martes, 6 de octubre de 2015

IRLE A DEJAR BOLSAS DE BASURA AL VECINO (Relato original)



Pablo se acaba de cambiar, no tiene ni seis meses, a esta colonia. La colonia es de clase media, se nota que tienen una muy buena asociación de vecinos ya que, los servicios son muy buenos y nunca fallan, la recolección de basura se hace diariamente, a veces se interrumpe el suministro de agua, pero no más de cinco días, y como las casas cuentan con cisterna y tinacos, el efecto no va más allá de cuidarse de no desperdiciarla. Cuenta con muy bonitos y cuidados camellones y jardines también.

La gente que presta servicios es muy amable, como el cartero, y los vigilantes de la cuadra.

Los vecinos son amables también y nada entrometidos y, se acaban de organizar para instalar un sistema de alerta vecinal con conexión directa a la policía estatal. Aun así hay que tomar precauciones, los criminales siempre están al acecho. Y la colonia está partida en dos, por una vía rápida, lo que desafortunadamente hace que extraños la crucen, ya sea a pié o en automóvil y transporte público.

El semáforo para cruzar esta avenida es muy tardado y se hacen largas colas de automóviles, y debido a esto Pablo decide experimentar tomando un atajo por calles laterales, para llegar rápido a casa, es sábado al mediodía y hace un sol abrazador.

"¿A dónde te metes Pablo? Nos vamos a dar una perdida de esas..." Su hermano Luis lo interroga en cuanto Pablo, con una maniobra rápida, abandona la fila de autos".

"Es más rápido sí salimos a la avenida y luego tomamos el retorno frente al Casablanca y, ya luego subimos a la cuadra de la casa, evitándonos así el estar atorados en el semáforo".

Su "atajo" de Pablo, los lleva a desembocar a una estrecha calle, flanqueada en un lado por las bardas traseras de las casas en la calle anterior y, del otro lado, la barda perimetral del club Casablanca.

"Sin duda aquí vienen a aventar bolsas de basura cuando tardan en pasar los de la basura". Luis menciona.

"Pues a lo mejor, pero ya ves, pasan diario". Pablo le contesta y agrega:

"Eso sí, de noche aquí es una boca de lobo, no veo que haya alumbrado público".

***

Han pasado varias semanas ya y el intercambio anterior ya ha sido olvidado. Hoy es un martes por la noche, cerca de las diez de la noche y, el papá de ambos, Don Esteban, se apresta a dar por terminado el día en la casa. Está juntando las bolsas de basura, de la basura generada durante el día, las echa en el par de grandes botes de basura que diariamente se sacan por la noche; y cuando abre la puerta de la calle para sacarlos, antes de cerrar con llave, un hombre se lanza a través de la puerta, amenazandolo con una pistola calibre 45.

Don Esteban a pesar de sus setenta años se mantiene grueso y pesado, él en su juventud estuvo en el pentatlón militarizado y toda su vida se ha regido por la consigna "Siempre alerta", y ante el ataque de su asaltante, él reacciona automáticamente, con un golpe seco desplaza la mano derecha del criminal al mismo tiempo que se le aproxima y con el mismo brazo que usó le conecta un codazo en la nariz, para a continuación, rotarlo de espaldas al asaltante y metiendo su brazo derecho por la axila y con su brazo izquierdo por encima del hombro izquierdo del asaltante, y contra su cuello, le aplica una llave asfixiante.

El criminal trata de zafarse en vano, y finalmente se desvanece, sus hijos escuchan los gruñidos, gemidos y ruidos propios de una lucha y bajan corriendo de sus cuartos, al llegar, todo ha terminado.

Pablo y Luis encuentran a su padre en cuclillas, tomando el pulso al criminal, en el cuello.

"Se murió este cabrón. ¡Es increíble! Uno está tranquilo en su casa y tienen que venir imbéciles a joderle la vida a uno..." Don Esteban les dice esto a sus hijos, antes de pedirle a Luis:

"Márcale al C4 de la policía, les voy a decir cuando lleguen, que temí por mi vida y que no fue mi intención matarlo cuando le apliqué la llave..."

Pero Pablo interrumpe:

"Luis, ¡espera! Ya sabemos como los de Derechos Humanos hacen más por los criminales, y el gobierno castiga severamente la autodefensa, al contrario, cuando les digas papá, que usaste una llave de defensa personal, te van a levantar cargos por uso de un arma mortal. Además, dejarías a mamá sin atención".

La mamá de ellos tiene una enfermedad degenerativa que ya la imposibilitó de valerse por si misma. Don Esteban, ya de pie, le coloca su pesado brazo en el hombro a su hijo y le dice:

"De ninguna manera permitiré que te culpes ante la policía, si es que, eso es lo que me quieres decir".

"No papá, tengo una idea para salir de este problema en menos de diez minutos. Ir a tirar a este imbécil al callejón oscuro del otro lado de la avenida. Vamos a subirlo a mi coche, ¡rápido!"

Luis sorprendido por esta propuesta los mira, primero a su hermano y, luego a su padre, antes de esbozar una sonrisa y decirles:

"¡Excelente idea!"

Don Esteban le dice a Pablo:

”Tu maneja, yo me bajo rápido y en un par de segundos lo bajo del coche al pendejo este".

***

Han pasado ya tres meses desde el incidente aquel, el cuerpo del criminal lo subieron recostado en los asientos de atrás del coche de Pablo y cubierto con los tapasoles. Cuando llegaron a la parte más oscura del callejón Don Esteban solo lo jaló hacia afuera, todo les llevó unos cuantos segundos con, tan solo, un gato negro de testigo.

El haber antes vivido en colonias de estrato social más bajo, les dio la experiencia y la práctica necesaria de como ir a tirar bolsas de la basura sin que nadie los viera.

Hoy es domingo por la tarde y Don Esteban junto con Pablo y Luis están acompañando a la mamá de estos, viendo la insulsa televisión, pero lo importante es están todos juntos.


Relato por Carlos Santillán

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