Alejandro está escribiendo un sumario del cuarto episodio del libro de planeación estratégica (es una tarea escolar) Y se encuentra con problemas para escribir las conjugaciones del verbo “Haber” (tristemente la mala ortografía es un problema inherente a la generación de los dispositivos móviles).
Por este motivo toma su grueso diccionario enciclopédico ilustrado para buscar este verbo.
Pasando las páginas al azar, se encuentra una con la lámina de una pintura que lo deja sin palabras, sin aliento.
Es como si esta pintura lo jalara hacia adentro, absorbiendo su mente. Desde esta lo miran fijamente los ojos de un hombre anciano, idéntico a su fallecido abuelo Manuel.
El hombre de la pintura, en la obscuridad de una noche preindustrial, está llevando a cabo un experimento, ante ¿su familia?
Alejandro nota que 'ellos' están viviendo una nublada noche de luna llena, misma que se puede ver a través de la ventana.
El experimento del abuelo en la pintura ha aterrorizado a un par de niñas, quienes están siendo consoladas por otro hombre mayor de la familia.
La menor de ellas, blanca, muy bonita, en un vestido que le deja los hombros descubiertos y con un gesto en el rostro que despierta compasión absoluta, está mirando hacia el globo de vidrio que el abuelo sostiene en lo alto.
Dentro del globo de vidrio hay un ave, cuya suerte es fácilmente adivinable, y que es la causa de la pena de las niñas.
De algún modo el aire va a ser extraído del globo de cristal, o consumido al meterle una vela.
Un joven, estúpidamente mantiene la jaula del ave abierta. Alejandro se puede imaginar a ese joven siempre torpe, tirando y tropezando con cosas.
Dos hombres, sentados a la mesa, alguno de ellos el padre de las niñas, miran absortos al abuelo ejecutando el experimento. Hay un tercero que ahora nota.
El cabello de los hombres, incluso el de los viejos, luce muy bien, largo, desarreglado; Alejandro mentalmente juega con la idea de dejárselo crecer al estilo del siglo XVIII.
En la parte izquierda del cuadro, platican entre ellos, un hombre y una mujer. Tal vez se presumen mutuamente sus conocimientos sobre el aire, la presión atmosférica y el monóxido de carbono.
Alejandro se siente totalmente absorto por este maravilloso cuadro, lee el título y el nombre del artista:
"Experimento con un pájaro en una bomba de aire" (1768), Joseph Wright de Derby. National Gallery, Londres.
Le causa vértigo el solo reflexionar cuanto tiempo llevan muertas las personas de la pintura, capturadas en un momento en el que se veían tan llenas de: vida, emociones, confianza, y conocimiento.
martes, 29 de marzo de 2016
Odiseo, parte 14
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jueves, 24 de marzo de 2016
Odiseo parte 13
"Uno de los problemas más nocivos, para el trabajo y los tiempos en un ambiente de oficina es el recurrir constantemente a la realización de juntas.
Y si a esto le suman que los asistentes a las mismas están papando moscas y enviando mensajitos en sus teléfonos, pues, ¡ya nos llevó la chingada!"
El grupo estalla en carcajadas ante el irreverente lenguaje del profesor Miguel.
El profesor Miguel toma un marcador y procede a anotar en el pizarrón.
"Por eso hoy los voy a iluminar, una vez más con mi genialidad y sabiduría y les voy a compartir estos consejos para la realización de reuniones de trabajo más eficaces".
Y anota eso rápidamente y lo subraya, por sus ademanes, el profesor Miguel pareciera ser un Dalí pintando un cuadro.
Memo y René se voltean a ver aguantándose las ganas de soltar carcajadas.
"A ver, como primer punto..."
Y el profesor Miguel lo anota a la vez que lo menciona:
"Agendar la junta y notificar a los participantes, por medio de un correo electrónico, al menos con veinticuatro horas de anticipación".
"Otro punto: por educación, llegar cinco minutos antes a la reunión. Así mismo, por respeto al tiempo de los demás, hay que iniciar y terminar la junta a las horas señaladas".
El profesor Miguel continúa:
"Hay que asistir preparados, con conocimiento del tema, o temas a tratar; así como llevar donde registrar la información relevante y puntos acordados en la junta".
"Si llevan dispositivos, no estén de groseros checando su Facebook, o jugando Candy Crush. ¿Verdad Mónica?"
Y Mónica se sonroja, porque ella estaba haciendo algo en su teléfono en lugar de prestar atención a la clase.
"Una junta efectiva se caracteriza porque el expositor sabe ser breve y conciso y siempre permanece dentro del tema, y los participantes también".
"Los participantes al no interrumpir, al expositor, y a los que intervienen, muestran su respeto. E igualmente muestran su respeto y eficacia al compartir todos los datos relevantes que ellos posean".
"El expositor debe de ser atento y democrático, al proporcionarle a todos los participantes, la oportunidad de expresar sus ideas e inquietudes, cuando así se lo soliciten".
Memo le dice algo a René, es ininteligible para Alejandro que se encuentra sentado en la mesa detrás de ellos; pero conociendo a este par y las ocurrencias que siempre tienen, le causan a Alejandro el soltar una estruendosa carcajada.
El profesor se da la media vuelta, de una manera graciosa, para encarar al grupo, que ahora rie también junto a Alejandro.
"¡Hey! ¡Tranquilos! Muy bien se que una clase puede volverse pesada, pero, ni modos, así es esto. Díganme, ¿vinieron o los trajeron a clases?"
El profesor Miguel siempre ha preferido el diálogo conciliador con sus alumnos a, la confrontación abierta. Y a pesar de que a sus espaldas se lo vacilen, sí logra ganarse el respeto de sus alumnos.
"Bueno, ya para terminar, recuerden, en una reunión puedes estar de desacuerdo, pero no por eso debes de ser ofensivo. Se desafían las ideas, no a las personas".
"Ahora como dinámica grupal, vamos a efectuar una junta, donde vamos a discutir… A ver..."
Y el profesor Miguel anota en la pizarra, con expresiones de protesta de parte del grupo, que de plano hoy no tienen ganas de trabajar:
"La construcción de un nuevo campus universitario, y las carreras que en este se van a ofrecer."
Y si a esto le suman que los asistentes a las mismas están papando moscas y enviando mensajitos en sus teléfonos, pues, ¡ya nos llevó la chingada!"
El grupo estalla en carcajadas ante el irreverente lenguaje del profesor Miguel.
El profesor Miguel toma un marcador y procede a anotar en el pizarrón.
"Por eso hoy los voy a iluminar, una vez más con mi genialidad y sabiduría y les voy a compartir estos consejos para la realización de reuniones de trabajo más eficaces".
Y anota eso rápidamente y lo subraya, por sus ademanes, el profesor Miguel pareciera ser un Dalí pintando un cuadro.
Memo y René se voltean a ver aguantándose las ganas de soltar carcajadas.
"A ver, como primer punto..."
Y el profesor Miguel lo anota a la vez que lo menciona:
"Agendar la junta y notificar a los participantes, por medio de un correo electrónico, al menos con veinticuatro horas de anticipación".
"Otro punto: por educación, llegar cinco minutos antes a la reunión. Así mismo, por respeto al tiempo de los demás, hay que iniciar y terminar la junta a las horas señaladas".
El profesor Miguel continúa:
"Hay que asistir preparados, con conocimiento del tema, o temas a tratar; así como llevar donde registrar la información relevante y puntos acordados en la junta".
"Si llevan dispositivos, no estén de groseros checando su Facebook, o jugando Candy Crush. ¿Verdad Mónica?"
Y Mónica se sonroja, porque ella estaba haciendo algo en su teléfono en lugar de prestar atención a la clase.
"Una junta efectiva se caracteriza porque el expositor sabe ser breve y conciso y siempre permanece dentro del tema, y los participantes también".
"Los participantes al no interrumpir, al expositor, y a los que intervienen, muestran su respeto. E igualmente muestran su respeto y eficacia al compartir todos los datos relevantes que ellos posean".
"El expositor debe de ser atento y democrático, al proporcionarle a todos los participantes, la oportunidad de expresar sus ideas e inquietudes, cuando así se lo soliciten".
Memo le dice algo a René, es ininteligible para Alejandro que se encuentra sentado en la mesa detrás de ellos; pero conociendo a este par y las ocurrencias que siempre tienen, le causan a Alejandro el soltar una estruendosa carcajada.
El profesor se da la media vuelta, de una manera graciosa, para encarar al grupo, que ahora rie también junto a Alejandro.
"¡Hey! ¡Tranquilos! Muy bien se que una clase puede volverse pesada, pero, ni modos, así es esto. Díganme, ¿vinieron o los trajeron a clases?"
El profesor Miguel siempre ha preferido el diálogo conciliador con sus alumnos a, la confrontación abierta. Y a pesar de que a sus espaldas se lo vacilen, sí logra ganarse el respeto de sus alumnos.
"Bueno, ya para terminar, recuerden, en una reunión puedes estar de desacuerdo, pero no por eso debes de ser ofensivo. Se desafían las ideas, no a las personas".
"Ahora como dinámica grupal, vamos a efectuar una junta, donde vamos a discutir… A ver..."
Y el profesor Miguel anota en la pizarra, con expresiones de protesta de parte del grupo, que de plano hoy no tienen ganas de trabajar:
"La construcción de un nuevo campus universitario, y las carreras que en este se van a ofrecer."
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jueves, 17 de marzo de 2016
Odiseo, parte 12
René tuvo que volverse independiente desde muy chico. Sus padres formaron un hogar disfuncional donde gritos y peleas eran cosa diaria.
Su hermana mayor se fue a vivir con una prima apenas cumplió los quince años y, René, naturalmente siguió su ejemplo.
Aprovechando que un tío paterno vivía en el Estado de México, René solo les avisó que se iba a estudiar la preparatoria a la Ciudad de México (el tío y su familia viven en Naucálpan) y que iba a trabajar en la tlapalería del tío para pagarse sus gastos. Y es así como René dejó su natal Coatzacoalcos.
***
"¿Qué onda René? Ya ni te dejas ver"
Memo lo saluda cuando entra al aula, depositando su carpeta y libros sobre la mesa, para sentarse junto a él. Chocan sus puños saludándose y Memo se sienta checando sus mensajes en su teléfono. Ante su saludo-pregunta, René le contesta.
"Cambié todas mis materias de la mañana a la tarde, para poder hacer el servicio social".
Memo se queda intrigado, ya que la respuesta de René vino acompañada de una mirada perdida en la distancia y un tono de voz que deja entrever frustración.
***
"Hola René, pasa por favor".
René es recibido en el privado de la licenciada (en sistemas) Tania Alvarado; a espaldas de ella, a través de la gran ventana se puede ver Avenida Nacional, el tráfico y varios edificios pequeños del otro lado.
"Pues ¡Bienvenido! Vas a aprender mucho de nosotros haciendo tu servicio social aquí con nosotros. Te vas a dar cuenta que el mundo real es totalmente distinto a lo que ves en la carrera y, bueno, échale ganas, aprovecha y aprende mucho ahora que tienes esta oportunidad de ir haciendo tus pininos en este apasionante mundo de la informática".
***
René fue asignado un cubículo hasta el fondo de la oficina, detrás de una columna estructural, a un lado tiene una maceta con una palmera bonita y frente a él un pequeño refrigerador verde cerrado con candado.
Su módulo de cubículos, se compone de cuatro, dos están vacíos; René tiene un vecino.
Hoy cumple una semana viniendo al servicio social; llega a las nueve de la mañana y se retira a las dos de la tarde. Las horas se le van muy lentas. La licenciada Alvarado le dio, para que se entretenga así parece, un manual de Unix, por Oracle, muy interesante aprender este sistema operativo para administración de servidores. En unas terminales tontas en 'la pecera' se la pasa jugando con el: ls, cd, mv, cp, pwd, cal, lspci, aplay -l, en fin, una serie de comando para funciones varias en manejo de archivos, directorios y dispositivos.
Pero René se siente como en la guardería, guardado y mantenido ocupado con cosas menores. En el equipo que le dieron con el cubículo asignado, se la pasa igualmente jugando con el Power Point y el Excel. Esto lo podría hacer en la escuela o en su casa.
Su vecino se la pasa en silencio todo el día, incluso René bromea consigo mismo si, no estará momificado y ¡nadie se ha dado cuenta!
El refrigerador que tiene enfrente se le volvió una monserga, es el negocio de un simpático ingeniero veracruzano, 'el jarocho', vende aguas y refrescos pero, antes de que René se diera cuenta, este ingeniero ya le había hecho responsable de la llave del candado y la caja del dinero de las ventas. Se lo chamaqueó.
Hay tres secretarias sindicalizadas en la oficina, son unas paisanas gordas y hasta de traje típico. Se la pasan chismeando toda la mañana y les vale el repicar constante de los teléfonos. No hacen ¡nada! Nadie se atreve a pedirles el hacer una captura o el sacar unas fotocopias; el sindicato las protege en su ociosidad.
René observa a los superintendentes y a los capturistas. Sí trabajan, pero, se la pasan bien padre. Uno de los superintendentes, 'Panchito', que de por sí camina como si fuera un lento buque tanque, llega y se pone a leer su periódico, luego hace llamadas en las que se la pasa carcajeándose. Luego sale de su privado y se mete al del superintendente Víctor y ahora los dos se la pasan hablando y chismeando y riéndose.
Este superintendente Víctor tiene un curioso ritual diario:
Sale de su privado y pasa por Raúl, al cubículo de éste, y se van a fumar juntos al gran corredor de cristal que conecta este edificio con el de al lado, para posteriormente, irse al baño a orinar juntos. ¿?
Algo que sorprendió mucho a René también, fue el descubrir el reinante nepotismo en la oficina: Víctor es hermano del superintendente Jesús y la esposa de Víctor trabaja en el cuarto piso, el superintendente Luis es hermano de la sugerente Lulú, y la esposa de Luis está en desarrollo tecnológico, los analistas Enrique y Magda están casados, las analistas Paty y Rebeca son hermanas, el papá del capturista Carlos es subgerente en el cuarto piso. Pues que padre, ¡que todo mundo acomode a sus parientes! Dependencias del gobierno...
Y es todo un tianguis también la oficina. Ya se mencionó el negocio de venta de refrescos de 'el jarocho'. Llega un señor bolero a dar crema a los zapatos. una sindicalizada vende edredones por catálogo, muy guapas "ejecutivas de ventas' llegan diario a ofrecer cuentas de inversión, tarjetas de crédito, seguros de vida; un sindicalizados ya jubilado llega a vender quesos, está la señora de los anillos y pulseras, también, un voceador anda diario con un diablito cargado de periódicos, libros y revistas. Hasta los mismos superintendentes andan rifando relojes y botellas de vino, como Panchito que le ofreció boletos en venta.
***
'¡Buenos días!
René al llegar saluda a su vecino de cubículo, el ingeniero Daniel. Y para sorpresa suya, el ingeniero Daniel se incorpora; se pone de pie estirando sus brazos y bostezando. Todo un prodigio de la naturaleza poder ver a este cuerpo animado (camisa azul, corbata azul obscuro) y que no se trata de un cadáver momificado y olvidado en un cubículo.
"Hola, ¿René verdad?"
"Sí ingeniero, así es".
"¿Cómo te va en el servicio social?"
"Bien, bien. La licenciada Alvarado me tiene aprendiendo Unix"
"¿Y te gusta, te va gustar trabajar en sistemas René?"
"Sí, ¿por qué no? Es un trabajo muy bien pagado, demandado. Todo mundo usa computadoras y puedes trabajar donde quieras".
El ingeniero Daniel se lo queda viendo, esbozando una mueca de burla en el rostro.
"No, no creas René. Tu vienes con el entusiasmo y frescura del recién, o en tu caso, casi egresado informático. Pero yo que llevo más de veinte años como analista te hablo con la voz de la experiencia."
El ingeniero suspira, se deja caer en su sillón azul, abre un tupperware y comienza a comer una ensalada de frutas, y luego continúa:
"Para empezar, que te la pasas todo el día aquí encerrado, sabes tu horario de entrada, pero, no tienes horario de salida, siete, ocho de la noche, si bien te va.
No puedes hacer, ni planear nada. Hey, por eso ves que hay tantas parejas aquí en las subgerencias, los que están aquí igual de encerrados, son los únicos a los que podrás conocer."
Señalándolo con la cuchara continúa:
"Los fines de semana, si es que no tienes que venir a atender algún pendiente o bomberazo, estarás tan exprimido y, deprimido que no querrás hacer nada.
Y eso se retroalimenta. A todos los que ves de workaholics, es porque, por ausentes, ya no los quieren ni soportan en sus casas, y por eso se la pasan todo el día aquí trabajando, o fingiendo que trabajan.
Y también, te la pasas aquí todo el año, navidad, año nuevo, semana santa, el verano...
Las mentadas cuatro semanas de vacaciones te las dividen en dos periodos, de los cuales, apenas y puedes tomar unos cuantos días. Porque de inmediato te están buscando para que te regreses.
Sí, se gana bien, muy bien; pero esto no es vida. Mira, las putas también ganan mucho dinero, pero, no por eso su trabajo es deseable ¿verdad?"
El ingeniero Daniel termina de comer su ensalada de frutas, se limpia la boca con un pañuelo y todo, tupperware, cuchara y pañuelo, lo arroja al interior de su portafolios vacío, que yacía abierto sobre el escritorio de su cubículo. Lo cierra de un golpe y lo deposita en el suelo bajo el escritorio.
Luego suspira estirando los brazos y cruzando los dedos descansa su cabeza contra sus palmas y continúa:
"Y puros hipócritas aquí en la oficina, te tratan de 'amigo quitapon', en la misma semana en la que te invitan a ir a comer para festejar el cumpleaños de fulanito, te enteras que hicieron una reunión en su casa, a la que no te invitaron. ¿Cómo te enteras? ¡Se ponen a platicar carcajeándose, de todas las cosas que hicieron!
No y luego, las 'hermandades' que hacen los muy hijos de la chingada; ¿por qué crees que de analista ya no pasé en estos veintitantos años?
Los cerebritos aquí nos quedamos de maceta, o nos echan a la calle cada vez que necesitan hacer recorte de personal.
Los que ascienden y avanzan son los 'inteligentes emocionales' que andan de barberos y arrastrados invitando a comer al jefe y trayéndole regalitos. ¡Como Panchito con César!"
René se maravilla de la capacidad verbal del ingeniero David de poderle poner comillas a la frase: 'inteligentes emocionales'. René sigue pensando en esto y cuando se da cuenta, el ingeniero ya había continuado:
"Y vieras, cono me joden las hermandades que te mencioné antes; llegaron estos cabrones que se congratulan cada rato diciéndose entre ellos:
'¿Cómo se dice chingón en chino? Ex-A-Tec' Ja, ja, ja.'
