarra, a su lado. Y luego le dice:

"Oye, jamás fuimos a patinar como habíamos planeado. Deberíamos de planearlo para este fin de semana. Mis amigas Aline y Pau me preguntaban precisamente sobre si ya había planeado que hacer este viernes en la tarde y yo pensé justamente en ir a la pista de hielo, tú podrías invitar a Saúl, quiero presentárselo a Aline".

A pesar del gusto sentido por haberse encontrado a Sandra, César ahora comienza a sentir una gran frustración, porque ella no para de hablar y él, muere de ganas de decirle que siempre le ha gustado, que lo deje amarla y que le de, los teléfonos de su casa así como el de su celular.

Y ahora, sumado a esto, él se acongoja porque, la sirvienta de Sandra se para a unos metros de distancia, en la banqueta, a vigilarla y a protegerla de él. Ella, saca de la bolsa del mandil de su uniforme un teléfono y se pone a hablar, viéndolos.

De seguro le está avisando a la madre de Sandra que él está platicando con su hija.

Sandra sigue contándole cosas, ahora sobre un raro vídeo en YouTube. Ella se quita el tenis derecho, la calceta y se comienza a sobar el pie.

"Déjame sobartelo", César le dice casualmente. Sandra al bajar su pie, le roza encima de su área genital, pero César lo atribuye a un accidente. Mientras le soba, la bola del pie, Sandra ahora se quita el tenis y calcetas izquierdos y, le coloca este pie, moviendo los dedos, contra sus genitales. César, congelado, la mira al rostro. Ella se ríe y sus ojos le brillan intensamente.

César despierta.

"¡No! ¿por qué? ¡besos! ¡besos! Ojalá estés muy bien Sandra, donde sea que te encuentres. ¿Cuándo se volvió mi vida tan miserable?"

César se lamenta, mientras se retuerce en el sillón.

"¿Un sillón? ¿Dónde estoy?"

César al despertar, se encontró en una sala oscura.

"¿Hola?"

Infructuosamente trata de encender una lámpara que está sobre una mesita, junto al sillón, pero no halla botón de encendido ni switch en el cable. Se dirige a la ventana, por donde entra la luz de la calle, la polvorosa cortina de velo, le deja ver fácilmente al exterior y, reconoce el parque donde se encontró a aquellas extrañas mujeres.

Camina hacia la puerta de salida, pero ésta está cerrada con llave.

"¿Hola? ¿Hay alguien en casa?"

Nerviosamente pregunta mientras camina hacia el interior de la casa. Con su mano tira un florero, pero éste solo cae contra la superficie de la alacena donde estaba, sin precipitarse, por fortuna, contra el suelo.

Ahora las luces de la sala se encienden, César voltea y ve a Lumila parada a la entrada del pasillo que lleva a las habitaciones de la casa.

"Hola, me llamo Lumila, me da gusto ver que estás bien, luego del pequeño accideante que tuviste en medio de la calle."

Ella lleva puestas su piyama de dormir, unas pantuflas verdes, muy feas y, está cubierta por una bata, que ya hace muchos años vio sus días de gloria. En su mano izquierda lleva una taza, con una bebida ya fría.

"Perdón, ¡no te entiendo! ¿Qué es este lugar? ¿qué son esas cosas que viven en el parque? ¿¡qué eran esos ovnis halla arriba!?

César se empieza a alterar, está sediento, hambriento, la ropa, la siente sucia y sudada contra su cuerpo y, esta gente extraña, los animales y los ovnis que vio, lo tienen sumamente asustado.

Lumila deja la taza sobre la mesa de la lámpara, misma que prendió tocando dos veces su base. Ella le hace gestos para aplacarlo, mientras mentalmente se calma a ella misma, porque empieza a sentir miedo de este hombre.

¿Acaso Ynos el tendero tuvo razón en preocuparse por ella? ¿y ella estúpidamente metió a un desquiciado a su hogar?

"Mira, discúlpame, quiero usar el baño y luego tomar agua y comer algo".

César al decirle esto hace gestos que indican un remolino en su estómago, con los dedos de su mano derecha indica agua cayendo contra su cabeza, luego hace el gesto de beber de un vaso, así como el gesto de llevarse una cuchara a su boca..

Lumila, le indica con gestos también, que la siga.

"Ven, sígueme"

Y lo guía hacia la otra recámara con baño completo, abre la puerta del baño y se lo muestra:

"El baño", señalando ahora la cama le dice: "la cama".

Y luego, haciendo los gestos para beber y tomar le dice:

"Te voy a traer: leche y un: emparedado".

Minutos después, luego de bañarse, César encuentra sobre la cama un viejo juego de piyamas, perteneciente al fallecido padre de Lumila y, sobre una mesa de trabajo, contra la pared contraria al baño, una charola con un gran vaso de leche y un grueso emparedado.

