lunes, 6 de abril de 2015

"Crecen tan rápido" (relato original)



Es un domingo soleado, al mediodía, en la mansión Gwilym, cercana a Cardiff. Situada en medio de extensas tierras, la vieja casona deslumbra por su aspecto dinástico. Junto al Rolls-Royce estacionado al pie de las escalinatas de acceso a la casona, el chofer ya espera con la puerta trasera abierta esperando a que suba la joven Gwendolyn.

El señor Robert Gwilym la abraza efusivamente, ella elegantemente vestida tiene que pararse sobre sus puntas ante los abrazos del señor Robert que la jalan literalmente del piso, su bolso de diseñador se acerca peligrosamente a la grava en el suelo, y con su brazo izquierdo sujeta su sombrero para que este no caiga de su cabeza.


“Wendy, te voy a extrañar mucho, no puedo creer que haya llegado tan pronto el momento en el que tengas que dejar el hogar. Recuerdo como si fuera ayer cuando te compré esa bicicleta roja para tu cumpleaños número trece.”

El chofer baja su mirada al piso, no quiere parecer un entrometido en este momento tan personal del amo Gwilym y la señorita Gwendolyn. El muy bien sabe que no debe de entrometerse ni juzgar nada de lo que vea que sucede en la mansión Gwilym. Además el contrato de confidencialidad que firmó lo obliga, y de no respetar lo que en el mismo se estipula, se haría acreedor a uno tremenda pena pecuniaria. Aparte de que sinceramente siente lealtad hacia la familia Gwilym, con la cual ha estado sirviendo como chofer desde hace ya casi cuatro décadas, cuando los Gwilym eran una numerosa familia. Ahora el amo Gwilym va a quedarse solo al marcharse la señorita Gwendolyn.

Gwendolyn mira detenidamente con ojos húmedos al señor Gwilym, se separa de él, intenta decir algo pero no le salen palabras y en cambio, se da media vuelta y se sube rápidamente al vehículo. Al arrancar este, el chofer nota que ella limpia con su pañuelo de seda las lágrimas que había estado reteniendo, porque no quería llorar enfrente del amo Gwilym, o por lo menos eso es lo que interpreta él.

Robert se queda parado siguiendo con la vista al Rolls-Royce, quiere mirarlo hasta que este desaperezca en la distancia. Escucha unos pasos detrás de él, e infiere que se trata de su fiel secretario Owen.

Robert se voltea y con ojos vidriosos se dirige a él:

“Crecen tan rápido Owen, estoy literalmente temblando. Ayer era mi pequeña niña y hoy ya se fue de casa convertida en toda una mujer.”

“Sí señor,” el secretario le contesta y prosigue, “solo estaba esperando a que se marchara la joven Gwendolyn para venir a comunicarle que ya llegó el correo electrónico del Señor Bear, él envió un catálogo de fotografías de varias niñas, tal y como a usted le gustan, niñas blancas de 12 a 14 años de edad.”

“Perfecto Owen, ¿Dejaste la sesión abierta? Vamos a mi despacho a verlas.”

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