Hacen, ¡hicieron su secta! de egresados del Tec de Monterrey, y simplemente no dejan pasar a nadie quien no sea de su pinche escuelita: César, Lulú, Paco, Paty, este Raúl que ya lo están preparando, a pesar de ser un güevón, y entre ellos hablan mal y discriminan a los que venimos de UPIICSA, la UNAM, de la UVM, buena ésta si es una escuela muy mala."
El ingeniero David ignora que esa es justamente la universidad donde estudia René.
***
Esa tarde, en clase de la materia de contabilidad, René se encuentra distraído reviviendo el monólogo del ingeniero David en su mente.
Su hermana mayor se fue a vivir con una prima apenas cumplió los quince años y, René, naturalmente siguió su ejemplo.
Aprovechando que un tío paterno vivía en el Estado de México, René solo les avisó que se iba a estudiar la preparatoria a la Ciudad de México (el tío y su familia viven en Naucálpan) y que iba a trabajar en la tlapalería del tío para pagarse sus gastos. Y es así como René dejó su natal Coatzacoalcos.
***
"¿Qué onda René? Ya ni te dejas ver"
Memo lo saluda cuando entra al aula, depositando su carpeta y libros sobre la mesa, para sentarse junto a él. Chocan sus puños saludándose y Memo se sienta checando sus mensajes en su teléfono. Ante su saludo-pregunta, René le contesta.
"Cambié todas mis materias de la mañana a la tarde, para poder hacer el servicio social".
Memo se queda intrigado, ya que la respuesta de René vino acompañada de una mirada perdida en la distancia y un tono de voz que deja entrever frustración.
***
"Hola René, pasa por favor".
René es recibido en el privado de la licenciada (en sistemas) Tania Alvarado; a espaldas de ella, a través de la gran ventana se puede ver Avenida Nacional, el tráfico y varios edificios pequeños del otro lado.
"Pues ¡Bienvenido! Vas a aprender mucho de nosotros haciendo tu servicio social aquí con nosotros. Te vas a dar cuenta que el mundo real es totalmente distinto a lo que ves en la carrera y, bueno, échale ganas, aprovecha y aprende mucho ahora que tienes esta oportunidad de ir haciendo tus pininos en este apasionante mundo de la informática".
***
René fue asignado un cubículo hasta el fondo de la oficina, detrás de una columna estructural, a un lado tiene una maceta con una palmera bonita y frente a él un pequeño refrigerador verde cerrado con candado.
Su módulo de cubículos, se compone de cuatro, dos están vacíos; René tiene un vecino.
Hoy cumple una semana viniendo al servicio social; llega a las nueve de la mañana y se retira a las dos de la tarde. Las horas se le van muy lentas. La licenciada Alvarado le dio, para que se entretenga así parece, un manual de Unix, por Oracle, muy interesante aprender este sistema operativo para administración de servidores. En unas terminales tontas en 'la pecera' se la pasa jugando con el: ls, cd, mv, cp, pwd, cal, lspci, aplay -l, en fin, una serie de comando para funciones varias en manejo de archivos, directorios y dispositivos.
Pero René se siente como en la guardería, guardado y mantenido ocupado con cosas menores. En el equipo que le dieron con el cubículo asignado, se la pasa igualmente jugando con el Power Point y el Excel. Esto lo podría hacer en la escuela o en su casa.
Su vecino se la pasa en silencio todo el día, incluso René bromea consigo mismo si, no estará momificado y ¡nadie se ha dado cuenta!
El refrigerador que tiene enfrente se le volvió una monserga, es el negocio de un simpático ingeniero veracruzano, 'el jarocho', vende aguas y refrescos pero, antes de que René se diera cuenta, este ingeniero ya le había hecho responsable de la llave del candado y la caja del dinero de las ventas. Se lo chamaqueó.
Hay tres secretarias sindicalizadas en la oficina, son unas paisanas gordas y hasta de traje típico. Se la pasan chismeando toda la mañana y les vale el repicar constante de los teléfonos. No hacen ¡nada! Nadie se atreve a pedirles el hacer una captura o el sacar unas fotocopias; el sindicato las protege en su ociosidad.
René observa a los superintendentes y a los capturistas. Sí trabajan, pero, se la pasan bien padre. Uno de los superintendentes, 'Panchito', que de por sí camina como si fuera un lento buque tanque, llega y se pone a leer su periódico, luego hace llamadas en las que se la pasa carcajeándose. Luego sale de su privado y se mete al del superintendente Víctor y ahora los dos se la pasan hablando y chismeando y riéndose.
Este superintendente Víctor tiene un curioso ritual diario:
Sale de su privado y pasa por Raúl, al cubículo de éste, y se van a fumar juntos al gran corredor de cristal que conecta este edificio con el de al lado, para posteriormente, irse al baño a orinar juntos. ¿?
Algo que sorprendió mucho a René también, fue el descubrir el reinante nepotismo en la oficina: Víctor es hermano del superintendente Jesús y la esposa de Víctor trabaja en el cuarto piso, el superintendente Luis es hermano de la sugerente Lulú, y la esposa de Luis está en desarrollo tecnológico, los analistas Enrique y Magda están casados, las analistas Paty y Rebeca son hermanas, el papá del capturista Carlos es subgerente en el cuarto piso. Pues que padre, ¡que todo mundo acomode a sus parientes! Dependencias del gobierno...
Y es todo un tianguis también la oficina. Ya se mencionó el negocio de venta de refrescos de 'el jarocho'. Llega un señor bolero a dar crema a los zapatos. una sindicalizada vende edredones por catálogo, muy guapas "ejecutivas de ventas' llegan diario a ofrecer cuentas de inversión, tarjetas de crédito, seguros de vida; un sindicalizados ya jubilado llega a vender quesos, está la señora de los anillos y pulseras, también, un voceador anda diario con un diablito cargado de periódicos, libros y revistas. Hasta los mismos superintendentes andan rifando relojes y botellas de vino, como Panchito que le ofreció boletos en venta.
***
'¡Buenos días!
René al llegar saluda a su vecino de cubículo, el ingeniero Daniel. Y para sorpresa suya, el ingeniero Daniel se incorpora; se pone de pie estirando sus brazos y bostezando. Todo un prodigio de la naturaleza poder ver a este cuerpo animado (camisa azul, corbata azul obscuro) y que no se trata de un cadáver momificado y olvidado en un cubículo.
"Hola, ¿René verdad?"
"Sí ingeniero, así es".
"¿Cómo te va en el servicio social?"
"Bien, bien. La licenciada Alvarado me tiene aprendiendo Unix"
"¿Y te gusta, te va gustar trabajar en sistemas René?"
"Sí, ¿por qué no? Es un trabajo muy bien pagado, demandado. Todo mundo usa computadoras y puedes trabajar donde quieras".
El ingeniero Daniel se lo queda viendo, esbozando una mueca de burla en el rostro.
"No, no creas René. Tu vienes con el entusiasmo y frescura del recién, o en tu caso, casi egresado informático. Pero yo que llevo más de veinte años como analista te hablo con la voz de la experiencia."
El ingeniero suspira, se deja caer en su sillón azul, abre un tupperware y comienza a comer una ensalada de frutas, y luego continúa:
"Para empezar, que te la pasas todo el día aquí encerrado, sabes tu horario de entrada, pero, no tienes horario de salida, siete, ocho de la noche, si bien te va.
No puedes hacer, ni planear nada. Hey, por eso ves que hay tantas parejas aquí en las subgerencias, los que están aquí igual de encerrados, son los únicos a los que podrás conocer."
Señalándolo con la cuchara continúa:
"Los fines de semana, si es que no tienes que venir a atender algún pendiente o bomberazo, estarás tan exprimido y, deprimido que no querrás hacer nada.
Y eso se retroalimenta. A todos los que ves de workaholics, es porque, por ausentes, ya no los quieren ni soportan en sus casas, y por eso se la pasan todo el día aquí trabajando, o fingiendo que trabajan.
Y también, te la pasas aquí todo el año, navidad, año nuevo, semana santa, el verano...
Las mentadas cuatro semanas de vacaciones te las dividen en dos periodos, de los cuales, apenas y puedes tomar unos cuantos días. Porque de inmediato te están buscando para que te regreses.
Sí, se gana bien, muy bien; pero esto no es vida. Mira, las putas también ganan mucho dinero, pero, no por eso su trabajo es deseable ¿verdad?"
El ingeniero Daniel termina de comer su ensalada de frutas, se limpia la boca con un pañuelo y todo, tupperware, cuchara y pañuelo, lo arroja al interior de su portafolios vacío, que yacía abierto sobre el escritorio de su cubículo. Lo cierra de un golpe y lo deposita en el suelo bajo el escritorio.
Luego suspira estirando los brazos y cruzando los dedos descansa su cabeza contra sus palmas y continúa:
"Y puros hipócritas aquí en la oficina, te tratan de 'amigo quitapon', en la misma semana en la que te invitan a ir a comer para festejar el cumpleaños de fulanito, te enteras que hicieron una reunión en su casa, a la que no te invitaron. ¿Cómo te enteras? ¡Se ponen a platicar carcajeándose, de todas las cosas que hicieron!
No y luego, las 'hermandades' que hacen los muy hijos de la chingada; ¿por qué crees que de analista ya no pasé en estos veintitantos años?
Los cerebritos aquí nos quedamos de maceta, o nos echan a la calle cada vez que necesitan hacer recorte de personal.
Los que ascienden y avanzan son los 'inteligentes emocionales' que andan de barberos y arrastrados invitando a comer al jefe y trayéndole regalitos. ¡Como Panchito con César!"
René se maravilla de la capacidad verbal del ingeniero David de poderle poner comillas a la frase: 'inteligentes emocionales'. René sigue pensando en esto y cuando se da cuenta, el ingeniero ya había continuado:
"Y vieras, cono me joden las hermandades que te mencioné antes; llegaron estos cabrones que se congratulan cada rato diciéndose entre ellos:
'¿Cómo se dice chingón en chino? Ex-A-Tec' Ja, ja, ja.'
Hacen, ¡hicieron su secta! de egresados del Tec de Monterrey, y simplemente no dejan pasar a nadie quien no sea de su pinche escuelita: César, Lulú, Paco, Paty, este Raúl que ya lo están preparando, a pesar de ser un güevón, y entre ellos hablan mal y discriminan a los que venimos de UPIICSA, la UNAM, de la UVM, buena ésta si es una escuela muy mala."
El ingeniero David ignora que esa es justamente la universidad donde estudia René.
***
Esa tarde, en clase de la materia de contabilidad, René se encuentra distraído reviviendo el monólogo del ingeniero David en su mente.
martes, 8 de marzo de 2016
Odiseo parte 11
Alejandro vio hace varios días, en el Discovery Channel, un documental sobre un equipo de cazadores de meteoritos en la Antártida.
Los extensos yermos desolados, cubiertos de hielo y nieve blancos, hacen que cualquier objeto opaco y obscuro sobresalga notablemente. A él se le quedó grabada la imagen de una científica enfundada en tantas capas de ropa que se veía como un bebé. Su apariencia con un anorak y guantes rojos de nylon, el rostro cubierto con lo que parecía ser una bufanda y sus ojos protegidos por unos goggles entintados de amarillo, más nieve cubriendo su ropa invernal, la hacían verse impresionante no obstante.
Ella gritó emocionada e hizo indicaciones al equipo de cámara que la siguieran rápidamente hacia donde ella señalaba.
Y a continuación, en el documental, la cámara se enfoca en la científica, quien ahora hincada, remueve con sus manos enfundadas en guantes, la nieve y hielo de una gran roca metálica: ¡un meteorito!
Este está lleno de hendiduras, muescas, el resultado de eones de choques contra otros meteoritos; y se ve muy bello, está limpio y tiene un color como del acero, azulado.
***
Ese documental le dio una idea a Alejandro: buscar micrometeoritos en la azotea de su casa.
Él tiene varios argumentos para respaldar su empresa; primero: la azotea está impermeabilizada en color blanco, con lo que, cualquier objeto en su superficie, es fácilmente detectado.
Segundo: muchas veces, acostado en su cama, en las madrugadas en las que tiene insomnio, Alejandro puede escuchar pedradas, tenues, de objetos pequeños, que golpean contra la azotea. El siempre se ha preguntado si estos impactos son producidos por meteoritos .
Cuando lo comentó, estas pedradas leves contra el techo, con su papá, él le dijo que la casa truena por la liberación, intercambio térmico, del calor absorbido durante las horas diurnas, y que en la noche, al bajar bruscamente la temperatura, este calor es violentamente liberado en forma de chasquidos.
Pero Alejandro no está convencido de que esta sea la explicación correcta. Ya que él puede escuchar no solo el sonido del impacto, sino también puede escuchar la piedra, o meteorito rebotando a lo largo de la azotea.
Tercero: objetos celestes caen todo el tiempo a través de la atmósfera. Solo es cuestión de salir a observar el cielo para ver las estrellas fugaces. En una hora de observación puedes ver dos o tres de estas estrellas fugaces.
Una vez, hace unos tres años, Alejandro se hallaba, una noche precisamente en la azotea observando las estrellas, las constelaciones y los planetas. Cuando una estrella fugaz cayó por la atmósfera muy cerca de él.
En fracciones de segundo pudo ver su gran y gruesa estela verde, desplazándose justo en el cenit, de este a oeste y silbando chillonamente:
"¡FIIIIIIUUUUUUUUH!"
***
Es sábado antes del mediodía y cae un sol abrazador; afortunadamente Alejandro siempre carga con sus gafas de sol plegables, en uno de los bolsillos de su pantalón, sí no, la luz reflejada de la capa de impermeabilizante blanco de la azotea lo cegaría.
Ha estado buscando infructuosamente por sus micrometeoritos. Solo hay tierra, mucha caca de pájaros, de gatos y rebabas metálicas de cuando se ha trabajado en la azotea instalando calentadores o los barandales.
Es muy gracioso como uno se imagina que va a resultar algo, comparado contra la posterior realidad, una vez ejecutado el hecho.
Hasta huesos de durazno y de pájaros (gatos asesinos) encontró. Le hace falta su buena barrida a la azotea.
***
Habiendo pasado un tiempo, Alejandro se olvidó de esa idea de buscar micrometeoritos; hasta que un día que iba caminando en el jardín, llevaba el recogedor con el que recoge las cacas de sus perros, se paró justo bajo un tubo de pvc que desaloja el agua de la azotea cuando llueve, y de estos ¡hay cuatro!
En la superficie del jardín, bajo estos tubos, el pasto ha dado paso a concavidades llenas de piedrecillas y de grava.
Alejandro de niño hizo una tarea escolar acerca de envolver un imán en una servilleta y con éste recoger rebabas de fierro del suelo.
Él nunca olvidó esto. Y el imán en la servilleta es la herramienta correcta para recoger micrometeoritos de hierro.
Una vez en el Palacio de Minería pudo tocar la superficie dura y fría de los grandes meteoritos que ahí están en exhibición y esa sensación lo llena de expectación.
Trae de su cuarto un gran imán cuadrado que hace muchos años le robó a su abuelo paterno.
Alejandro sumerge el imán en la concavidad en el suelo, bajo la caída de agua. Realiza una serie de movimientos circulares por varios segundos, antes de retirarlo.
La servilleta blanca le deja ver rebabas de fierro, trocitos de óxido y, en medio de todo esto, una minúscula piedrecilla azulada, su superficie cubierta por pequeñísimos cráteres.
¡UN MICROMETEORITO!
Los extensos yermos desolados, cubiertos de hielo y nieve blancos, hacen que cualquier objeto opaco y obscuro sobresalga notablemente. A él se le quedó grabada la imagen de una científica enfundada en tantas capas de ropa que se veía como un bebé. Su apariencia con un anorak y guantes rojos de nylon, el rostro cubierto con lo que parecía ser una bufanda y sus ojos protegidos por unos goggles entintados de amarillo, más nieve cubriendo su ropa invernal, la hacían verse impresionante no obstante.
Ella gritó emocionada e hizo indicaciones al equipo de cámara que la siguieran rápidamente hacia donde ella señalaba.
Y a continuación, en el documental, la cámara se enfoca en la científica, quien ahora hincada, remueve con sus manos enfundadas en guantes, la nieve y hielo de una gran roca metálica: ¡un meteorito!
Este está lleno de hendiduras, muescas, el resultado de eones de choques contra otros meteoritos; y se ve muy bello, está limpio y tiene un color como del acero, azulado.
***
Ese documental le dio una idea a Alejandro: buscar micrometeoritos en la azotea de su casa.
Él tiene varios argumentos para respaldar su empresa; primero: la azotea está impermeabilizada en color blanco, con lo que, cualquier objeto en su superficie, es fácilmente detectado.
Segundo: muchas veces, acostado en su cama, en las madrugadas en las que tiene insomnio, Alejandro puede escuchar pedradas, tenues, de objetos pequeños, que golpean contra la azotea. El siempre se ha preguntado si estos impactos son producidos por meteoritos .
Cuando lo comentó, estas pedradas leves contra el techo, con su papá, él le dijo que la casa truena por la liberación, intercambio térmico, del calor absorbido durante las horas diurnas, y que en la noche, al bajar bruscamente la temperatura, este calor es violentamente liberado en forma de chasquidos.
Pero Alejandro no está convencido de que esta sea la explicación correcta. Ya que él puede escuchar no solo el sonido del impacto, sino también puede escuchar la piedra, o meteorito rebotando a lo largo de la azotea.
Tercero: objetos celestes caen todo el tiempo a través de la atmósfera. Solo es cuestión de salir a observar el cielo para ver las estrellas fugaces. En una hora de observación puedes ver dos o tres de estas estrellas fugaces.
Una vez, hace unos tres años, Alejandro se hallaba, una noche precisamente en la azotea observando las estrellas, las constelaciones y los planetas. Cuando una estrella fugaz cayó por la atmósfera muy cerca de él.
En fracciones de segundo pudo ver su gran y gruesa estela verde, desplazándose justo en el cenit, de este a oeste y silbando chillonamente:
"¡FIIIIIIUUUUUUUUH!"
***
Es sábado antes del mediodía y cae un sol abrazador; afortunadamente Alejandro siempre carga con sus gafas de sol plegables, en uno de los bolsillos de su pantalón, sí no, la luz reflejada de la capa de impermeabilizante blanco de la azotea lo cegaría.
Ha estado buscando infructuosamente por sus micrometeoritos. Solo hay tierra, mucha caca de pájaros, de gatos y rebabas metálicas de cuando se ha trabajado en la azotea instalando calentadores o los barandales.
Es muy gracioso como uno se imagina que va a resultar algo, comparado contra la posterior realidad, una vez ejecutado el hecho.
Hasta huesos de durazno y de pájaros (gatos asesinos) encontró. Le hace falta su buena barrida a la azotea.
***
Habiendo pasado un tiempo, Alejandro se olvidó de esa idea de buscar micrometeoritos; hasta que un día que iba caminando en el jardín, llevaba el recogedor con el que recoge las cacas de sus perros, se paró justo bajo un tubo de pvc que desaloja el agua de la azotea cuando llueve, y de estos ¡hay cuatro!