***

Al día siguiente, César al despertar se encontró solo en casa, Lumila tuvo que ir a trabajar. En la casa de una planta a él no le costó trabajo hallar la cocina. Esculca en el refrigerador, mismo que encuentra surtido con las cosas que uno espera hallar en todo refrigerador; se prepara algo y se sienta a comer.

Experimenta con lo que él supone es el control remoto de la pantalla colgada de la pared y logra encenderla.

Lo que ve en las distintas frecuencias, de este sistema de televisión, le confirma lo que él ya había deducido. Se encuentra en otro mundo. Y tiene toda la certeza que no es un loco sufriendo un episodio psicótico. Tiene múltiples evidencias de su pertenencia y origen en otro planeta.

Su, ahora, sucio traje, su teléfono celular, su cartera con billetes, que claramente están impresos con héroes mexicanos, su licencia de conducir, con todos sus datos en un, muy claro, idioma español. Todo esto le reafirma, que la vida que recuerda, sus padres, sus hermanos, existen ahí afuera, en algún lugar del universo.

Se siente mal, por la pena, que su desaparición, debe de estar causando a su familia.

Ahora su atención al monitor se ve incrementada al ver escenas de un cono invertido, como el que le causó el desmayo en el parque, descargando esas aeronaves que semejan golondrinas, sobre un mundo con atmósfera color rosa y un enorme sol rojo dominando su cielo.

César no puede entender que se narra en la transmisión pero supone se trata de algo relacionado con el comercio. Ya que tres de estas " golondrinas" son seguidas hasta que se posan junto a una inmensa bodega, donde hombres en trajes atmosféricos esperan junto a una docena de trailers, así como montacargas.

Así, que mágicamente se vio transportado a una civilización tipo III en la escala de Kardashev; una civilización galáctica.

¿Habrá aliens? ¿qué tipo de relación llevarán con esta versión de la humanidad? Y respecto a su trágicamente milagroso arrebato, él recuerda haber leído en un viejo libro de Selecciones del Reader's Digest, sobre un soldado español en la Nueva España que de repente se encontró con que había sido, por decirlo de alguna manera, teletransportado a las Filipinas.

Tal vez este mundo es una simulación, un videojuego, y el jugador se divierte, a veces, arrancando a los personajes de su ambiente natural y llevándolos a otros escenarios.

Y él piensa sobre su futuro inmediato, ¿qué clase de civilización es esta? ¿democrática o autoritaria? ¿lo irán a encarcelar al no poder demostrar su ciudadanía? ¿o lo internarán como un idiota por no poder hablar el idioma local?

Adaptarse es la clave para sobrevivir. Cuando esta grandota mujer que le dio asilo regrese (siempre y cuando no venga acompañada por el servicio secreto o enfermeros del psiquiátrico) le va a solicitar que le comience a enseñar el idioma.

Porque para bien o para mal "aquí estoy".

miércoles, 7 de septiembre de 2016

viernes, 19 de agosto de 2016

Refutacion cientifica de la ideologia de genero 2/2

Refutacion cientifica de la ideologia de genero



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APAGA LA TELEVISIÓN, NO PERMITAS QUE ASESINEN TU MENTE, MEJOR LEE UN LIBRO E INFÓRMATE EN LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.

domingo, 14 de agosto de 2016

Odiseo, el libro

"Las vivencias de cuatro adultos jovenes, en el Estado de México, durante su último semestre en la universidad"

Descarga Odiseo

domingo, 7 de agosto de 2016

Odiseo, parte 31

Alejandro está leyendo su timeline en Twitter, y piensa que ¡caramba! en realidad apenas se terminó la carrera y ¡todos salieron es desbandada! Ni una sola mención ni mensaje directo de sus ex-compañeros.

Sin duda varios de ellos ya hasta deben de haber dejado la ciudad. Ahora, piensa en Sandra y el beso que se dieron aquella tarde, en el jardín al final de la calle. Ella le gusta mucho pero, no desea que sea su novia, además está el problema de la diferencia de edad. Sería todo un problema con la familia de ella.

Y ni siquiera la tiene a Sandra en sus contactos en Twitter. Debido a experiencias negativas en el pasado, él sabe que incómodo es el tener a un interés sentimental en la red social de uno; es como si a uno lo vieran desnudo, no sólo la mujer que a uno le gusta, sino también, amigos y familiares.

Además se vuelve una situación bastante empalagosa el estar todo el día, toda la semana, mandándose mensajes con la mujer que te gusta. Nada más una vez le sucedió y, ha decidido que no lo vuelve a hacer.

Deja su teléfono sobre la cama y, mejor se para, las redes sociales en un instante te consumen 45 minutos, sin que te des cuenta. Agarra su cartera y se sale a la calle, sin su teléfono. Sí es una herramienta útil, pero mucha gente exagera la dependencia que tiene hacia ellos.