En la superficie del jardín, bajo estos tubos, el pasto ha dado paso a concavidades llenas de piedrecillas y de grava.
Alejandro de niño hizo una tarea escolar acerca de envolver un imán en una servilleta y con éste recoger rebabas de fierro del suelo.
Él nunca olvidó esto. Y el imán en la servilleta es la herramienta correcta para recoger micrometeoritos de hierro.
Una vez en el Palacio de Minería pudo tocar la superficie dura y fría de los grandes meteoritos que ahí están en exhibición y esa sensación lo llena de expectación.
Trae de su cuarto un gran imán cuadrado que hace muchos años le robó a su abuelo paterno.
Alejandro sumerge el imán en la concavidad en el suelo, bajo la caída de agua. Realiza una serie de movimientos circulares por varios segundos, antes de retirarlo.
La servilleta blanca le deja ver rebabas de fierro, trocitos de óxido y, en medio de todo esto, una minúscula piedrecilla azulada, su superficie cubierta por pequeñísimos cráteres.
¡UN MICROMETEORITO!
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martes, 1 de marzo de 2016
Odiseo parte 10
Han pasado varias semanas desde que Alejandro se le fue encima al escuincle pendejo que andaba rondando a Sandra. Y, para sorpresa suya, ya no ha vuelto a ver el Audi estacionado afuera de la casa de ella.
Ha tenido la oportunidad de verla salir a ella de su casa, y Sandra, se ve bien, igualita que siempre, por lo tanto, ese pendejo no le hizo nada. Cualquier cosa negativa que ella hubiese sufrido, se hubiese reflejado en su personalidad.
El escuincle idiota, y sus amigos, no lo conocen, jamás lo han visto, aún así Alejandro anda preocupado de que, alguien por encargo, ahora lo golpee por venganza. Así que últimamente él ha andado cuidándose de hasta su sombra.
***
Alejandro, de regreso de la universidad llega al Soriana. A él le gusta simplemente ir a ver cosas.
Y ya tiene una rutina ritual establecida, entra al súper y se dirige a la sección de electrónicos, donde se mantiene al día respecto de los últimos equipos de cómputo personales, laptops e impresoras; así como tablets y smartphones.
Él no es un obsesionado de los celulares, le parecen una pendejada y odia el que la gente, aunque junta físicamente, esté cada quien con la mirada fija en el teléfono. Y él ni tiene, se lleva a la universidad el viejo teléfono de teclas y pantalla monocroma de su papá.
Luego se pasa a ver consumibles como los mouse, discos DVD vírgenes, cartuchos de, e impresoras. De ahí pasa rápidamente a ver pantallas planas (tampoco tiene) reproductores BluRay y las películas a la venta. Tiene años sin comprar una película, no le llama la atención el cine vacío que ahora producen en Estados Unidos, sin inteligencia y solo centrado entorno a los efectos especiales.
Se da la media vuelta y solo le hace una mueca al vigilante que, no importa en que súper te encuentres, en cuanto te pones a ver los títulos en DVD y BluRay, de repente se aparece detrás de uno radiando con su walkie talkie. Así fueran de buenos para cuidarlo a uno, a su papá un par de veces las farderas le han sacado la cartera.
Luego, Alejandro. se retira de ahí para encaminarse a la sección de juguetes, en su edad adulta éstos ahora se llaman "coleccionables', bueno, es el nombre que todos los inmaduros del YouTube usan para presumir sus juguetes: "collectibles" en Inglés, la mayoría de esos videore views son de gringos.
Y es aquí donde lo emocionante y deseable para Alejandro se encuentra: las figuras de 3 3/4 de Star Wars, así como las de Marvel, las nuevas figuras de 5 pulgadas de Star Wars también, los sets de Lego, ¡caramba! ya con una facilidad que los etiquetan a dos mil pesos.
Luego por nostalgia, recuerdos de su más remota infancia, revisa los carritos Hot Wheels y Matchbox, y por el mismo motivo, checa los sets de Playmobil.
Hay sets padres en esta ocasión, de policías, bomberos, así como de fórmula uno, aunque más baratos que Lego, los Playmobil también están caros.
Pero él ha estado comprando los Playmobil que vienen en sobre, son series de doce figuras y vienen al azar, ya que no se puede ver que figura trae el sobre. Solo tentándolo para tratar de adivinar de cuál se trata.
Y Alejandro procede a estrujar la veintena de sobres que se encuentran disponibles en su caja exhibidora; y aparta un par de sobres porque ha sentido lo que al parecer son cascos, y eso lo emociona, tal vez ha hallado la figura del astronauta que él desea.
Así que coge ambos sobres y se encamina hacia las cajas a pagar.
Pasa por las cajas rápidas, pero están cerradas, va a tener que hacer fila con gente que lleva carritos con mandado. "¡Maldición! ¿Sólo cuatro cajas abiertas para todo el súper?"
Y desde que venía por la sección de deportes lo viene siguiendo un tipo delgado y canoso, mismo que ahora se formó justo detrás suyo.
La cajera es una joven morena, muy delgada y baja de estatura. Se ve que la pobre solo está en automático trabajando, debido a las frases que monótonamente repite todo el día:
"¿Desea retirar o hacer una recarga tiempo aire?"
"¿Desea redondear para la fundación víctimas del neoliberalismo?"
Claro esa fundación no existe y ella no la mencionó pero, a Alejandro le hubiera hecho mucha gracia escuchar eso.
Le da dos pesos a la niña empacadora y se enfila dirección del estacionamiento.
El hombre canoso viene detrás de él. A Alejandro esto ya no le parece una coincidencia y se voltea para enfrentarlo:
"¿Sí? ¿Disculpa?"
"¿Qué de qué? El canoso le contesta, y agrega: “Voy camino de mi auto, ¡güey!"
Y en efecto, el tipo canoso solo iba a su vehículo, llevando un paquete de pilas doble A en sus manos.
Ha tenido la oportunidad de verla salir a ella de su casa, y Sandra, se ve bien, igualita que siempre, por lo tanto, ese pendejo no le hizo nada. Cualquier cosa negativa que ella hubiese sufrido, se hubiese reflejado en su personalidad.
El escuincle idiota, y sus amigos, no lo conocen, jamás lo han visto, aún así Alejandro anda preocupado de que, alguien por encargo, ahora lo golpee por venganza. Así que últimamente él ha andado cuidándose de hasta su sombra.
***
Alejandro, de regreso de la universidad llega al Soriana. A él le gusta simplemente ir a ver cosas.
Y ya tiene una rutina ritual establecida, entra al súper y se dirige a la sección de electrónicos, donde se mantiene al día respecto de los últimos equipos de cómputo personales, laptops e impresoras; así como tablets y smartphones.
Él no es un obsesionado de los celulares, le parecen una pendejada y odia el que la gente, aunque junta físicamente, esté cada quien con la mirada fija en el teléfono. Y él ni tiene, se lleva a la universidad el viejo teléfono de teclas y pantalla monocroma de su papá.
Luego se pasa a ver consumibles como los mouse, discos DVD vírgenes, cartuchos de, e impresoras. De ahí pasa rápidamente a ver pantallas planas (tampoco tiene) reproductores BluRay y las películas a la venta. Tiene años sin comprar una película, no le llama la atención el cine vacío que ahora producen en Estados Unidos, sin inteligencia y solo centrado entorno a los efectos especiales.
Se da la media vuelta y solo le hace una mueca al vigilante que, no importa en que súper te encuentres, en cuanto te pones a ver los títulos en DVD y BluRay, de repente se aparece detrás de uno radiando con su walkie talkie. Así fueran de buenos para cuidarlo a uno, a su papá un par de veces las farderas le han sacado la cartera.
Luego, Alejandro. se retira de ahí para encaminarse a la sección de juguetes, en su edad adulta éstos ahora se llaman "coleccionables', bueno, es el nombre que todos los inmaduros del YouTube usan para presumir sus juguetes: "collectibles" en Inglés, la mayoría de esos videore views son de gringos.
Y es aquí donde lo emocionante y deseable para Alejandro se encuentra: las figuras de 3 3/4 de Star Wars, así como las de Marvel, las nuevas figuras de 5 pulgadas de Star Wars también, los sets de Lego, ¡caramba! ya con una facilidad que los etiquetan a dos mil pesos.
Luego por nostalgia, recuerdos de su más remota infancia, revisa los carritos Hot Wheels y Matchbox, y por el mismo motivo, checa los sets de Playmobil.
Hay sets padres en esta ocasión, de policías, bomberos, así como de fórmula uno, aunque más baratos que Lego, los Playmobil también están caros.
Pero él ha estado comprando los Playmobil que vienen en sobre, son series de doce figuras y vienen al azar, ya que no se puede ver que figura trae el sobre. Solo tentándolo para tratar de adivinar de cuál se trata.
Y Alejandro procede a estrujar la veintena de sobres que se encuentran disponibles en su caja exhibidora; y aparta un par de sobres porque ha sentido lo que al parecer son cascos, y eso lo emociona, tal vez ha hallado la figura del astronauta que él desea.
Así que coge ambos sobres y se encamina hacia las cajas a pagar.
Pasa por las cajas rápidas, pero están cerradas, va a tener que hacer fila con gente que lleva carritos con mandado. "¡Maldición! ¿Sólo cuatro cajas abiertas para todo el súper?"
Y desde que venía por la sección de deportes lo viene siguiendo un tipo delgado y canoso, mismo que ahora se formó justo detrás suyo.
La cajera es una joven morena, muy delgada y baja de estatura. Se ve que la pobre solo está en automático trabajando, debido a las frases que monótonamente repite todo el día:
"¿Desea retirar o hacer una recarga tiempo aire?"
"¿Desea redondear para la fundación víctimas del neoliberalismo?"
Claro esa fundación no existe y ella no la mencionó pero, a Alejandro le hubiera hecho mucha gracia escuchar eso.
Le da dos pesos a la niña empacadora y se enfila dirección del estacionamiento.
El hombre canoso viene detrás de él. A Alejandro esto ya no le parece una coincidencia y se voltea para enfrentarlo:
"¿Sí? ¿Disculpa?"
"¿Qué de qué? El canoso le contesta, y agrega: “Voy camino de mi auto, ¡güey!"
Y en efecto, el tipo canoso solo iba a su vehículo, llevando un paquete de pilas doble A en sus manos.
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miércoles, 24 de febrero de 2016
Odiseo parte 9
Alejandro tiene una vecinita muy agradable y simpática. No es su amiga; solo la saluda a ella y a su familia por cortesía al ser sus vecinos.
Ella es una quinceañera, que se ve mayor para sus años y Alejandro piensa que si él tuviera su misma edad, se aproximaría a ella, a hacerle amistad.
A veces coinciden, cuando Alejandro se va a clases en la tarde y ella, Sandra, su mamá la lleva a sus clases de guitarra, en la casa de la cultura.
Sale Sandra muy bonita y graciosa, llevando el gran estuche, golpeándolo, por accidente, contra todo, así parece: la puerta de su casa, la parte trasera del coche de su mamá, la puerta trasera, abierta, del coche.
"¡Buenas tardes!"
Alejandro la saluda a ella y a su mamá.
"Hola".
Sandra le responde con una sonrisa, y su voz tierna, muy agradable al oído. La madre solo se lo queda viendo, seria. Tal vez pensandolo un sátiro que pretende acercarse a su hija.
Y Alejandro se aleja caminando, hacia el Soriana, para tomar ahí su microbús que lo lleva a la universidad, así era, cuando no tenía auto.
Lo anterior es un ejemplo de la típica y única interacción que Alejandro solamente tiene con esta niña.
***
Desde hace unas semanas, Alejandro ha notado a una palomilla de cabroncillos, compañeros del colegio, la secundaria de Sandra, que le andan haciendo ronda a ella.
En las tardes, le ha tocado ver (observa sin ser visto desde la ventana de su cuarto) que llega un chamaco, flaco, con cara de caballo, en su carrito Audi, con llantas gordas y su música de tamborazos a todo volumen.
Lo acompañan otros tres pendejillos, igual que él y, ahí están en la banqueta, hasta que sale Sandra a platicar con ellos. Ella no los pasa a su casa; se escucha que estos escuincles gritan, se ríen exageradamente y, es todo lo que hacen.
Alejandro los considera muy poca cosa para Sandra, ella está en otro nivel para este mocoso, el del Audi, cuyo único mérito para aspirar a Sandra es el ser su compañero de clases.
***
Alejandro tuvo que ir a la papelería, en el centro comercial, a comprar un DVD-RW. Su vieja laptop ya no funciona óptimamente. El haberle aumentado la memoria RAM a dos gigabytes no resolvió la lentitud del equipo.
Desde entonces ha estado investigando y viendo vídeos en YouTube y, todos los entusiastas coinciden en que es el sistema operativo Windows el responsable del mal desempeñó de los equipos de cómputo.
Es por eso que descargó la imagen del sistema operativo Linux Mint 17.3 'sabor' Mate. Y va a hacer un DVD bootable para instalarlo desde ahí a su laptop.
Los tutoriales que ha visto en YouTube lo han llenado de entusiasmo. Este sistema operativo es permanentemente desarrollado y mantenido por entusiastas de alrededor del mundo.
El sistema operativo Linux fue creado bajo la filosofía de código abierto de distribución gratuita; y está enfocado a sacar el máximo provecho de equipos "viejo". Así mismo, cuanto dispositivo periférico, o interno, existe, es probado por la comunidad de entusiastas para que sea reconocido y funcione en Linux. Por lo que no es necesario instalar los drivers para Windows.
Solo conectas tu impresora, o instalas la tarjeta PCI adaptadora de WiFi, por ejemplo, y funcionan sin que tengas que hacer nada extra.
A Alejandro le preocupó la compatibilidad con programas desarrollados para el Windows y, así mismo investigando y viendo vídeos, aprendió que del Software Manager (es como la apps store en Android) del Linux se pueden descargar un par de herramientas gratuitas: el emulador de Windows: Wine; y otra que es mucho mejor, la Virtualbox, que permite emular una terminal para correr en ella al Windows y sus programas.
Y es por esto que Alejandro se halla en la papelería comprando un DVD R/W virgen.
***
Alejandro llega a la papelería, por fortuna la tarde está nublada, ya que de otro modo sería insoportable estar dentro de este local. Está lleno de jóvenes que desean sacar fotocopias.
Desde el momento en el que Alejandro entra, escucha a unos adolescentes que hablan a gritos y traen gran algarabía.
Alejandro voltea hacia éstos y descubre con enojo, que se trata de los mismos escuincles que andan rondando a Sandra.
Y lo que más lo enciende, la lenta comprensión acerca de lo que ellos hablan. El 'renacuajo' del Audi se está jactando:
"Está bien rica esta vieja, tiene un ¡culo! y sus ¡chichitas!"
Sus amigos se carcajean.
"La voy a llevar a Sandra a una tocada, ¡pero a la tocada de mi flauta!"
Sus amigos se carcajean.
"Vamos a salir el viernes, la voy a llevar al reve en la casa de Jorge, no están sus papás, y la voy a poner ¡bien peda! Luego de que me la coja, a lo mejor les doy chance a ustedes".
Sus amigos celebran y aullan como monos.
De un salto y atravesando a la gente ahí adentro, Alejandro ya está sobre el imbécil del Audi, ahorcándolo, cuando iba en el aire le gritó:
"¡NO TE ATREVERÁS! ¡IMBÉCIL!"
Alejandro se incorpora para patearlo repetidamente, antes de huir.
Ella es una quinceañera, que se ve mayor para sus años y Alejandro piensa que si él tuviera su misma edad, se aproximaría a ella, a hacerle amistad.
A veces coinciden, cuando Alejandro se va a clases en la tarde y ella, Sandra, su mamá la lleva a sus clases de guitarra, en la casa de la cultura.
Sale Sandra muy bonita y graciosa, llevando el gran estuche, golpeándolo, por accidente, contra todo, así parece: la puerta de su casa, la parte trasera del coche de su mamá, la puerta trasera, abierta, del coche.
"¡Buenas tardes!"
Alejandro la saluda a ella y a su mamá.
"Hola".
Sandra le responde con una sonrisa, y su voz tierna, muy agradable al oído. La madre solo se lo queda viendo, seria. Tal vez pensandolo un sátiro que pretende acercarse a su hija.
Y Alejandro se aleja caminando, hacia el Soriana, para tomar ahí su microbús que lo lleva a la universidad, así era, cuando no tenía auto.
Lo anterior es un ejemplo de la típica y única interacción que Alejandro solamente tiene con esta niña.
***
Desde hace unas semanas, Alejandro ha notado a una palomilla de cabroncillos, compañeros del colegio, la secundaria de Sandra, que le andan haciendo ronda a ella.
En las tardes, le ha tocado ver (observa sin ser visto desde la ventana de su cuarto) que llega un chamaco, flaco, con cara de caballo, en su carrito Audi, con llantas gordas y su música de tamborazos a todo volumen.
Lo acompañan otros tres pendejillos, igual que él y, ahí están en la banqueta, hasta que sale Sandra a platicar con ellos. Ella no los pasa a su casa; se escucha que estos escuincles gritan, se ríen exageradamente y, es todo lo que hacen.
Alejandro los considera muy poca cosa para Sandra, ella está en otro nivel para este mocoso, el del Audi, cuyo único mérito para aspirar a Sandra es el ser su compañero de clases.
***
Alejandro tuvo que ir a la papelería, en el centro comercial, a comprar un DVD-RW. Su vieja laptop ya no funciona óptimamente. El haberle aumentado la memoria RAM a dos gigabytes no resolvió la lentitud del equipo.
Desde entonces ha estado investigando y viendo vídeos en YouTube y, todos los entusiastas coinciden en que es el sistema operativo Windows el responsable del mal desempeñó de los equipos de cómputo.
Es por eso que descargó la imagen del sistema operativo Linux Mint 17.3 'sabor' Mate. Y va a hacer un DVD bootable para instalarlo desde ahí a su laptop.
Los tutoriales que ha visto en YouTube lo han llenado de entusiasmo. Este sistema operativo es permanentemente desarrollado y mantenido por entusiastas de alrededor del mundo.
El sistema operativo Linux fue creado bajo la filosofía de código abierto de distribución gratuita; y está enfocado a sacar el máximo provecho de equipos "viejo". Así mismo, cuanto dispositivo periférico, o interno, existe, es probado por la comunidad de entusiastas para que sea reconocido y funcione en Linux. Por lo que no es necesario instalar los drivers para Windows.
Solo conectas tu impresora, o instalas la tarjeta PCI adaptadora de WiFi, por ejemplo, y funcionan sin que tengas que hacer nada extra.
A Alejandro le preocupó la compatibilidad con programas desarrollados para el Windows y, así mismo investigando y viendo vídeos, aprendió que del Software Manager (es como la apps store en Android) del Linux se pueden descargar un par de herramientas gratuitas: el emulador de Windows: Wine; y otra que es mucho mejor, la Virtualbox, que permite emular una terminal para correr en ella al Windows y sus programas.
Y es por esto que Alejandro se halla en la papelería comprando un DVD R/W virgen.