***

Alejandro cruza la calle para dirigirse a casa de Sandra, toca el timbre y, para su mala fortuna, es la mamá de ésta la que se asoma a través de las persianas de la ventana de la sala.

Él no quiere que ella se entere de lo que hay entre Sandra y él, así que cuando la señora, malencarada abre la puerta, Alejandro tiene que improvisar alguna tontería.

"Perdón señora, ¿ustedes tienen luz?" "¿Y no acabas de tocar el timbre?" (Sonriendo idiotamente) "Pues sí, ¿verdad? Disculpe señora". "¡Oye! Eres mucho más grande que mi hija, no quiero volverte a ver por aquí. Evítame acusarte con mi marido".

Y la señora cierra la puerta azotandola.

Alejandro, muy absorto en sus pensamientos camina hasta el jardín al final de la calle, donde aquella tarde ayudando a Sandra a componer una canción, la besó.

El piensa que el amor es aleatorio e idiota. Uno no escoge a la pareja que más convenga, sino que, simplemente se fija uno en una mujer con la que hay cercanía física y presencia constante, ¡totalmente al azar! Si su familia o la de Sandra no hubieran escogido vivir en esta calle, ellos dos simplemente jamás hubieran coincidido.

Y ahora reflexiona sobre algo que él ha sentido, en todas las ocasiones en las que ha estado enamorado: el sentimiento no es real, solo se trata de un trabajo de autoconvencimiento. Él puede tener una cita con una joven, besarla, tener manoseos, pero, en los días posteriores, pasar a no sentir absolutamente nada por ella.

Entonces, viene la etapa en la que él se quiere convencer que está enamorado, y procede a ejecutar un tonto ritual, que consiste en comprarle algún obsequio y luego llamarle por teléfono para invitarla a salir para poder entregarle el libro, chocolates, o lo que sea que haya comprado.

Muchas veces él se ha enfrentado al teléfono, situaciones en las que él simplemente no tiene ganas de hablarle a la joven, con la que ya salió, despliega su número y luego su dedo pasea durante minutos encima del botón de llamada. Y envía la llamada por, ¡pura ocurrencia! Si la joven le contesta, su mente produce unos falsos y huecos:

"Te he extrañado", "quiero volver a salir contigo".

Y luego durante la cita (ida al cine, a caminar al centro comercial, pasear en el coche) él se engaña que está muy enamorado. Pero al día siguiente se da cuenta que ¡no siente absolutamente nada por la joven!

Y ellas todo esto lo sienten, y de alguna manera, también se han de autoengañar, con tal de llevar a cabo este juego de "estar enamorados".

***

Alejandro está sentado en la sala jugando Angry Birds, cuando suena el teléfono fijo, sin duda alguna llamada de un banco ofreciendo una tarjeta, él piensa y, por eso la deja sonar un rato antes de contestarla.

"¡BUENO!" A él le gusta gritar al contestar, es que joden mucho los que llaman para ofrecer tontería y media.
"¿Sí? ¿Alex? ¿Eres tú?"
"Sí, ¿quién habla?"
"Soy Fabián".
"¡Fabián! ¡Que milagro! ¿Cómo has estado hermano?"
"Pues ¡nada! Muriéndome de aburrimiento en mi casa ¿y tú?"
"También, ¡oye! ¿por qué no me acompañas el lunes? voy ir a dejar currículos a Pemex".
"Ah, ¡perfecto! ¡sí me interesa acompañarte!"
"Pues OK, así quedamos".


"Y... ¿Qué me cuentas mi buen Fabián?"
"Nada, aquí. Estaba viendo una película de Star Wars".
"¿Sí? ¿Cuál?"
"El Episodio III".
"Ah, a mi me gustaban, pero ahora me parecen de lo más idiota".
"¿Por qué Alex?"
"La Fuerza es una pendejada. Mira, ¿por qué no la utilizan, todos los que la manejan, para aplastar los órganos internos, tanto de oponentes así como de bestias. Eso les hubiera sido bastante útil a Anakin y Obi Wan en la escena de la arena, en el Episodio II".

"Bueno, respecto a eso, sí, yo ya había pensado algo similar respecto a los alcances posibles del uso de La Fuerza, por ejemplo Alex, si Yoda puede sacar un X-Wing de un pantano, ¿no podría Darth Vader al menos aplastar los tubos de combustible al interior de los cazas rebeldes?".

"¡Exacto! En la Batalla de Yavin le hubiera bastado a Vader con quedarse flotando encima de la trinchera, para deshabilitar el escuadrón de naves rebeldes".

"En el Episodio VII, en el duelo entre Kylo Ren y Rey, él la hubiera podido tocar con La Fuerza, para hacerla sentir incómoda..."
"¿Cómo? Aah... ¡Te pasas Fabián!

sábado, 23 de julio de 2016

Odiseo, parte 30

Alejandro se detiene a la orilla del Periférico, dentro del estacionamiento de un Wal Mart. Quiere experimentar, de nuevo, algo que hace varios años descubrió. La civilización, lejos de ser extraña e intrusiva sobre el mundo, es parte del ecosistema también.

Baja su ventanilla y se recuesta en su asiento, cierra los ojos. El ruido del tráfico constante, suena y ruge como el mar; un mar de caucho, acero y petróleo. La manifestación y, consecuencia, de otra forma de vida más: el hombre.

***

Sandra llega a casa de su amiga Maribel, ellas quedaron de ir hoy viernes al cine. Toca el timbre un par de veces y su amiga le abre la puerta.

"¡Sandra! Entra por favor".

"¡Hola amiga!" "¡Muac! ¡Muac!" Besos al aire sobre las mejillas.

"Sandra, espérame mientras termino de arreglarme".
"OK".

Maribel sube a su cuarto y Sandra se sienta en la sala, saca su teléfono y le echa una mirada rápida a sus mensajes. A su derecha, los únicos seis libros en el librero le causan curiosidad (las demás repisas están ocupadas por porcelanas y cristal cortado).

Se puede conocer lo desconocido de los conocidos, echándole una mirada a los libros que hay en su casa.

Sandra se siente atraída por un grueso libro de bolsillo, que por su apariencia, debe de tener varias décadas de antigüedad. "Mundo Desconocido" editado por Plaza y Janes, en España. Huele rico, a libro viejo. Lo abre al azar y, en una página, ve unas fotos, mal reproducidas y en blanco y negro, que muestran estatuillas de barro representando a dinosaurios, mismas que fueron halladas en el centro de México, según describe este libro.

Sandra, quien es atea, ya se sabe muy bien este tipo de fraude, a veces cometido sin intención:

Un extranjero o profesionista llega a un poblado. A los locales, gente pobre, les presta un servicio relacionado con su profesión (medicina, ingeniería, ortodoncia, etc.)

Los pobladores le pagan con pollos, granos, o arte prehispánico. A veces las reliquias incluyen alguna anomalía que intriga al letrado forastero y, éste le pide a los pobladores que le traigan más de estos objetos, a cambio de una remuneración.

Y así los empobrecidos pueblerinos, ven una jugosa oportunidad de lucro y se ponen a fabricar en series estas anomalías, copiándolas de revistas y libros, y terminan, muy creativamente, vendiéndole ovnis de barro, así como astronautas montando dinosaurios.

Sandra regresa el libro a su posición en el estante y, ahora toma, El Conde de Montecristo, por Alejandro Dumas. Este libro le hace recordar un asunto que se ha estado discutiendo mucho, últimamente en los medios.

Sobre la tan traída apología del delito y glorificación de los criminales, en distintos medios como corridos, telenovelas y películas. De lo que ella recuerda de El Conde de Montecristo, Edmundo Dantes se codea con piratas y bandoleros que lo ayudan a perseguir sus metas, a lo largo de la trama en la novela.

Reflejar en las distintas manifestaciones artísticas las andanzas de los criminales, es algo que se ha hecho por siglos; y el prohibir hacer esto, solo lobotomiza a la expresión artística; además que, ocultar el crimen, no lo desaparece.

Maribel baja ahora corriendo como rayo, y al verla, Sandra regresa el libro a su lugar.

"¡Ven Sandra! Le llamé a mi vecina Lore, y... se nos va a pegar, su mamá le prestó la camioneta. ¡Vamos a su casa!"

miércoles, 13 de julio de 2016

Odiseo parter 29

"A ver... ¡Ah! Escríbete esto:"

"No es motivo para estar triste,
no es excusa para abandonar,
los tropiezos hacen a la vida,
y las ofensas son para aprender a perdonar".

Alejandro está ayudando a Sandra, su vecina, a componer una canción para el recital del taller de clases de guitarra, al que ella asiste.

Él la encontró, por casualidad, en un pequeño jardín público, que se encuentra al final de la calle donde viven.

“Camina siempre altiva,
con la fortaleza que esto te da,
ya no volverás a ser la víctima,
porque en tu vida ahora tú eres primero".

Sentados en una jardinera, y muy próximos el uno del otro, una toca acordes y el otro improvisa una letra.

"Y así la vida te premiará,
porque ahora eres fuerte,
y siempre navegaras,
con el viento sobre tus velas".

Está atardeciendo. La fría luz del sol golpea sus rostros, de modo tal que todo alrededor de ellos se convierte en siluetas. La atmósfera se vuelve muy romántica para este par de adultos jóvenes. Ellos acercan sus rostros y, se besan.

viernes, 8 de julio de 2016

Odiseo, parte 28

El fin del semestre y, de la carrera también. ¿Y ahora? ¿Qué acaso uno no planea por adelantado que hacer? Tenemos un instinto nato de poder y control, pero, al mismo tiempo, se enfrenta la vida con un temor subyacente al futuro próximo y, preferimos vivir la vida día a día, semana a semana, de año a año.