***
Alejandro llega a la papelería, por fortuna la tarde está nublada, ya que de otro modo sería insoportable estar dentro de este local. Está lleno de jóvenes que desean sacar fotocopias.
Desde el momento en el que Alejandro entra, escucha a unos adolescentes que hablan a gritos y traen gran algarabía.
Alejandro voltea hacia éstos y descubre con enojo, que se trata de los mismos escuincles que andan rondando a Sandra.
Y lo que más lo enciende, la lenta comprensión acerca de lo que ellos hablan. El 'renacuajo' del Audi se está jactando:
"Está bien rica esta vieja, tiene un ¡culo! y sus ¡chichitas!"
Sus amigos se carcajean.
"La voy a llevar a Sandra a una tocada, ¡pero a la tocada de mi flauta!"
Sus amigos se carcajean.
"Vamos a salir el viernes, la voy a llevar al reve en la casa de Jorge, no están sus papás, y la voy a poner ¡bien peda! Luego de que me la coja, a lo mejor les doy chance a ustedes".
Sus amigos celebran y aullan como monos.
De un salto y atravesando a la gente ahí adentro, Alejandro ya está sobre el imbécil del Audi, ahorcándolo, cuando iba en el aire le gritó:
"¡NO TE ATREVERÁS! ¡IMBÉCIL!"
Alejandro se incorpora para patearlo repetidamente, antes de huir.
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jueves, 18 de febrero de 2016
Odiseo parte 8
Es una tarde nublada y fría, el profesor Jesús, de álgebra booleana, llegó al aula y antes de que, siquiera pudieran todos terminar de sentarse les dijo esas palabras que a todo alumno dejan paralizado:
"Saquen unas hoja en blanco y, escriban su nombre en ella".
Examen sorpresa... ¡No mames! Más de uno habrá pensado eso.
El profesor Jesús anota seis problemas en el pizarrón.
Y lo clásico que hacen todos los profesores, en clase ves algo como:
A * 1 = A ó
A * 0 = 0
Pero en los exámenes te ponen problemas tipo:
(A+BC')' XOR (A'B+C)
Alejandro, quien sí es estudioso, está resolviendo su examen con éxito. Mónica, una muy bella joven, blanca, ojos verdes, cabello muy largo y castaño, con naricita y pecas, sentada detrás suyo, le pide insistentemente a él que levante su examen y se haga de lado para que ella pueda copiar sobre su hombro. Con la lección que tuvo con Elena, ya aprendió a no dejarse usar por las 'última coca cola del desierto'.
Solo escucha que Mónica murmura algo, de seguro nada bueno, y ella lo deja de molestar.
Con voz llena de hartazgo, el profesor Jesús solo les dice:
"No se copien, yo no los voy a castigar, su pena y vergüenza será el engaño que a ustedes mismos se hacen".
Es una postura buena por parte del profesor. Un verdadero maestro es un facilitador del aprendizaje, no un capataz presto a castigar la más mínima falta.
De repente, desde el fondo del aula se escucha ¡un estruendoso pedo! Todos salen corriendo del aula, ante esta maravillosa oportunidad de echar desmadre. Van gritando y haciendo gestos como si el salón hubiera sufrido un repentino ataque bacteriológico por parte de imaginarios militantes islámicos.
El profesor Jesús está muy enojado afuera del aula, gritándoles que regresen a continuar con el examen.
”¡HÉCTOR! ¡RENÉ! !MEMO! ¡REGRESEN AL SALÓN! ¡AHORA!"
El profesor está actuando como el capataz que Alejandro pensó que no debería ser.
Alejandro al entrar de regreso nota que Oscar, está llorando en su mesa. Todos han vuelto ya al aula, vociferando burlas y otros riéndose.
El profesor Jesús los llama al orden:
"HEY ¡BASTA! Una colitis es algo de lo que nadie está exento. Y todos nos hemos pedorreado. Así que ya dejen a su compañero en paz".
Al mismo tiempo que el profesor decía esto ya había compañeros consolando y demostrando sus simpatías a Oscar.
Alejandro recuerda un verso que su papá solía repetirle cuando era niño:
"Desde el rey, a la vaca, y hasta la más bonita muchacha, toditos dejan su bola de caca".
"Saquen unas hoja en blanco y, escriban su nombre en ella".
Examen sorpresa... ¡No mames! Más de uno habrá pensado eso.
El profesor Jesús anota seis problemas en el pizarrón.
Y lo clásico que hacen todos los profesores, en clase ves algo como:
A * 1 = A ó
A * 0 = 0
Pero en los exámenes te ponen problemas tipo:
(A+BC')' XOR (A'B+C)
Alejandro, quien sí es estudioso, está resolviendo su examen con éxito. Mónica, una muy bella joven, blanca, ojos verdes, cabello muy largo y castaño, con naricita y pecas, sentada detrás suyo, le pide insistentemente a él que levante su examen y se haga de lado para que ella pueda copiar sobre su hombro. Con la lección que tuvo con Elena, ya aprendió a no dejarse usar por las 'última coca cola del desierto'.
Solo escucha que Mónica murmura algo, de seguro nada bueno, y ella lo deja de molestar.
Con voz llena de hartazgo, el profesor Jesús solo les dice:
"No se copien, yo no los voy a castigar, su pena y vergüenza será el engaño que a ustedes mismos se hacen".
Es una postura buena por parte del profesor. Un verdadero maestro es un facilitador del aprendizaje, no un capataz presto a castigar la más mínima falta.
De repente, desde el fondo del aula se escucha ¡un estruendoso pedo! Todos salen corriendo del aula, ante esta maravillosa oportunidad de echar desmadre. Van gritando y haciendo gestos como si el salón hubiera sufrido un repentino ataque bacteriológico por parte de imaginarios militantes islámicos.
El profesor Jesús está muy enojado afuera del aula, gritándoles que regresen a continuar con el examen.
”¡HÉCTOR! ¡RENÉ! !MEMO! ¡REGRESEN AL SALÓN! ¡AHORA!"
El profesor está actuando como el capataz que Alejandro pensó que no debería ser.
Alejandro al entrar de regreso nota que Oscar, está llorando en su mesa. Todos han vuelto ya al aula, vociferando burlas y otros riéndose.
El profesor Jesús los llama al orden:
"HEY ¡BASTA! Una colitis es algo de lo que nadie está exento. Y todos nos hemos pedorreado. Así que ya dejen a su compañero en paz".
Al mismo tiempo que el profesor decía esto ya había compañeros consolando y demostrando sus simpatías a Oscar.
Alejandro recuerda un verso que su papá solía repetirle cuando era niño:
"Desde el rey, a la vaca, y hasta la más bonita muchacha, toditos dejan su bola de caca".
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domingo, 14 de febrero de 2016
Odiseo parte 7
En la cafetería de la universidad suena la rockola, alguien seleccionó 'Radio Ga Ga' de Queen, al mismo tiempo que Alejandro llegaba.
Dentro, él puede ver, a sus amigos Memo, Fabián y René sentados en una mesa, muertos de risa por algo que están viendo en sus teléfonos y, en la barra ordenando él ve a Elena acompañada de un tipo con aspecto de 'mirrey', a Alejandro le vale...
Camina hasta sus amigos y, tomando una silla desocupada de otra mesa, se sienta con ellos.
"¿Qué hay?¿que hacen canijos?"
René ni puede hablar por las carcajadas que está soltando. Y Memo ya calmándose le contesta:
"Éste cabrón, René, nos está enseñando fotos de la vieja con la que salió este fin de semana".
"¡Mira!" Le dice Fabián pasándole su teléfono.
Alejandro puede ver en la imagen a una joven menuda, curvilínea y morena, abrazada de René y, el pinche René la tiene sujeta de las nalgas, están en un bosque, el Ajusco ¿tal vez? y en su rostro dibuja una sonrisa burlona y de victoria que le hizo a quien les tomó la foto.
"¡Ve esta foto wey!" Ahora René le dice y le pasa su teléfono. Es la misma joven, pero ahora en un antro, lleno de gente y de humo.
En la foto, la joven visiblemente tomada, está tratando de beber de ¿un micrófono? René repite lo que ya había contado, pero ahora lo narra para Alejandro.
"Yo estaba cantando en el karaoke, pero antes había puesto tan peda a esta vieja que, cuando le pasé el micrófono, ¡ella creyó era otra cerveza!"
Y una vez más sus tres amigos estallan en carcajadas.
"¡Cuéntale lo mejor wey!" Memo le pide a René.
"¡No otra vez! ¡Eso estuvo grueso!" Fabián interviene, y René aplacándolos, con gestos de las manos, se dirige a Alejandro:
"¡No mames! Les conté a estos cabrones que cuando ya la llevaba a esta vieja a su casa, ella vive en Echegaray, y ya íbamos a la altura de un vaso colector de aguas que ahí hay, ella me dice toda peda:"
"Quiiiero hacer pipii".
"Aguántate, ya estamos a minutos de tu casa; le contesté, pero ahora ella haciendo un berrinche me grita:"
"¡PÁRATE! ¡yaa no me aguantoo!"
"¡Ahí viene lo bueno!" Interviene Memo dirigiéndose a Alejandro. Y René continúa:
"Total que, como eran como las dos de la mañana que me orillo, me hubiera dado mucho asco que esa vieja se miara en mi coche; y ella se baja y ahí luego, luego, se baja el pantalón y los calzones, ni siquiera se fue lejos para que no la viera.
Yo volteé a otro lado por recato y que..."
René, Memo y Fabián estallan en carcajadas otra vez y, Alejandro, sin dirigirse a ninguno de ellos pregunta:
"¡Qué pasó!" René continúa:
"¡SE ECHÓ UN PEDOTE LA CABRONA!"
Estallan en carcajadas de nuevo y Alejandro, viéndolos, pregunta:
"¿Se cagó?" Y René le contesta, apenas pudiendo hablar, por la risa:
"¡No mames wey! ¡No me iba a bajar a ver, ¡Me vale madres! y ¡Que pinche asco!"
***
Ya más calmados y ahora comiendo unas sincronizadas que pidieron, acompañadas con su coca cola cada quien, Alejandro se muere de ganas por contarles lo que presenció el viernes en la tarde. Cosa que hace aprovechando los silencios obligados, mientras sus amigos mastican.
"Y ese cabrón, así nomás, los mató al par de muchachos. ¿Qué le pudieron haber dicho o hecho para que él los matara?"
Memo escucha todo esto muy pensativo, su mirada fija en su plato de sincronizadas sobre la mesa. Cuando Alejandro hace una larga pausa, indicativo de que él ya no tiene nada más que agregar. Memo les dice, con un tono de voz misterioso y solemne:
"Mi papá frecuentemente nos cuenta algo muy cabrón..."
"¿Sí? ¿Cómo qué?" Fabián le pregunta. Todos se quedan viendo a Memo, su curiosidad ya picada. Y Memo continúa:
"Mi papá cuando joven trabajó de auditor en la refinería de Salamanca y, debido a eso, hizo amistad con los choferes de las pipas que él revisaba. Una noche que estaba de guardia uno de los choferes se le acercó a hacerle plática.
Y así entre bromas y vaciladas sobre otros trabajadores de la refinería este chofer de repente se quedó callado y, le preguntó a mi papá que si le podía confiar algo personal que, le carcomía el corazón y el alma".
Ahora René le interrumpe:
"Y ¿qué cosa era wey? Nos tienes todos intrigados".
"Pues, cuando mi papá le contestó que sí confiara en él y que iba a ser discreto, el chofer le narró como una vez que iba sobre la carretera, fue rebasado por un volkswagen en el que iban dos mujeres jóvenes muy bonitas, blancas, cabello rubio, bien vestidas y que se veían económicamente holgadas.
Y que esto le provocó un coraje, una ira y rabia enceguecedoras porque, él jamás iba a poder aspirar a mujeres como ellas.
Este chofer le contó a mi papá que aceleró y las alcanzó en una curva excavada a través de una formación rocosa y que las impactó aventándolas contra la pared derecha. A continuación él se frenó y se echó en reversa para aplastarlas, digamos, tallarlas con la pipa contra las rocas, con movimientos de adelante hacia atrás.
Una vez que él satisfizo su arranque asesino se detuvo delante de lo que quedó del volkswagen y se bajó a verlas a las jóvenes.
La bestia esta le dijo a mi papá que quedó impresionado al verlas muertas, ensangrentadas. Dijo que jamás se le va a olvidar como, la joven que iba conduciendo tenía su brazo cercenado."
Memo termina con esta última observación su relato. Todos en la mesa están callados, debido a lo chocante que esta historia resultó. De seguro también les arruinó las ricas sincronizadas que acababan de comer.
Alejandro no duda, ni por un instante que esto en realidad sí sucedió. El ser humano es un animal cruel y despiadado.
Dentro, él puede ver, a sus amigos Memo, Fabián y René sentados en una mesa, muertos de risa por algo que están viendo en sus teléfonos y, en la barra ordenando él ve a Elena acompañada de un tipo con aspecto de 'mirrey', a Alejandro le vale...
Camina hasta sus amigos y, tomando una silla desocupada de otra mesa, se sienta con ellos.
"¿Qué hay?¿que hacen canijos?"
René ni puede hablar por las carcajadas que está soltando. Y Memo ya calmándose le contesta:
"Éste cabrón, René, nos está enseñando fotos de la vieja con la que salió este fin de semana".
"¡Mira!" Le dice Fabián pasándole su teléfono.
Alejandro puede ver en la imagen a una joven menuda, curvilínea y morena, abrazada de René y, el pinche René la tiene sujeta de las nalgas, están en un bosque, el Ajusco ¿tal vez? y en su rostro dibuja una sonrisa burlona y de victoria que le hizo a quien les tomó la foto.
"¡Ve esta foto wey!" Ahora René le dice y le pasa su teléfono. Es la misma joven, pero ahora en un antro, lleno de gente y de humo.
En la foto, la joven visiblemente tomada, está tratando de beber de ¿un micrófono? René repite lo que ya había contado, pero ahora lo narra para Alejandro.
"Yo estaba cantando en el karaoke, pero antes había puesto tan peda a esta vieja que, cuando le pasé el micrófono, ¡ella creyó era otra cerveza!"
Y una vez más sus tres amigos estallan en carcajadas.
"¡Cuéntale lo mejor wey!" Memo le pide a René.
"¡No otra vez! ¡Eso estuvo grueso!" Fabián interviene, y René aplacándolos, con gestos de las manos, se dirige a Alejandro:
"¡No mames! Les conté a estos cabrones que cuando ya la llevaba a esta vieja a su casa, ella vive en Echegaray, y ya íbamos a la altura de un vaso colector de aguas que ahí hay, ella me dice toda peda:"
"Quiiiero hacer pipii".
"Aguántate, ya estamos a minutos de tu casa; le contesté, pero ahora ella haciendo un berrinche me grita:"
"¡PÁRATE! ¡yaa no me aguantoo!"
"¡Ahí viene lo bueno!" Interviene Memo dirigiéndose a Alejandro. Y René continúa:
"Total que, como eran como las dos de la mañana que me orillo, me hubiera dado mucho asco que esa vieja se miara en mi coche; y ella se baja y ahí luego, luego, se baja el pantalón y los calzones, ni siquiera se fue lejos para que no la viera.
Yo volteé a otro lado por recato y que..."
René, Memo y Fabián estallan en carcajadas otra vez y, Alejandro, sin dirigirse a ninguno de ellos pregunta:
"¡Qué pasó!" René continúa:
"¡SE ECHÓ UN PEDOTE LA CABRONA!"
Estallan en carcajadas de nuevo y Alejandro, viéndolos, pregunta:
"¿Se cagó?" Y René le contesta, apenas pudiendo hablar, por la risa:
"¡No mames wey! ¡No me iba a bajar a ver, ¡Me vale madres! y ¡Que pinche asco!"
***
Ya más calmados y ahora comiendo unas sincronizadas que pidieron, acompañadas con su coca cola cada quien, Alejandro se muere de ganas por contarles lo que presenció el viernes en la tarde. Cosa que hace aprovechando los silencios obligados, mientras sus amigos mastican.
"Y ese cabrón, así nomás, los mató al par de muchachos. ¿Qué le pudieron haber dicho o hecho para que él los matara?"
Memo escucha todo esto muy pensativo, su mirada fija en su plato de sincronizadas sobre la mesa. Cuando Alejandro hace una larga pausa, indicativo de que él ya no tiene nada más que agregar. Memo les dice, con un tono de voz misterioso y solemne:
"Mi papá frecuentemente nos cuenta algo muy cabrón..."
"¿Sí? ¿Cómo qué?" Fabián le pregunta. Todos se quedan viendo a Memo, su curiosidad ya picada. Y Memo continúa:
"Mi papá cuando joven trabajó de auditor en la refinería de Salamanca y, debido a eso, hizo amistad con los choferes de las pipas que él revisaba. Una noche que estaba de guardia uno de los choferes se le acercó a hacerle plática.
Y así entre bromas y vaciladas sobre otros trabajadores de la refinería este chofer de repente se quedó callado y, le preguntó a mi papá que si le podía confiar algo personal que, le carcomía el corazón y el alma".
Ahora René le interrumpe:
"Y ¿qué cosa era wey? Nos tienes todos intrigados".
"Pues, cuando mi papá le contestó que sí confiara en él y que iba a ser discreto, el chofer le narró como una vez que iba sobre la carretera, fue rebasado por un volkswagen en el que iban dos mujeres jóvenes muy bonitas, blancas, cabello rubio, bien vestidas y que se veían económicamente holgadas.
Y que esto le provocó un coraje, una ira y rabia enceguecedoras porque, él jamás iba a poder aspirar a mujeres como ellas.
Este chofer le contó a mi papá que aceleró y las alcanzó en una curva excavada a través de una formación rocosa y que las impactó aventándolas contra la pared derecha. A continuación él se frenó y se echó en reversa para aplastarlas, digamos, tallarlas con la pipa contra las rocas, con movimientos de adelante hacia atrás.
Una vez que él satisfizo su arranque asesino se detuvo delante de lo que quedó del volkswagen y se bajó a verlas a las jóvenes.
La bestia esta le dijo a mi papá que quedó impresionado al verlas muertas, ensangrentadas. Dijo que jamás se le va a olvidar como, la joven que iba conduciendo tenía su brazo cercenado."
Memo termina con esta última observación su relato. Todos en la mesa están callados, debido a lo chocante que esta historia resultó. De seguro también les arruinó las ricas sincronizadas que acababan de comer.
Alejandro no duda, ni por un instante que esto en realidad sí sucedió. El ser humano es un animal cruel y despiadado.
domingo, 7 de febrero de 2016
Odiseo, parte 6
Alejandro tuvo que ir hasta la farmacia especializada, porque en la San Pablo no tenían unos cojines ortopédicos que su papá quiso ordenar telefónicamente, con entrega a domicilio.
En fin lo importante es que ya los compró y su mamá ya va a estar más cómoda en las noches.