Es doloroso pensar a futuro, los amigos que hoy nos acompañan, mañana ya no estarán. Uno mismo será más viejo, más gordo. ¿Y si pensamos en nuestros seres queridos? Nuestro perro estará muerto, nuestros padres...

¿Es en verdad la vida un sufrimiento constante, donde todo solo tiende a empeorar?

Bien, ahora estás recibido, sí, el título te lo regalan, con sus planes de créditos y titulación sin tesis. En estas escuelitas privadas de lo que se trata es el estirar la mano para recibir las mensualidades de los alumnos, o del banco, de parte de los pobres idiotas que sacaron un préstamo estudiantil.

Y como René se dio cuenta al hacer el servicio social, la universidad no te prepara en nada de lo que está actualmente en uso en el mundo laboral.

Y allá afuera, no hay más que, la estúpida carrera de ratas. Trabajar de mala gana, haciendo cosas sin mayor trascendencia, pero que en ese momento pareciera se trataran de levantar otra Capilla Sixtina.

Y en el mundo laboral, ¡así! en un tronar de dedos pasas de: ser a convertirte en un: fuiste. Para prueba solo basta con voltear a ver a los despedidos.

¿Y la vida amorosa? En esta cultura de consumir y desechar, ya todo es sexo sin compromiso. Y respecto al matrimonio, la gente se casa, únicamente porque ya toca. La mayor de las veces se engendran hijos no deseados, quienes a su vez van a repetir este ciclo sin sentido.

René sale de la dirección académica, llevando documentos varios que acaba de recoger, como su acta de nacimiento, historial académico. Le gustaría tener un certificado de no adeudo de mensualidades, pero en esta escuelita el usuario es el que debe probar que no debe nada.

Le dijeron que venga en un mes para que le digan cuándo le estarían dando el título. Y luego la monserga de tener que ir a quién sabe dónde en Insurgentes Sur a hacer el trámite de la cédula profesional.

martes, 5 de julio de 2016

Odiseo, parte 27

Elena no ha podido dormir bien, la preocupación por estar a punto de reprobar tres materias, en el último semestre, le causa insomnio. Y no es que ella no se esfuerce, sino que, simplemente las cosas no se le han dado.

Su mamá le dice que no se preocupe, que disfrute su carrera, su juventud, que los años se van tan rápido que, en verdad no importa cuanto tiempo le tome concluir sus estudios.

Mañana es domingo y ella se hace el propósito de dormir tranquila y sin preocupaciones.

Sin darse cuenta se queda dormida y, su subconsciente, toma control de su cerebro, al presentarse el estado onírico.

***

La joven Valensiya es llamada a presentarse a las habitaciones de su madre, la condesa Olga Mendeleva. Al llegar a la puerta de la gran habitación ella se detiene y, solicita permiso para entrar. La condesa, acompañada de otras nobles damas, sentadas en elegantes sillones estilo Luis XV, conversan tranquilamente entre ellas, al mismo tiempo que están haciendo bordados. Alrededor de ellas, tres sirvientas uniformadas, se apresuran para rellenar las elegantes tacitas de té, de la más fina porcelana china, que están sobre las mesitas junto a ellas.

Luego de ignorarla por un buen rato, la condesa voltea a ver a Valensiya y le indica que puede pasar.

"Aquí estoy madre, ¿qué desea?"

La condesa deposita su bordado sobre sus piernas, toma su taza de té, le da un sorbo, y luego la regresa a la mesita y, finalmente le anuncia a su hija:

"Valensiya, en tres meses te vas a casar con el príncipe Andreinovich. Puedes retirarte".

***

Valensiya acude a la plaza de la ciudad, le gusta, los domingos, caminar entre la gente, ver los puestos de los vendedores callejeros y sus mercancías, así como los locales, alrededor, en las aceras de enfrente, mismos que venden los más diversos artículos, traídos de todo el mundo. Es una tarde con sol pero fresca, ella camina absorta pensando en su matrimonio con éste, para ella, desconocido príncipe Andreinovich. Su acostumbrado paseo en la plaza no la distrajo.

Así que taciturna y acongojada camina de regreso a la finca familiar, cuando, luego de un instante, nota que un hombre la sigue.

Valensiya entra a un almacén, buscando protegerse en la multitud. Entre los maniquíes, vestidos con la última moda parisina, ella mira hacia la puerta. Luego de varios minutos, sin que su acechador entrara a la tienda, ella se siente segura y luego, lo atribuye, la persecución, a su imaginación.

"¡Por Dios! El compromiso me tiene alterada y ahora hasta imagino que me persiguen".

"¡Buenas tardes! ¿Desea que se le muestre uno de los vestidos?" Una joven y atenta vendedora le ofrece.

”No gracias, solo entré a ver". Y camina de regreso a la calle.

Apenas sale del almacén cuando nota que en la acera la espera el hombre que la venía siguiendo, ella se alarma. Este hombre, mayor que ella pero de aspecto juvenil, trata de calmarla y explicarle, al mismo tiempo que hace ademanes.

"¡No! ¡no! ¡por favor no se alarme! Le ofrezca mis más sentidas disculpas por mi atrevimiento y modo tan vulgar de seguirla. Pero, es que no pude evitar el fijarme en usted, calles atrás, cuando caminaba en la plaza".

El hombre se la queda viendo con una mirada implorarante, tanto que a Valensiya le parece gracioso. El es un hombre de aspecto limpio y cultivado y, por sus ropas, parece pertenecer a la clase comerciante, ella se lo imagina atendiendo una botica o tal vez una tienda de abarrotes.

"Me llamo Vasily".

Ella ahora entusiasmada le extiende su mano:

"Y yo soy Valensiya, hija del conde Mendelev"

Vasily le besa la mano, sin retirar su mirada de los ojos de ella.

***

Un papelito envuelto en una piedra, y arrojado sobre la barda, o una piedrita arrojada contra la ventana de su habitación, son las señales de Vasily para solicitarle a Valensiya que salga a caminar y a platicar con él.

Llevan ya así cinco días viéndose. Del desconocido príncipe Andreinovich ella no ha recibido mayor información de parte de sus padres. Estos tres meses van a pasar volando y, la irrupción de Vasily en su vida es bienvenida, ella desea distraer su mente en otras cosas que no sean su boda.

Valensiya baja corriendo las amplias escaleras circulares de la mansión familiar y su madre ya la espera abajo con un rostro indignado.

"¿Se puede saber a dónde te dirijes con tanta prisa?"
"Madre, voy a la mercería a comprar un nuevo juego de hilos para bordar".
"¿Y ayer, anteayer y el día previo? una señorita no tiene nada que estar haciendo saliendo todos los días a la calle, y menos ahora que eres la prometida del príncipe Andreinovich. De este domingo al siguiente él va a venir formalmente, a solicitar tu mano".
"Madre, necesito ese juego de hilos para terminar mi nuevo estampado. Le aseguro que no me tardo".

Y Valensiya sale caminando apresuradamente y ahora preocupada por esta nueva información recibida sobre su boda arreglada.

***

"¡Ya Vasily! ¡Para! ¡No se cómo me convenciste de esta locura!"

Valensiya se sujeta con ambas manos de los bordes del pequeño bote, mientras Vasily, con un torcido sentido del humor lo sacude, Valensiya aterrorizada ya se visualiza siendo volcada al agua del pequeño lago.

"Le dije a mi madre que iba a salir solo un instante, a comprar hilos, ¡ella me va a matar por haberme escapado toda la tarde!"

"Perdóname Valensiya, a veces me comporto como si tú fueras un amigo", él toma las manos de ella entre las suyas y, la mira lleno de amor, a los ojos, ambos juntan lentamente sus rostros y finalmente se besan.

Con los ojos brillantes y una sonrisa,Vasily rema de regreso al embarcadero donde rentaron el bote.

Un grito y luego carcajadas hacen voltear a Valensiya a ver a una pareja que acaba de voltear su bote contra el agua del lago, ella regresa su mirada, a ver a Vasily y, ella adivina lo que él piensa y gravemente ella le dice:

"Ni se te ocurra..."

***

Valensiya llega corriendo a su casa y, corriendo sube las escaleras, la condesa se encuentra rodeada de nueva cuenta por otras condesas y duquesas, interrumpen su conversación ante la súbita irrupción de Valensiya. La condesa Mendeleva rompe el incómodo silencio haciendo un sonido con su garganta y cogiendo su taza de té se dirige a una joven dama:

"Bastante indignante, eso que nos comentas, respecto a la influencia que ese tal Rasputín ha ganado sobre la zarina Alejandra".

***

Valensiya se queda extrañada, que esta noche, su madre la condesa ya no la amonestó por su última escapada. Ella siente que es castigo suficiente que la hayan visto llegar, escapando hacia su habitación, el grupo de damas que acompañaban a su madre.

Lo que deben pensar de ella ahora, que ella es una, una... ¡cualquiera! por andarse escabullendo. Y ¿acaso no lo es? siendo una mujer comprometida se anda... besando con un hombre del que no sabe nada.

Se siente muy avergonzada y se echa las manos al rostro, tratando de contener las lágrimas.