El viene de regreso, manejando tranquilo, en el radio está escuchando música disco, transmitida por Radio Universal desde luego. Y en el espejo retrovisor nota que a la distancia, y pronta a alcanzarlo, se desarrolla una persecución.
A la bajada del puente que cruza el periférico, Alejandro tiene que detenerse en un semáforo; el tráfico de autos que ahora arrancan en dirección del periférico es muy pesado, cosa que obliga al Audi rojo que viene huyendo, a amarrarse para evitar chocar.
Este Audi rojo, tripulado por dos jovenes, muy angustiados, se detuvo adelante y a la derecha de Alejandro.
Inmediatamente, detrás del Audi, se detiene el auto que los persigue: un viejísimo, maltratado y sin placas, volkswagen Jetta. En la parte trasera, en vez de placa de tránsito, trae una placa de plástico de ¡cerveza corona!
De este vehículo desciende un hombre bajo de estatura, de complexión baja, ceño fruncido y el rostro empapado de sudor. ¿Sus ojos? Quién sabe, lleva unas oscuras gafas de sol. Este tipo camina rápidamente hacia el Audi de, los ahora, histéricos muchachos. Él lleva una pistola escuadra en su mano derecha...
El tipo se para frente al Audi y dispara dos veces, un tiro certero al pecho de cada joven. Regresa caminando de prisa a su viejo Jetta y arranca, perdiendose ágilmente en el tráfico que se dirige al periférico.
Alejandro está paralizado de miedo y por la impresión. Un grupo de peatones ya se arremolina entorno del Audi. Alejandro se adelanta y puede ver que el joven que iba conduciendo yace muerto, su cabeza recargada contra el cristal de su puerta, y el otro muchacho, igualmente muerto, descanca su cabeza sobre el hombro de ¿su amigo? ¿hermano?
Alejandro con las manos temblando y un frío, como puñalada en el pecho, arranca; ya estaba la luz verde desde hace tiempo.
Mientra conduce a casa reflexiona sobre que tipo de demonio humano se necesita ser para matar a dos jóvenes por un cerrón, unas burlas, o porque le tocaron el cláxon de cierta manera.
Le gustaría creer que todo se paga y que ese tipo va a tener su merecido. Pero él bien sabe que son solo deseos.
En fin lo importante es que ya los compró y su mamá ya va a estar más cómoda en las noches.
El viene de regreso, manejando tranquilo, en el radio está escuchando música disco, transmitida por Radio Universal desde luego. Y en el espejo retrovisor nota que a la distancia, y pronta a alcanzarlo, se desarrolla una persecución.
A la bajada del puente que cruza el periférico, Alejandro tiene que detenerse en un semáforo; el tráfico de autos que ahora arrancan en dirección del periférico es muy pesado, cosa que obliga al Audi rojo que viene huyendo, a amarrarse para evitar chocar.
Este Audi rojo, tripulado por dos jovenes, muy angustiados, se detuvo adelante y a la derecha de Alejandro.
Inmediatamente, detrás del Audi, se detiene el auto que los persigue: un viejísimo, maltratado y sin placas, volkswagen Jetta. En la parte trasera, en vez de placa de tránsito, trae una placa de plástico de ¡cerveza corona!
De este vehículo desciende un hombre bajo de estatura, de complexión baja, ceño fruncido y el rostro empapado de sudor. ¿Sus ojos? Quién sabe, lleva unas oscuras gafas de sol. Este tipo camina rápidamente hacia el Audi de, los ahora, histéricos muchachos. Él lleva una pistola escuadra en su mano derecha...
El tipo se para frente al Audi y dispara dos veces, un tiro certero al pecho de cada joven. Regresa caminando de prisa a su viejo Jetta y arranca, perdiendose ágilmente en el tráfico que se dirige al periférico.
Alejandro está paralizado de miedo y por la impresión. Un grupo de peatones ya se arremolina entorno del Audi. Alejandro se adelanta y puede ver que el joven que iba conduciendo yace muerto, su cabeza recargada contra el cristal de su puerta, y el otro muchacho, igualmente muerto, descanca su cabeza sobre el hombro de ¿su amigo? ¿hermano?
Alejandro con las manos temblando y un frío, como puñalada en el pecho, arranca; ya estaba la luz verde desde hace tiempo.
Mientra conduce a casa reflexiona sobre que tipo de demonio humano se necesita ser para matar a dos jóvenes por un cerrón, unas burlas, o porque le tocaron el cláxon de cierta manera.
Le gustaría creer que todo se paga y que ese tipo va a tener su merecido. Pero él bien sabe que son solo deseos.
miércoles, 3 de febrero de 2016
Odiseo parte 5
El reciente incidente con Elena, su interés amoroso de la preparatoria, lo ha dejado nostálgico a Alejandro. Hoy miércoles solo tuvo dos clases en la universidad y, a las once de la mañana se encuentra con el resto del día libre.
Se dirige a casa, desea instalar las nuevas fichas de memoria DIMM que compró para aumentar la RAM de su desktop, así como adelantar trabajos para las clases del viernes.
De regreso se encuentra conduciendo frente a la colonia donde vive Elena, y en la que también se halla su antigua preparatoria. Por impulso se desvía y se dirige hacia ésta.
Se estaciona una calle antes y en la puerta de entrada aún está el agresivo y malhumorado Tomás, el vigilante, quien ya no lo recuerda. Sin duda también los profesores lo deben de haber olvidado ya, o apenas y lo recuerdan.
"¿QUÉ QUIERES?" Tomás le pregunta golpeado. "Soy exalumno y, vengo a solicitar un certificado de buena conducta".
Alejandro dice esta mentira para justificar su presencia en la prepa.
"DEJAME TU IFE Y ANÓTATE EN LA LISTA DE VISITANTES, Y EL NOMBRE DE LA PERSONA A LA QUE VAS IR A VER".
Alejandro se registra y toma del cuaderno de registro el maltratado gafete que Tomás arrojó de mala gana.
"Gracias, con permiso".
Alejandro, algo intimidado, sube por el camino en pendiente hacia los edificios de la escuela.
La vida en la preparatoria es la misma, pero con actores diferentes; como en su tiempo, hay alumnos sentados en las escaleras, en las jardineras, ve a un grupo platicando contra el barandal al final de la planta alta. Las mismas escenas que él vivía cuando aquí estudiaba.
De la cafetería sale incluso la misma música. Alejandro pasa frente a un nuevo edificio, ve a una docena de chiquillos corriendo. ¡Pusieron un kinder!
Él continúa hasta alcanzar, al fondo, el laboratorio de química. Y ahí, una sorpresa agradable, ve a su maestra de química, "la uvita" así la apodaban los canijos de su clase.
Ella está sola, calificando unos reportes de pruebas de laboratorio.
"¡Maestra Evangelina! ¿Cómo está? ¿Me recuerda?"
"¿Alejandro? ¡Eres Alejandro!"
La voz de la profesora Evangelina es de un tono muy bajo y ella siempre tiene un rostro de introspección.
"¿Qué estás haciendo por aquí? Supongo veniste por nostalgia. Ustedes los ex-alumnos siempre lo hacen".
Alejandro se siente apenado de ser descubierto en su motivo, y por ser tan transparente. La profesora agrega:
"No hace mucho también estuvo Antonio por aquí". Y ella agrega:
"Qué me cuentas? ¿qué has hecho de tu vida?"
"Estoy estudiando Telemática en la UVM".
"¡Muy bien Alejandro! ¡Te felicito! La computación tiene aplicación en todo; cualquier área laboral hace uso de sistemas de información y, es muy bien pagado el experto en informática".
"Sí maestra, en efecto así es".
"Échale muchas ganas Alejandro, me da gusto por ti".
Durante este intercambio, los ojos de Alejandro se fijaron en un artefacto que uno puede comprar en una tienda de novedades, y que la profesora Evangelina tiene en su laboratorio, de seguro para explicar gráficamente el movimiento y la transferencia de energía:
Son esferas, en línea, sujetas por cables de un marco. Si tú tomas cualquier esfera de un extremo y la sueltas para que golpee la esfera contigua, verás que la esfera del otro extremo se desplazará.
Ahora Alejandro pone a la práctica eso precisamente, toma una esfera y la golpea contra su vecina, y observa como ambas esferas en los extremos resultan desplazadas, hasta que la fricción y la pérdida de energía las hace detenerse.
"Deja mis esferitas, no me las maltrates".
"Perdón profesora, pero es que, me intriga qué es lo que hace que esto funcione".
La profesora Evangelina le contesta, con su versión de la explicación:
"Pues, la bolita choca, se transfiere la energía cinética a través de las contiguas, mismas que al estar unidas experimentan resistencia al movimiento, permaneciendo inmóviles y, la última bolita al estar libre, resulta desplazada".
"Pero, ¿qué es lo que se transfiere? ¿hay quanta de energía que son transferidos? ¿pueden saltar de una bolita a otra, o solo se transmiten por contacto físico de las esferas? ¿se puede ver esta energía cinética? ¿la podemos almacenar? ¿mientras esta energía actúa sobre las esferitas, se disipa en forma de calor, parte de ella? ¿podemos registrar este incremento de temperatura?"
La profesora Evangelina queda transfigurada al darse cuenta que ella nunca se había preguntado esto y que solo repetía mecánicamente un experimento del que ella ya sabía el aburrido resultado de las bolitas a los extremos siendo desplazadas.
Se dirige a casa, desea instalar las nuevas fichas de memoria DIMM que compró para aumentar la RAM de su desktop, así como adelantar trabajos para las clases del viernes.
De regreso se encuentra conduciendo frente a la colonia donde vive Elena, y en la que también se halla su antigua preparatoria. Por impulso se desvía y se dirige hacia ésta.
Se estaciona una calle antes y en la puerta de entrada aún está el agresivo y malhumorado Tomás, el vigilante, quien ya no lo recuerda. Sin duda también los profesores lo deben de haber olvidado ya, o apenas y lo recuerdan.
"¿QUÉ QUIERES?" Tomás le pregunta golpeado. "Soy exalumno y, vengo a solicitar un certificado de buena conducta".
Alejandro dice esta mentira para justificar su presencia en la prepa.
"DEJAME TU IFE Y ANÓTATE EN LA LISTA DE VISITANTES, Y EL NOMBRE DE LA PERSONA A LA QUE VAS IR A VER".
Alejandro se registra y toma del cuaderno de registro el maltratado gafete que Tomás arrojó de mala gana.
"Gracias, con permiso".
Alejandro, algo intimidado, sube por el camino en pendiente hacia los edificios de la escuela.
La vida en la preparatoria es la misma, pero con actores diferentes; como en su tiempo, hay alumnos sentados en las escaleras, en las jardineras, ve a un grupo platicando contra el barandal al final de la planta alta. Las mismas escenas que él vivía cuando aquí estudiaba.
De la cafetería sale incluso la misma música. Alejandro pasa frente a un nuevo edificio, ve a una docena de chiquillos corriendo. ¡Pusieron un kinder!
Él continúa hasta alcanzar, al fondo, el laboratorio de química. Y ahí, una sorpresa agradable, ve a su maestra de química, "la uvita" así la apodaban los canijos de su clase.
Ella está sola, calificando unos reportes de pruebas de laboratorio.
"¡Maestra Evangelina! ¿Cómo está? ¿Me recuerda?"
"¿Alejandro? ¡Eres Alejandro!"
La voz de la profesora Evangelina es de un tono muy bajo y ella siempre tiene un rostro de introspección.
"¿Qué estás haciendo por aquí? Supongo veniste por nostalgia. Ustedes los ex-alumnos siempre lo hacen".
Alejandro se siente apenado de ser descubierto en su motivo, y por ser tan transparente. La profesora agrega:
"No hace mucho también estuvo Antonio por aquí". Y ella agrega:
"Qué me cuentas? ¿qué has hecho de tu vida?"
"Estoy estudiando Telemática en la UVM".
"¡Muy bien Alejandro! ¡Te felicito! La computación tiene aplicación en todo; cualquier área laboral hace uso de sistemas de información y, es muy bien pagado el experto en informática".
"Sí maestra, en efecto así es".
"Échale muchas ganas Alejandro, me da gusto por ti".
Durante este intercambio, los ojos de Alejandro se fijaron en un artefacto que uno puede comprar en una tienda de novedades, y que la profesora Evangelina tiene en su laboratorio, de seguro para explicar gráficamente el movimiento y la transferencia de energía:
Son esferas, en línea, sujetas por cables de un marco. Si tú tomas cualquier esfera de un extremo y la sueltas para que golpee la esfera contigua, verás que la esfera del otro extremo se desplazará.
Ahora Alejandro pone a la práctica eso precisamente, toma una esfera y la golpea contra su vecina, y observa como ambas esferas en los extremos resultan desplazadas, hasta que la fricción y la pérdida de energía las hace detenerse.
"Deja mis esferitas, no me las maltrates".
"Perdón profesora, pero es que, me intriga qué es lo que hace que esto funcione".
La profesora Evangelina le contesta, con su versión de la explicación:
"Pues, la bolita choca, se transfiere la energía cinética a través de las contiguas, mismas que al estar unidas experimentan resistencia al movimiento, permaneciendo inmóviles y, la última bolita al estar libre, resulta desplazada".
"Pero, ¿qué es lo que se transfiere? ¿hay quanta de energía que son transferidos? ¿pueden saltar de una bolita a otra, o solo se transmiten por contacto físico de las esferas? ¿se puede ver esta energía cinética? ¿la podemos almacenar? ¿mientras esta energía actúa sobre las esferitas, se disipa en forma de calor, parte de ella? ¿podemos registrar este incremento de temperatura?"
La profesora Evangelina queda transfigurada al darse cuenta que ella nunca se había preguntado esto y que solo repetía mecánicamente un experimento del que ella ya sabía el aburrido resultado de las bolitas a los extremos siendo desplazadas.
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educación,
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historia corta,
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narración,
narrativa,
preparatoria,
relato
martes, 26 de enero de 2016
Odiseo
Serial. Partes 1-4
ODISEO
Alejandro sale muy temprano de su casa, tiene que caminar varias cuadras atravesando la colonia donde vive, para llegar a la avenida y ahí esperar el microbus, en la parada sobre la banqueta del centro comercial de un supermercado Soriana, que lo lleva a la altura del Hospital de Traumatología, donde pasa el otro microbus, el que lo deja justo enfrente de la universidad donde estudia Sistemas.
El joven e irresponsable chofer va escuchando una de esas nacas estaciones de radio, donde transmiten cumbia y el locutor hace bromas telefónicas sugeridas por sus radioescuchas.
Conforme el microbus avanza en su ruta, éste se va llenando de gente. Alejandro, que va de pie agarrando un tubo al fondo, cierra los ojos adormilado; el agradable sol, que le da en el rostro, invita a dormir.
Cuando van a la altura de la zona industrial (la ruta atravieza ésta) y con el microbus lleno, dos jóvenes malandros abordan.
Alejandro de inmediato nota que suben agresivamente y, a pesar de que el microbus está lleno, estos malandros con solo mostrar sus armas de fuego van recolectando el dinero y pertenencias varias de los pasajeros; lo que más coraje da es que estos jóvenes esbozan sonrisas burlonas.
Una señora grita cuando uno de ellos amaga con golpearla con la cacha de la pistola, porque ésta escondió su bolso en el suelo, bajo el asiento.
"¡Caete con la lana! ¡Pinche puto!"
Uno de ellos le dice a Alejandro. Y él procede a darle su cartera, sin mirarlo a los ojos.
"¿Y tu teléfono?" "No tengo..."
Le contesta Alejandro y el malandro abre su cartera para revisarla.
¿Qué es lo que ve el asaltante? ¡Un billete de míseros veinte pesos!
"¡Uy cuate! Tú sí que andas jodido... Pediría una cooperacha entre los presentes pero, ¡ya no tienen dinero!"
Y viendose, el par de malandrines, sueltan una sonora carcajada.
"¡Ya apúrate! ¡Vámonos!" El segundo asaltante apura a su compañero.
Y éste toma un billete de doscientos pesos, de lo que había robado y, se lo mete en la cartera a Alejandro.
"¡Chofer! ¡Bajan!" le grita al conductor y luego le grita a su compinche:
"¡Pélate cabrón!"
Y ambos en un instante desaparecen entre las calles transversales a la ruta del microbus.
Alejandro se queda anonadado, asustado, ¿a quién le pertenecen los doscientos pesos? Para evitarse un problema y que, lo culpen de cómplice, abandona el microbus y se aleja caminando rápidamente.
Luego de la mala experiencia del asalto en el microbús, y luego de un par de clases aburridas en las que Alejandro se la pasó cabeceando, al fin tiene un receso para poder convivir un rato con sus amigos. Esto gracias a que, como es frecuente, faltó un profesor a su clase.
Su papá está haciendo un gran esfuerzo para pagarle la universidad a Alejandro, pero tal parece que en esta escuela patito, la UVM, lo único que les importa es cobrar las cuotas, sin poner dedicación ni atención a la calidad de la educación impartida.
"¿Qué hay Alejandro?" Lo saluda René.
Sus compañeros de clase que están sentados en unas espacios cuadrados parte de la arquitectura de las paredes frente a las aulas, lo saludan. Y él choca sus palmas y luego los nudillos saludándolos a Rene, Fabián, y Memo.
"Nada aquí, ¿de qué estaban platicando?" "Memo nos estaba platicando que fue a ver Mundo Jurásico, el domingo". "¿Y está buena Memo?" "Sí, tiene muy buenos efectos especiales y la trama está interesante". Y René interrumpe:
"Yo no la he visto pero, de ver el puro tráiler, se adivina que es un remake de la primera, Parque Jurásico".
"Bueno, digamos que es un 'soft remake'". Memo le contesta.
"¡No hay como la primera película!" Fabián al fin interviene.
Alejandro ahora se sienta dentro del cuadrado en la pared. Y les dice:
“A mi ya me da mucha risa ver Parque Jurásico; no porque la película sea mala, sino por una ocurrencia que tuvo mi hermano la última vez que la vimos".
"¿Sí? ¿Y cuál fue ésta?" Le pregunta Memo, a lo que Alejandro agrega:
"¿Han visto los spots de la Ciudad de México? ¿Todos mielosos y ñoños?"
"Sí, están cagados, como si el D.F. fuera la ciudad de la alegría y el optimismo". Le contesta René haciendo gestos de burla. Y Alejandro continúa:
"Pues estábamos viendo en la tele Parque Jurásico, hace como un mes, y cuando empieza la secuencia cuando van los doctores, el dueño del parque, el abogado y los nietos en los jeeps, y se abren las gigantescas puertas, mi hermano dijo:"
"¡Bienvenidos a Parque Izquierdoso!"
"Y mi hermano, bien gracioso, que se pone a relatarme que es lo que los visitantes van viendo, él describía cosas como:"
"Ahí echados en la yerba una docena de hippies haciendo yoga, y de repente, los jeeps se ven envueltos por: ¡Una multitud de ñoños en bicicletas!"