Valensiya toma una decisión, dolorosa para ella pero correcta, protegerá su prestigio y honrará a la condesa y la obedecerá casándose con el príncipe Andreinovich.

Ya no verá más a Vasily, ni siquiera para despedirse de él y, mintiendo para su beneficio, le comentará, a su padre el conde Mendelev, que desde hace varios días ha visto a un hombre rondando la finca familiar y, que a veces, arroja piedras hacia el interior.

Así los sirvientes ahuyentarán a Vasily para que no vuelva jamás.

Valensiya se queda dormida, finalmente, luego de llorar bastante.

***

Los sirvientes andan apurados, limpiando la casa, los espejos, los candelabros, la cristalería. En la cocina las cocineras se esmeran en preparar la cena para esta noche muy especial. Hoy viene el príncipe Andreinovich a solicitar formalmente la mano de Valensiya.

Valensiya, está vestida solo con su corsé y, está sentada en el tocador, mirando su reflejo en la luna. Su fiel nana Irina le está cepillando su largo cabello negro.

Ella está absorta en sus pensamientos.

Piensa si el pobre Vasily estará bien, luego de que, la última vez que él vino a arrojar piedritas contra su ventana, a continuación escuchó el escándalo hecho cuando salieron el mayordomo y dos sirvientes, a corretearlo y hasta un par de balazos le tiraron.

En fin. Esta noche va a conocer a su futuro marido, y ella, va a ser su esposa, convertirse en la madre de sus hijos y, en señora de su casa y, será la anfitriona en todos los eventos importantes que organicen y, tendrá a otras esposas de ilustres caballeros, como sus amigas. Justamente como su madre y, antes de ella, su abuela y antes la madre de esta.

***

Son las siete de la tarde, abajo, ya se escucha una gran algarabía. Valensiya mira su reflejo en la luna de su tocador una vez más antes de bajar, ¡está impresionante! Hace minutos su nana Irina la ayudó a terminar de vestirse, así como a ponerse el elegante juego de collar y aretes de perla, que pertenecieron a su abuela. Así como luce, fácilmente pasaría por una de las hijas del Zar.

Un insistente toquido a su puerta la trae de vuelta de su introspección, es su nana.

"¡Niña Valensiya! ¡Niña Valensiya! ¡El príncipe Andreinovich, y sus padres ya esperan abajo en la sala! ¡Su madre ha mandado por usted!"

Valensiya respira hondo y, sale de la habitación camino de la sala, allá abajo.

***

Al ir bajando las amplias y elegantes escaleras, Valensiya, puede ver a los invitados de sus padres, distintos condes, barones y príncipes de la Rusia imperial, acompañados a su vez de sus condesas, baronesas y princesas. Entre ellos se mueven los sirvientes llevando charolas con vino y canapés.

De repente, entre ellos, se abre paso, radiante y orgulloso, su padre, el conde Mendelev.

"¡Valensiya ven!"

Avanza al pie de las escaleras y la lleva de la mano, hacia un hombre elegantemente vestido, él está de espaldas, rodeado por un grupo de nobles, quienes están muy atentos a un relato que él les narra, sobre su última experiencia militar contra unos obreros sublevados.

Su padre se aproxima ante el caballero y llamando su atención para que se voltee, él lo introduce:

"Valensiya, te presento al príncipe Vasily Andreinovich".

Cuando el príncipe voltea ella ve que se trata de Vasily, "el pobretón Vasily”, ella corre hacia él a refugiarse en su abrazo. Vasily la abraza contra él, le planta un beso en su cabeza, ella está llorando de alegría descansando contra su pecho, y ahora Vasily le pregunta:

"¿Te casarías conmigo?"

***

Un rayo de sol que entra orgulloso por la ventana, despierta a Elena y, ella despierta desubicada. Y, ahora con tristeza, se da cuenta que solo era un sueño.

Ella estaba viendo todo como una mirona entrometida en vidas ajenas, pero, había tanto de ella en Valensiya...

domingo, 19 de junio de 2016

Odiseo parte 26

Es domingo en la mañana, Alejandro se levanta generalmente temprano los fines de semana. Y debido a esto, él desayuna siempre solo.

Está comiendo un hot dog de jamón y queso amarillo. Y su mirada se fija en la jarra de agua sobre la mesa.

Es de plástico azul y está llena. Por dentro, burbujitas se pegan a la superficie de la jarra.

Alejandro comienza a pensar que debe de existir un movimiento de convección del agua, la parte inferior subiendo a la superficie y el agua en la superficie bajando al fondo.

Esto debido a que la masa de agua ejerce, incrementalmente, presión sobre las capas inferiores, nivel molecular por nivel molecular, hasta llegar al fondo.

Y esto genera un diferencial térmico, mismo que pone en marcha la convección.