"Ahora llegan a una parte del trayecto donde hay unos nacos tocando sus tambores, como esos, ¡los que se suben al metro!"
Alejandro tiene absoluta atención por parte de sus amigos que en este punto, ya no se aguantan las ganas de intervenir. Memo dice:
"Y ahora, pasan junto a unas jardineras donde hay unos güeyes ¡fumando mota!"
"En un café ven profesores de ciencias políticas, de huaraches y morralito al hombro, diciendo pendejada y media con la que, según ellos, van a arreglar los problemas del mundo." Agrega Fabián.
"¡Escuchen! Esto fue lo más gracioso que dijo mi hermano".
"¡Ah! Imaginen la doctora sorprendida porque a la orilla del camino, arrancó ¡una gran hoja de marihuana!" Todos se carcajean con esta ocurrencia de René- .
"¡Bueno! ¡Bueno! Lo que dijo mi hermano", continúa Alejandro, "es que, el doctor, el paleontólogo! se baja sin aire del jeep diciendo:
'¡Esto es asombroso! ¡Increible!'
"Y el viejito le contesta, agregando:"
'Los anarquistas pueden saquear un OXXO en menos de cinco minutos'.
"Y ahora el paleontólogo se sienta en la tierra abrumado, preguntando incrédulo:"
'¿¡TIENE ANARQUISTAS EN EL PARQUE!?'
Y con esto, todos ellos estallan en carcajadas.
Al salir ese día de las clases en su universidad, Fabián lo invita a su casa a jugar, en el Xbox, el FIFA 14.
Al llegar, la mamá de Fabián se deshace en atenciones hacia él, la señora insiste en atenderlo en la comida, por ser amigo de su hijo y, la verdad, es que ella sí cocina muy rico. A Alejandro le encantó la sopa de fideos y el chile relleno con picadillo y papas.
La gran jarra de vidrio al centro de la mesa, con agua de jamaica, refracta y refleja la luz de una manera hipnotizante.
Después de la comida, la señora insistió en que ellos no ayudaran a recoger y que mejor se fueran a jugar. Alejandro se sintió como si fuera de nuevo niño y estuviese en casa de uno de sus amiguitos.
Y él y Fabián pasaron la tarde jugando, hasta el anochecer.
"Gracias por todo Fabián, despídeme de tu mamá por favor, dile que cocina muy rico y que le agradezco también todas sus atenciones.
***
De regreso a la colonia donde vive, Alejandro se encuentra de repente atorado en un raro congestionamiento de tráfico. El microbús donde viene está lleno y no se ha movido nada en diez minutos.
Así que decide descender del mismo y caminar el escaso kilómetro para llegar al Soriana en su colonia.
El lugar donde se bajó es un embudo natural de tráfico, los límites de dos municipios, y por consecuencia olvidado y desatendido por ambos gobiernos.
Está oscuro, sucio; todos los negocios bajan sus cortinas apenas anochece. Sí, la avenida está congestionada, llena de cientos de automóviles, pero el caminar aquí transmite temor, inseguridad.
Para cruzar a su municipio la avenida se reduce a dos carriles, y un carril está bloqueado, por dos autos que se dieron un golpe laminero. La razón del congestionamiento. Las conductoras no se quitan. Están esperando a los ajustadores de sus aseguradoras.
Ahora Alejandro cruza con calma, por el congestionamiento, hacia la zona donde ya es su municipio. Aquí bajo la marquesina de un negocio, se refugian y esperan clientes un par de prostitutas.
Alejandro puede ver que son muy jóvenes, menores de edad. Al acercarse a ellas nota a una tercera, pero ésta es un muy alto y viejo travesti.
"¡Uuuh! ¡Ven guapo! ¡Acércate!"
Le dicen los tres interrumpiéndole el paso, al plantarse frente a él. Alejandro les contesta, fingiendo voz firme, ya que en realidad está asustado:
"¡Vayanse! No estén molestando".
Ante este grito, las pirujitas y el puto se sienten ofendidos y, el travesti grita:
"¡Jaime! ¡Jaime! ¡Nos están agrediendo!"
Al escuchar esto, a Alejandro se le baja la presión, por el temor y la anticipación de una confrontación. Un policía estatal, de esos gordos prietos enanos, con chaleco táctico negro, que Alejandro no había notado en las sombras, lo alcanza por detrás, macana en mano, ¿El padrote de este trio?:
"¡ORALE CABRÓN! ¡NO LES FALTES EL RESPETO A LAS DAMAS QUE SOLO ESTÁN HACIENDO SU TRABAJO!"
Alejandro ahora está totalmente lleno de pánico. El policía estatal le tira un golpe a la cabeza con su macana, que por fortuna Alejandro logra esquivar al agacharse, y luego una patada, al aire también.
Alejandro se aleja corriendo como si lo siguiera el diablo.
***
"No hay libertad si los individuos no tienen el derecho a decir no".
A Alejandro le impactó escuchar esto en un programa de radio.
***
Luego de aquel episodio en el que Alejandro fuera agredido por el padrote de unas prostitutas, y un puto, su papá hace un esfuerzo y le compra un auto usado, para que vaya y venga de la universidad, salga con sus amigos y, salga con su novia, cuando tenga una esto es.
Y debido a este último punto que su padre le mencionó, a Alejandro se le mete a la cabeza el conseguirse una novia.
En sus clases hay varias jóvenes muy agradables y simpáticas, sobre todo sencillas, pero él pone sus ojos en Elena. La más bonita, supuestamente, y popular, también lo mismo, de la universidad.
Las novedades en la escuela se conocen rápidamente, y Elena ya sabe que Alejandro ahora tiene un auto. Elena conoce a Alejandro desde la preparatoria; ella vive a unas cuantas cuadras de esa escuela y, Alejandro, se fijó en ella desde entonces. De hecho la llegó a acompañar varias veces a la salida de clases, hasta su casa.
Y ahora que él ya tiene auto pretende tomar de nuevo ese comportamiento tonto. Sí tonto, porque a ella jamás le interesó Alejandro y con sus acciones, Elena, así se lo demostró: jamás lo buscaba en ningún plan, ni siquiera para las tareas.
Pero lo que ella hoy sí tiene presente, es que Alejandro vive en la colonia frente a la suya y, que ella, ya está harta de viajar en microbuses.
***
Ese día en la universidad, Alejandro se encuentra sentado en una jardinera, tomando el sol, tienen tantas clases libres, debido a maestros faltistas, que ésto más bien parece un deportivo.
Elena al verlo, se aproxima a él.
”Alex, ¿cómo estás?", y ella procede a acomodarle el cuello de la camisa, y le resbala provocadoramente las manos sobre el pecho.
"Oye, ¿te acuerdas cuando me escoltabas a mi casa? Me pregunto si... No podrías pasar por mi en las mañanas, ¿sí?"
Alejandro, ante los trucos de ella, ha quedado totalmente apendejado y no ha podido contestarle nada.
"¿Alex? ¿¡Alex!?"
Elena tiene que insistir para sacarlo de su encanto. Al darse cuenta de que se está viendo como un reverendo pendejo, él trata de corregir, adoptando voz y pose de galán.
"¡Claro que sí Elena preciosa! ¿Qué te parece al cuarto para las siete?"
”Sí, ¡excelente!"
Ella se acerca lentamente a su mejilla y le planta un beso con sus labios húmedos, luego, permanece un instante sobre él, para dejarle sentir su calor, su perfume.
Alejandro está como si lo llevaran de los orificios de la nariz.
***
Día tras día Alejandro pasa por ella a su casa, diario tiene que esperarla, ella tarda en salir; en el trayecto a la universidad, no tiene oportunidad de platicar con ella, Elena se la pasa hablando por teléfono con sus múltiples amigos. Cuando llegan, él la baja justo en la puerta de acceso, él tiene que irse a estacionar y, ya no la vuelve a ver hasta el día siguiente. Por fortuna tienen horarios distintos y no tiene que llevarla de regreso.
Las invitaciones que él le hace para salir, ya sea a comer, al cine, al centro comercial, siempre son contestadas con un: "El fin de semana es para pasarlo con la familia".
***
Ese día antes de iniciar la primera clase, René se aproxima a Alejandro.
"¿Qué onda mi Alex, qué cuentas?" "Nada wey, aquí llegando a clase, como siempre".
Se saludan chocando las palmas y luego los nudillos. Y Alejandro continúa:
"¿Ya programaste el algoritmo de ordenación de números?" "Ya lo tengo, le pagué una lana a un cabrón de octavo semestre para que me pasara todos los trabajos del nuestro". René contesta y agrega:
"Oye, te quería comentar de la vieja que traes todos los días. Ya se que la conoces desde la prepa y siempre le has traído ganas, pero, y no me lo tomes a mal: solo te está usando de su chofer.
Mira Alex, me doy cuenta, ¿A poco no ya ni la vuelves ver el resto del día?"
"No pues, sí, sí es cierto René".
"Lamento decírtelo pero, no me parece bien que esta vieja se esté aprovechando de ti Alex. ¿Sabes? Anda de ofrecida con todos, menos contigo y, ahorita ella anda saliendo con un cabrón que trabaja en Banorte.
¿Por qué el wey éste no pasa por su vieja y la trae a la escuela? No, no. Este tipo de gente son lacras, van por la vida aprovechandose de los demás.
Mándala a la verga, mi buen Alex."
"Gracias René, creo que necesitaba que alguien me hiciera ver que los demás ya se dieron cuenta que, se están aprovechando de mi. Todo lo que me dijiste yo ya lo había razonado, pero me lo estaba negando con tal de vivir en la fantasía de, 'andar' con esta vieja".
En eso entra el profesor de esta clase.
"Bueno Alex ya a darle", se despide René.
***
Al día siguiente Alejandro ya no pasó por Elena a su casa, ni le avisó. Ella lo vio días después en la escuela:
"¿Qué pasó? Me hubieras avisado, ese día perdí la primera clase". "Ah, ¡hola Elena! Lo siento, es que ya no voy a poder seguir pasando por ti. Nos vemos, voy afuera a comprar una USB".
Alejandro se aleja rápidamente y, ni beso en el cachete de despedida le da.
El reflexiona el resto del día sobre la importancia de decir: No.
ODISEO
Alejandro sale muy temprano de su casa, tiene que caminar varias cuadras atravesando la colonia donde vive, para llegar a la avenida y ahí esperar el microbus, en la parada sobre la banqueta del centro comercial de un supermercado Soriana, que lo lleva a la altura del Hospital de Traumatología, donde pasa el otro microbus, el que lo deja justo enfrente de la universidad donde estudia Sistemas.
El joven e irresponsable chofer va escuchando una de esas nacas estaciones de radio, donde transmiten cumbia y el locutor hace bromas telefónicas sugeridas por sus radioescuchas.
Conforme el microbus avanza en su ruta, éste se va llenando de gente. Alejandro, que va de pie agarrando un tubo al fondo, cierra los ojos adormilado; el agradable sol, que le da en el rostro, invita a dormir.
Cuando van a la altura de la zona industrial (la ruta atravieza ésta) y con el microbus lleno, dos jóvenes malandros abordan.
Alejandro de inmediato nota que suben agresivamente y, a pesar de que el microbus está lleno, estos malandros con solo mostrar sus armas de fuego van recolectando el dinero y pertenencias varias de los pasajeros; lo que más coraje da es que estos jóvenes esbozan sonrisas burlonas.
Una señora grita cuando uno de ellos amaga con golpearla con la cacha de la pistola, porque ésta escondió su bolso en el suelo, bajo el asiento.
"¡Caete con la lana! ¡Pinche puto!"
Uno de ellos le dice a Alejandro. Y él procede a darle su cartera, sin mirarlo a los ojos.
"¿Y tu teléfono?" "No tengo..."
Le contesta Alejandro y el malandro abre su cartera para revisarla.
¿Qué es lo que ve el asaltante? ¡Un billete de míseros veinte pesos!
"¡Uy cuate! Tú sí que andas jodido... Pediría una cooperacha entre los presentes pero, ¡ya no tienen dinero!"
Y viendose, el par de malandrines, sueltan una sonora carcajada.
"¡Ya apúrate! ¡Vámonos!" El segundo asaltante apura a su compañero.
Y éste toma un billete de doscientos pesos, de lo que había robado y, se lo mete en la cartera a Alejandro.
"¡Chofer! ¡Bajan!" le grita al conductor y luego le grita a su compinche:
"¡Pélate cabrón!"
Y ambos en un instante desaparecen entre las calles transversales a la ruta del microbus.
Alejandro se queda anonadado, asustado, ¿a quién le pertenecen los doscientos pesos? Para evitarse un problema y que, lo culpen de cómplice, abandona el microbus y se aleja caminando rápidamente.
Luego de la mala experiencia del asalto en el microbús, y luego de un par de clases aburridas en las que Alejandro se la pasó cabeceando, al fin tiene un receso para poder convivir un rato con sus amigos. Esto gracias a que, como es frecuente, faltó un profesor a su clase.
Su papá está haciendo un gran esfuerzo para pagarle la universidad a Alejandro, pero tal parece que en esta escuela patito, la UVM, lo único que les importa es cobrar las cuotas, sin poner dedicación ni atención a la calidad de la educación impartida.
"¿Qué hay Alejandro?" Lo saluda René.
Sus compañeros de clase que están sentados en unas espacios cuadrados parte de la arquitectura de las paredes frente a las aulas, lo saludan. Y él choca sus palmas y luego los nudillos saludándolos a Rene, Fabián, y Memo.
"Nada aquí, ¿de qué estaban platicando?" "Memo nos estaba platicando que fue a ver Mundo Jurásico, el domingo". "¿Y está buena Memo?" "Sí, tiene muy buenos efectos especiales y la trama está interesante". Y René interrumpe:
"Yo no la he visto pero, de ver el puro tráiler, se adivina que es un remake de la primera, Parque Jurásico".
"Bueno, digamos que es un 'soft remake'". Memo le contesta.
"¡No hay como la primera película!" Fabián al fin interviene.
Alejandro ahora se sienta dentro del cuadrado en la pared. Y les dice:
“A mi ya me da mucha risa ver Parque Jurásico; no porque la película sea mala, sino por una ocurrencia que tuvo mi hermano la última vez que la vimos".
"¿Sí? ¿Y cuál fue ésta?" Le pregunta Memo, a lo que Alejandro agrega:
"¿Han visto los spots de la Ciudad de México? ¿Todos mielosos y ñoños?"
"Sí, están cagados, como si el D.F. fuera la ciudad de la alegría y el optimismo". Le contesta René haciendo gestos de burla. Y Alejandro continúa:
"Pues estábamos viendo en la tele Parque Jurásico, hace como un mes, y cuando empieza la secuencia cuando van los doctores, el dueño del parque, el abogado y los nietos en los jeeps, y se abren las gigantescas puertas, mi hermano dijo:"
"¡Bienvenidos a Parque Izquierdoso!"
"Y mi hermano, bien gracioso, que se pone a relatarme que es lo que los visitantes van viendo, él describía cosas como:"
"Ahí echados en la yerba una docena de hippies haciendo yoga, y de repente, los jeeps se ven envueltos por: ¡Una multitud de ñoños en bicicletas!"
"Ahora llegan a una parte del trayecto donde hay unos nacos tocando sus tambores, como esos, ¡los que se suben al metro!"
Alejandro tiene absoluta atención por parte de sus amigos que en este punto, ya no se aguantan las ganas de intervenir. Memo dice:
"Y ahora, pasan junto a unas jardineras donde hay unos güeyes ¡fumando mota!"
"En un café ven profesores de ciencias políticas, de huaraches y morralito al hombro, diciendo pendejada y media con la que, según ellos, van a arreglar los problemas del mundo." Agrega Fabián.
"¡Escuchen! Esto fue lo más gracioso que dijo mi hermano".
"¡Ah! Imaginen la doctora sorprendida porque a la orilla del camino, arrancó ¡una gran hoja de marihuana!" Todos se carcajean con esta ocurrencia de René- .
"¡Bueno! ¡Bueno! Lo que dijo mi hermano", continúa Alejandro, "es que, el doctor, el paleontólogo! se baja sin aire del jeep diciendo:
'¡Esto es asombroso! ¡Increible!'
"Y el viejito le contesta, agregando:"
'Los anarquistas pueden saquear un OXXO en menos de cinco minutos'.
"Y ahora el paleontólogo se sienta en la tierra abrumado, preguntando incrédulo:"
'¿¡TIENE ANARQUISTAS EN EL PARQUE!?'
Y con esto, todos ellos estallan en carcajadas.
Al salir ese día de las clases en su universidad, Fabián lo invita a su casa a jugar, en el Xbox, el FIFA 14.
Al llegar, la mamá de Fabián se deshace en atenciones hacia él, la señora insiste en atenderlo en la comida, por ser amigo de su hijo y, la verdad, es que ella sí cocina muy rico. A Alejandro le encantó la sopa de fideos y el chile relleno con picadillo y papas.
La gran jarra de vidrio al centro de la mesa, con agua de jamaica, refracta y refleja la luz de una manera hipnotizante.
Después de la comida, la señora insistió en que ellos no ayudaran a recoger y que mejor se fueran a jugar. Alejandro se sintió como si fuera de nuevo niño y estuviese en casa de uno de sus amiguitos.
Y él y Fabián pasaron la tarde jugando, hasta el anochecer.
"Gracias por todo Fabián, despídeme de tu mamá por favor, dile que cocina muy rico y que le agradezco también todas sus atenciones.
***
De regreso a la colonia donde vive, Alejandro se encuentra de repente atorado en un raro congestionamiento de tráfico. El microbús donde viene está lleno y no se ha movido nada en diez minutos.
Así que decide descender del mismo y caminar el escaso kilómetro para llegar al Soriana en su colonia.
El lugar donde se bajó es un embudo natural de tráfico, los límites de dos municipios, y por consecuencia olvidado y desatendido por ambos gobiernos.
Está oscuro, sucio; todos los negocios bajan sus cortinas apenas anochece. Sí, la avenida está congestionada, llena de cientos de automóviles, pero el caminar aquí transmite temor, inseguridad.
Para cruzar a su municipio la avenida se reduce a dos carriles, y un carril está bloqueado, por dos autos que se dieron un golpe laminero. La razón del congestionamiento. Las conductoras no se quitan. Están esperando a los ajustadores de sus aseguradoras.
Ahora Alejandro cruza con calma, por el congestionamiento, hacia la zona donde ya es su municipio. Aquí bajo la marquesina de un negocio, se refugian y esperan clientes un par de prostitutas.
Alejandro puede ver que son muy jóvenes, menores de edad. Al acercarse a ellas nota a una tercera, pero ésta es un muy alto y viejo travesti.
"¡Uuuh! ¡Ven guapo! ¡Acércate!"
Le dicen los tres interrumpiéndole el paso, al plantarse frente a él. Alejandro les contesta, fingiendo voz firme, ya que en realidad está asustado:
"¡Vayanse! No estén molestando".
Ante este grito, las pirujitas y el puto se sienten ofendidos y, el travesti grita:
"¡Jaime! ¡Jaime! ¡Nos están agrediendo!"