Al dejar caer su brazo sobre la mesa, luego de depositar la taza de agua a un lado de su plato, Alejandro observa las ondas generadas dentro de la jarra. Estas parten de las paredes de la jarra y convergen en el centro, creando momentáneos grumos de agua.

Esto lo mueve a recordar lo que sabe de física cuántica. La materia es energía, vibraciones electromagnéticas en el vacío dan origen a las partículas subatómicas, que, en una progresiva complejidad, componen a todo lo observable.

jueves, 16 de junio de 2016

Odiseo, parte 25

Está Alejandro muy concentrado, estudiando de un libro de Unix en la biblioteca, cuando llega Memo, agitado y sonriente:

"¡Ven wey! vamos afuera, tú también te vas a cagar de la risa".
"Memo estoy ocupado, ¿qué es?"

Y tiene que salir caminando a paso veloz tras Memo, porque este no lo esperó. En el arco detector de libros hace una mueca de exasperación, porque justar ahí, están dos chavas de comadres y obstruyendo el paso.

En la explanada lo espera Memo, quien al verlo le indica con las manos que se apure y, así otra vez sale tras de él.

Al llegar a la calle, frente a la puerta principal de acceso de la universidad, Alejandro voltea a ver lo que Memo le indica:

"¡Mira el pedo que armó el pinche René!"

Alejandro se tiene que abrir paso entre la multitud de alumnos que rodean a René, quien está siendo entrevistado por un motociclista de La Red de Radio Red.

"...semestre tras semestre es la misma historia aquí en la Universidad del Valle de México, nunca tenemos la lista completa de materias con maestros, pero eso sí, en periodo de examenes parciales, gente de la administración, de una manera humillante, llega con listas a sacar a alumnos que se han atrasado unos cuantos días en pagar la colegiatura. Esto ya no estoy, estamos, mis compañeros de clase y yo, dispuestos a seguirlo tolerando.

"Ya que las autoridades de la SEP, fuimos en comitiva a entrevistarnos, se declaran incompetentes para intervenir, recurrimos a la opinión pública y a los amables micrófonos de Radio Red para denunciar y desenmascarar a estos comerciantes sin escrúpulos de la educación. Gracias."

Los alumnos que lo rodean, a René y al motociclista reportero, estallan en aplausos, silbidos y gritos de aprobación.

"Mi reporte desde la Universidad del Valle de México en Lomas Verdes". Se despide del aire el motociclista. Le da la mano a René, y este le regresa unas palmadas de agradecimiento en su vistoso traje de motociclista, se pone el casco y la gran moto deportiva se aleja rugiendo.

Recién se fue el reportero cuando salen al encuentro de los alumnos reunidos, la rectora del campus Lomas Verdes y Francia, la directora de la carrera de Sistemas, ¡acompañadas por Manuel! Chismoso hijo de la...

"!René Mendoza! !Venga inmediatamente para acá!" La rectora le grita muy enojada, René muy serio con las manos en la cintura, ni se inmuta y se la queda viendo fijamente.

El grupo de alumnos que antes lo rodeaban ahora voltean a ver a los recién llegados y, abren un espacio para que ambas partes se aproximen.

"René por favor, ven". Ahora Francia, la directora de Sistemas se lo solicita. René le lanza una mirada asesina a Manuel, quien intimidado, baja la mirada.

Bueno ellas siguieron avanzando y René solo tuvo que caminar unos pasos para acercarse.

"Licenciada, Francia, buenos días. Hola Manuel". René saluda respetuosamente. La rectora se dirige a él:

"Esta no es la manera de hacer las cosas, antes que nada debes de entender que la ropa sucia se lava en casa".

"René", ahora es Francia, "Manuel, como líder de clase, y yo, mandamos un escrito, hace semanas, solicitando a rectoría el que se ordene a dirección académica, que no cancelen las plazas cada vez que un profesor genere baja y el que se acelere la contratación de profesores, haciendo uso de una base de datos académica. Solicitantes para docencia siempre hay, es en nuestro extremo que la universidad está fallando".

"Justamente estaba con Francia dándole seguimiento a ese asunto, cuando llegó Memo por nosotros, contándonos lo del motociclista". Manuel le explica.

"Vamos a mi despacho por favor". La rectora les solicita. Todos los alumnos que presencian esto, se quedan murmurando entre ellos cuando los ven partir.

***

Una hora después, en la cafetería, René les cuenta a Alejandro, Fabián y Memo lo discutido, y también, que compromisos acordó la rectora con Manuel y él.

Ahora sí se va a corregir el hasta ahora perenne problema de falta de profesores y, en caso de ser necesario se va a recurrir a la plantilla docente de los otros campuses.

Manuel (una vez aclarado para René que él no es un delator) va a supervisar, junto a los otros líderes de grupo, que esto en realidad se implemente.

También la rectora giró a la direccióm académica una orden para que ya no se humille a los alumnos que se atrasen con una colegiatura.