Al escuchar esto, a Alejandro se le baja la presión, por el temor y la anticipación de una confrontación. Un policía estatal, de esos gordos prietos enanos, con chaleco táctico negro, que Alejandro no había notado en las sombras, lo alcanza por detrás, macana en mano, ¿El padrote de este trio?:
"¡ORALE CABRÓN! ¡NO LES FALTES EL RESPETO A LAS DAMAS QUE SOLO ESTÁN HACIENDO SU TRABAJO!"
Alejandro ahora está totalmente lleno de pánico. El policía estatal le tira un golpe a la cabeza con su macana, que por fortuna Alejandro logra esquivar al agacharse, y luego una patada, al aire también.
Alejandro se aleja corriendo como si lo siguiera el diablo.
***
"No hay libertad si los individuos no tienen el derecho a decir no".
A Alejandro le impactó escuchar esto en un programa de radio.
***
Luego de aquel episodio en el que Alejandro fuera agredido por el padrote de unas prostitutas, y un puto, su papá hace un esfuerzo y le compra un auto usado, para que vaya y venga de la universidad, salga con sus amigos y, salga con su novia, cuando tenga una esto es.
Y debido a este último punto que su padre le mencionó, a Alejandro se le mete a la cabeza el conseguirse una novia.
En sus clases hay varias jóvenes muy agradables y simpáticas, sobre todo sencillas, pero él pone sus ojos en Elena. La más bonita, supuestamente, y popular, también lo mismo, de la universidad.
Las novedades en la escuela se conocen rápidamente, y Elena ya sabe que Alejandro ahora tiene un auto. Elena conoce a Alejandro desde la preparatoria; ella vive a unas cuantas cuadras de esa escuela y, Alejandro, se fijó en ella desde entonces. De hecho la llegó a acompañar varias veces a la salida de clases, hasta su casa.
Y ahora que él ya tiene auto pretende tomar de nuevo ese comportamiento tonto. Sí tonto, porque a ella jamás le interesó Alejandro y con sus acciones, Elena, así se lo demostró: jamás lo buscaba en ningún plan, ni siquiera para las tareas.
Pero lo que ella hoy sí tiene presente, es que Alejandro vive en la colonia frente a la suya y, que ella, ya está harta de viajar en microbuses.
***
Ese día en la universidad, Alejandro se encuentra sentado en una jardinera, tomando el sol, tienen tantas clases libres, debido a maestros faltistas, que ésto más bien parece un deportivo.
Elena al verlo, se aproxima a él.
”Alex, ¿cómo estás?", y ella procede a acomodarle el cuello de la camisa, y le resbala provocadoramente las manos sobre el pecho.
"Oye, ¿te acuerdas cuando me escoltabas a mi casa? Me pregunto si... No podrías pasar por mi en las mañanas, ¿sí?"
Alejandro, ante los trucos de ella, ha quedado totalmente apendejado y no ha podido contestarle nada.
"¿Alex? ¿¡Alex!?"
Elena tiene que insistir para sacarlo de su encanto. Al darse cuenta de que se está viendo como un reverendo pendejo, él trata de corregir, adoptando voz y pose de galán.
"¡Claro que sí Elena preciosa! ¿Qué te parece al cuarto para las siete?"
”Sí, ¡excelente!"
Ella se acerca lentamente a su mejilla y le planta un beso con sus labios húmedos, luego, permanece un instante sobre él, para dejarle sentir su calor, su perfume.
Alejandro está como si lo llevaran de los orificios de la nariz.
***
Día tras día Alejandro pasa por ella a su casa, diario tiene que esperarla, ella tarda en salir; en el trayecto a la universidad, no tiene oportunidad de platicar con ella, Elena se la pasa hablando por teléfono con sus múltiples amigos. Cuando llegan, él la baja justo en la puerta de acceso, él tiene que irse a estacionar y, ya no la vuelve a ver hasta el día siguiente. Por fortuna tienen horarios distintos y no tiene que llevarla de regreso.
Las invitaciones que él le hace para salir, ya sea a comer, al cine, al centro comercial, siempre son contestadas con un: "El fin de semana es para pasarlo con la familia".
***
Ese día antes de iniciar la primera clase, René se aproxima a Alejandro.
"¿Qué onda mi Alex, qué cuentas?" "Nada wey, aquí llegando a clase, como siempre".
Se saludan chocando las palmas y luego los nudillos. Y Alejandro continúa:
"¿Ya programaste el algoritmo de ordenación de números?" "Ya lo tengo, le pagué una lana a un cabrón de octavo semestre para que me pasara todos los trabajos del nuestro". René contesta y agrega:
"Oye, te quería comentar de la vieja que traes todos los días. Ya se que la conoces desde la prepa y siempre le has traído ganas, pero, y no me lo tomes a mal: solo te está usando de su chofer.
Mira Alex, me doy cuenta, ¿A poco no ya ni la vuelves ver el resto del día?"
"No pues, sí, sí es cierto René".
"Lamento decírtelo pero, no me parece bien que esta vieja se esté aprovechando de ti Alex. ¿Sabes? Anda de ofrecida con todos, menos contigo y, ahorita ella anda saliendo con un cabrón que trabaja en Banorte.
¿Por qué el wey éste no pasa por su vieja y la trae a la escuela? No, no. Este tipo de gente son lacras, van por la vida aprovechandose de los demás.
Mándala a la verga, mi buen Alex."
"Gracias René, creo que necesitaba que alguien me hiciera ver que los demás ya se dieron cuenta que, se están aprovechando de mi. Todo lo que me dijiste yo ya lo había razonado, pero me lo estaba negando con tal de vivir en la fantasía de, 'andar' con esta vieja".
En eso entra el profesor de esta clase.
"Bueno Alex ya a darle", se despide René.
***
Al día siguiente Alejandro ya no pasó por Elena a su casa, ni le avisó. Ella lo vio días después en la escuela:
"¿Qué pasó? Me hubieras avisado, ese día perdí la primera clase". "Ah, ¡hola Elena! Lo siento, es que ya no voy a poder seguir pasando por ti. Nos vemos, voy afuera a comprar una USB".
Alejandro se aleja rápidamente y, ni beso en el cachete de despedida le da.
El reflexiona el resto del día sobre la importancia de decir: No.
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lunes, 28 de diciembre de 2015
Fantasigoria
Antología de relatos cortos, mismos que abordan diversos temas: ficción, misterio, ciencia ficción, costumbrismo, policiaco, fantasía. Todos temas de mi interés, sobre los cuales ya he editado otras antologías, disponibles también en descarga gratuita. Gracias por leer. Carlos M. Santillán.
CLICK en link:Fantasigoria
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jueves, 24 de diciembre de 2015
SILENCIO
Fabián cierra la puerta encerrando a los perros dentro del minúsculo cuarto; siente que su corazón le pesa enormemente por haber hecho esto.
El par de perritos rascan, desesperadamente, con sus garras la puerta. Fabián siente culpa y se retira lentamente y acongojado. Abandona la sala contigua al cuarto donde los dejó.
Reflexiona que esto que acaba de hacer es triste, pero era necesario.
Apaga la luz de esta sala y se recarga en la pared fuera de ésta.
Fabián con el corazón partido escucha como los lamentos y, el rascado contra la puerta, de ambos perritos son cada vez más escasos, menos intermitentes. Él se queda afuera de esta sala hasta que se hace el silencio.
***
A la mañana siguiente, Fabián baja corriendo de su habitación, atraviesa velozmente la cocina y con gran anticipación abre la puerta del cuartito de lavado. Los dos perritos hacen un escándalo con sus ladridos, se le paran en las piernas para saludarlo. Fabián se agacha y abraza a ambos animales.
Ahora él abre la puerta corrediza que da al gran jardin. Ambos perros salen como bala, felices y ladrando.
Fabián tiene cerca de sesenta compañeros de clase, pero solo dos amigos de verdad.
Relato por Carlos Santillan
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lunes, 21 de diciembre de 2015
EL ABOGADO
En la cuadra, de esta colonia residencial, un joven abogado rentó una casa y puso su despacho. Cosa que molestó sumamente a Don Justo, porque ahora la calle se llena de los automóviles de los otros abogados y secretarias que ahí trabajan.
Y Don Justo ya ha tenido sus problemas con estos abogados, una vez corrió a uno que se estaba estacionando en su banqueta y se hicieron de palabras. Desde entonces, cada vez que Don Justo pasa frente al despacho de los abogados, les lanza su 'mirada asesina'.
Y más coraje le da de ver los bonitos automóviles que el joven abogado siempre trae; puros clásicos: Malibú, Mustang, Monte Carlo. Todos pristinamente restaurados.
Son un problema los vecinos ¡todos! Es lo que Don Justo piensa. Unos dejan los botes de basura, llenos, exhibiéndolos en la banqueta, otros no barren las hojas ni volantes y periódicos, mismos que el viento termina soplando hacia su casa.
Pero los peores vecinos, son los que sacan sus perros a cagar las banquetas de otras casas, ¡que cochinada! Y que desobligados estos vecinos con su valemadrismo que se cargan.
Cansado de esta situación, de las cacas de las mascotas, Don Justo camina hasta la caseta de vigilancia de la cerrada (al pasar frente al despacho del joven abogado lanza su 'mirada asesina').
Don Justo llega a la caseta de vigilancia, cuando se iba aproximando, nota la gran residencia que se encuentra en contra esquina, ésta ocupa casi media cuadra, es de tres plantas y tiene múltiples garages, se puede ver hacia adentro de ellos y se ven estacionados lujosos vehículos.
"¡Tomás!" (así se llama el vigilante)
"¿Dígame Don Justo?"
"¡Oye! ¡Que porquería! Ya estoy harto de estar recogiendo cagadas de mi banqueta... Te voy a pedir que cuando veas que entran, a la calle, gente con perros, como los muchachos esos que cobran y andan con un montón de perros paseando, que no los dejes entrar..."
"Uuy Don Justo, no se le puede decir nada a la gente, ¡se enojan!"
"Ponte firme, y no los dejes pasar".
"Pues... A ver qué se puede hacer Don Justo..."
Ante esta respuesta timorata del vigilante, Don Justo emite un gruñido de desaprobación y con sus brazos hace un ademán de arrojar, al inútil de Tomás el vigilante. Y se regresa caminando rápidamente a su casa. Hasta se le olvida lanzar su 'mirada asesina' al despacho del joven abogado.
***
Han transcurrido varios días, y Don Justo se encuentra podando un par de arbolitos que tiene en la banqueta. Es un martes en la tarde.
De la gran residencia, en contra esquina de la caseta de vigilancia, salen dos mujeres con cuatro perros pequeños, sujetos con correas, los perros, poodles, traen un gran escándalo, felices por haber sido sacados a pasear. Pero un importante detalle, las mujeres no llevan bolsas ni recogedores para las cacas de sus perros.
Y se dirigen hacia la caseta de vigilancia, con la intención de pasear en esta calle cerrada a sus mascotas. Cuando se aproximan a la caseta ellas van platicando de trivialidades:
"Entonces mamá, le dije a Rodrigo que si quiere seguir saliendo conmigo, se olvide de su mamá, que no me la mencione para nada". "Sí hija, haces bien, un hombre con mamitis es un inútil y retrasado mental..."
Tomás el vigilante, al verlas aproximarse, se dirige respetuosamente a ellas, bloqueándoles el paso.
"Perdón señoras, pero a los vecinos de la calle no les gusta que se paseen perros aquí, porque les arrancan el pasto de las banquetas y dejan sus dueños sus suciedades que no recogen".
Y debido a que un "gato" se atrevió a dirigirles la palabra, estas mujeres se ponen energúmenas.
"¡GATO IMBÉCIL! ¿QUIÉN CHINGADOS TE CREES?" La mamá le grita esto al pobre de Tomás y a continuación se acerca a él y le planta una senda chachetada:
¡PAAAAS!
Y la hija, ya histérica (malcogida) le marca a su papá, quien está en casa.
"¡PAPÁ! ¡EL IMBÉCIL DEL VIGILANTE DE LA CASETA DE ENFRENTE NOS ESTÁ FALTANDO AL RESPETO!"
No se alcanza a distinguir por los gritos histéricos de ambas, ni por el escándalo de los poodles, qué es lo que responde el papá.
Y debido al escándalo y al show Don Justo ya está a media calle presenciando todo esto a la distancia.
Nadie sabe que el papá es un jubilado que tuvo distintos cargos en la administración pública, saltando de secretaría en secretaría de gobierno; así es como hizo dinero.
Y "papá" sale hecho todo un energúmeno, de su hermosa casa, llevando ¡una pistola escuadra en sus manos!
Y al aproximarse al pobre de Tomás le grita:
"¡TE VOY A MATAR PINCHE INDIO, NACO, MIERDA!"
Papá se siente superior por su dinero y por su apariencia (es un hombre de unos setenta años, blanco, alto, calvo y sus lentes lo hacen verse "intelectual").
El pobre de Tomás sale corriendo, y porque siempre ha sido amable el joven abogado con él, va y toca la gran puerta de aluminio, desesperadamente con las palmas de sus manos.
"¡LICENCIADO! ¡LICENCIADO! ¡ME QUIEREN MATAR!"
Ser amenazado de muerte es un shock para él, al pobre le pagan una miseria por ser el vigilante de la cuadra, y su única arma, es el cuaderno donde anota a los visitantes a la cerrada.
Para todos los involucrados en este desagradable incidente Don Justo les resulta invisible, ahí inmóvil viendo todo, debido a la visión de túnel.
El joven abogado abre la puerta de su despacho y sorprendido le cuestiona a Tomás:
"Tomás, ¿PERO QUÉ TE SUCEDE?"
Entre sollozos Tomás solo alcanza a decir:
"Ese hombre me quiere matar..."
El joven abogado ahora ve a "papá" con su escuadra y al par de histéricas mujeres aún gritando y profiriendo insultos, y por si faltara, sus poodles haciendo escándalo también.
"Tomás, ¡córrele hasta el cuarto de azotea y no bajes hasta que yo te diga".
Tomás sale, ahora sí que una comparación ad hoc, disparado como bala hacia el interior del despacho.
"¡MOMENTO! ¿AQUÍ QUE PASA?" El joven abogado increpa a la salvaje familia.
"¡EL IMBÉCIL ESE LES FALTÓ EL RESPETO A MI MUJER Y A MI HIJA!"
Y ellas quién sabe que tanto ladran junto a sus perros. El joven abogado ni les presta atención y solo habla con "papá":
"Eso no lo puedo creer. Tomás es un hombre muy sencillo y respetuoso y claramente puedo ver que ustedes se están comportando de una manera clasista."
Y ahora le pregunta a "mamá", mientras con su mano izquierda hace un ademán para silenciar a "papá".
"Dígame señora, ¿el vigilante las miró o les dijo algo lascivo? ¿acaso las insultó?"
Y ellas otra vez se sueltan a hablar atropelladamente y él insiste:
"Tranquilas, ¿qué exactamente les hizo?"
Y la hijita (una solterona güera regordeta "bien paseada") contesta, al fin con un tono de voz civilizado:
"El señor pretendía el prohibirnos entrar con nuestros perros".
"¿Eso fue todo? Dejen de hacer un espectáculo y retírense. Y no me consta que sean ustedes responsables, pero ya estoy harto de que la banqueta esté llena de cagadas de perro".
"Papá", "Mamá" y la "hijita" hacen gestos de sorpresa ante todo lo anterior que el joven abogado les dijo, y más que nada a que él no les reconoció "su poder y superioridad social".
"Papá" con gestos y ademanes le dice a "Mamá":
"¡Vámonos amor! ¡Vámonos!"
Solo le faltó agregar, antes de retirarse los tres con sus perros: "No te juntes con esta chusma".
Es cuando todo termina que, el resto de los abogados que trabajan en el despacho, finalmente salen a ver que estaba sucediendo.
***
Don Justo quedó muy impresionado por la serenidad y confianza con las que el joven abogado manejó la situación y, eso le hizo sentir simpatía y respeto hacia él.
Ahora cada vez que Don Justo pasa frente al despacho, y si el joven abogado está en la banqueta, Don Justo lo saluda.
Pero la mala suerte de Tomás el vigilante no termina. Varios meses después, un par de jóvenes armados lo encañonaron y golpearon dentro de su caseta, para robarle los tres mil pesos que había recibido, de parte de los vecinos, por concepto de pago de cuota de vigilancia.
Relato por Carlos Santillan
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sábado, 12 de diciembre de 2015
ABDUCCIÓN
Willy Schreiber es un escritor que está a punto de llegar a los cincuenta años de edad, su exitosa carrera como autor de thrillers de espionaje y conspiración (sus novelas en versión paperback se pueden hallar en cualquier Wal Mart o Target) le han permitido, al fin ahora, cumplir su sueño de poder vivir en una cabaña en el denso bosque del estado americano de Washington, sobre la costa noroeste del Pacífico.
Es verano y por fortuna los días son muy largos, ya que de otro modo Willy no se aventuraría a salir a caminar el sendero, alrededor de su propiedad, antes de la cena. Y es que, el bosque da miedo, pareciera que mil ojos lo observan a uno constantemente y, en varias ocasiones, él se ha visto paralizado al detectar que ha descendido el proverbial 'silencio ensordecedor'.
Y esto, es increíble, el miedo que genera el bosque, le ha traído como consecuencia problemas familiares que le han arruinado su ilusión por poseer ya esta cabaña.
Sus hijos han pasado dos noches aterrados porque dicen que ven sombras que los espían por la ventana, ¡en la planta alta! Y su esposa dice que siente muy malas vibraciones que la están volviendo loca.
Así que, mañana lunes temprano se van a regresar a Seattle, y ya tienen todo empacado.
Se acabó su plan de pasar todo el mes escribiendo en la 'tranquilidad' del bosque.
Cuando ya viene llegando de vuelta a la cabaña, al completar el circuito del sendero, Willy descubre algo que lo deja sudando frío:
En una elevación del sendero, misma que permite observar perfectamente la cabaña en su totalidad, y al pie de un alto y joven árbol, ¡una docena de colillas de cigarro! claramente recientes, aún hay cenizas incluso. Él lleva años sin fumar, su esposa no lo hace y sus hijos tienen cinco y siete años. Los han estado espiando...
Willy ahora regresa a paso veloz a la cabaña y al llegar, se dirige a su SUV y saca de la guantera su arma. Una Glock 19 de 9 mm. Misma que se introduce bajo la franela sujetándola entre el cinturón y su estómago.
Entra a la cabaña y la cierra y le pone llave. Su esposa que estaba en la cocina preparándole algo de cenar a los niños observó por la ventana cuando él tomó el arma. Y lo llama:
"Willy, ¿puedes venir?" Ahora Willy aparece parándose en la puerta de la cocina.
"Sí amor, ¿que quieres?"
"¿Por qué tomaste el arma?"
"Laura, no te voy a mentir, vi a un par de hippies de mal aspecto estacionados en una pick-up a la entrada del camino hacia la cabaña".
Willy considera que esta mentira justifica que él haya tomado la Glock, al mismo tiempo que le oculta a su mujer que descubrió que los han estado vigilando.
"Y, será mejor que los niños se vayan a la cama luego de que les des de cenar". Agrega.
***
Esa última noche en la cabaña, los niños duermen con ellos; lloraron como si fueran a ser regalados, cuando Laura, su madre, los mandó a la cama luego de cenar.
"¡No mami! ¡Los enanos se asoman por la ventana! ¡Quieren meterse al cuarto!"
Frases como esas repetían ambos, en medio de sollozos, y sujetándose a sus piernas, con sus manitas empapadas en lágrimas y mocos.
Estas afirmaciones de sus hijos, más las colillas de cigarros en el sendero, hicieron a Willy sentir un frío paralizador, pero siendo el papá, tuvo que fingir que todo estaba bien y, junto con Laura, decirles a los niños las gastadas frases referentes a que los monstruos no existen y que todo era debido a su imaginación.
Pero Willy considera, incluso, partir ahora mismo, aunque implique llegar de noche a casa, en Seattle.
***
Es la una de la madrugada, y Willy no puede dormir sentado y cubierto con una colcha, en el sillón. En la cama duermen sus hijos asustados y su esposa. Él se incorpora y deja silenciosamente la habitación; va a aprovechar su insomnio para echar una mirada a través de las varias ventanas de la cabaña. Al pensar en el misterioso fumador del sendero siente un miedo primitivo que está a punto de apoderarse de él, pero su parte racional lo suprime.
Cuando sale al pasillo se da cuenta que otro silencio ensordecedor ha descendido sobre la cabaña, y a continuación, Willy percibe ruidos procedentes de la, se supone, vacía habitación de los niños.
Y lo que es peor, por los bordes de la puerta se filtra una intensa luz azul.
Willy se arma de valor, se acerca a la puerta, toma la perilla, respira profundamente y, en su mente, cuenta hasta tres para abrir la puerta:
"¡UNA! ¡DOS! ¡TRES!"
Al abrir la puerta se encuentra con una visión que lo deja pasmado, seis hombrecillos grises, cabeza grande calva, ojos grandes negros sin párpados, y con diminuta boca y nariz, flotan en torno del par de camas infantiles.
Willy se queda con la respiración atorada a media inhalación, y ante esta confirmación de vida tecnológicamente avanzada no humana, no sabe si reír, llorar o echarse a rezar (como dijo un famoso ufólogo del siglo pasado)
Los hombrecillos notan a Willy observándolos, uno de ellos que porta en sus manos un dispositivo se apresura a introducir algún comando en éste, y con ademanes, indica a los demás que hay que irse "arriba" ya.
Uno de los seres que levitaba fuera del rango visual de Willy arroja algo humeante hacia el bote de basura junto a la puerta, donde él sigue parado. La colilla no cayó dentro, un momento, ¡¿una colilla?!
Un flash cegador azul obliga a Willy a cubrirse los ojos, cuando recobra la vista, todo ha terminado, los hombrecillos han desaparecido, así como las camas...
***
En una estación espacial en órbita alrededor de un mundo color turquesa, se puede observar a la tripulación ocupada en tareas de mantenimiento a los distintos sistemas, tanto electrónicos y mecánicos. Los hombrecillos grises, junto a sus colegas las mantis y los rubios, pueden desplazarse con facilidad, gracias a la gravedad artificial generada por la estación, con forma de rueda, al rotar en su eje.
En la sección de la estación dedicada a la exploración, un equipo de seis hombrecillos despierta de su viaje, facilitado por la dosis de la molécula DMT. Ellos están acostados en altas plataformas.
El descubrimiento del DMT es el evento más importante en el desarrollo de una cultura, ya que, no necesita ser tecnológicamente avanzada. Una sociedad de cazadores recolectores la puede descubrir y aprovechar: viaje mental sin desplazarse físicamente y, acceso a otros universos y planos alternos de la realidad.
En el centro de las plataformas, dispuestas en círculo, se han materializado el par de camas infantiles.
Esa noche, en el periodo de tiempo del turno de los hombrecillos equivalente a su noche, todos descansan plácidamente en los cómodos colchones. Tres hombrecillos en cada cama. Sin duda en su sueño están explorando algún mundo poblado por alguna civilización que también tiene cosas que hacen la vida más placentera, y que eventualmente se apoderarán de ellas.
Relato por Carlos Santillán
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jueves, 3 de diciembre de 2015
SE ROMPE EL CIELO
Es un domingo por la tarde, y Julia sacó a su perro labrador a jugar a un parque que está a escasas cinco casas de distancia de la suya.
Brisa agradable y Bruno, su perro, va y viene feliz con el frisbee, de tela, que ella le lanza. Una pareja de ancianos camina lentamente por uno de los senderos, y de todos los árboles viene una escandalosa cacofonía de cientos de pájaros que así dan por terminado un día más de vida.
De repente, salido de la nada, ruge y reverbera un fuerte trueno. Y gordas gotas de lluvia se precipitan. En la grava del sendero del parque estas gotas dejan impresos pequeños cráteres.
Ahora un niño, pedaleando su bicicleta roja, se aleja velozmente, camino de su casa.
Julia se cubre los ojos con su mano izquierda, para poder ver sobre el suroeste al Sol y lo que ha llamado su atención: una solitaria nube plateada, con formas que sugieren ángulos, como trozos de vidrio.
¿Es esta nube la culpable de esta lluvia repentina? Ella se pregunta.
Y el viejo Bruno, habiendo experimentado muchos chubascos en su vida, y ahora empapado, tal vez está pensando que el cielo se ha roto y que el agua que rodea al mundo se está filtrando, catastróficamente, por la grieta.
***
“Soy Shiva, el creador y destructor. Yo creé este mundo y a sus habitantes, en este instante lo iba a destruir. Pero me apiadé al ver a la joven mujer y su viejo perro disfrutando el pequeñisimo instante de tiempo que tienen disponible. Así que la singularidad que había enviado contra su mundo la transformé en tormenta.”
Relato por Carlos Santillán
domingo, 29 de noviembre de 2015
PAJARITOS MARKETING
Felipe se lleva a la boca la cuchara con el último trozo del pay de limón, y luego la coloca junto al plato; sorbe de su refresco de manzana y procede a llamar la atención del mesero, indicándole con señas, que le traiga la cuenta.
Es una tarde fresca y agradable en esta cafetería al aire libre, claro las mesas se hallan protegidas bajo un toldo. Pero sus pensamientos regresan al hecho de que, hace nueve meses ya, de que regresó de Inglaterra, habiendo terminado su doctorado en bioingeniería, y él se encuentra desempleado.
Le da pavor pasar a engrosar las filas de "taxistas con maestría" que pululan sobre las calles de la Ciudad de México.
Sus divagaciones mentales son interrumpidas por un gorrión macho, que llega y se posa en un arbusto cercano a su mesa, separado de él por un bajo trabajo de herrería a modo de valla divisoria.
Y Felipe nota la mancha negra en el pecho del gorrión, producto del dimorfismo sexual, que las aves manifiestan, despliegue de colores para buscar pareja.
Y en la mancha Felipe reconoce la forma de la cabeza de una mujer negra. Esto debido a ser un test de Rorschach natural, y su mente hace la asociación mental.
El pajarillo vuela y en la mente de Felipe se 'prende el foco', acaba de tener una idea genial.
El piensa:
"¡Hey! Podría crear pajarillos, genéticamente modificados, para que desplieguen marcas, logotipos, colores de empresas, en sus plumajes.
Y en verdad son perfectos, ya que estas aves citadinas parecen prosperar y no verse afectadas, ni por la contaminación ni por la mancha urbana".
"¡Las más reconocidas marcas pagarían millones para tener aves que anuncien sus logotipos en sus plumas!"
***
Han pasado dos años y Felipe ahora regresa a la misma cafetería donde su buena fortuna inició. Se sienta a la misma mesa, en la misma silla. La mesera se acerca a tomarle la orden, y él de nuevo pide un pay de limón y un refresco de manzana.
Cuando la mesera se aleja, Felipe saca del bolsillo al interior de su saco, una bolsa de alpiste y lo esparce al pie de la mesa, junto a los arbustos.
Prontamente se acercan varios gorriones, que cautelosamente saltan de rama en rama, de los pequeños arbustos, y luego, al asegurarse que no hay peligro alguno, saltan al suelo, hacia el alpiste esparcido.
En el grupo de gorriones hay varios machos, y Felipe puede ver con satisfacción, y suma alegría, que los machos en la mancha negra, o roja, de su pecho, muestran orgullosos los logotipos de varias corporaciones: Apple, Nike, Burguer King, Televisa, TV Azteca, Sanborn's...
En esta primera, y exitosa etapa, solo se pudieron producir patrones negros y rojos, ahí en el laboratorio de investigación molecular que finalmente lo acogió para implementar este proyecto (luego de que él asegurara el financiamiento y patrocinio de Televisa y su fundación).
Pero ya se tienen secuenciados los genes que permitirán criar gorriones, palomas y otras aves, que desplieguen majestuosamente y a todo color los colores y logotipos de infinidad de empresas y sus marcas (sólo los machos, para no afectar el proceso de apareamiento en estas aves).
Ahora un gorrión se posa orgulloso en el extremo alejado de la mesa. Claramente identificable, como una impresión en blanco y negro, puede Felipe ver el logotipo de IZZI. Le lanza algo de alpiste, pero el gorrión vuela asustado por el movimiento de su brazo.
Felipe se echa hacia atrás en su silla y, del otro lado de la calle, una señora mayor paseando su french poodle, llama su atención.
"Perros con publicidad.. ¡Es otro nicho de marketing disponible!"
Él anota esta idea en su teléfono y procede a pedir la cuenta.
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Relato corto extra:
FOOTLOOSE
Sandra está está terminando de comer en la cocina. En la televisión encendida, a la que ella no le presta atención, está una película clásica. En eso llega su papá.
"¡Hola princesa! ¿Qué estás viendo? Se escuchan de repente bonitas canciones".
"Es Footloose, tu película, donde sales tú",
"¡Ah! Ya la recordé. ¿A poco no soy como el muchacho de la película? Guapo y buen bailarín".
"No papá, tú eres como el reverendo amargado, que no deja a uno hacer nada".
Relatos por Carlos Santillán
Etiquetas:
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domingo, 22 de noviembre de 2015
EL COBARDE DEL OXXO
(relato versión 2.0)
Alonso llega manejando, imprudentemente, su bonito y muy caro Mini Cooper (los de seguridad del club de golf no le dicen nada ¿le tendrán miedo por verlo junior?) se estaciona en el amplio garage de la lujosa casa de su novia Paty y, ¿a poco creen que se baja a tocar el timbre y respetuosamente anunciar que viene por Paty para ir al cine?
No, con su estéreo a todo volumen y con el motor encendido, toca una y otra vez el claxon, como maniático. Pero que le vamos a hacer, a muchas mujeres le gustan los patanes.
Paty sale de su casa de inmediato; ya presenta su relación muchos de los síntomas de un noviazgo abusivo. El padre de ella toda su vida ha sido un desmadroso y solo dice que "Así es con las viejas". Y la mamá de Paty, se dice a ella misma, que no quiere frustrarla a su hija, prohibiéndole el tener novio, salir a antros, viajar con amigas, etc.
***
Paty se sube al Mini Cooper llena de emoción.
"¡Alonso! ¡Mi amor!"
El patán, con sus gafas oscuras, se digna voltear a verla. Y es Paty la que tiene que avanzar hacia él para darle un beso, de amor y saludo, en los labios.
Paty gritando para ser escuchada sobre la música a muy alto volúmen:
"¿Vamos ir a ver la nueva película de Pixar, amor?" "¿QUE? ¿Esas porquerías de muñequitos hechos por computadora? Odio esas pendejadas Patricia. No. Vamos ir a ver la nueva de Transformers, mucho mejor que esas babosadas que quieres ver".
Aunque esta película que Alonso quiere ver, es en realidad una tremenda pendejada...
Saliendo de la colonia del club de golf, Alonso, se estaciona en el OXXO que está sobre la avenida.
"Voy a comprar cigarros, aquí espérame Patricia".
No acababa Alonso de decir esto cuando alguien abre su puerta, lo encañona y le grita:
"¡BAJATE CABRON! ¡SI NO QUIERES QUE TE LLEVE LA CHINGADA!"
La gente que presencia esto, puede ver como el rostro de Alonso se desencaja, se asusta bastante y adquiere el aspecto del rostro de un niño espantado.
Alonso huye corriendo, hacia el interior del OXXO.
Paty está paralizada de terror, el horrible asaltante ya está sentado al volante y la mira lascivamente. Casi se le escurre saliva al tipo.
Y Paty en su shock solo se repite mentalmente:
"¡ALONSO ME ABANDONÓ! ¡ALONSO ME ABANDONÓ!"
El asaltante se acerca a ella y le planta sendo beso en la boca. Paty ante esto ya es una estatua de sal, y el tipo le dice:
“Niña, ¡bájate!”
Se estira, el asaltante, para cerrar la puerta que Paty dejó abierta, se echa en reversa y se va manejando a gran velocidad, metiendo las velocidades y feliz de la vida, con tan excelente ejemplar de Mini Cooper que acaba de conseguir.
Ahora unas mujeres se acercan a auxiliar a Paty:
“¿Señorita, está bien?” “¿Quiere que le prestemos un teléfono?”
Dentro del OXXO, Alonso, acobardado, ya asoma su cabeza hacia la calle para ver que fue de Paty. Y un hombre que presenció todo este incidente le dice:
“¡Que poca madre pendejo! Eres un cobarde... Te metiste corriendo, ¡dejándola a ella a merced de ese tipejo! Un hombre de verdad le hubiera dicho:
¡Está bien, llévate el carro, mira no opongo resistencia, pero a mi novia primero déjala bajarse”.
Y todos los presentes coinciden en señalar su rechazo al comportamiento de Alonso.
Relato original de Carlos Santillán
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martes, 17 de noviembre de 2015
EL PACTO
Nestor termina su clase nocturna de natación, sale de la alberca y se dirige hacia los vestidores para darse una ducha.
Él sabe nadar, pero decidió inscribirse a estas clases para ejercitarse y relajarse, luego de salir de su trabajo, del infierno de los cubículos grises.
Tres veces por semana, dos mil quinientos pesos al mes, su sueldo le permite pagarse con holgura estas clases.
Algo que lo decepcionó al cabo de dos semanas, es que en este club 'Acuática Atlantis', no asisten mujeres, al menos no en su horario de clase, y sus instructores son hombres. Instructores ¡gordos! Dan mala imagen y no predican con el ejemplo, aunque, ellos solo son los instructores, no necesitan estar atléticos para impartir su conocimiento, ni compiten dentro de la alberca, tampoco.
Nestor quería conocer mujeres, tener una amiga. Se la pasa todo el día en su cubículo, ahí come, lleva sus tupperware como buen Godínez y, sus tres compañeras en la oficina, son señoras que no le atraen en absoluto. Una de ellas, Georgina, está separada, es gorda, sangrona, como quince años mayor que él y es una de sus jefes.
***
Nestor está tomando una ducha, su mente ocupada en los temas a discutirse en la junta de planeación, mañana en la oficina. No se imagina que sus pies descalzos han llamado la atención de un microscópico hongo que ahora lo alcanza por la planta de su pie derecho y se sujeta del mismo.
***
Ya hace meses que Nestor dejó las clases de natación, ahora sale tarde del trabajo, liquidaron personal y el subgerente César, les dijo que:
"Ahora vamos a hacer más con menos".
Mientras hacía, César, un ademán con sus manos abiertas y separadas (el más) y luega las juntaba entrelazando los dedos (el menos).
Este ademán del subgerente le pareció ser, a Nestor, tan mamón, tan imbécil que, meses después, aún lo recuerda con coraje y odio.
Sentado sin hacer nada, solo viendo el monitor y haciendo clicks con el mouse (para fingirse ocupado) Nestor piensa en todo lo descrito anteriormente, mientras siente una comezón aguda en la planta de su pie derecho.
***
Luego de probar, sin éxito, varias soluciones contra el pie de atleta, Nestor razona que al lavar el baño, el cloro destruye el moho en el excusado y paredes, así que, llena a la mitad (para no derramar el agua) una cubeta, le vierte una taza de cloro y, esa noche mientras se pasa una hora en el internet, antes de irse a dormir, mete su pie en la cubeta.
Repite lo mismo las cuatro restantes noches de la semana. La descamación y el pie de atleta desaparecen, días después.
***
Han pasado algunos meses, ocupado en la cotidianidad, Nestor apenas nota que en ambos brazos, le comienzan a surgir escamas blancas, mismas que le generan constante depósito de polvo en sus sábanas. Los microscópicos ácaros que habitan su cama nunca habían estado tan bien alimentados.
***
Transcurre más tiempo, ahora el hongo se ha extendido a la totalidad del cuerpo de Nestor; la comezón que siente no es constante, pero sí sufre punzantes dolores que, a lo largo del día, se le disparan en cualquier zona de su piel, ahora en la coronilla, ahora adentro de un párpado, ahora en medio de los dedos del pie, en un codo, en un testículo, en la nariz, la pantorrilla...
Cuando él se examina desnudo, luego de bañarse, puede ver que su piel se ve blanca como papel bond, así como también puede observar una miríada de escamas que lo cubren.
Y el problema de los dolores punzantes se ve exacerbado de noche sobretodo. Nestor no puede dormir, siente como si cada fibra de las sábanas fuera un alfiler que lo pica, siente su piel en llamas, quisiera arrancarse el cabello, la piel de sus brazos y la espalda. En su cara el dolor es particularmente intenso, se rasguña por la desesperación.
Y así, cada noche él tiene que vivir el mismo infierno, por meses. Los tratamientos antimicóticos no le surten ningún efecto; empieza a planear como poder darse un baño de agua con cloro, pero Nestor no cuenta con tina de baño en su casa.
Hasta que en una noche de insomnio más, debido al suplicio de su infección en la dermis, él se destapa en la madrugada y viendo fijamente hacia la oscuridad declara:
"Hongos, sí ustedes que me han tomado por huésped, me están haciendo la vida imposible, un infierno de hecho. Estoy seguro que algún tratamiento médico existe, que los va a destruir, y si no, de todas maneras ustedes van a ser destruidos cuando yo termine muriendo, por la falta de sueño, o si me mato.
Acordemos un pacto mutuamente benéfico para ambos, para que podamos subsistir; algo habrá que yo pueda hacer por ustedes, así como algo ustedes podrán hacer por mi.
¿Están de acuerdo que todo lo que les he dicho es la verdad y que, yo tengo la razón?"
***
A la semana siguiente, todos notan a Nestor con otro semblante, más relajado, dinámico, alegre; ha empezado a salir con una joven que conoció en una fonda, a la que fue a comer. Y lo más satisfactorio para él: ahora duerme como un bebé.
Relato origina de Carlos M. Santillán
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